sábado, 15 de septiembre de 2018

Victor Jara como símbolo

Mañana, 16 de septiembre, se cumplen cuarenta y cinco años del atroz asesinato del cantante chileno 
Víctor Jara, tras el triunfo, sólo cinco días antes, del golpe de estado en su país, encabezado por el 
general Augusto Pinochet, que acabó con el mandato y la vida del legítimo presidente, Salvador 
Allende y, que no se olvide, una semana antes de la muerte en circunstancias aún sin aclarar, del poeta 
Pablo Neruda. Realmente, arrebatar una vida ajena siempre es una atrocidad pero cuando confluyen, 
como en este caso, el hecho de que nos encontramos ante un asesinato de estado reconocido como tal, 
y el ensañamiento con que se llevó a cabo, el conjunto nos proporciona elementos de análisis para 
reflexionar sobre las causas y actitudes que concurrieron y para llegar a conclusiones, aunque estas 
conclusiones no puedan tener efectividad práctica.

Víctor Jara Martínez fue un músico, cantautor, profesor y director de teatro chileno, militante del Partido 
Comunista de Chile y referente internacional de la canción protesta y de cantautor, y uno de los artistas 
más emblemáticos del movimiento músico-social llamado «Nueva Canción Chilena». Su ideología 
comunista se refleja en su obra artística, de la que fue pieza central. 

Después de hacer el servicio militar, alternó la dirección teatral con la música, interpretando ya obras 
propias cada vez más comprometidas, en las que denunciaba en voz alta lo que consideraba injusticias. 
Viajó a Helsinki para participar en un acto mundial en protesta por la guerra de Vietnam y publicó su 
álbum Pongo en tus manos abiertas, al que pertenece el tema «Preguntas por Puerto Montt», inspirado 
en la masacre de Pampa Irigoin (Puerto Montt1) durante la represión policial del gobierno conservador 
del presidente Eduardo Frei Montalva. En esa canción criticó duramente al ministro de Interior 
Edmundo Pérez Zújovic, y eso le acarrearía graves consecuencias. 
 
 

Es obvio que un personaje así, que opina libremente y lo divulga, resulta incómodo a ciertas formas de 
ejercer el poder, y cuando se produjo el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, fue detenido ese 
mismo día junto con otros profesores y alumnos en la Universidad Técnica del Estado, donde le sorprendió 
el golpe dando clases. Lo llevaron al Estadio Chile, convertido en centro de internamiento por los 
militares (actualmente Estadio Víctor Jara, lugar en el que hay una placa en su honor con su último 
poema), donde permaneció durante cuatro días. Lo torturaron durante horas (le realizaron quemaduras 
con cigarrillo, le rompieron los dedos, le cortaron la lengua y lo sometieron a simulacros de fusilamiento) 
y, finalmente, el 16 de septiembre lo acribillaron junto al director de la Empresa de Ferrocarriles del 
Estado. El cuerpo fue encontrado el día 19 del mismo mes con 44 impactos de bala2.

Todos pensamos que el de Víctor Jara es un caso extremo, pero el analizarlo nos permite reflexionar 
sobre por qué hay seres humanos (?) cuyo único deseo es silenciar, perseguir, encarcelar y, de alguna 
forma, aniquilar a quien no piensa como ellos y estudiar someramente por que esto suele ser así, 
precisamente, cuando quien discrepa representa a una minoría. Yendo al fondo de la cuestión, hay que 
diferenciar en el análisis si esa actitud arrogante es propia de la persona o inducida.

Dicen los principios de la psicología que la base de la evolución de las sociedades humanas, 
representada por las relaciones entre personas, ha sido siempre en saber llegar a acuerdos positivos 
para todos (lo que hoy identifican las escuelas de negocios como “I win, you win”) en el tratamiento 
de las discrepancias, y eso con más relieve que las victorias bélicas que nos inculca la historia teniendo 
en cuenta además que, en palabras de Jorge Luis Borges, “nada hay tan contaminado de ficción como 
la historia”, ergo la discrepancia ES base de la evolución cuando se sabe gestionar. Siguiendo con el 
hilo de los principios psicológicos, cuando se plantean diferencias, es imprescindible pensar en la 
conveniencia de una negociación, que no es un pulso o una demostración de fuerza, sino un proceso de 
diálogo encaminado a lograr un consenso. Por lo tanto, el objetivo no es (y no debe presentarse así) que 
uno gane y el otro pierda, sino conseguir que ambos ganen con el acuerdo a que se sea capaz de llegar.
 
 
Para ello, es necesario fijar previamente unas reglas de juego claras, exponer los respectivos puntos de 
vista e intentar ponerse en la piel del otro para comprender su perspectiva. Conviene decidir la posición 
de antemano, pero no el resultado esperado, impensable de inicio. También deben tenerse claros los 
límites mínimos y máximos que se pueden aceptar, así como estar dispuesto a negociar todas las 
variables, no sólo algunas, para evitar llegar a puntos muertos. Si la otra parte lanza una propuesta que 
no encaja, en lugar de rechazarla debe intentar canalizarse hacia un punto medio. En caso de que se 
formule de manera poco apropiada, no debe tenerse en cuenta porque no hay nada peor que trasladar 
los posibles desacuerdos a un plano personal.

Para que el resultado de una negociación sea equilibrado, ambas partes deben ceder en algunas cosas. 
Por lo tanto, no deben celebrarse las cesiones de la otra parte como una victoria y hay que ser generoso 
(pensando en el futuro común) aportando también algo propio. Cuando la negociación se atasca, a veces 
lo mejor es posponerla para poder reflexionar. Siempre es preferible no llegar a un acuerdo que alcanzar 
(o imponer) uno que no satisfaga a todos. Finalmente, cabe recordar que los acuerdos sólo se cumplirán 
si son equilibrados y las dos partes los han aceptado con buena disposición. 

Este esquema sencillo, intuitivo y lógico de diálogo/negociación, con sus matices particulares en cada 
caso que se presente, se aplica con eficacia demostrada en todas las temáticas… cuando se aplica, que 
no es siempre a la vista de lo que pasó con Víctor Jara y sigue pasando con muchos otros en latitudes 
diversas aunque no se llegue al extremo de lo que se hizo con el cantante. Especialmente en política, 
aún hay quien cree que la represión/imposición permanentes son más efectivas que el diálogo cuando 
basta con echar un vistazo a la evolución de las sociedades para comprobar que quien se empeña en 
imponer y no dialogar se queda anclado en el pasado y que la imposición/prohibición/represión sólo es 
efectiva en el corto plazo, nunca a largo plazo. Pero ¿qué argumentos pueden esgrimirse para negar el 
diálogo? Aparte de la incapacidad/ineptitud para gestionar las diferencias, claro, que ese no se dice 
porque esconde, precisamente, la ausencia de argumentos y ¿cómo se puede dialogar sin ellos?  
Una muletilla recurrente, repetida como una gota malaya y que suele calar en muchos que, posiblemente, 
se presten a ser manipulados sin saberlo, es que la discrepancia sobre la que se pretende dialogar está 
fuera de la ley y altera la convivencia. Vayamos por partes:
- que esté o no contemplado en las actuales leyes sólo indica que, una vez conocido y analizado el motivo 
de la discrepancia, deberá evaluarse si se han de revisar las leyes para darle cabida (o no) en la forma en 
que se llegue al acuerdo ¿o alguien en su sano juicio piensa que las leyes son eternas?
- la discrepancia NO altera la convivencia, sino la forma de tratar esa discrepancia, y resulta muy triste 
que en nuestro país haya ciudadanos de buena fe que caen en la trampa de creer ese mensaje y acepten 
como normal incluso el uso de la violencia para acallar la expresión de una discrepancia en lugar de
conocerla y gestionarla inteligentemente.
 
