domingo, 18 de julio de 2021

Más de efemérides.


18 de julio hoy, por decir algo,
fecha aún glorificada por algunos y de funesto recuerdo para 
otros. Eso de las efemérides tiene ventajas e inconvenientes; entre las primeras cabe señalar 
la referencia a una fecha mítica y aparentemente incuestionable que adquiere, casi, la fuerza 
indestructible del dogma apoyada en las opiniones de un ejército de “expertos”; los segundos 
se centran en la necesidad de abandonar los matices en favor de una pretendida verdad oficial 
que no se puede ni discutir. Hablemos, pues, de otra cosa, por ejemplo, aprovechando que 
este año (que sigue siendo raro por eso de la pandemia) se cumplen los 125 años de 1896, 
considerado el pistoletazo de salida de tebeo en España (aunque para otros se identifica como 
la primera historieta española la "Historia de las desgracias de un hombre afortunado", 
publicada en 1857, casi cuarenta años antes, en Cuba), hablemos de cómics. Muchas  
narraciones e historias pueden leerse en lo que se conoce como cómic, tebeo o historieta. La 
sola mención de estos tres nombres para el mismo género trae a cuento el interminable 
debate por elegir el apropiado, evidencia de su lucha por legitimarse como una forma artística 
y cultural de importancia. Se mire por donde se mire, la historia del cómic es también la de su 
lucha contra el poder, contra las formas constituidas de lo que se puede y no se puede decir 
(y mostrar). Es probable que ninguna otra forma de las Bellas Artes haya sido tan controlada, 
censurada y despreciada incluso dentro del mundo artístico como esa que Will Eisner1 prefirió 
llamar «el arte secuencial». Las razones de origen detrás de semejante censura estriban tal 
vez en el carácter satírico, vulgar e informal de la viñeta política, en la que el contenido sexual 
era frecuente; o en el ingenuo folclorismo de los cuadros de costumbres y los catecismos 
ilustrados que les hacían contraposición. La revisión que esta genealogía excede estas líneas 
pero sí que viene a colación pues interesa en tanto evidencia del innato carácter subversivo 
de la historieta; algo que los japoneses supieron vislumbrar desde sus inicios, a juzgar por lo 
que “manga”2 se traduce como: «dibujos irresponsables». Convengamos ya, pues, en que lo 
mejor del arte en Occidente (y no sólo cómic) ha sido producto de una irresponsabilidad 
semejante. No de otra forma puede amasarse la libertad creativa. Se sabe que el miedo y la 
vergüenza son eficaces disipadores de las energías expresivas, y son a menudo alentados 
por los regímenes políticos y sociales más conservadores: aquellos que buscan inducir en el 
artista el temor a las consecuencias de su obra. 
 

Giovanni
Bocaccio, el Marqués de Sade, Oscar Wilde y una larga lista de creadores y artistas 
de todos los tiempos vivieron en carne propia la vigilancia moral sobre el contenido de sus 
obras, usualmente encarnada en la figura de algún agente censor o inquisidor. Pocos fueron, 
no obstante, en el campo de los cómics, tan explícitos y puntuales como la Comics Code 
Authority (CCA) estadounidense, creada en 1954 para regular el contenido de las revistas de 
historietas que tenían acceso a la distribución oficial en quioscos y tiendas. Entre los 
mandamientos que este código imponía a los creadores se hallaban no solo la eliminación de 
palabras como «horror» o «terror» en la portada, de escenas «soeces» o de violencia 
«excesiva», de lenguaje procaz y situaciones de lujuria, depravación o sadismo, sino también 
de cualquier mención de relaciones sexuales «ilícitas», de escenas explícitas o poses 
indebidas, de escenas de seducción, violación o perversión sexual de ningún tipo. Incluso el 
«amor violento» o las «sexualidades anormales» tenían su lugar entre las prohibiciones del 
código. Distinciones todas que se establecían a partir de los preceptos más puritanos de la 
clase media estadounidense de la época: blanca, macartista y heterosexual. Semejante 
control moral y sobre todo sexual del contenido, además, obligaba a los creadores a conducir 
tramas en las que el mal fuera siempre castigado y representado de modo ejemplarizante, y 
en las que no hubiera vestigio de entusiasmos eróticos, a menos que tuvieran lugar como 
preludio a un respetuoso y correctísimo amor romántico correspondido: la entrega de la mujer 
como recompensa al heroísmo masculino y siempre en el marco de las relaciones monógamas, 
adultas y heterosexuales. Todo lo que se interesara por los vastos márgenes de esta visión 
descafeinada del sexo y el erotismo (por no decir de la vida), como podía ser la obra de un 
genial Robert Crumb3, era desterrado a un mercado semi-clandestino de la historieta, 
desprovisto no sólo del acceso a la distribución oficial, sino además del debido reconocimiento. 
 

