domingo, 16 de febrero de 2020

¿La tele que merecemos?

Reconozco que no soy consumidor habitual de televisión salvo emisiones muy concretas; 
con ese perfil, y por motivos que no vienen al caso, me he visto prácticamente obligado a 
permanecer todo un día (se ve que yo estaba “desentrenado” porque ¡qué largo se hizo, 
Señor!) ante la pantalla televisiva  como única distracción y, en mi opinión basada en la 
experiencia de ese día, de una parrilla disponible de centenares de cadenas, y después de 
varios barridos (eso que se conoce como zapping), bastaban los dedos de una mano para 
contar las que emitían algo que merecía la pena; dejando a un lado las que emitían películas 
o series variopintas, para las que aquello de “sobre gustos… “ viene como anillo al dedo, las 
musicales, las deportivas y todas las temáticas, si lo que se buscan son cadenas generalistas 
con programas puramente televisivos de calidad, el resultado es deprimente y me ahorro los 
calificativos. En una época como la nuestra, en la que casi se sacralizan las fechas, 
aniversario o referencia de tal o cual cosa o hecho, no deja de resultar curioso que fechas 
que han marcado un antes y un después de acontecimientos cotidianos queden en una 
ambigua difuminación cuando no en un total desconocimiento. Es lo que me ha recordado 
esta experiencia si hacemos caso a la aceptación como normal de una programación que 
críticos expertos llamaron en su día televisión-basura y situaron sus inicios concretamente el 
27 de enero de 1993 con la emisión en directo por Antena 3 del programa sobre las niñas de 
Alcàsser1, a partir del cual quedó inaugurado el todo vale para captar audiencia. 
 
 
Ahí está, posiblemente, la clave: si con los programas-basura, sean o no televisivos, se gana 
audiencia/lectores2, es decir, hay personas que los buscan, lo razonable que se puede hacer 
es analizar por qué y, seguramente, el morbo3, entendido como curiosidad morbosa, que es 
un instinto más en el ser humano, un área con la misma relevancia que el sueño, el hambre 
o el sexo, nos puede dar pistas. El morbo, visto así, es tan viejo como la humanidad; ya hace 
2000 años, el filósofo moralista griego (con ciudadanía romana) Plutarco decía que “El morbo 
es la desobediencia de la razón”.

El morbo es uno de nuestros impulsos básicos. Tiene que ver con nuestro paquete instintivo, 
ese en el que también están todas las necesidades fundamentales como comer, dormir, 
socializar y tener sexo. Es más, corroborando a Plutarco, estudios como el llevado a cabo en 
la Escuela de Medicina de la Universidad estadounidense del Estado de Carolina del Norte 
Wake Forest, nos señalan que el interés por lo mórbido, por ese lado más oscuro de la 
conducta humana, siempre ha estado presente en nuestro cerebro formando parte de 
nuestra sombra, a decir del psicólogo Carl Jung, que indica que una de nuestras obligaciones 
como seres humanos es aceptarla. Por higiene mental, debemos conocer, aceptar y sacar a 
la luz esas áreas que mantenemos en la penumbra de nuestra personalidad para poder 
conocernos mejor.  
 
 
El morbo puede definirse como la necesidad de ver, sentir, oír, oler o interactuar de alguna 
manera con lo que socialmente se cataloga como prohibido o proscrito. Se trata, en esencia, 
de una fuerza que impulsa a entrar en contacto con ello y a experimentar placer al hacerlo. 
El placer de trasgredir normas o entrar en el mundo de lo prohibido. Las formas en que se 
expresa son muchas. La pornografía, por ejemplo, satisface la curiosidad, pero también 
permite ir “más allá” de una relación sexual común y corriente. Atrae porque trasgrede los 
límites habituales y eso mismo le confiere un plus de placer. La clave en el morbo es la 
transgresión como fuente de placer.

El diccionario dice que el morbo es una tendencia obsesiva hacia lo prohibido. En principio 
se le asocia con algo insano, pero también con el placer, casi siempre de tipo sexual. Sin 
embargo, esto debe ser matizado. No todo impulso morboso es dañino. A veces simplemente 
es lúdico y forma parte de nuevas formas de explorar el placer. Lo que usualmente despierta 
el morbo es todo aquello que encierra un misterio o proyecta la idea de lo inescrutable. En 
condiciones normales, esto corresponde a todo aquello que no se experimenta habitualmente 
o que implica la ruptura de lo llamado “normal”. En casos patológicos, significa atracción por 
objetos prohibidos por las normas del parentesco, la salud mental o el orden social. Son los 
casos de atracción por personas de la familia o por niños, etc. En estos casos el morbo sí se 
ubica en el terreno de la perversión.  
 
 
Pero sería un error, si lo que se pretende es un acercamiento al fenómeno de la telebasura, 
ceñir el problema al morbo y su derivación hacia lo erótico y sexual, no, la telebasura tiene 
múltiples tentáculos, algunos ya aparentemente interiorizados como “normales” por la 
audiencia ya que, en el fondo, va mucho más allá; telebasura es un término aplicado por 
extensión a determinados modelos televisivos, definido en el DRAE como «conjunto de 
programas televisivos de contenidos zafios y vulgares» y aplicado a una manera de concebir 
la televisión basada en el uso del sensacionalismo, los acontecimientos impactantes, 
excesiva atención hacia los quehaceres privados y personales de personajes conocidos
absoluta carencia de contenido cultural.