 
No olvidemos, además, que las leyes las dicta el Poder de turno, por lo que lo primero que deberíamos 
preguntar cuando se nos repite machaconamente, por ejemplo, que alguien está en prisión por haber 
vulnerado una ley de contenido político, es ¿qué ley? Seamos prudentes; en nuestra historia reciente hay 
ejemplos de subversión impune de la legalidad con fines espurios. En la documentada publicación de 
Ramón Arnabat, Doctor en Historia, investigador y profesor universitario, respetado y reputado 
especialista en la España del siglo XX, La represión: el ADN del franquismo español (lo de “español” por 
la divulgación de la obra fuera de nuestras fronteras), puede leerse que “la dictadura franquista, el Nuevo 
Estado, la España de Franco, nació de un golpe de Estado militar contra el régimen democrático 
republicano legalmente establecido (17-18 de julio de 1936), y se configuró y articuló a lo largo de una 
cruenta guerra civil que finalizó con su victoria militar (julio de 1936/ abril de 1939)1. Este es un aspecto 
clave para entender la dinámica de la represión franquista, fundamentada en la “trampa (i)legal” de 
convertir a los defensores del legítimo régimen republicano, en rebeldes; acusados de Adhesión a la 
Rebelión, Auxilio a la Rebelión o Rebelión Militar; mientras que los golpistas se autodenominaban 
defensores del orden. El mismo dictador, Francisco Franco, afirmaba que “el –Glorioso– Movimiento 
Nacional –el golpe de estado–, no ha sido nunca una sublevación. Los sublevados eran y son ellos, los 
rojos3”. Y en las sentencias de los consejos de guerra vemos escrito, una y otra vez: “que contra los 
legítimos poderes del Estado, asumidos por el Ejército a partir de 17 de Julio de 1936 en cumplimiento 
de su función constitutiva, se desarrolló un alzamiento en armas y una tenaz resistencia, cometiéndose 
a su amparo toda suerte de violencias, ...” “Todos aquellos que habían defendido a la República, de 
forma activa o pasiva, y todos aquellos que no se habían mostrado favorables al Glorioso Movimiento 
Nacional, eran susceptibles de sufrir este tipo de [in]justicia franquista. El franquismo, tanto durante 
la guerra civil, como en la posguerra, se planteó eliminar “al enemigo”, de “extirpar” o de “aniquilar” 
los elementos republicanos  que podían poner en peligro la dictadura, y extender la miedo entre aquellos 
a los que no llegaba la represión. Tan importante era eliminar físicamente al enemigo, como atemorizar 
y humillar a la población vencida que sobrevivía para que asumiera su lugar en el Nuevo Estado. El 
régimen franquista creó una tupida red represiva que abarcó todos los campos posibles: el económico, el 
social, el cultural, el ideológico, el político y fue un instrumento de dominación, de humillación y de 
consenso forzado.” “Durante la postguerra, el régimen franquista aplicó la legislación represiva 
generada durante la guerra civil española (1936-1939), ampliada y matizada por un conjunto de órdenes, 
decretos y leyes de carácter complementario.
Durante el periodo 1939-1948, el eje de la política represiva franquista fue la “justicia” militar que, con sus sumarios de urgencia y sus consejos de guerra, llenó las prisiones de penados y los cementerios de ejecutados (Decreto de 28 de julio de 1936, que se mantuvo hasta julio de 1948). Decenas de miles de personas fueron sometidas a consejos de guerra, de las cuales el 90% fueron condenadas, de estas un 85% a penas de prisión de entre 6 y 30 años y un 15% a penas de muerte.

Por éste y otros factores similares, el franquismo tiene el triste y dudoso “privilegio” histórico de haber sido el primer régimen político que, tras una contienda interna (en un proceso del que hay muchas voces que afirman que, de alguna forma, se mantiene, casi ochenta años después del final oficial de la guerra), diseñó y llevó a cabo un plan “legal” organizado destinado a acallar/encarcelar/aniquilar a la población civil con ideas diferentes de las de los vencedores. Hay que decir, para bochorno de todo el mundo, que ese sistema ha tenido y tiene “alumnos aventajados y muy aplicados” en castigar a la población civil para conseguir sus fines. Volviendo a Arnabat, “La dictadura franquista siempre se fundamentó en la distinción entre vencedores (adictos) que merecían el premio y el reconocimiento, y los vencidos (indiferentes y desafectos) que merecían el castigo y la humillación.
Una división marcada por la victoria en la guerra que legitimaba al régimen franquista. Y así fue a lo largo de toda la dictadura. Por este motivo, la memoria del franquismo es hoy todavía tan compleja en España. Unos quieren recordar, “los vencidos”, y otros quieren “olvidar”, los “vencedores”. Pero, el recuerdo y el olvido forman parte inseparable de la memoria, de las diversas memorias del franquismo y de la represión.”

Por eso, entre otras cosas, se ha de ser escrupulosamente cauteloso en conocer siempre los porqués y el marco que rodea cada situación e intentar no dejarse manipular repitiendo sin más y creyendo sin corroborar su veracidad lo que no suelen ser sino consignas partidistas interesadas, sesgadas y parciales. Vengan de donde vengan. Y si hay discrepancias (que forman parte de la vida en todos sus ámbitos), lo que nos debe preocupar es que se conozcan y se sepan gestionar, no que se acallen: pan para hoy y hambre para mañana.

Acabamos estas reflexiones proponiendo escuchar la canción más conocida de Víctor Jara, Te recuerdo, Amanda, en su homenaje y con el deseo de que no haya nunca más otro caso como el suyo. Incluida en el mismo disco que Preguntas por Puerto Montt, citada más arriba, es una pieza internacional, porque el tiempo la ha convertido en una historia de lucha de clases. Representa a la lucha de la clase obrera a través de la historia de amor de una muchacha llamada Amanda y de un obrero que respondía al nombre de Manuel. Él trabajaba duramente en una fábrica, donde ella la visitaba durante los cortos descansos, cinco minutos escasos hasta que la sirena indicara el regreso al trabajo. Un día su rutina cambió radicalmente, porque Manuel faltó a la cita, víctima de la injusticia del sistema explotador y la codicia de los patronos.
¿Una canción de amor, pues, o un manifiesto social? Da igual en el fondo como se deduce de lo que dice en la presentación el propio Víctor, y como anécdota final, citar que la repercusión de la canción fue tal en los años setenta y en los ochenta del siglo pasado que fueron muchas las niñas bautizadas con este nombre.

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1Puerto Montt es una ciudad de unos doscientos mil habitantes hoy al sur de Santiago, al comienzo de la Patagonia. La fuerte explosión demográfica tras el terremoto de 1960 y la ineficaz respuesta del gobierno al problema hizo que los inmigrantes llegados a ella desde otras zonas del país recurrieran a la toma de terrenos abandonados para solucionar sus problemas de vivienda.
En marzo de 1969, cerca de 90 familias de escasos recursos ocuparon un terreno en el sector llamado Pampa Irigoin con la intención de obtener una expropiación legal por no-uso de la tierra (lo que era posible en la legislación chilena de aquella época) y poder construir allí sus futuros hogares. La toma transcurrió de forma tranquila y pacífica, y no existió una acción inmediata por parte de los carabineros. Las negociaciones transcurrieron con normalidad durante cuatro días, sin dar señales por parte del gobierno de que se realizaría un desalojo. Sin embargo, en el quinto día de ocupación, y una vez que el contingente policial hubo recibido refuerzos de otras prefecturas, la policía entró en el lugar, con el objeto de poner fin a la toma. El desalojo se realizó de madrugada, confiando en encontrar a los ocupantes dormidos y poner fin a la ocupación sin resistencia. Pero los improvisados sistemas de alarma (latas atadas con alambre a baja altura) que los ocupantes habían instalado, les permitieron reaccionar armados con palos y piedras. La policía respondió haciendo uso de carabinas y gases lacrimógenos, causando la muerte de 10 pobladores, incluyendo un bebé de nueve meses, y dejando cerca de 50 heridos entre los pobladores; resultaron también lesionados 23 carabineros.
En la operación policial participaron 200 carabineros que cumplían órdenes del ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic.
Las motivaciones que desencadenaron los hechos han sido muy discutidas y abarcan desde un legítimo problema habitacional hasta intereses políticos, considerando por algunos que no se trataba "de la explotación espontánea de un problema habitacional agudo, sino del resultado lamentable de intereses políticos irresponsables y bastardos, que no han dudado en jugar con vidas humanas dignas y valiosas subordinándolas a sus intereses partidistas inmediatos
Apenas una semana después de los hechos, en el Senado de Chile, Salvador Allende, entonces senador, pronunció un discurso sobre ellos que inició con un contundente “Digo, midiendo mis palabras, que, a mi juicio, éste ha sido un crimen colectivo, y que hubo en él premeditación y alevosía