Sumemos a ello la aparición de publicaciones condenatorias del cómic como
Seduction of the 
innocents (La seducción de los inocentes), de Frederick Wertham en 1954, que motivó incluso 
quemas públicas de revistas de historietas, y nos haremos una idea del esfuerzo que supuso 
sumar la voz del género a la inminente revolución sexual de los años 60. Una oportunidad que 
sería, en ese sentido, un episodio más en su prolongada marcha hacia la constitución de un 
mercado adulto, capaz de explorar sus contenidos artísticos en completa e irresponsable 
legitimidad. Situaciones semejantes, o aún peores, vivieron los historietistas españoles, 
vigilados y castigados por la dictadura, ávida de interpretar política o moralmente el contenido 
de sus creaciones. La imposición del orden familiar patriarcal, de una sexualidad falocéntrica y 
del culto al caudillo de turno son siempre incompatibles con las preguntas que un artista está 
motivado a hacerse. Caída finalmente la mordaza, cuando acabó la dictadura en España, el 
cómic no sabría sino gritar. Claro que a nadie sorprende ya que el sexo sea un campo de 
batalla política como cualquier otro. La aparición en las décadas del 60 y 70 del género 
fantaerótico expuso el territorio en disputa y permitió el nacimiento de heroínas como Barbarella 
(1962) o Modesty Blaise (1963), que rompieron con la tradicional damisela en apuros o la fiel 
compañera enamorada, para dar pie a una femineidad mucho más activa sexual y 
narrativamente. Esta renovación arquetípica, de una heroína desprovista de un protector o 
acompañante masculino, sin embargo, no estuvo acompañada de una ilustración igualmente 
revolucionaria. De hecho, la mayoría de las situaciones se representaban más o menos 
tangencialmente, aunque con abundantes alusiones directas. No era poca cosa, hay que decir. 
Aun así, es posible hallar escenas de cama en donde el lugar del hombre (no así el de la mujer) 
es ocupado por un robot: un gesto bastante elocuente en la distribución de los roles dentro de 
la historieta.
 
Si bien el erotismo va dejando de ser
con el tiempo el único foco fundamental de identificación 
de la historieta como adulta, es evidente que su presencia ayuda a un rápido alejamiento de la 
consideración infantil. De hecho, la apertura sexual será la excusa para que muchos autores 
procedan a un cambio, de colaborar en la revista Pilote a hacerlo en su escindida L’Éecho des 
Savanes, considerado ésto como el establecimiento definitivo de la edad adulta de la historieta 
francesa y europea. Así, publicaciones de orientación clásicamente reservada al público 
infantil, como Pilote, cambian su estrategia y acogen historietas para lectores adultos, pero no 
pueden evitar que los autores, ahora conscientes de su papel de motor de renovación 
sociocultural, reivindiquen un papel predominante. Aprovechando el momento de confusión 
que existe en revistas tradicionales como la citada Pilote, autores de importante significado en 
el medio fundarán una editorial colectiva que pronto lanzará una revista que revolucionará 
profundamente las bases de la historieta, tomando como manifiesto fundacional los referentes 
ahora establecidos: uso del género fantacientífico, erotismo, reivindicación de la psicodelia y el 
pop art, concienciación política y planteamientos contestatarios frente a la cultura establecida. 
Reciben, además, las influencias del movimiento underground nacido a finales de los años 
sesenta y liderado por Robert Crumb, pero sin renunciar a las nuevas concepciones de 
clásicos de la historieta que nacen desde la naciente investigación académica y sin la 
categorización alternativa que este movimiento expresaba como identitaria. A diferencia de las 
americanas, de las que tomarán préstamos ideológicos y formales, las iniciativas europeas 
nacen como una evolución de la oferta existente que se amplía hacia el lector adulto, en 
igualdad de condiciones que la presente en otras formas culturales. Un espíritu de mixtificación 
y diversidad que permitía albergar desde experiencias formales y narrativas a la evolución del 
underground, pero sin dejar de lado la presencia de clásicos de la historieta, historietas 
eróticas de temática sadomasoquista o incluso propuestas atrevidas que impregnaban de 
estética pop el género de superhéroes americano. Una oferta diversificada que sólo se puede 
entender a la luz de iniciativas anteriores, que las hace evolucionar y se establecen como una 
oferta decisiva para el lector de la época. La asimilación de la historieta como propuesta 
artística y cultural adulta ya no tiene marcha atrás y durante los años siguientes se produce un 
doble fenómeno de importancia fundamental: por un lado, la generalización de aproximaciones 
a la historieta  desde los círculos académicos de toda Europa y, por otro, la aceptación 
entusiasta de un público que reconoce en la historieta un lenguaje adoptado desde la infancia 
y que ahora acopla sus contenidos a sus necesidades adultas. Una integración y aceptación 
en la esfera cultural que pronto arrastraría a las editoriales a la creación de nuevas propuestas; 
Pilote se dirige definitivamente al lector adulto, en un fenómeno editorial que recorrerá toda 
Europa, incluyendo España, recién estrenada su democracia pero que se agregó a esta 
tendencia de reconocimiento de la historieta como forma de expresión adulta.