A decir de los expertos, se puede considerar telebasura el conjunto de programas en los que 
aparece cualquiera de los siguientes ‘síntomas’ o características: "la vulneración de derechos 
fundamentales, la falta de consideración hacia los valores democráticos o cívicos –como por 
ejemplo, el desprecio de la dignidad que toda persona merece–, el poco o nulo respeto a la 
vida privada o a la intimidad de las personas, o la utilización de un lenguaje chillón, grosero e 
impúdico. Todo esto se lleva a cabo con la «intención de convertir en espectáculo la vida de 
determinados personajes que, generalmente, se prestan a ser manipulados a cambio de la 
celebridad que les da la televisión o a cambio de contraprestaciones económicas». Y por su 
parte, la Asociación de Usuarios de la Comunicación define la telebasura en España como 
cualquier espacio, sea cual sea su género (magazines y reality shows principalmente, pero 
también concursos e incluso debates), «en el que prima el mal gusto, lo escandaloso, el 
enfrentamiento personal, el insulto y la denigración de los participantes y la agresión a/de la 
intimidad (es decir, la invasión de la intimidad de los que participan pero, sobre todo, la 
imposición a los espectadores de la intimidad de los que participan)». Dicha asociación 
aclara que no debe verse su labor de denuncia como “coartada preparatoria de la censura 
desde planteamientos morales reaccionarios o políticamente correctos”, puesto que su labor 
se fundamenta “en el entendimiento de la telebasura como un fenómeno televisivo que 
atenta contra la función social del medio; que menoscaba sus posibilidades expresivas y de 
contenido en términos tanto de información y formación como de entretenimiento, y que 
conculca valores constitucionales como el derecho a la veracidad, a la intimidad, a la dignidad 
de las personas, a la no discriminación y a la protección de la infancia”. Según un estudio 
publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en junio de 2010, siete de cada diez 
españoles consideraban que la programación de la televisión tenía poca o ninguna calidad. 
 
 
Recordemos que siempre se nos ha dicho que los fines de la televisión eran formar, informar 
y entretener a los tele espectadores; sobre los dos primeros corramos un piadoso (y tupido, 
muy tupido) velo, y sobre el tercero, otra de las características observadas sobre este 
modelo televisivo de entretenimiento (?) ‘alienante’ es el elevado porcentaje de programación 
del mismo que ocupan en las parrillas televisivas, en detrimento de programas con otro tipo 
de contenido (o quizá cabría decir, simplemente, «con contenido»). El asunto ha promovido 
a comienzos del siglo XXI cierto debate académico y, en uno de los libros específicamente 
dedicados al tema, Telebasura y periodismo (2004) del periodista y catedrático Carlos Elías, 
el autor critica a los periodistas de prestigio que se pasan "al lado oscuro" de la telebasura 
para dotarla de "prestigio" ante la opinión pública y para confundir periodismo con 
espectáculo. Considera que las televisiones pagan a estos periodistas telebasureros «sumas 
astronómicas de dinero con el que compran su deontología profesional». Según Elías, el 
problema derivado de esta práctica es que el público se confunde y de tanto oír que lo es, 
acaba por creerse que se trata de periodismo. Pero los comentaristas más incisivos y 
sangrantes son, precisamente, los no periodistas. Populares a base de repetición, se 
distinguen por ofrecer su opinión personal como hechos ciertos y verídicos. Se mueven por 
varios programas y un día fueron manager de alguien o concursantes televisivos, pero les 
damos todo el crédito porque ellos saben… ¿o no?

La telebasura, pues, suele compararse con la prensa sensacionalista, con la que comparte 
algunas características:

    - Manipulación de la información, o la confusión de información y opinión.
    - Ningún respeto del derecho a la privacidad.
    - Conversión de dolor y miseria humana en espectáculo.
    - Especial atención al escándalo (particularmente sexual) y la violencia.
    - Uso del cuerpo humano desnudo, especialmente el femenino(“cosificación” de la mujer)
    - Discurso minimizando las consecuencias del consumo de drogas.
    - La aberración, presentada como un modelo a imitar.
    - Discusión acalorada en lugar de diálogo.
    - Lenguaje ofensivo, gritos e insultos.
    - Carencia o relativismo cultural, y difusión de una subcultura.
    - Promoción de la zafiedad, la pseudociencia y ciertas.
    - Tratamiento obsesivo de la vida privada de los “famosos y famosillos”.
    - Exaltación del ridículo.

 
 
Preocupa comprobar que vivimos con la primera generación de adolescentes “educados” 
viendo telebasura. Según un estudio de la agencia TNS Media Intelligence presentado en 
Francia, los reality shows atrapan a los adolescentes y los enganchan a la televisión -el 37% 
de los jóvenes franceses tiene un televisor en su cuarto, según ese estudio-, en conclusiones 
que coinciden con el Estudio General de Medios en España. Para el citado anteriormente 
profesor Carlos Elías, sería necesaria la creación de un Consejo Audiovisual plural 
compuesto por gente de la política, la universidad y los medios de comunicación en el que, 
sin minar la libertad de expresión, se regule la ética que mueve a los programas que se 
hacen llamar periodismo televisivo. La televisión, si es pública en particular, debe disponer 
de mecanismos de control para que se cumplan los principios de protección a la infancia y a 
la intimidad, así como las recomendaciones sobre el tratamiento televisivo de los procesos 
judiciales, la violencia o las tragedias personales. Pero las cadenas privadas son eso, 
privadas. Si no te gustan, no las veas. Pero es importante que la batalla contra la telebasura 
no termine convirtiéndose, como en otros paises, en telecensura.