2En 1990, la Comisión de Verdad y Reconciliación confirmó el horror de las torturas y determinó que Víctor Jara fue acribillado con 44 disparos el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile y que fue arrojado a unos matorrales en los alrededores del Cementerio Metropolitano. Luego fue llevado al depósito de cadáveres, donde le asignaron las siglas NN, y donde más tarde sería identificado por su esposa. Sus restos fueron enterrados en el Cementerio General. La viuda, años después, mencionaría que el diario chileno La Segunda, al día siguiente del entierro, publicó un párrafo que daba a entender que Jara había muerto sin violencia y que su sepelio había sido de carácter privado.
El 29 de mayo de 2009, la Corte de Apelaciones de Santiago de Chile ratificó el encarcelamiento del ex soldado acusado del asesinato del cantante, que confesó la coautoría del asesinato, y confirmó que a Jara se le fracturaron las manos a culatazos en los interrogatorios y que cuando le tirotearon, Jara ya había fallecido, debido a un disparo en la cabeza efectuado por un oficial de ejército, por lo que el juez encargado del caso ordenó la exhumación de sus restos, con el fin de practicarle una segunda autopsia, que certifico que el artista murió a consecuencia de «múltiples fracturas por heridas de bala que provocaron un choque hemorrágico en un contexto de tipo homicida» y que fue golpeado y torturado durante su paso por el Estadio Chile, donde estuvo detenido. El texto destaca que se encontraron más de 30 lesiones óseas producto de fracturas provocadas por heridas de proyectil y otras provocadas por objetos contundentes, diferentes a las heridas de bala.

3No deja de ser llamativo que este mensaje vuelve a emitirse con profusión estos días

martes, 4 de septiembre de 2018

Reivindicando “Halaja” como muestra de respeto.

Ante las iniciativas políticas y propuestas legislativas del presidente Donald Trump en Estados Unidos, 
alineadas con un declarado deseo de aislacionismo rayano en la autarquía, es bueno recordar que 
Marilynne Robinson, escritora estadounidense galardonada, entre otros, con el premio Pulitzer y autora 
de cabecera del anterior presidente Barack Obama, ya dijo en uno de sus ensayos algo que ahora es 
actualidad, que es que “añoro la civilización y quiero que me la devuelvan”, englobando en esta 
añoranza las ideas inteligentes, los debates sensatos y respetuosos y las palabras enriquecedoras, no 
hirientes.
 
 
Lamentablemente, esta añoranza no se circunscribe a los Estados Unidos; basta echar una ojeada 
alrededor (y sí, mirarse el ombligo también) para advertir un clima de confusión y crispación, se podría 
afirmar que generalizado, en gran parte de los países del mundo. En esta tendencia universal de 
regresión de valores, nosotros en nuestro país notamos un evidente retroceso en el campo legislativo, 
en el judicial (en el que no es ajeno algo que en su día pasó casi desapercibido como fue la renuncia a la 
Justicia Universal), y en el político en general, pero también en la vertiente social, por ejemplo con la 
aceptación como normal que políticos irresponsables (y, a todas luces, por ello, ineptos como políticos) 
califiquen alegremente a quienes defienden ideas diferentes a las suyas de fascistas, nazis, xenófobos
otras lindezas, que se acuse impunemente a quien piensa diferente de violento o peligroso por el simple 
hecho de pretender expresar pacíficamente sus ideas, o que se haya asumido socialmente como insulto 
comunista, nacionalista, independentista, etc. Todo ello se resume en la evidencia de que, ante la 
necesidad de gestionar determinados asuntos que no se tiene ni idea de cómo gestionar o cuya gestión 
franca puede mermar votos porque va en contra de lo que se ha sembrado durante años, la decisión es la 
de difundir hasta que cala en gente bien intencionada pero pésimamente informada que esas ideas 
diferentes dañan la convivencia y debe reprimirse incluso su expresión. ¡Y muchos, exaltados aparte, lo 
creen! 

Políticamente, esto se aleja del concepto y ejercicio de la democracia, al caer, no en el terreno del debate, 
sino en el de imposición (dictadura), y psicológicamente, esta actitud está entroncada inicialmente con la 
ausencia de respeto por las ideas ajenas dando validez única (si es preciso, por la fuerza) a las propias.

Reflexionemos, pues, sobre eso del respeto como pecado original de la situación. 

Etimológicamente, la palabra proviene del latín respectus, que se traduce como ‘atención’, ‘consideración’, 
y originalmente significaba ‘mirar de nuevo’, de donde se entiende que algo que merezca una segunda 
mirada sea algo digno de respeto. El respeto es un sentimiento positivo para las personas; es equivalente 
a tener reconocimiento por una persona o cosa, y como tal es uno de los valores morales más importantes 
del ser humano, pues es fundamental para lograr una armoniosa interacción social, como se confirma 
efectuando un ligero vistazo a la historia de la evolución social humana. Una de las premisas más 
importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a 
comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y 
nacer de un sentimiento de reciprocidad. 
 
Resultado de imagen de respeto

 
Respetar no significa estar de acuerdo con la otra persona, sino que se trata de no discriminar ni ofender a 
esa persona por sus ideas, forma de vida y decisiones razonadas; en este sentido, respetar también es ser 
tolerante con quien no piensa igual, con quien no comparte los mismos gustos o intereses, con quien es 
diferente o ha decidido diferenciarse. Tampoco cabe dar como ciertas las aberraciones interesadas de que 
tener ideas diferentes a las de la mayoría incita a la violencia o impiden la convivencia (¿dónde estaría 
entonces el matrimonio, que se desea feliz, entre una persona de, por ejemplo en política, derecha radical 
y otra nacionalista?) El respeto a la diversidad de ideas, opiniones y maneras de ser es fundamental, un 
valor supremo en las sociedades que se dicen modernas, particularmente si pretenden ser democráticas, 
que aspiran a ser justas a través del debate/diálogo y a garantizar una sana convivencia.

Ahora bien, el respeto también debe aprenderse cuando se advierte que no es espontáneo de la persona, y 
para reflexionar sobre este aspecto, nos permitiremos un rodeo argumental. 