 

Un ejemplo del nuevo cómic adulto, su rigor y su documentación formal, lo encontramos en las 
andanzas de todo un clásico como el Teniente Blueberry. aventuras del Teniente de Caballería 
americano Mike Steve Donovan, alias "Blueberry". La narración de historias del far west  
americano (y no sólo del far west, claro) suele llevar implícito el dejar de lado los referentes 
históricos, en este caso, de la colonización y centrarse en el aura mítica que estos relatos 
evocan con fuerza. La historia (real) de los colonos y cazadores, de los caballos, bisontes y 
castores, de los indios o de la caballería puede resultar interesante a un cierto sector de 
población que sepa buscar manuales sobre esta disciplina histórica en los anaqueles de las 
librerías generales o especializadas. Pero la ficción en los relatos de la frontera suele tener un 
tirón de aceptación superior; la cultura popular ha acudido con frecuencia a estos contenidos 
para contar supuestas historias que en absoluto se basan en una realidad histórica. La 
cinematografía, la novela popular y la historieta beben continuamente de esas fuentes 
argumentales. Estados Unidos como país escenario e inventor del género ha sabido importar 
esta narrativa a todo su entorno de influencia, existiendo una dilatada nómina de autores no 
yanquis que se mueven con relativa facilidad en este medio. Uno de los más dotados fue el 
guionista belga Jean Michel Charlier, coautor de Blueberry que contó como diseñador de su 
épica a uno de los mejores dibujantes que ha dado el cómic mundial: el francés Jean Giraud 
(Gir, más conocido por el nombre que adoptó después: Moebius). Esa extraordinaria mezcla de 
talentos -una narrativa épica que abraza la leyenda y declina la realidad, y una realización 
gráfica realista y detallada, plena de matices- ha originado la que es la más fascinante y 
sugestiva saga del western jamás realizada en historieta. La serie principal ha derivado en 
otras complementarias que a lo largo de los años han adquirido una cierta complejidad. 

 

Los autores del cómic
demuestran que han investigado y conocen los acontecimientos y el 
contexto en los que están situando al protagonista. Lo cual se nota, entre otras cosas, por las 
píldoras que irán dejando caer por el camino a través de los diferentes diálogos y 
acontecimientos. Blueberry está considerada una de las más importantes historietas ilustradas 
del western por sus tramas cautivadoras dignas del mejor filme de John Ford, y por los dibujos 
que contribuyen a la contraposición de la ambientación ruda y polvorienta del viejo oeste. Un 
trabajo que, además de mostrar la vida del salvaje oeste, de los vaqueros, de mostrar sucesos 
históricos, es, en sí misma, una recopilación de la evolución del cómic europeo. Blueberry ha 
sido una gran influencia en el mundo de la narrativa gráfica demostrando que se pueden hacer 
historias adultas en cómic, que es donde queríamos llegar. 
 

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1William Erwin Eisner (1917 - 2005) fue un dibujante de historietas estadounidense, creador del famoso personaje The Spirit en 1941 y popularizador del concepto de novela gráfica a partir de 1978 con unos relatos costumbristas, rebosantes de ternura por la condición humana que reflejan al maestro en un período de serenidad, madurez e infinito dominio del cómic Además de su carrera como historietista, Eisner enseñó las técnicas del cómic en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, y escribió dos obras fundamentales acerca de su creación: El cómic y el arte secuencial y La narración gráfica. La obra de Eisner tuvo una importancia decisiva para sacar al medio de su confinamiento como herramienta de entretenimiento para niños y adolescentes

2Palabra japonesa para designar las historietas en general. Fuera de Japón, se utiliza para referirse a las historietas de origen japonés.

3Robert Crumb es un historietista estadounidense, uno de los fundadores del cómic underground y quizá la figura más destacada de dicho movimiento. Aunque es uno de los más conocidos autores de cómic, su carrera se ha desarrollado siempre al margen de la industria. Las opiniones sobre su obra están muy divididas.; para algunos críticos, es uno de los grandes artistas del siglo XX, comparable a escritores satíricos como François Rabelais, Jonathan Swift y Mark Twain, o a pintores como Brueghel y Goya. Otros, en cambio, desde posiciones feministas, han tachado su obra de pornografía misógina, degradante e inmadura. Es cierto que el autor no se ha preocupado nunca de mantenerse fiel a lo políticamente correcto, por lo que su lectura puede resultar incómoda y hasta ofensiva para algunos. Es indudable, sin embargo, que el trabajo de Crumb ha tenido una repercusión enorme en la historia del cómic mundial, abriendo para la historieta temáticas anteriormente vedadas

 

domingo, 11 de julio de 2021

De efemérides.


Hay fechas aniversario de hechos históricos que han quedado en el imaginario 
colectivo como con una capa de ambigüedad difusa, rodeados de muchas incógnitas y 
destinados, al parecer, al olvido. Eso es lo que pasa con la conmemoración de hoy: en 
la mañana de tal día como hoy, 11 de julio, de 2002, un grupo de marinos marroquíes 
al mando de un suboficial perteneciente a la dotación de un patrullero desembarcaron 
en la isla de Perejil y colocaron dos banderas de Marruecos. Una patrullera de la 
Guardia Civil se percató de los hechos y decidió acercarse para investigar pero los 
marinos marroquíes espetaron a los agentes españoles: «Marchaos de aquí, esto no 
es tierra española». La razón formal esgrimida por los marroquíes para su actuación 
fue la participación en una operación antidroga ya que la isla fue utilizada durante 
algunos años como refugio de piratas y contrabandistas. Desde Rabat (capital de 
Marruecos) se informó esa misma noche que el islote no sería abandonado, puesto que 
«pertenece a Marruecos». 