Como define el Manifiesto contra la telebasura que firman diferentes asociaciones de 
consumidores y de telespectadores, se trata de una forma de hacer televisión caracterizada 
por explotar el morbo -interés malsano por acontecimientos desagradables-, el 
sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de la audiencia. Es 
perfectamente reconocible por los asuntos que aborda, por los personajes que exhibe y 
coloca en primer plano y, sobre todo, por el enfoque distorsionado desde el que se aborda 
todo. Cualquier tema sobre el comportamiento humano, cualquier acontecimiento político o 
social se convierte en excusa, y bajo una apariencia de preocupación o de denuncia estos 
programas se regodean con la exhibición de sentimientos y comportamientos íntimos. Para 
los firmantes del Manifiesto, la telebasura cuenta con una serie de ingredientes que la 
convierten en un factor de aculturización y desinformación:

  - Es reduccionista, pues transmite explicaciones simplistas de los asuntos más 
complejos. 
 - Es demagoga, porque presenta meras opiniones como hechos fundados, 
independientemente de los conocimientos sobre los que se sustentan. 
 - Desprecia de forma habitual derechos fundamentales como el honor, la intimidad, el 
respeto, la veracidad o la presunción de inocencia; y practica la televisión de lo  trivial, 
basada en la vida privada de personajes del mundo rosa, sus nimiedades y sus conflictos 
sentimentales.
 
 
Partiendo de la premisa “sin basura no podríamos vivir”, el filósofo Gustavo Bueno realizó un 
brillante análisis del fenómeno en su libro Telebasura y democracia (Ediciones B, 2002) 
teniendo presente, parafraseando al cineasta Fellini, que la basura muchas veces está en el 
que ve televisión y no en el propio medio: En una sociedad democrática, la audiencia es la 
que manda, y la televisión basura obedece a esta demanda, no ya por razones éticas o 
morales, sino por razones de pura supervivencia democrática.

Contra la telebasura, sin embargo, hay -y no es el único- un antiguo remedio infalible al hio 
de los avances técnicos: un objeto generalmente en forma de paralelepípedo, que se coloca 
delante de los ojos, de fácil manejo digital y con infinidad de modelos llamado mando a 
distancia. Descubrir que el botón de apagado de la tele funciona también antes de 
medianoche puede ser una maravillosa experiencia. Pero de vez en cuando apetece -y 
hasta relaja- dejarse atontar por la caja sucia. ¿Y qué? No es un delito divertirse con la 
televisión y no es incompatible con ir al teatro, charlar con amigos, escuchar a Bach, salir de 
copas o leer a los clásicos. Un día puede apetecerte admirar Las Meninas y otro, enterarte 
de lo que ha hecho una folclórica. Sé consciente de lo que ves y escoge. 
 
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1Un poco de memoria. Se conoce como crimen de Alcàsser (o crimen de las niñas de Alcàsser) al secuestro, violación, tortura y asesinato de Míriam, Toñi y Desirée, tres adolescentes de catorce y quince años de ese municipio valenciano.
Las adolescentes desaparecieron la noche del viernes 13 de noviembre de 1992, cuando se dirigían haciendo autoestop a una discoteca de la vecina localidad de Picasent donde se celebraba una fiesta de su instituto. Su búsqueda tuvo una fuerte repercusión en los medios de comunicación nacionales. El 27 de enero de 1993, setenta y cinco días después de su desaparición, dos apicultores encontraron los cadáveres semienterrados en una fosa en el barranco de la Romana, un paraje de difícil acceso próximo al pantano de Tous, a unos 50 kilómetros de Alcàsser. El hallazgo de los cuerpos y el conocimiento posterior de las vejaciones a las que fueron sometidas conmocionaron profundamente a la sociedad.
Desde el punto de vista mediático, durante los meses en que las adolescentes se encontraban desaparecidas, prácticamente todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Programas de televisión como Quién sabe dónde (TVE-1) de Paco Lobatón sensibilizaron al país durante su búsqueda. Sin embargo, muchos analistas coinciden en señalar que la noche del 27 de enero de 1993 fue el inicio de la telebasura en España. Esa noche se conoció el hallazgo de los cadáveres y el programa De tú a tú (Antena 3), presentado por Nieves Herrero, trasladó su plató a Alcàsser. El programa contó con la presencia de los familiares de las desaparecidas, cuyo dolor fue retransmitido en directo a medida que se iban conociendo los macabros detalles de la recuperación de los cuerpos. Herrero llegó a mostrar una gran falta de tacto durante la emisión, al decirle a la madre de una de las víctimas que sostenía una de sus fotografías «abrace a su hija, abrace a su hija». Además, el público asistente, que se componía de vecinos del pueblo, aplaudía enfervorecido a medida que se iban conociendo las primeras detenciones esa misma noche. El programa y la propia Nieves Herrero fueron enormemente criticados por estos hechos durante años.
Una vez abierta la veda, por otro lado, cuatro años después, durante el juicio a Ricart, uno de los acusados del horrible crimen, único al que se pudo atrapar, los programas Esta noche cruzamos el Mississippi (Telecinco) de Pepe Navarro y El juí d'Alcàsser (Canal Nou, televisión autonómica valenciana) de Amalia Garrigós también generaron mucha polémica por centrarse en los aspectos más morbosos de los asesinatos con el fin de conseguir buenos datos de audiencia. En ellos se mostraron fotografías de los cadáveres y se discutieron temas escabrosos, como si las muchachas tenían la regla o si se les habían quemado los pezones. Alguno de los padres de las niñas usaban estos programas como plataforma para difundir su teoría de la conspiración.
El periodismo basura no se limitó a la televisión y alcanzó también a la prensa escrita. En abril de 1997, el polémico abogado Emilio Rodríguez Menéndez firmó y publicó una supuesta entrevista con Antonio Anglés (otro de los asesinos, huído) en el diario Ya, del que era editor. Las fotografías de Anglés que aparecían en la entrevista fueron analizadas por la Guardia Civil, que desde el primer momento negó que se tratase del fugitivo. Dos meses más tarde, la revista Interviú desveló que se trataba de una manipulación informativa tramada para aumentar las ventas del diario que atravesaba una fuerte crisis económica. El falso Anglés resultó ser un modelo argentino que aseguraba desconocer la intención con la que le fueron tomadas las fotografías. El director del diario, José María de Juana, dimitió de su cargo. 