Hay quienes creen a pie juntillas (y algunos autodenominados historiadores, en realidad defensores 
acérrimos de la incuestionabilidad e inmutabilidad de la historiografía oficial, tienen bastante que ver en 
que haya esta creencia) que la historia (con minúscula) es una sucesión de relatos de conflictos bélicos de 
los que quedan vencedores, lógicamente, quienes escriben la historia (seguimos con las minúsculas) a la 
vez que los vencidos suelen quedar retratados como innobles, arteros, traidores, y cuanto haga falta para 
despreciarlos y demonizarlos. Pero la Historia (con mayúsculas) es algo más y, entre muchas razones que 
lo pueden demostrar, elegiremos sólo una: si es verdad (y lo es) que se puede aprender de la Historia, que 
alguien me diga qué enseñanza puede extraerse de una historia que recoge sólo la batalla entre espartanos 
y atenienses en la que se ensalza al vencedor y se humilla al vencido. Y así se queda. La Historia puede 
enseñarnos si, además de la batalla, el análisis de los hechos narrados nos permite aventurar cuestiones del 
tipo ¿cómo se logró restablecer la convivencia real entre espartanos y atenienses? ¿en cuánto tiempo y a 
costa de qué?, o por el contrario ¿qué motivos hubieron para que no superaran su enfrentamiento?, y 
podemos encontrar respuestas razonables que, eso sí, cada uno puede interpretar a su modo.

España tampoco escapa a estas manipulaciones (sólo hay que ver la historia de Castilla/España y sus 
protagonistas pre y post Menéndez Pidal) y hoy, para desembocar en el tema del respeto, nos serviremos 
de una batalla presentada como genuinamente castellana pero que algunos estudiosos presentan 
simplemente como una cruzada contra los musulmanes ordenada por el Papa Inocencio III, la batalla de 
las Navas de Tolosa de 1212, si bien es cierto que, tras la derrota de Miramamolín (el rey musulmán por 
el nombre que es conocido por nosotros) en ella, se aceleró el avance de las tropas cristianas con la casi 
inmediata conquista de Vilches, Úbeda, Baeza, Baños de la Encina, Andújar o Jaén hasta poner fin al 
dominio de los musulmanes con su expulsión en Granada, en 1492, aunque también haya que citar como 
“daños colaterales” la pérdida de los territorios occitanos por el Reino de Aragón.

Dejemos, sin embargo, a los estudiosos que se pongan de acuerdo, si es que se han de poner, sobre los 
antecedentes, los porqués y las consecuencias de la contienda y, para nuestro propósito, quedémonos con 
un detalle, a medio camino entre la historia y la leyenda: la intervención del llamado Pastor de Las 
Navas, personaje fugaz pero decisivo en vísperas de la batalla, guiando por camino seguro a las tropas 
cristianas a través de Sierra Morena hasta el campamento musulmán de Miramamolín. Y con el relato de 
su intervención empieza el lío: para empezar, de las tres crónicas de la batalla escritas “in situ” por sus 
protagonistas, sólo en dos de ellas se alude, y de pasada, al episodio del pastor. Posteriormente, años 
después, cronistas que no participaron en la contienda recogieron información y escribieron sus relatos 
dándole más relevancia al papel del pastor y aludiendo al carácter divino de su intervención, algo normal 
en la época (de aquí a la identificación del pastor con San Isidro, muerto 40 años antes, un paso. Que se 
dio). Pero seguimos sin saber su nombre, que es lo que en esta ocasión nos interesa.  
Imagen relacionada

 
Han de pasar tres siglos para que el militar, escritor, botánico, etnógrafo y colonizador, gobernador 
general de Santo Domingo y La Española, Gonzalo Fernández de Oviedo Valdés, con información que 
aún hoy nadie sabe de donde sacó, aunque su autoridad en materia histórica llevó a numerosos 
genealogistas e historiadores posteriores a dar por buena esta versión, mencionó por primera vez el 
nombre de Martín Halaja (o Alhaja, o Alhajar, o Malo1, nombre que también aparece en alguna crónica 
posterior), añadiendo en su relato el detalle de que el pastor había señalado el camino a las tropas 
cristianas valiéndose de unas calaveras de vaca que los lobos le habían comido recientemente, y de que 
el rey castellano le había nombrado después hidalgo y otorgado armas en premio por sus servicios, 
haciéndole así antecesor del linaje de los Cabeza de Vaca2
Curiosamente no es el primer Martín Halaja en la historia de Castilla; por entonces ya circulaba en 
Cuenca la historia de otro Martín Alhaja que en 1177 había ayudado a las tropas cristianas a entrar en 
la ciudad ocupada por los musulmanes, si bien en una crónica refutada posteriormente como apócrifa.

Damos otro salto en el tiempo. En 1951 se autorizó construir en La Carolina, capital que fue de las 
Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, un centro de enseñanza, abierto a toda la comarca también para 
alumnos en régimen de internado, en forma de Instituto de Enseñanza Media y Profesional (conocidos 
popularmente como Institutos laborales) que, cuando inició sus actividades en 1954, propuso, y le fue 
admitido, llamarse “Martín Halaja”, aunque la gente sólo le llamo “el Instituto”, en homenaje al pastor 
de la batalla de las Navas de Tolosa, desarrollada en un entorno cercano, con el argumento/deseo de 
que su nombre sirviera de guía al estudiante en su camino al éxito de la misma forma que el pastor 
sirvió de guía a los cruzados cristianos en su lucha contra el infiel y victoria final. Fijémonos, pues, en 
que, dentro de las grafías posibles del nombre, se elige la de Halaja, que aún perdura para el centro, 
hoy Instituto de Enseñanza Secundaria Martín Halaja y que, dicho sea de paso, es la grafía que 
consideran válida los historiadores y estudiosos de allende nuestras fronteras, como hemos visto. Y 
aquí viene la ligera relación de este hecho con el respeto, natural o aprendido.

En estos tiempos que vivimos, caracterizados en nuestras sociedades por el exceso de información y 
por las prisas, en que una parte de nuestra guía de actuación es lo que nos llega a través de nuestra 
participación en las Redes Sociales, a veces sin tiempo ni ganas de efectuar la indispensable criba de 
separar el grano de la paja o, sobre todo, de apartar las manzanas podridas de las sanas, nos movemos 
por impulsos y solemos dar por bueno sin mas más de lo que conviene. Está generalizada como una de 
las actividades más extendida la del ejercicio colectivo de la añoranza, compartiendo en las Redes 
recuerdos y sensaciones de lugares, momentos, personas,… de un pasado que, sin duda, nos marcó 
pero que sabemos que no volverá (¡el susto que nos llevaríamos si efectivamente volviese!). 
Lógicamente, el Instituto es uno de esos objetos de añoranza: los profesores, los compañeros, las 
actividades, las situaciones,…; lo que llama la atención es que muchos de los mensajes de antiguos 
alumnos, hoy reputados profesionales algunos de ellos, se refieren al centro como Martín Alhaja, lo 
que permite abrir varios interrogantes: ¿son contrarios a la grafía del nombre oficial? ¿no han visto en 
sus años de estudio el nombre del centro en ningún sitio? ¿es una desconsideración hacia el  nombre?... 
O, simplemente, el primer mensaje se escribió de manera errónea y nadie hizo la criba de corrección, 
que es lo más probable.