 
Tras unos días de tenso tira y afloja con Marruecos, el día 17 de julio se procedió al 
desalojo de la isla de Perejil mediante la Operación Romeo-Sierra (nombre en clave que 
se ha interpretado, en sus iniciales, como Operación Restaurar la Soberanía aunque 
también como Operación Respuesta Segura) para devolver la isla a su estatus anterior. 
Hay que decir que el desalojo constituyó el primer incidente armado que involucró a 
España tras el retorno de la democracia, la primera vez que entraron en combate 
fuerzas españolas después de las operaciones de paz en la antigua Yugoslavia y la 
primera intervención desde la unificación de los tres ejércitos librada en el siglo XXI. 
Ese día, componentes del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra 
tomaron tierra en el islote y detuvieron a las tropas marroquíes, entregándolas a las 
tropas de operaciones especiales de la Armada Española. Al día siguiente llegaron 
legionarios desde la cercana Ceuta e impidieron que descendieran a tierra algunos 
marroquíes que trataban de llegar a la isla con al menos una pequeña embarcación 
particular. Finalmente, pocos días después, el día 21, se firmó un acuerdo entre España 
y Marruecos, por el que se decidió volver al statu quo anterior. Las tropas españolas 
abandonaron el islote, que quedó deshabitado de nuevo, como ya lo estaba antes del 
incidente.

 

El respaldo internacional a España no fue unánime: Estados Unidos prefirió mantenerse 
al margen; Francia volvió a ponerse del lado de Marruecos; en cambio, Italia dio su 
apoyo total al gobierno español; el resto de la Unión Europea dudó en un primer 
momento, pero la presidencia danesa de ese momento, el día 14, se alineó 
enérgicamente con la postura española y el Presidente del Consejo de Europa cambió 
parcialmente su discurso sobre la naturaleza interna del conflicto entre las dos 
naciones por el que defendía la necesidad de volver al statu quo anterior. Lecciones de 
unidad en la Unión Europea también en esto…pero eso es otra historia.

 
En honor a la verdad, la mayor parte de las población, tanto española como marroquí, 
ignoraban la mera existencia de la isla hasta que ocurrió lo de la ocupación del 11 de 
julio de 2002, en que, como se ha dicho, un grupo de seis gendarmes marroquíes 
instalaron tiendas de campaña en una pequeña explanada situada entre las escarpadas 
paredes de roca de la isla, según Marruecos, para usarla como observatorio contra la 
inmigración ilegal y el tráfico de drogas. Este hecho provocó el incidente antes descrito 
ante el que España exigió la vuelta al statu quo anterior a la ocupación marroquí. Y es 
que la isla de Perejil (en árabe, Laila) es un islote deshabitado de forma triangular, de 
unos 500 metros en su cota más larga y unos 300 de ancho, situado en el estrecho de 
Gibraltar (a caballo entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico) en las afueras de 
Ben Younesh, aldea de pescadores al oeste de Ceuta, isla habitada esporádicamente 
por cabras que llevan allí en pateras, a unos 200 metros de la costa continental 
marroquí de África y a unos 9 kilómetros al noroeste del núcleo urbano de la ciudad 
española de Ceuta, en disputa territorial entre España y Marruecos, que puede dar 
cobijo a pequeñas embarcaciones, y ha sido utilizado tanto por pescadores, que en mal 
tiempo buscaban su protección, como por contrabandistas1, que encontraban 
resguardo ante la belicosidad de los habitantes cercanos. La soberanía sobre el islote 
es reclamada tanto por España como por Marruecos; uno de los argumentos legales 
españoles para dar fe de que la isla es española se basa en que el proyecto de 
autonomía de Ceuta de 1987 incluía el islote Perejil dentro del término municipal de la 
ciudad, pero esto no quedó recogido en el texto definitivo de 1994 del Estatuto de 
autonomía de la ciudad.

 
Históricamente se ha identificado a la isla de Perejil con la mitológica isla "Ogigia", 
donde, según Homero, Calipso2 retuvo a Ulises. La isla fue dependencia portuguesa al 
ocupar éstos Ceuta en 1415 y, al parecer, en ella había restos de fortificaciones 
portuguesas (probablemente una torre de vigilancia). La mayoría de los defensores de 
la españolidad de esta isla, basan en esta tesis sus razones: al ser portuguesa y 
dependiente de Ceuta, y al pasar Ceuta a España (recordemos que por elección libre 
de sus habitantes), esta isla, automáticamente, pasó también a ser parte de España. 
España pensó, desde la anexión de Portugal en 1580, en varias ocasiones artillar la isla, 
abandonándose siempre el proyecto por ser sumamente costoso. La primera ocupación 
efectiva y permanente de la isla de la que se tiene constancia documental se produjo 
en 1808 (en plena guerra de la Independencia); por consejo de Inglaterra, y se ocupó la 
isla con soldados de la guarnición de Ceuta con el fin de vigilar el paso de buques 
franceses por el Estrecho.