2Paradigmático, y anterior a la televisión, es el ejemplo de El Caso, semanario especializado en noticias de sucesos, que se editó 1952 y 1997. A lo largo de sus cuarenta y cinco años de existencia la publicación tuvo una gran audiencia, pasando de una tirada de poco más de 10.000 ejemplares del primer número hasta progresivamente ir abarcando una tirada de casi medio millón de ejemplares.

3Si hemos de hacer caso al significado definido por el DRAE, es 1.- Enfermedad o alteración de la salud., y 2.- Atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida, acepción que cuadra más con estas reflexiones.
En su primera acepción, en el área de la medicina, se habla de estados “mórbidos”, por extensión, todo aquello que nos remite a la enfermedad mental, identificado comúnmente con la perversión.

domingo, 9 de febrero de 2020

“… para andar conmigo / me bastan mis pensamientos… “

Ya conté hace algún tiempo en este blog la anécdota de un compañero que tuve, chicharrero 
militante por más señas, que tenía un perfil, vocacional y trabajado, de “inasequible al 
desaliento”: Pues bien, en actitud coherente con ello, Rafael (que así se llamaba) mantenía 
que, cuando alguien, que no sea el médico, te pregunte “¿Cómo estás?”, la mejor respuesta 
siempre es “Bien” porque, decía, si quien lo pregunta es un amigo, se alegrará, y si es un 
enemigo, se fastidiará (bueno, en honor a la verdad, él usaba un verbo más corto, sonoro y 
contundente).

Pero, puestos a cavilar sobre el tema, ¿qué pasa cuando la respuesta va dirigida a uno 
mismo, que nunca se sabe bien si se es amigo o enemigo?. Por eso estas líneas están 
encabezadas por un fragmento de la conocida poesía de Lope de Vega, de nuestro "siglo del 
oro" literario, A mis soledades voy, para comprobar que, a veces, no bastan los pensamientos. 
Para reflexionar sobre ello tomaremos como referencia lo que sostienen los neurólogos y 
expertos psicólogos de que la respuesta del cerebro, lo que procesa, es distinto 
(¿complementario?) ante lo que se piensa que ante lo que entra por el oído.   
 
 
Hablar con uno mismo evidencia un alto funcionamiento cognitivo de la persona y le permite 
centrarse mejor en lo que hace. En un experimento realizado en la prestigiosa Universidad de 
Bangor, Gales, Reino Unido, por los neuropsicólogos Paloma Mari-Beffa y Alexander Kirkham 
se determinó que hablar con uno mismo desarrolla el monólogo interior lo cual permite 
perfeccionar los pensamientos, emociones y la memoria, lo que a su vez contribuye a 
planificar las acciones que llega a tener el ser humano. La mecánica del experimento fue que 
se le dieron a 28 participantes voluntarios determinadas instrucciones escritas y se les pidió 
que las leyeran a su elección, en silencio o en voz alta. Midieron la concentración y 
rendimiento en las tareas a hacer relacionadas, y ambos aspectos mejoraron en gran parte 
cuando fueron leídas en voz alta. El beneficio parece provenir de simplemente oírse a sí 
mismo, porque órdenes de ejecución auditivas parecen ser mejores controladores de 
comportamiento que las escritas. Así se explica por ejemplo, cuando jugadores de tenis se 
hablan a sí mismos durante la etapa crucial de un juego, expresando: “¡Vamos!” en voz alta, 
lo que les proporciona mejor control cognitivo y concentración.

A la vez, sin embargo, en un estudio fascinante1, los investigadores descubrieron que el 
cerebro humano puede funcionar como el de los monos si dejamos de hablar (con sentido) 
con nosotros mismos, ya sea en voz alta o interiormente. En el experimento, los expertos 
pidieron a los participantes que repitieran en voz alta sonidos sin sentido (tales como «bla, 
bla, bla») mientras llevaban a cabo tareas visuales y auditivas. Debido a que el cerebro nos 
impide realizar dos actividades al mismo tiempo (aunque esto sea objeto de numerosas 
bromas), murmurar estos sonidos hizo que los participantes no fueran capaces de decirse a sí 
mismos qué tenían que hacer en cada tarea. En estas circunstancias, los humanos se 
comportaron como los monos, activando de manera separada las áreas visuales y auditivas 
del cerebro para resolver cada tarea.

Paralelamente, el psicólogo suizo Jean Piaget, considerado el padre de la epistemología2, ya 
había observado cómo los niños van controlando mejor sus acciones tan pronto como 
empiezan a desarrollar el lenguaje. “Al acercarse a una superficie caliente, el niño dirá 
‘caliente, caliente’ en voz alta y comenzará a alejarse. Este tipo de comportamiento puede 
continuar en la edad adulta”, es decir que al hablar en voz alta un adulto, en lugar de ser un 
enfermo mental, lo puede hacer intelectualmente más competente. Según eso, “El estereotipo 
del científico loco hablando solo, perdido en su propio mundo interior, podría reflejar la realidad 
de un genio que utiliza todos los medios a su alcance para aumentar su capacidad cerebral”, 
señaló.  
 
 
Nuestros estados de ánimo están siempre ahí, cómo un ruido de fondo. Conviene que nos 
paremos de vez en cuando para escucharlos, para sentirlos. Es importante que los 
identifiquemos, que les pongamos nombre: (“me siento tenso, triste, enfadado, 
desesperanzado…”). Al principio, si no estamos entrenados, nos costará focalizar la atención 
en nuestro interior. Estamos acostumbrados a “tapar” nuestras sensaciones. Escucharse a si 
mismo significa conocerse, experimentar el misterio de lo que realmente se es. Supone un 
cierto dominio de los estados anímicos, de los pensamientos, deseos, sentimientos, 
aspiraciones y motivaciones.