Ante este incidente nimio y sin graves consecuencias, puede abrirse un abanico de cuestiones 
relacionadas con el respeto:
- No siempre hay la consciencia de que se está faltando a él. En el caso que nos ocupa ES una falta de 
respeto aludir repetidamente a Halaja como Alhaja. ¿o no?
- Cuando no hay voluntad de ofender, se tiende a pensar “Pues no hay para tanto” para autojustificarse, 
sin tener en cuenta que, precisamente así, también se falta al respeto al erigirse en juez de los 
sentimientos ajenos, y, seguramente sin querer, minimizarlos.
- En la vida real se debe ser prudente ante las ideas ajenas y avanzar de manera consciente en el terreno 
del necesario respeto, con un cuidado extremo en el ámbito de la política si no se quiere ser una 
marioneta de quien ha puesto conscientemente, pongamos por caso, los mensajes de Alhaja sabiendo 
que la mayoría los darán por buenos e inocentes, y pocos querrán saber el porqué, si lo hay, ni 
denunciarán en su caso la manipulación.
- Es una herramienta usual de manipulación afirmar que las ideas diferentes se deben combatir porque 
son una falta de respeto a las propias ¡qué tontería! Veamos: si yo, heterosexual casado felizmente con 
una persona del sexo contrario, me dejo convencer en lo que algunos afirman de que las 
reivindicaciones del colectivo homosexual (esté yo o no de acuerdo con ellas) son PARA MÍ una falta 
de respeto, soy yo quien tiene un problema psico-patológico grave. 
- No debe olvidarse que el respeto es a la persona, tenga las ideas que tenga ¿es merecedor de respeto 
como persona quien impide a garrotazos ideas diferentes a las propias? Por ello, en política, es 
condenable la actitud de ciertos arribistas ineptos, autollamados políticos, que de forma irresponsable 
alientan impunemente la violencia contra las ideas ajenas a la vez que exigen casi veneración por las 
propias. Lo preocupante para toda la sociedad es que esa actitud encuentra seguidores.
 
 El respeto y su reivindicación dan para mucho más, pero ya excedería de unas meras reflexiones 
superficiales de estas líneas, por lo que lo dejamos aquí. Aprovechando que hace unos días nos dejó la 
gran Aretha Franklin, nos despediremos con su música con un tema escrito por Otis Redding que, pese 
a referirse al mundo de la pareja y ser hoy un himno feminista  por su letra poderosa y reivindicativa, 
mantiene vivo el quid de la cuestión: “R-E-S-P-E-T-O. Averigua lo que significa para mí”
 
 
 
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1A mediados del siglo XIII un personaje llamado Martín Malo tenía propiedades al norte de Toledo, aunque su participación en la batalla no está documentada. Una aldea de la zona, en Guarromán, en la provincia de Jaén, lleva este nombre, pero hay que tener en cuenta que esta población fue fundada mucho más tarde, en tiempos de Carlos III, 500 años después de Las Navas.
2Esta tesis ha traspasado fronteras como se puede comprobar leyendo One nation under Gods: a new american history (Una nación bajo los Dioses: una nueva historia americana), de Peter Manseau, en cuya página 132 encontramos: “… Passed down for centuries on him mother's side, the honorific "Cabeza de Vaca" had been bestowed originally on a medieval iberian shepherd named Martin Halaja, who once infamously used a bovine skull to mark a hidden pass to an encampment of Moors, allowing the Catholic armies of the Reconquista to march under the cover of darkness, surprise their enemy at daybreak and kill them at their tents. Thus awarded a doubious title, Halaja passed it down to him heirs, and them to theirs, ten generations of Cow's Heads until the Moors-killing legend of Cabeza de Vaca was carried across the sea...” (...Pasado a través de los siglos por la rama familiar de su madre, el honorífico "Cabeza de Vaca" había sido otorgado originalmente a un pastor ibérico medieval llamado Martín Halaja, quien una vez usó infamemente un cráneo bovino para marcar el paso oculto a un campamento de moros, permitiendo a los ejércitos católicos de la Reconquista marchar al abrigo de la oscuridad, sorprender a sus enemigos al amanecer y matarlos en sus tiendas. Ese título dudoso, Halaja se lo dio a sus herederos, y ellos a los suyos, diez generaciones de Cabezas de Vaca hasta que la leyenda de Cabeza de Vaca que mató a los moros fue llevada a través del mar…) Manseau se refiere en su libro a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, conquistador español que exploró la costa sur de Norteamérica desde la actual Florida pasando por Alabama, Mississipi y Luisiana y se adentró en Texas, Nuevo México, Arizona y en el norte de México hasta llegar al golfo de California, territorios que pasaron a anexionarse al Imperio Español dentro del Virreinato de Nueva España.

viernes, 24 de agosto de 2018

En el aniversario de Borges, ¿por qué leer?

Hay sectores productivos cuya evolución última acredita que el camino de la recuperación económica 
(puntualicemos: recuperación SÓLO económica; ni laboral, ni social, ni moral, ni ética,..., aún 
pendientes de su inicio) general de este país, tras la dura crisis no sólo económica que todavía nos azota, 
es un hecho. Este es el caso, entre otros, de la edición de libros (abstrayéndonos de la influencia que en 
él tienen las nuevas tecnologías, Internet, los libros virtuales, etc. que, objetivamente, se han de abordar 
en otros escenarios, y no sólo en el de la crisis global), sector en el que España ha sido tradicionalmente 
fuerte, sumando el mercado interno propio y el de todos los países y territorios hispanohablantes, del 
que, a juzgar por las cifras divulgadas, las ventas van aproximándose, aunque muy lentamente, a las que 
se registraban diez años atrás

Las ventas se recuperan, pues. Se venden libros. Entonces, ¿cómo es que se mantiene, según datos del 
Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) un dramático 35% de españoles que no lee NUNCA? 
¿Por qué no se lee? Al final habrá que darle algo de razón al escritor Jorge Luis Borges cuando afirmaba 
que “la imprenta ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el 
vértigo textos innecesarios” pero no es menos cierto que Miguel de Cervantes puso en boca del Quijote 
(que levanten la mano los que hayan leído DE VERDAD el libro): “Ahora digo -dijo a esta sazón don 
Quijote-, que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. 
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El Quijote y Sancho, según Picasso.

Pero vayamos a lo práctico: ¿qué pasa porque no se lea?, dirá más de uno, y algunos incluso con jactancia. Efectivamente, si no lees, no pasa nada, nadie se muere, se puede vivir perfectamente, hay pueblos enteros que no han leído nunca, como mucho algunos titulares de prensa, y así les va, pero ese es otro tema. Si no sabes quién fue Picasso, no pasa nada, puedes vivir largos años teniendo buena vista; si no te acercas a una rústica y humilde iglesia románica, no pasa nada, puedes andar por los caminos de la vida; si no escuchas nunca música “de la grande”, no pasa nada, hay miles de oídos con otras músicas, no te va a salir miel por los oídos; si no vas nunca al cine o al teatro, no pasa nada, que bastante teatro es la vida; si no sabes nada de Julio César, Alejandro Magno, Napoleón o Hernán Cortés, no pasa nada, tus negocios pueden ir bien por el mundo; si no sitúas los accidentes geográficos más importantes del mundo, no pasa nada, te puedes pasear por ellos turísticamente si tienes dinero; si no lees nada sobre religiones o filosofías, no pasa nada, que la abuelita tampoco leyó sobre estos temas y fue feliz. Efectivamente, no pasa nada por que no abras un libro. No te vas a morir, no eres más ni menos guapo, no eres más ni menos rico. Pero es que hay otros aspectos que sobrepasan el mero comer, dormir, vivir o vegetar. Mirando así las cosas, por leer no eres ni más ni menos importante. No pasa nada, no pasa nada.

Pues sí pasa, y mucho. Con este criterio, veamos dónde queda la literatura, la música, la pintura, la arquitectura, el teatro... las artes. Si prescindes de las artes, efectivamente, podrás vivir, pero te falta mucho, te falta lo que de propio ha creado el ser humano, su inteligencia, y por tanto la creatividad, que es lo que nos distingue de los animales, de los borricos (¿con segunda?) porque no es igual estar errado que estar herrado, y la diferencia se manifiesta, precisamente, leyendo.

La cultura tiene un coste excepcional (no dinerario) precisamente porque es enriquecimiento interior, cultivo, que no tiene que ver con la acumulación de títulos. En medio de tanta tecnología, que puede resultar asfixiante, hay que saber distinguir entre los estudios necesarios para adquirir un título que te capacite para el ejercicio de una profesión (el estudio como necesidad) y el estudio como enriquecimiento personal, como cultivo. La concepción griega del ocio y el negocio, la renacentista, la de la Ilustración: saber para iluminar la mente.