 
Estados Unidos se interesó por la isla del Perejil en 1835, para la instalación en ella de 
una estación carbonera, pero se abandonó la idea ante las presiones inglesas, que no 
deseaban ver a nadie establecido enfrente de ellos, en Gibraltar. En 1887, España 
intentó establecer un pequeño faro en la isla y el Ministro de Fomento envió una 
pequeña expedición que estudió el emplazamiento y colocó unos piquetes con los 
colores nacionales. Ante el alboroto suscitado por las autoridades de Tánger, un grupo 
de marroquíes arrancó los piquetes ante la pasividad de las autoridades españolas, 
acontecimiento que fue motivo de debate político en España; llegando a afirmar el 
diputado Moret que esa isla pertenecía al Imperio de Marruecos. Varios diputados 
como el Marqués de Villamagna y García Alix afirmaron tajantemente que dicha isla 
era propiedad de España, pues así aparecía en la Guía General Marítima de 1883 
aprobada mediante una Real Orden. 
 


El primer problema respecto a la soberanía de la isla de Perejil surge tras la paz de 
Uad-Ras en 1860, ya que hasta ese momento no existe constancia de que las 
autoridades de lo que hoy es Marruecos protestaran de forma alguna por la repetida 
presencia de los topógrafos e ingenieros españoles que dibujaron las fortificaciones 
para la isla, ni tampoco de la permanencia por más de 15 años de una guarnición 
permanente española en la isla. En el Tratado de Tetuán de 1860, el trazado que se 
efectuó de la frontera de Ceuta no correspondía con el texto del tratado. Contrariamente 
a lo que hoy afirman las autoridades marroquíes, nada se dice en el tratado de 1912, 
que crea el protectorado en Marruecos, sobre la isla. Con el fin del Protectorado en 
1956, tampoco se hizo alusión alguna a ella, ni siquiera en la declaración 
hispano-marroquí del 7 de abril de 1956, entendiéndose, pues, que ambos países, 
Marruecos y España, daban por hecho su soberanía española. Sin embargo, en las 
declaraciones realizadas por dirigentes marroquíes, afirman que tras la independencia 
en 1956, la isla quedó "liberada" y pasó a soberanía marroquí. Ello, como hemos visto, 
es falso, e incluye una grave contradicción de las autoridades marroquíes, ya que no 
pueden afirmar que Perejil no era suya antes del protectorado y después sí, puesto que 
el protectorado no alteró el territorio marroquí anterior a 1912; la prueba está en que 
Ceuta, Melilla y los demás territorios españoles del Norte de África no pertenecían a 
Marruecos antes del protectorado y tampoco le pertenecen en la actualidad.

 
España actuó durante cinco siglos como soberana del islote, pero esta posesión no 
quedó clara en ningún documento internacional. Perejil no tiene dueño. Ni un solo 
documento histórico aclara fehacientemente a qué país pertenece. Si España o 
Marruecos la reclaman basándose en tratados internacionales, están haciendo una 
lectura de conveniencia, perfectamente rebatible por la otra parte en disputa. Pero sí 
consta que la historia de Perejil es española. En 1580 Portugal cede el islote a la corona 
de España, y no es hasta 1860 cuando Marruecos (o sus autoridades equivalentes 
entonces) muestran algún interés por el enclave. La soberanía que España ejerció de 
hecho entre los siglos XVI y XX no ha quedado confirmada en ningún tratado, por 
desinterés, porque «no merecía la pena». España, siempre bañada en la arrogancia. 
Hasta que pasa lo que pasó. 

 
¡Qué lío,¿no?! Mejor buscar otra efemérides del día aunque no sea histórica (¿o sí?) 
pese a que si las cosas hubieran ido de otra forma recientemente con eso de la 
Eurocopa de fútbol, otro gallo cantaría hoy. Pero queda la efemérides del día y es que 
este mismo día (ya es casualidad), pero del 2010, la selección española de fútbol (la 
“roja”) se proclama campeona del Mundial de fútbol de Sudáfrica, venciendo 0-1 a la 
selección de Países Bajos con un gol anotado en el minuto 116 por el entonces 
barcelonista Andrés Iniesta. Que cada cual se quede con el aniversario hoy que quiera. 
Contra gustos... 
 
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1En la película El Niño, dirigida en 2014 por Daniel Monzón, aparece el islote y en concreto su cueva como lugar elegido por los dos contrabandistas protagonistas para ocultarse de la Guardia Civil.[

2Reproducimos, íntegro, el artículo publicado por Miguel de Unamuno el 27de junio de 1902 en la revista Alrededor del mundo: España-Perejil y la isla de Calipso -

De este de que el islote del Perejil sea, según Bérard, la isla de Calipso, es de lo que dió cuenta el señor Baquero; pero queda otra cosa más sorprendente aún y es que, según el mismo ingenioso investigador, la tal isla es la que ha dado a España su nombre. No quiere decirse que España haya de llamarse Perejil, sino que el nombre de Hispania o Spania fue aplicado en un principio a ese islote y de él se corrió a la península toda.