Cuando te vuelves capaz de escucharte a ti mismo y entrenes a decir lo que piensas, tras 
cribarlo, en voz alta, para que el cerebro lo oiga desde fuera,  se hace posible la apertura al 
otro, su comprensión, su aceptación. Al tiempo que sepas escucharte bien a ti mismo, 
comprenderás un poco más a los demás, empezarás a ponerte en el lugar del otro, empezarás 
a comprender cómo se siente, todo ello, solo por el simple hecho de que te sabes escuchar 
de forma correcta.

Aprender a escucharse a uno mismo es el primer paso para identificar qué nos decimos, 
pero no es un proceso necesariamente fácil. Es cierto que no dejamos de hablarnos, de 
darnos mensajes, es cierto que nuestro diálogo interior es permanente, pero ¿Cómo 
podemos tener consciencia de nuestra voz interna, si para empezar, no sabemos 
escucharnos a nosotros mismos?. Tomar consciencia de nuestro diálogo interior es la base 
del cambio en nuestra comunicación, y hacerlo es algo que podemos hacer practicando. 
Pero para oírse desde fuera a uno mismo hay que partir de la base de que se habla en voz 
alta. ¿Hablar a uno mismo en voz alta? ¿Acaso eso no significa que estás mal de la azotea? 
¿Qué te estás volviendo loco? No, en absoluto. Esta práctica incluso puede resultar 
beneficiosa, como confirman los estudios de prestigiosos neuropsiquiatras, si se sabe cómo 
realizarla.  
 
 
La mayoría de los estudios al respecto suelen centrarse en niños pequeños, ya que hablar 
solos forma parte de su desarrollo normal. Los niños piensan más en voz alta que los adultos 
-esto seguramente no hace falta que ningún estudio nos los diga-. Cuando un niño aprende 
a hacer cosas, generalmente las narra en voz alta, y también se habla a sí mismo cuando 
tiene éxito o algo le parece muy difícil. Es quizás por esto que a muchos les parece que los 
niños nunca se callan. Al crecer, comenzamos a internalizar ese discurso y lo convertimos 
en pensamientos. Sin embargo, mantener todo dentro de nuestra cabeza y no decirlo en voz 
alta no es la mejor manera de aprender. Cuando hablamos con nosotros mismos nuestros 
procesos cognitivos mejoran significativamente. Seguramente alguna vez has encontrado 
que hablar solo te ayuda a recordar mejor algo, a tener más ideas, a concentrarte mejor en 
una tarea y hasta a convencerte de que puedes lograr algo.

Antes de continuar estas reflexiones conviene aclarar que en ciertas ocasiones, hablar uno 
solo, efectivamente, puede ser un signo de enfermedad mental (junto a otros indicadores, 
claro está), pero en dichos casos, el sujeto suele, además, escuchar voces a las que 
contesta. En otras palabras, la persona, por lo general, no dialoga consigo misma, sino que 
lo hace con un interlocutor que él considera real, pero que realmente no existe. Asimismo, 
estos mensajes suelen ser incomprensibles o bien presentan poca lógica.

Si nos ceñimos al hecho de hablar con uno mismo como muestra de la externalización de 
ese consciente y necesario diálogo interior, el fenómeno tiene ventajas evidentes:

Mejora la memoria ("Es más fácil recordar algo que dijimos, que algo que solo pensamos").- 
Cuando estudiamos en voz alta tendemos a recordar mucho más lo estudiado; cuando 
repetimos las palabras en voz alta el proceso para internalizar la información parece ser más 
efectivo (algunos estudios han observado el efecto separando grupos de personas que leen 
en silencio y otros que leen en voz alta, y las palabras que se leyeron en alto fueron mucho 
mejor recordadas que las demás. Este efecto no tiene simplemente que ver con el sonido al 
hablar, sino que al traducir el discurso en palabras habladas, el cerebro tendrá no solo la 
información de escucharlas sino de producirlas, lo que hace más intenso y distintivo el 
recuerdo de aquello que se dijo en voz alta. Es decir, no solo se recuerda lo que se leyó, 
sino a uno mismo diciendo las palabras en voz alta y escuchándolas)

Mejora la concentración.- Si se habla con uno mismo y además se dan instrucciones en 
voz alta, la capacidad de concentración mejora y ayuda a evitar distracciones, haciendo más 
sencillo el proceso de toma de decisiones cuando se es capaz de visualizar lass opciones al 
repetir las palabras y escucharlas.

No es de locos, es de mentes sanas.- Hablar solo en voz alta puede ser estigmatizante; ya 
hemos apuntado que mucha gente lo asocia con estar loco y con la esquizofrenia, en cuyo 
caso sería sólo un síntoma entre muchos otros, que juntos hacen el diagnostico de una 
patología psiquiátrica que, por cierto, es tratable.  
 
 
Hablar contigo mismo es excelente para mantener una mente sana, puede hacer que alivie 
la soledad que sientes cuando pasas días sin compartir tiempo con alguien más, y hasta 
puede hacerte más inteligente cuando hablas contigo mismo en voz alta de forma positiva. 
En especial, cuando necesitas tomar decisiones importantes.

Hablar con uno mismo en voz alta no solo alivia la sensación de soledad, sino que también 
permite desahogarse y ordenar las ideas; muy simple: ayuda a aclarar los pensamientos, a 
tomar decisiones o a reafirmar las que ya se han tomado.