Pues bien, el único medio de adquirir esa cultura enriquecedora está en el texto escrito, aparte de lo que aprendemos en la vida, que es el mejor libro, y en el saber viajar. «Todo lo que ha pasado en la Historia termina durmiendo en los libros», nos dice Unamuno. En este sentido, y no en el de la edición como sector económico, no importa si ese libro tiene soporte físico, de Internet, es fotocopia, e-book, etcétera. ¿Qué se les puede decir a ésos que proclaman que no pasa nada si no leemos? Porque es difícil convencer a quien no lo ha experimentado. ¿Os imaginéis a un riojano de Haro exaltando las cualidades de un buen vino a un visitante de Laponia que no lo ha probado en su vida? Quien no lo ha experimentado no lo puede valorar. Por la vía de la lectura entramos en contacto con un mundo exterior a nosotros, con lo que no sólo vivimos de nuestras experiencias, sino que nos enriquecemos con las de otros, bien sean reales o ficticias. Cuando leemos, nos evadimos, salimos de nosotros y soñamos, que es algo muy saludable, tanto para el cuerpo como para el espíritu. Las personas soñadoras, sobre todo los más pequeños, llevan el brillo en los ojos, sin exagerar en el dicho de (otra vez) Borges: «No hay que leer ningún libro que no haya cumplido cien años». Y también dice el argentino que la lectura «es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres».
 
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Imagen clásica de Borges

Otra cosa es que el estilo en la escritura y los gustos personales también tienen algo que ver, no en que se lea o no, sino en qué se lee, y ya que hemos citado a Borges, y aprovechando la coincidencia de que hoy, mira por dónde, es el aniversario de su nacimiento, lo tomaremos como referencia.

Jorge Luis Borges Acevedo (1899 - 1986) fue un erudito escritor argentino, considerado uno de los más destacados de la literatura del siglo XX con una obra muy divulgada pero, a decir de los críticos, poco leída por su complejidad. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental según los estudiosos en la literatura y el pensamiento universal, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, excluye todo tipo de dogmatismo.

Dice Wikipedia, que lo sabe todo: Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geométricas y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que, en sus obras, Borges ofrece tanto a los estudiosos como al lector no especializado. Sobre todo, la filosofía, concebida como perplejidad; el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Aunque fue un literato puro, es preferido por semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, ya que Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y al pensamiento universal. En otras palabras: difícil de leer, aunque "se ha de tener en la biblioteca".

Pero, ciertamente, es un autor de aquellos cuya obra despierta adoración incondicional u odio irrefrenable, sin medias tintas. Un ejemplo de lo primero lo tenemos en Umberto Eco1 que, según confiesa él mismo, quedó fascinado por Borges desde los veintidós o veintitrés años, cuando un amigo le prestó el libro Ficciones siendo Borges todavía prácticamente un desconocido en Italia. Esta fascinación se tradujo en que cuando en 1980 escribió Eco El nombre de la rosa, novela histórica de misterio ambientada en el turbulento ambiente religioso del siglo XIV, que narra la investigación que realizan fray Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk alrededor de una misteriosa serie de crímenes que suceden en una abadía de los Apeninos (el gran éxito y la popularidad adquirida por la novela llevó a la realización de una versión cinematográfica dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud, con Sean Connery como el franciscano Guillermo de Baskerville y Christian Slater encarnando a su discípulo, Adso), homenajeó a Borges en el personaje de Jorge de Burgos, monje anciano y ciego (como Borges), encorvado y «blanco como la nieve», venerado por el resto de los monjes, que lo temen tanto como lo respetan. En Ficciones, libro que descubrió a Eco el universo Borges, se halla recogido La biblioteca de Babel, cuento del que se han señalado varias coincidencias entre la biblioteca de la abadía, que constituye el espacio protagonista de la novela, y la biblioteca que Borges describe en su historia: no solo su estructura laberíntica y la presencia de espejos (motivos recurrentes en la obra de Borges), sino también que el narrador de La biblioteca de Babel sea un anciano librero que ha dedicado su vida a la búsqueda de un libro que posee el secreto del mundo.
 
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"Jorge de Burgos" en la película El nombre de la rosa.

Desde el punto de vista literario, Borges fue durante casi treinta años candidato al Premio Nobel, y se cuenta que el principal obstáculo para que no se le concediera fue que también era muy polémico por sus posturas políticas de corte conservador radical que no tenía reparo en volcar en sus escritos, algunos paradójicos como cuando elogiaba repetidamente a Franco tras declararse republicano u otros más chocantes: “-Es el crematorio – dijo alguien – Adentro está la cámara letal. Dicen que la inventó un filántropo cuyo nombre, creo, es Adolph Hitler.” (Utopía de un hombre que está cansado).

Sin llegar a esos extremos, la verdad es que la obra de Borges es una fuente inacabable de debate; así se deduce, una vez más, del ejemplo con el que acabamos estas reflexiones sobre la lectura. En el cuento Ulrica, incluido en El libro de arena, figura el siguiente diálogo:

Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano.
Me preguntó de un modo pensativo:
- ¿Qué es ser colombiano?
- No sé – respondí – Es un acto de fe”.

y todos sabemos que los actos de fe que desembocaban en autos de fe no solían acabar bien. Entre este concepto y el de «Dondequiera que se esté bien, allí está la patria», de Cicerón (atribuida a Voltaire la variante “Uno es de donde se siente feliz y libre”) hay una amplísima gama de grises, los que corresponden al trecho entre deber y sentimiento (un sentimiento éste, el del patriotismo, de los más manipulables políticamente), luego ¿es un tema para debatir o no? ¿es la lectura o no lo es un instrumento de crecimiento personal al analizar su contenido, particularmente cuando no se está de acuerdo?. Es, ni más ni menos, trasladar al ámbito unipersonal del lector lo que se enseña en cualquier escuela de negocios (y que, por cierto, nuestra clase política, que se proclama demócrata - negociación con las minorías, no imposición - se empeña en ignorar) de que un “NO estoy de acuerdo” es el inicio de un buen (y productivo si se gestiona con inteligencia) proceso de diálogo, o de enriquecimiento personal si es algo que se lee y se analiza en privado.

Acabemos, pese a todo, con música, esta vez, de tango. Para Jorge Luis Borges, “estudiar el tango” era una manera de conocer “las diversas vicisitudes del alma”; el tango no puede ser “triste y arrabalero” aunque como proveniente de la milonga, empiece “valeroso y feliz” y sí, acabe triste, confesando el escritor su devoción por Carlos Gardel, quien, asegura, convirtió el tango en una “pequeña escena dramática”. Escuchemos en versión del grupo Quilapayún, no una pieza de Gardel, sino La última curda, tango compuesto en 1956 con letra de Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo. En él se destaca la letra que algunos califican de "discepoliana" por la riqueza del lenguaje y la destreza para construir imágenes con él, a lo que Borges no le haría ascos.


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1Umberto Eco (1932 - 2016)1​ fue un escritor, filósofo y profesor de universidad italiano.,autor de numerosos ensayos sobre semiótica, estética, lingüística y filosofía, así como de varias novelas, siendo El nombre de la rosa la más conocida. Fue un reconocido ateo, muy interesado en el tema de la religión. Dentro de su particular visión de los medios de comunicación, reflexionó en sus ensayos sobre Internet y en concreto sobre Wikipedia, de la que tenía una opinión ambivalente, resultado de la tensión entre la necesidad de integración y el rechazo de los rasgos negativos, descrita en relación con su concepto de “apocalípticos e integrados”. En lo político, Eco fue un acérrimo crítico de Silvio Berlusconi, lo que puede verse explícitamente en varias de sus crónicas, algunas de ellas publicadas por ejemplo en De la estupidez a la locura.

sábado, 18 de agosto de 2018

“Tu calle ya no es tu calle...”