Tal es, según Bérard, la isla de Calipso, es decir, del "escondrijo", derivando Calipso del verbo griego Kalypto ocultar o esconder. Según la Odisea había en ella perejil, de donde procede su nombre actual. Veamos ahora cómo este islote ha dado nombre a España, según Bérard siempre.

Dice éste: "He aquí, pues, la Isla del Escondrijo, la Isla de Kalypso, la isla de arbustos, sembrada de perejil y de violetas, alzándose sobre las ondas como un 'ombligo' sobre el escudo homérico y conteniendo dos mesetas, dos planicies, cubiertas de monte y de yerba. Que hayan conocido y frecuentado este refugio los primeros navegantes del Estrecho; que hayan adoptado esta maravillosa estación de pesca, de comercio y de piratería los tirios o cartagineses en su cabotaje por la costa africana, es cosa que podemos afirmar a priori. Con la rada al abrigo de todos los vientos que deja entre sí y la costa; con su caverna accesible a los marinos e inaccesible a los terrestres, fácil de descubrir cuando se viene del Este, imposible de ver de todos los demás tuntos, con su alta atalaya que domina el mar de Levante y de Poniente; a la entrada del Estrecho, he aquí la mejor emboscada y el mejor depósito, la verdadera escala de las barcas primitivas. Sólo la topografía nos permite imaginar cómo tuvieron en este punto los primeros exploradores de las Columnas de Hércules unas de sus etapas y después uno de sus puntos de apoyo para el descubrimiento y explotación del mar occidental. Perejil fue la Isla, el Algeciras de los primeros marinos. Pero además de los datos topográficos tenemos, según creo, un nombre de lugar o más bien un doblete".

Y entra luego el erudito francés en lo más sorprendente y curioso de su trabajo, esto es, en establecer que el nombre Calipso -nombre del islote personificado en la encantadora- es la traducción del nombre primitivo de Perejil, que debió de ser I-spania. "Un doblete greco-semítico que va a llevarnos a la comprensión más exacta de este vocablo que empleamos sin comprenderlo, porque aplicamos al presente a toda la península ibérica o española el antiguo nombre que los primeros navegantes semíticos dieron a Perejil: España, I-spania, la Isla del Escondrijo".

No es cosa de ponderar el descubrimiento de M. Bérard, que se pondera por sí solo. No faltará lector descontentadizo y difícil que no vea claro cómo pudo extenderse el antiguo nombre de la Isla del Perejil a toda España, pero con sólo reflexionar en que aquel nombre significaba Isla del Escondrijo, se le resolverán las dudas. Por mi parte la única dificultad que encuentro para admitir el brillante invento M. Berárd es que, según algunos paisanos míos, el nombre España deriva del vascuence ezpaña, labio, aludiendo a la posición que tiene nuestra península en Europa, etimología muy racional y justa, ya que saca el actual nombre de España (no Hispania) del actual nombre del labio en vascuence, pues siempre debe uno atenerse a actualidades, que es lo real, sin ir a buscar la forma antigua de nombre España y del nombre vasco ezpaña, y por otra parte es sabido que los que dieron nombre a la península tenían a la vista constantemente un mapa de Europa. Más una vez salvado este escrúpulo, no tengo inconveniente en aceptar la brillante explicación de M. Bérard. Y ¡qué prestigio no adquiere Perejil! ¡Cuán insondables son las vías de la Providencia y qué inescrutables sus designios! En ese hasta hoy humildísimo y casi olvidado islote del Estrecho, frente al ominoso y agorero Gibraltar, tenemos al padre putativo de España, al que le dio nombre y con él individualidad entre las naciones. Bien podemos llamar a nuestra Isla del Escondrijo, a nuestra emperejilada Ispania, a nuestro gran Calipso, la Península del Perejil.

 

lunes, 5 de julio de 2021

Pero, entonces,.. ¿de dónde venimos?

(Nota previa.- Está visto que la informática nos condiciona; por un problema de caída de línea 
de Internet, cuando ve la luz esta entrada ya no es 4 de julio, pero la dejamos tal cual estaba 
previsto en el resto de contenidos, atemporales) 
 