En la práctica, según los neuropsicólogos que han estudiado el tema, existen cuatro 
modalidades para hablar con uno mismo que ayudan a sentirse mucho mejor:

1. Pensar sobre tus opciones en voz alta.- Esto es útil, especialmente si te está costando 
tomar alguna decisión, cuando te encuentras en una encrucijada y te resulta difícil el proceso 
de elección. Si puedes escuchar lo que piensas, pondrás tus ideas en orden fácilmente, 
podrás ver con más claridad las alternativas posibles y podrás tomar la decisión que te haga 
sentir mejor.

2. Motivarte.- Es una buena manera para alentarte a hacer cosas que tal vez no tienes 
muchas ganas de hacer, pero que son necesarias. Puedes decirte (y oírlo), por ejemplo, 
Buenos días, Hoy es un día magnífico para aprovecharlo en ordenar la casa”. También 
«Hola, hoy sin falta tienes que ponerte al día con el papeleo, antes de que multen”. 
Igualmente, del tipo «¡Ánimo! Puedes hacer eso porque te has preparado para este 
momento y saldrá bien». 

3. Felicitarte.- ¿Por qué esperar cumplidos de los demás? Si te los mereces, siempre 
puedes brindártelos tú mismo. Además, la mayoría de las personas no son conscientes o ni 
siquiera caen en los pequeños logros que van alcanzando. Por ejemplo, cuando pasan ante 
la pastelería sin comprar nada, porque han decidido bajar de peso, o cuando finalmente 
lograron terminar esa tarea que hace tanto tiempo querían finalizar y que les ha costado 
noches y noches en vela. ¿Acaso eso no se merece un “¡Buen trabajo!”? Claro que sí, los 
niños escuchan este tipo de cosas todo el tiempo, y los adultos casi nunca. ¡Corrijamos eso 
ahora!

4. Establecer objetivos.- Supongamos que estás tratando de planificar tus vacaciones. 
Establecer un objetivo y hacer un plan (dónde ir, cuándo ir, etc.) puede ser de gran ayuda. 
Claro que simplemente podrías hacer una lista con esas cosas, pero decirlo en voz alta 
puede ayudarte a concentrar tu atención, a reforzar el mensaje, a controlar tus emociones y 
a eliminar las distracciones.  
 
 
Hay que tener en cuenta, con todo, un detalle: hablar en voz alta a uno mismo solo es 
positivo y favorece cuando se hace con respeto y sensatez, sabiendo qué ayuda y qué no y 
practicando, por tanto, sólo aquello que beneficia, porque hay que saber que no siempre es 
bueno para uno (hacemos abstracción de lo que piense un tercero, testigo de ese discurso 
privado) ¿Cuándo es malo hablar solo?

Cuando hablas contigo mismo en voz alta para criticarte, es en ese entonces que deberías 
darte cuenta y detenerte. El discurso privado negativo, como cuando gritas "¡Soy un idiota  
por no haber visto...!" no es nada bueno para ti. Cuando hables solo, trata de conversar 
contigo mismo como si fueses tu propio mejor amigo, di cosas que te ayuden a pensar que 
todo estará mejor, y visualiza como puedes lograr tus metas mientras lo traduces en palabras 
que escuches. Decirte a ti mismo en voz alta que eres estúpido tiene un efecto tanto o más 
negativo que cuando otra persona te lo dice. El discurso privado es poderoso y se queda 
clavado en tu mente, por eso es importante usarlo siempre de forma positiva. Se amable 
contigo mismo como serías con otros.

Lamentablemente, hay personas que constantemente, a sí mismas y a su entorno, se 
reprochan cosas y se tratan mal a sí mismas alimentando la creación y mantenimiento de un 
estado de ánimo siempre negativo. Se dicen cosas “inocuas” (con la mejor voluntad, por 
descontado) tales como: “Debiste haberte dado cuenta antes de eso” o “Deberías haber 
hecho/dicho eso de esta manera tal o cual cosa” contribuyendo a crear un ambiente 
difícilmente armónico. Suele ser el mismo perfil que habla en voz alta sólo de lo que le 
provoca crítica o rechazo (¿para apuntalar su opinión al oír otro rechazo?) y nunca de lo que 
le satisface o agrada. Hablarte de esta manera es peor que el silencio total. De modo que si 
éste es tu estilo, haz el esfuerzo para dejar de hablarte así inmediatamente. Dirígete a ti 
mismo como si fueras tu mejor amigo, pues lo eres. Perdónate, repétate, entiéndete y confia 
en ti mismo. 
 
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1Con un título no menos fascinante: Domain-specific distribution of working memory processes along human prefrontal and parietal cortices: a functional magnetic resonance imaging study (Distribución específica del dominio de los procesos de memoria de trabajo a lo largo de las cortezas prefrontales y parietales humanas: un estudio de resonancia magnética funcional), publicado en el número 297 de la revista Neuroscience Letters, el 5 de enero de 2001.

2Jean William Fritz Piaget (1896-1980) fue un psicólogo y biólogo reconocido por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de habilidades y la inteligencia. Se conoce como epistemología genética la generación de nuevos atributos fruto del desarrollo de funciones establecidas genéticamente, que solo requieren de estimulación o ejercitación.

domingo, 2 de febrero de 2020

Educación y futuro

Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn Sa'd (1883 - 1931) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista 
libanés residente en Estados Unidos, más conocido por la transcripción inglesa del original 
árabe de su nombre: Khalil Gibran; en España también es usual referirse a él como Yibrán 
Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán. 