 
“Las cosas son como son hasta que dejan de serlo”. Esta popular greguería (utilizando 
la palabra inventada por Ramón Gómez de la Serna para referirse a conceptos o definiciones 
breves e ingeniosas), atribuida a Antonio Machado (aunque reconozco que no he sido capaz 
de encontrar ninguna referencia sobre ella en la obra del poeta, ni con autoría propia ni con 
la de ninguno de sus “complementarios”) nos habla en el fondo de que, habitualmente, nos 
creemos que las cosas difícilmente cambian cuando nos acostumbramos a ellas, pero la 
realidad es otra… y cuando llega el momento de asumir el separar caminos, o adoptar 
acciones o actitudes diferentes de las actuales por motivos variados, pues la verdad es que 
íntimamente cuesta pero, aun así, hay que aprovechar los cambios para saber verlos como 
una nueva oportunidad de crecer, al menos en todo lo que pueda ser influenciable al entorno. 

De hecho, aunque no nos detengamos a pensarlo conscientemente, ya sabemos que la vida 
es una sucesión continua de esos aspectos “que han dejado de serlo” en forma de la 
exigencia de adaptarse a cambios de velocidad repentinos, evoluciones pausadas, trayectorias 
alteradas en su dirección, frenazos bruscos,… y nos creemos con fuerza para conseguir estar 
habituados a todos ellos. La verdad es que el abanico de razones que pueden esconder ese 
“dejar de serlo” es amplísimo, y con un ámbito de consecuencias que abarca desde un colectivo 
que puede llegar a ser mundial hasta descender a lo particular, incluso íntimo, de una sola persona.
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Minas de El Centenillo, que "dejaron de serlo", y, con ellas, el pueblo, en 1964.

Sólo a título indicativo, y en ningún caso exhaustivo, repasemos alguna de esas razones que 
afectan a lo que habíamos considerado confortable usando ejemplos conocidos:

- Razones medioambientales que afectan al habitat:
   - Desaparición del Mar de Aral (que era uno de los cuatro lagos más grandes del mundo, 
          con una superficie de 68 000 km².; en la actualidad se ha reducido a menos del 10 % de 
          su tamaño original, hecho que se ha calificado como uno de los mayores desastres 
          medioambientales ocurridos en la historia reciente).
   - Contaminación de todo el entorno de la Central de Chernóbil.
   - Construcción de la mayor presa del mundo, la de Las Tres Gargantas, en China.
   -….
- Conflictos bélicos
- Adelantos tecnológicos que afectan a los trabajos, la forma de vida, las relaciones humanas..
-…

Todos estos ejemplos son exponentes de que hay un momento (quizá dilatado en el tiempo) en 
el que es perceptible para todos que lo que era como era deja de serlo, y se produce una 
necesidad de cambio en diversas direcciones, a veces traumático y, usualmente, para grandes 
colectivos.

A nivel doméstico (salvo que uno esté afectado por alguna de las circunstancias citadas en los 
ejemplos anteriores o situación similar), estamos convencidos que posibles cambios 
sobrevenidos son perfectamente controlables y no pueden dejar huella ni someternos a presión 
extra, y así nos viene a la mente un cambio de trabajo (nuevos protocolos laborales, nuevas 
relaciones,…), un cambio de domicilio (nuevo entorno, también nuevas relaciones,…), incluso 
cambio de colegio de los hijos, cambios en la situación de pareja, etc. Sin embargo, hay 
pequeños detalles que nos muestran que no todo es tan fácil como creíamos y que, 
íntimamente, dista mucho de estar dominado, y es conveniente saberlo.

Para intentar explicarlo, tomemos como ejemplo el día de hoy1: hoy, 18 de agosto, los 
aficionados al cine saben que es el cumpleaños, entre otros, de Robert Redford (¿hace falta 
presentarlo?), Patrick Swayze (ya sabéis, el de Dirty dancing o Ghost), la estrella de la época 
clásica cinematográfica Shelley Winter o la buñueliana Carole Bouquet, y alguien puede tener 
la sana costumbre de enviarles un mensaje de felicitación. Un inciso válido para un posterior 
análisis: lo que en este supuesto no pasaría de simple convención social, a medida que se 
estrecha y se hace más cálida y cercana la relación interpersonal, va adquiriendo otro 
significado, de manera que, en determinadas ocasiones, el hecho de felicitar un cumpleaños 
(u otros motivos para un intercambio emocional interpersonal) deviene algo más, mucho más 
que la felicitación y se convierte en una magnífica excusa para rememorar antiguas vivencias 
comunes, “ponerse al día” sobre amistades compartidas, hablar de planes de futuro inmediato,… 
vivir, en definitiva.
Pero volvamos con nuestros actores para caer en la cuenta de que esa rutina (y procuremos 
despojar al vocablo rutina de su habitual carga peyorativa/negativa: ¿o es negativa, por 
ejemplo, la rutina/costumbre  de regalarse mutuamente las parejas el día de Sant Jordi de 
cada año sin faltar ni uno una rosa y un libro, si existe voluntad de hacerlo?) de las 
felicitaciones queda necesariamente truncada e incompleta toda vez que Shelley Winter y 
Patrick Swayze ya no están con nosotros porque “lo que era, deja de serlo”. Pero, atención: 
sólo para ellos, con lo que la bendita rutina de felicitar a Robert Redford y Carole Bouquet  
debe seguir con normalidad y alegría. Esta particularidad aporta matices interesantes al 
análisis de los cambios que se producen cuando “lo que es deja de serlo”.
 
 

Hay una conocida soleá de Manuel Machado2, magistral a en su profundidad de sentimiento 
aunque sea revestida de sencillez, que dice
 
Tu calle ya no es tu calle,
que es una calle cualquiera
camino de cualquier parte. 

y que nos proporciona nuevos y tamizados elementos de reflexión. Y es que, efectivamente, 
en ocasiones se cumple, por diferentes motivos que, usualmente, pueden trascender el 
poético desamor que se intuye en esa soleá, que tu calle ya no es tu calle, tu casa ya no 
es tu casa, tu ventana ya no es tu ventana,… y, en casos extremos, la fecha de tu cumpleaños 
ya no es tu cumpleaños. Y sin embargo sigue existiendo la calle, la casa, la ventana,… 
incluso (para otros) el cumpleaños. Es más, es posible que esa calle sea tan transitada ahora 
que no es la tuya como ayer cuando lo era, pero, en buena ley, es normal que no todos los 
que transitan por esa calle tengan la sensibilidad y conocimiento necesarios para advertir que 
se ha producido ese cambio, lo que nos lleva a la conclusión de que la reacción actitudinal es 

(debe ser) radicalmente distinta si lo que la provoca, casi que con independencia de su 
naturaleza, es un “dejar de serlo” de ámbito colectivo o de ámbito unipersonal, con la 
excepción, en este último caso, de si la reacción tiene o no componente  emocional. Puede 
parecer paradójico, pero, para analizar la forma y el fondo del cambio actitudinal provocado 
por la evidencia de que ha sucedido algo, seguramente irreversible, que ha hecho que “tu 
calle deje de serlo”, nos podemos apoyar en un concepto contradictorio con lo que aquí 
manejamos, cual es el de felicidad. Es conocido lo que dicen los psicólogos expertos en este 
campo de investigación que “la felicidad no existe, sino que hay momentos felices y 
momentos que no lo son”, pero que para calibrar esos momentos es fundamental el entorno. 
Es decir que la felicidad no es la alegría de un instante o la satisfacción por un éxito, sino 
una manera de ser; es simplemente (nada más y nada menos) una manera de ver la vida, 
un estado de ánimo, una actitud con quienes te rodean que les hace mejorar a ellos, pero 
también a ti.