Hoy es 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos (aunque la separación jurídica 
de lo que fueron las Trece Colonias de Gran Bretaña ocurrió el 2 de julio, de 1776 para ser 
exactos, que no se commemora). Pero es un día más.  Llevamos ya más de un año de 
duermevela con esta pandemia y sus efectos, en un monotema que hace pensar a más de 
uno que el mundo se ha detenido en todo, y que lo que hace poco tiempo nos llamaba 
poderosamente la atención, ahora (si no es algo vinculado de alguna forma con el Covid-19) 
ni siquiera es noticia, nos pasa desapercibido, pierde interés. Es lo que ha pasado, hace dos 
meses escasos, con una investigación hecha por científicos de la Universidad de Granada en 
la que se identifica las diferencias de genotipo entre el Homo sapiens, el hombre moderno, el 
Homo neanderthalensis, el neandertal, y los chimpancés que, al parecer, está en un conjunto 
de 267 genes a cargo de la creatividad y la autoconciencia que los investigadores han 
calificado como “determinante” a la hora de definir la supervivencia de los sapiens frente a los 
neandertales, desaparecidos hace aproximadamente 40.000 años, con lo que lo que los 
registros arqueológicos y fósiles no habían sido capaces de sacar a la luz, lo ha puesto en 
evidencia la inteligencia artificial y el análisis de datos genéticos mediante algoritmos. Es este 
un sistema que, por cierto, se aplica a la biología y la salud desde 2005, mucho antes de esta 
pandemia con algunos resultados interesantes antes de los de ahora. En 2014, por ejemplo, 
se descubrió que la esquizofrenia no era una única enfermedad, sino un grupo de ocho 
trastornos genéticamente diversos. Posteriormente se pudieron identificar los genes 
relacionados con el temperamento y el carácter que han surgido de forma escalonada en la 
evolución de los homínidos”; la primera red, “la más primitiva”, surgió hace 40 millones de 
años y se encarga de dar respuestas emocionales, regula los impulsos, el aprendizaje de 
hábitos, el apego social y la resolución de conflictos, compartida por chimpancés, neandertales 
y los humanos actuales. El linaje común del hombre moderno y los neandertales se remonta a 
500.000 años atrás. Fue después, hace entre 200.000 y 300.000 años, cuando surgieron los 
neandertales y, después, el Homo sapiens, que ya tenían una morfología similar a la actual, 
frente a los primeros, mucho más robustos físicamente. Fue en un periodo posterior cuando 
los sapiens adoptaron el comportamiento humano moderno (sociabilidad, lenguaje, ...). 
Neandertales y sapiens compartieron un largo periodo sobre la Tierra y llegaron incluso a 
mezclarse, hace aproximadamente 100.000 años, hasta que 60.000 años después unos 
desaparecieron y los otros sobrevivieron1. Una de las razones para esa supervivencia de unos 
frente a otros es lo que los investigadores y la inteligencia artificial han descubierto: esa red 
de genes a cargo de la creatividad que, en consecuencia, dio a los humanos actuales (no a 
todos, como algunos se empeñan en demostrar y como es fácil comprobar, pero eso es otra 
cosa: estamos hablando de ciencia) la capacidad de tener pensamiento abstracto, el deseo de 
ser sociables y, en definitiva, mayor capacidad de resistencia a las adversidades, o sea que 
puede calificarse la creatividad, en el sentido de la citada investigación, como “el arma secreta 
del ser humano actual para sobrevivir a los homínidos cercanos con los que convivía hace 
tiempo”. Siguiendo con la investigación, la segunda red, que aparece hace dos millones de 
años, ya presenta diferencias, se encuentra a cargo del autocontrol y está relacionada con la 
cooperación para el beneficio mutuo. La tercera red, surgida hace unos 100.000 años, es 
exclusiva del Homo sapiens y son los mencionados 267 genes que dotaron de pensamiento 
abstracto a los sapiens, lo que, entre otras cosas, les da mayor capacidad de resistencia ante 
la incertidumbre: también esos genes lo hicieron más sociable, son reguladores, y se 
encuentran en regiones del cerebro reconocidas por su relación con la creatividad y la salud.

 

Los últimos descubrimientos reabren el debate sobre la posibilidad de que los neandertales 
no se extinguiesen, sino que fuesen integrados por los sapiens con lo que hace no tanto 
tiempo parecía imposible, se va haciendo realidad. Cuando se estrenó en 1981 la película En 
busca del fuego, la versión de Jean Jacques Annaud de la novela clásica de ciencia ficción del 
belga J.-H. Rosny Aîné (Joseph Henri Honoré Boex de nombre real) fue muy criticada porque 
mostraba una escena de sexo entre una mujer sapiens y un hombre neandertal. La 
paleogenética ha confirmado la realidad de los cruces entre neandertales y sapiens, pero 
también recalca algo que tiene una clara lectura contemporánea: el estudio de la prehistoria 
nos demuestra que es absurdo hablar de razas (salvo en política, que da votos), que la 
humanidad es el resultado de un cruce infinito. No está claro cuántas olas migratorias 
humanas llegaron desde África a Europa y Asia, ni cuándo se produjeron; tampoco qué ocurrió 
con los seres humanos —neandertales y denisovanos— que estaban allí cuando llegó nuestra 
especie pero es evidente que mantuvieron relaciones algo más que amistosas, como 
demuestran los resultados obtenidos gracias al análisis del ADN antiguo cuando se obtuvo el 
primer genoma completo de un neandertal. Nosotros, la humanidad moderna, somos una 
mezcla interminable, que se prolonga a lo largo de los siglos y de los milenios. Y hemos de 
tener en cuenta, además, de que sacar a colación, aunque sea en un debate científico, a 
nuestros antepasados remotos o a oscuras civilizaciones desaparecidas es como abrir la caja 
de los truenos acerca del consabido, y sin respuesta, de dónde venimos, que admite toda 
suerte de hipótesis.