Según eso, es evidente que, aparte de momentos felices, también vendrán momentos 
dolorosos y difíciles pero si hemos sido capaces de construir desde la niñez un sólido edificio 
armónico, al que podemos llamar felicidad, basado en valores estables, seremos capaces de 
enfrentar esos momentos dolorosos en positivo sin perjudicar el entorno; es imposible 
controlar, no ya el futuro, sino lo que ha pasado o está pasando, pero sí se puede modular el 
modelo de persona y de entorno donde uno se siente a gusto y fuerte huyendo de “acciones 
extraordinarias” para caer en la cuenta de que lo “ordinario” es lo que se ha de cultivar y 
apreciar: esa vilipendiada rutina que tú te construyes y que te hace sentir bien contigo mismo 
y con quienes te rodean, la que, en definitiva, te enseña a saber amar. No parece 
descabellada esta teoría que estudian cada vez con mayor interés los expertos;es evidente 
que, ante un escenario donde se conjugan las circunstancias de “dejar de serlo” y las de “tu 
calle ya no es tu calle”, nadie puede pensar que se gestionan momentos de alegría, de forma 
que, posiblemente, el gran cambio (sigamos llamándolo así) personal/actitudinal es el ser 
consciente del gran esfuerzo que representa el que esas circunstancias no alteren, 
particularmente ante terceros, precisamente ese clima/actitud de armonía/felicidad que debe 
permitir, incluso, el crecer como persona con esas circunstancias adversas.

Los expertos psicólogos -y los neurólogos, porque, dicen, los sentimientos son inseparables 
del estado vital, del que, en definitiva, son una representación en perenne búsqueda de 
equilibrio, de forma que cuando el estado vital está alterado y se sabe que la alteración no es 
transitoria, los sentimientos buscan la necesaria armonía fuera de él- dan, entre otros ejemplos 
que justifican esa hipótesis, el de las personas afectadas de enfermedades neurodegenerativas 
(casos más frecuentes, al parecer, de lo que se piensa a primera vista). La característica 
principal de este tipo de dolencias, como su nombre indica, es su progreso de deterioro físico 
en intensidad y rapidez, usualmente, imprevisibles, de forma que estos enfermos son conscientes 
(las personas afectadas por este tipo de enfermedades saben que el progresivo deterioro de 
facultades físicas -otra cosa es que el deterioro afecte también a las facultades mentales- que 
sufren día a día está asociado a la pérdida secuencial -por ese orden- de libertad, autonomía, 
privacidad e intimidad, con todo lo que eso comporta) de que la situación de hoy es la mejor 
que tendrán el resto de su vida, en ese proceso imparable de pérdida continuada de facultades 
y que no puede esperarse ninguna clase de mejoría. Ante esa certeza de que no se podrán 
gestionar alegrías en ese campo (y que, por tanto, se alteran los roles normales observados en 
circunstancias de cambio actitudinal de angustia -malestar transitorio- hoy para alegría 
-bienestar "normal"-mañana), se suelen focalizar en otros campos,generalmente relativos al 
entorno personal (que, por cierto, también tiene lo suyo, con el marrón que le ha tocado tratar) 
y se intenta crear un clima de armonía/felicidad abstrayendose de los avisos de deterioro del 
progreso físico y transmitiendo esa actitud como forma de ver la vida, en una plasmación 
práctica (dado que en esa situación es complicado hablar del futuro, tal como se le suele 
conocer) de eso que parece una  teoría de que hemos de saber vivir positivamente el presente.

Habría mucho que profundizar en esas nuevas tendencias de la psicología, pero, como 
acercamiento, quedémonos con la idea de que, en situaciones de “las cosas son como son 
hasta que dejan de serlo” y de “tu calle ya no es tu calle” quizá el cambio actitudinal que 
conviene para gestionar el impacto emocional es, precisamente, dedicar todo el esfuerzo 
que sea necesario a que no haya cambio actitudinal, particularmente ante terceros.

Si, pese a haber defendido la importancia, solo relativa, de las fechas, nos hemos servido de 
nacimientos tal día como hoy de personas conocidas para iniciar nuestras reflexiones, las 
acabaremos con la otra cara de la moneda, recordando a alguien que nos dejó un 18 de 
agosto. Bien mirado, siempre será mejor asociar una fecha que se mantiene en el recuerdo 
con una canción que con un desastre como la explosión del polvorín en Cádiz, ¿no os 
parece? Efectivamente, en ese día del año 2012, muere a la edad de 73 años en Los Ángeles, 
California (Estados Unidos) el cantante Scott McKenzie, como consecuencia del agravamiento 
del síndrome de Guillain-Barré (un trastorno neurológico que afecta al sistema nervioso, ya 
que hablábamos de enfermedades neurodegenerativas) que padecía desde 2010. McKenzie 
fue un típico ejemplo de intérprete de largo historial pero un solo éxito: en su caso,San 
Francisco (Be sure to wear flowers in your hair)”, canción que se convirtió en el símbolo del 
Flower Power de su  generación y que había compuesto para él en 1967 John Phillips, de The 
Mamas and the Papas. Escuchémoslo para cerrar el ciclo.
 
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1Para todo aquello que vaya encaminado a analizar las razones de cambios actitudinales relacionados con las emociones, se ha de ser sumamente prudente y no buscar cualquier nexo de referencia para el recuerdo, sobre todo ante terceros para justificar un cambio, como podría ser la fecha identificadora de unos hechos, y sólo la fecha. Por poner un ejemplo, lo importante es que dos personas deciden convivir juntas; cuándo y dónde lo deciden son meras referencias espacio-temporales que, simplemente, pueden ayudar a situar el recuerdo posterior del hecho. Y nada más. Imaginemos que la fecha de 18 de agosto de 1947 está íntimamente ligada a algo tierno, dulce, que nos emociona y cuyo tratamiento puede caer de pleno en lo que estamos reflexionando del “dejar de serlo” pero que no deja de ser algo de ámbito privado. Si nos atenemos sólo a la fecha, en ella aparece algo más relacionado con el ámbito colectivo, y es que ese mismo día que a nosotros nos afecta, el 18 de agosto del año 1947 se produjo la explosión de un polvorín de la Armada en Cádiz con una cifra oficial de víctimas de 150 muertos, 5000 heridos y 500 edificios destruidos. Esta catástrofe tuvo, lógicamente, consecuencias de todo tipo, pero ¿es lo que queremos rememorar asociado al 18 de agosto de 1947?
2Manuel Machado Ruiz (1874 – 1947), poeta y dramaturgo español, enmarcado en el modernismo, y hermano mayor del conocidísimo Antonio Machado, del que, por otra parte, era rendido admirador, llegando a escribirle que «Tu poesía no tiene edad. La mía sí la tiene». Republicano como su hermano, su destino no fue tan trágico gracias a una larga lista de intercesores, de cuya certeza no ha podido llegarse a dar referencia cierta aún hoy. En su obra literaria figuran siete obras de teatro escritas al alimón con su hermano Antonio y, en el resto de producción, aunque la obra poética de ambos es muy distinta, se aprecian ciertos paralelismos. En el libro de Manuel Cante hondo continúa en algunos aspectos la tarea de su padre como divulgador y renovador del folclore popular abundando en estructuras idóneas para el cante; en él reivindicó/dignificó la soleá (en plural, soleares), composición poética que suele versar sobre el tema del desamor, la soledad y el desengaño, de la que creó una nueva variante de soleá que bautizó como soleariya y que tiene una métrica poética diferente.