 
Hace unas semanas, con el título de (No) estamos sólos, publicábamos en este mismo blog 
unas ligeras reflexiones sobre las teorías de que nuestros antepasados fueran extraterrestres. 
Volvamos con ellas, aprovechando que ya estábamos en Perú, cuna de misterios irresueltos, 
debidos alguno de ellos a la aniquilación de su cultura durante la conquista española del 
territorio, pero otros mucho más antiguos como las mencionadas anteriormente en el blog 
líneas de Nazca, la ciudadela/fortaleza de Machu-Pichu o los hallazgos de Paracas, a los que 
nos referiremos aquí. La desértica península de Paracas (del quechua “paracco”, lluvia de 
arena) se encuentra en la costa sur del Perú y es allí, en este árido paisaje donde, hace casi 
cien años, se hizo uno de los descubrimientos más misteriosos que cupiera imaginar, un 
cementerio complejo y sofisticado en el que aparecieron una serie de polémicos restos que 
cambiarían para siempre cómo miramos a nuestros antepasados y nuestros orígenes, ya que 
los cuerpos en las tumbas tenían algunos de los cráneos alargados más grandes jamás 
descubiertos en el planeta, llamados ahora los cráneos Paracas; un total de más de 300 
cráneos misteriosos que se creen tenían al menos 3000 años de antigüedad. Y, como si la 
forma de los cráneos no fuera lo suficientemente misteriosa, un reciente análisis de ADN 
realizado sobre algunos de ellos presenta algunos de los más enigmáticos e increíbles 
resultados que desafían todo lo que sabemos sobre el origen y el árbol evolutivo humano.

 

Las características de los cráneos Paracas resultan ser interesantes pues son cualquier cosa 
menos ordinarios; son por lo menos 25% más grandes y hasta un 60% más pesados que los 
cráneos de los seres humanos regulares. Los investigadores creen firmemente que estas 
características podrían no haberse logrado con las técnicas utilizadas por las tribus2 como 
sugieren algunos científicos puesto que no sólo son diferentes en peso,  también son 
estructuralmente diferentes y sólo tienen una placa parietal mientras que los seres humanos 
normales tienen dos. Estas características extrañas han acrecentado el misterio durante 
décadas, pues los investigadores aún no tienen idea de quiénes fueron alguna vez estos 
individuos con dichos cráneos alargados. Con este escenario, se enviaron a un laboratorio 
genético al que no se informó previamente del origen de las calaveras para evitar ‘influenciar 
los resultados’ cinco muestras de los cráneos Paracas para someterlas a pruebas genéticas, y 
los resultados fueron fascinantes. Las muestras que consistían en el pelo, dientes, piel y 
algunos fragmentos de huesos craneales dieron detalles increíbles que han alimentado el 
misterio que rodea a estos cráneos anómalos. 
 
Curiosamente, el ADN mitocondrial, que se hereda de la madre, mostró mutaciones que eran 
desconocidas para cualquier hombre, primate o animal encontrado en el planeta Tierra y  
sugieren que los investigadores estaban tratando con un totalmente nuevo ‘ser humano’, muy 
diferente del Homo sapiens, Neandertal y Denisovans (otra clase de homínido). Según los 
informes, las personas de los cráneos de Paracas fueron tan biológicamente diferentes que 
hubiera sido imposible que los seres humanos se cruzasen con ellos. ¿Quiénes eran,  
entonces, estos seres misteriosos? ¿Evolucionaron por separado en la tierra? ¿Tienen alguna 
conexión con los enigmáticos faraones egipcios, también pintados con cráneos alargados?  
¿Qué causó que tengan esas diferencias drásticas con los seres humanos ordinarios? ¿Y es 
posible que estos seres realmente no sean oriundos de la tierra? Lo único que sabemos hasta 
 ahora es que hay muchas cosas que van más allá de la comprensión de los investigadores, 
historiadores y científicos. Es posible que después de todo, la pregunta de si estamos solos en 
el universo pueda ser contestada gracias a los cráneos de Paracas. Como hipótesis para 
buscar más información no está mal, ¿no? 
 
La discusión (apasionante, sin duda) está servida.

 

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1Los nuevos descubrimientos genéticos abren un debate todavía más desafiante: ¿y si, en realidad, los neandertales no se extinguieron? Impulsados por nuevos análisis de ADN fósil, algunos expertos apuntan que los neandertales siguen aquí porque somos nosotros, ya que se produjo una integración entre las dos especies. El debate sobre la capacidad cognitiva de los neandertales, la especie humana más cercana a la nuestra, se supone que desaparecida, parece cada vez más cerrado en la comunidad científica: eran tan inteligentes, hábiles, solidarios y creativos como nosotros, los Homo sapiens.

2Mientras que varias culturas de todo el mundo realizaron prácticas de deformación del cráneo (elongación), las técnicas utilizadas en cada una de ellas fueron distintas, lo que significa que los resultados tampoco eran los mismos. Hay ciertas tribus sudamericanas que ataban los cráneos de los bebés con el fin de cambiar su forma, resultando en una forma craneal drásticamente alargada. Aplicando una presión constante durante un largo período de tiempo con el uso de herramientas antiguas, las tribus lograron realizar deformaciones craneales que se encuentran también en culturas antiguas de África. Sin embargo, si bien este tipo de deformación craneal cambió la forma del cráneo, no alteró el tamaño, peso o volumen craneal, todos los cuales son rasgos característicos de los cráneos humanos regulares.