Gibran nació en una familia cristiana maronita y se educó en escuelas maronitas con influjos 
del islam, y especialmente del misticismo sufí. Su conocimiento de la historia de su país, con 
sus destructivas luchas intestinales, fortaleció su creencia en la unidad fundamental de las 
ideologías y los pensamientos, que sus padres le inculcaron acogiendo en su hogar en 
épocas difíciles a personas de distintas religiones. No era en absoluto un político, y solía 
decir: “no soy político ni deseo serlo” y “me alejo de los acontecimientos políticos y las luchas 
de poder, pues toda la tierra es mi patria y todos los hombres son mis compatriotas”. Sin 
embargo, era nacionalista, y desde un punto de vista geográfico, no político, reivindicó el 
árabe como lenguaje nacional de Siria. Cuando Gibran conoció al teólogo persa Abdul-Bahá 
(fundador del bahaísmo, religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de su profeta 
y fundador, a quien consideran la Manifestación de Dios para la época actual), quien había 
viajado a los Estados Unidos en parte para promover la paz, admiró sus enseñanzas sobre 
la paz, pero le advirtió no obstante que “las naciones jóvenes como la suya” deben ser 
liberadas. 

A Gibran se debe una de las mejores definiciones/reflexiones sobre los hijos, resumida en el 
poema Tus hijos no son tus hijos, alguno de cuyos fragmentos reproducimos aquí:Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti sino a través de ti
y aunque siempre estén contigo
no te pertenecen..
Puedes esforzarte en ser como ellos
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
no se detiene en el ayer.
… “ 
  
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Estatua de Gibran en el Gibran Museum de Bcharre (Líbano)
 
Con esto de los hijos, hace pocos días se produjo un nuevo capítulo de la interminable 
zapatiesta mediática entre Gobierno y oposición, esta vez con el trasfondo o excusa de los 
hijos y el derecho (¿de posesión?) sobre ellos, la educación, etc, cosas que, en definitiva, 
deberían estar al margen, y por encima, de la lucha partidista, pues con ellas se dirime el 
futuro de todos. Y tiene su guasa que este rifirrafe coincidiera con el 24 de enero, Día 
Internacional de la Educación, instaurado en esa fecha de cada año el 3 de diciembre de 
2018 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas dentro de la 
Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Todo esto viene a cuento de que en la Comunidad Autónoma de Murcia, la formación política 
Vox propone aplicar el llamado “Pin Parental1” en los centros educativos, lo que ha dividido a 
la esfera política entre quienes critican que se trata de una medida contra los derechos de 
los menores y quienes defienden que los padres deben tener libertad para elegir los 
contenidos ideológicos que reciben sus hijos. También ha generado malestar entre 
asociaciones LGTBI, feministas y sindicatos de estudiantes.

Ante ello, el Gobierno envió un requerimiento al gobierno de Murcia para que retirase la 
medida y anunció que recurriría "cualquier intento de vulnerar el derecho de los menores a 
recibir educación integral" y, por boca de la ministra de Educación en ese contexto, "No 
hablamos de actividades voluntarias (...) sino de actividades complementarias que 
configuran un currículum básico" que son "de obligado cumplimiento. (El Pin) vulnera el 
derecho fundamental a la educación, que pertenece a cada persona desde su nacimiento.  
No podemos pensar que los hijos pertenecen a los padres»". Y ahí fue Troya; todas las 
formaciones anti-Gobierno, estuvieran o no en el fondo con la aplicación del Pin Parental, 
salieron airadas y en tromba defendiéndolo y aferrándose como a un clavo ardiendo a la 
frasecita de marras, y el Jefe de la Oposición publicó un mensaje con un argumento que 
hizo fortuna entre los suyos: «Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este 
Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros 
niños. Saquen sus manos de nuestras familias». Nadie o casi nadie hablaba ya de educación 
sino de los hijos considerados como una posesión, alejados de la definición de Gibran, o de 
la de los hijos como préstamo según la cita apócrifa de Saramago, o del sentido de 
responsabilidad de los padres en su futuro como personas,…, y todo se resumió en el uso 
de la educación (y de los niños, no lo olvidemos) como herramienta política entre partidos. 
 
 
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Contradiciendo la teoría de que la ciencia política, ordenada al bien común, constituye una 
rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad 
libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia 
colectiva, algunas personas cuyo modus vivendi es el que entre todos les paguemos el 
sueldo diciéndonos que son políticos, se dedican sólo a sembrar odio y crispación (¿es eso 
su “bien común”?) cuando algunos temas sensibles como éste de la educación se llevan al 
terreno político. Es lo que pasó recientemente con el cabeza de lista del partido defensor de 
la aplicación del Pin Parental que, airado contra el Gobierno (como siempre, por otra parte, 
en su imagen habitual), invoca la constitucionalidad de su propuesta con el siguiente 
mensaje (ampliamente reproducido por sus seguidores) que aparentemente se remite a la 
Constitución y que reproducimos respetando sus palabras destacadas en negrita o 
subrayadas (subrayado en rojo en el original):

 Artículo 27
 Todos tienen el derecho a la educación. Los poderes públicos garantizan el derecho 
que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de 
acuerdo con sus propias convicciones. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

El problema es que citar este (u otro) artículo de una norma legal mutilado a capricho huele 
a voluntad de engañar o manipular (o ambas) a seguidores exaltados influenciables que, a lo 
sumo, sólo leen los titulares que les suministran, sin profundizar en su veracidad y se 
“olvida” que, como nos recuerda el filósofo y ensayista García del Muro, la auténtica 
democracia es incompatible con la mentira. Y así vamos, porque la letra y el espíritu de la 
totalidad de ese artículo 27 va en sentido contrario de lo que se pretende con el fragmento 
seleccionado y montado. Dice, y que cada cual saque sus conclusiones, atendiendo 
especialmente a 27.2 y 27.6:

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Artículo 27

1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

4. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales.

7. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca.

8. Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

10. Se reconoce la autonomía de las Universidades, en los términos que la ley establezca.

La educación (palabra que procede del latín ēducātiō -"crianza"- y su homónimo ēdūcō -"Llevo adelante, guío"-) es el proceso de facilitar el aprendizaje o la adquisición de conocimientos, así como habilidades, valores, creencias y hábitos que se da a través de diversas herramientas pedagógicas como el debate, la narración de cuentos, la discusión, la enseñanza, la investigación, el ejemplo y la formación en general. La educación tiene un origen social, pues comenzó históricamente cuando los adultos entrenaban a los jóvenes en el conocimiento y habilidades consideradas necesarias en su sociedad, por lo que no parece excesivo afirmar que educar es enseñar y aprender a vivir en sociedad ya que la educación supone una interacción entre las personas que intervienen enseñando y aprendiendo simultáneamente, en un juego de relaciones personales que le confieren una dinámica particular a este proceso. 
 
Esto no debe interpretarse, ni mucho menos, como que, al ser su finalidad eminentemente social, toda la responsabilidad recaiga en los Poderes Públicos, pero eso sí, para conseguir el objetivo final de pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales, como dice nuestra Constitución, los Poderes Públicos y las familias han de ir muy de la mano, de forma que los padres por un lado y los docentes por otro deben exigirse día a día por complementarse más y trabajar en comunión, para alcanzar el objetivo primordial de definir una sociedad y entregar a ésta, hombres y mujeres responsables, útiles, con valores y organizados, que sean capaces de aportar y no sean una tara en el futuro.
El gran reto, pues, es saber qué sociedad, y por ende, qué clase de ciudadano se quiere para el futuro, con la mirada puesta, no en lo que convenga electoralmente a uno u otro partido sino, pensando y asumiendo la realidad democrática de la posibilidad de alternancia de partidos en el Poder, trabajar en un modelo consensuado que pueda dar respuesta a los crecientes retos de la sociedad (insistimos, no de los partidos) y, de la mano de profesionales (no de políticos), se elaboren ciclos educativos de larga duración, no sometidos a cambios cada vez que varía el color del gobierno.

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En este contexto, la transmisión de valores parece darse en forma principal a través de la familia siendo entonces el clima familiar con todos sus componentes socioafectivos lo que da sentido a los valores, sin descuidar que hay otros agentes que intervienen en la transmisión de valores: los medios de comunicación social, las instituciones educativas, etc. Convivir, aprender normas de conducta, comportamientos y otra serie de actos sociales son más fáciles de aprender dentro de la familia, aunque no debemos olvidar el papel de otras instituciones como la escuela que ayudan a reforzar todos estos valores y muchas veces introducen otros nuevos.

No es menor este aspecto ya que, si tras profundo y sereno debate se llega a la conclusión de que la sociedad, cualquiera que sea su forma de gobierno, sea una democracia plena (ojo, no otra cosa a la que se le pone esa etiqueta pero que no pasa de ser un juego aritmético de mayorías, eso sí, votado cada X años) fundamentada en el debate de ideas y en el diálogo y no en la represión e imposición, y por lo tanto en el respeto de personas e ideas diferentes, la educación debe ser coherente con ese objetivo.

Eso obliga a ser muy cuidadoso y responsable en el ámbito familiar con los valores que se transmiten porque ellos forman parte importante de la educación. A modo de ejemplo, si en casa se transmite sin matices cosas como que mi religión es la única verdadera, o que el sitio de la mujer es la cocina, o que el equipo de fútbol al que sigo es el mejor del mundo, o incluso que mi pueblo es el más bonito del mundo… sin enseñar que otros millones de personas pueden tener idénticos sentimientos respecto de lo suyo, y que eso, no solamente no es malo, sino que es lo deseable para enriquecerse con la diferencia en aras de una convivencia sana, se está educando en la intolerancia, no en el respeto ni, políticamente, en la democracia buscada.

Si pasara esa circunstancia, aparte de que serían necesarias toneladas de pedagogía social y de sentido común a todos los niveles, ¿podrían intervenir los Poderes Públicos para encauzarlo?, ¿sería intromisión?, que los padres pretendan educar a las generaciones del futuro con directrices anti-convivencia y de menosprecio ante diferencias o minorías ¿de verdad es un derecho?.. Pues depende de si el sistema, llámesele como se quiera, contempla o no el debate y el diálogo o se basa en la imposición.



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1“Pin parental” es el término acuñado por Vox para definir "una solicitud que va dirigida a los directores de los centros educativos" para informar a los padres "a través de una autorización expresa" sobre "cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad" de los menores. Con ello, pretenden limitar la capacidad de los alumnos de asistir a charlas y talleres sobre la identidad de género, el feminismo o la diversidad LGTBI, únicamente en el caso de que los progenitores den consentimiento para ello. La medida no ha pasado desapercibida después de otra petición realizada el año pasado para identificar con nombre y apellidos a quienes, amparados por las leyes LGTB, imparten cursos y talleres en materia de igualdad, respeto y contra el acoso escolar a este colectivo en colegios e institutos.

sábado, 1 de febrero de 2020

¿Brexit vs. regrexit?

Consumatum est.

Europa es ya, a partir de hoy, un poco más pequeña. En algo que ya ordenaba el referéndum 
de 2016, el Reino Unido ha dejado de pertenecer a la Unión Europea,en virtud del resultado de 
esa consulta pública llamada Brexit (Britain+Exit, Bretaña+Salida) si bien a partir de hoy 
comenzarán once meses de transición, hasta el 31 de diciembre de este año, en el que 
ambas partes negociarán cómo será su futura relación, aún no definida tras más de tres años 
de negociaciones. Es decir (aviso de navegantes): primero se votan los deseos, a los que 
después, con tiempo, se les da forma. 
 
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Arriando la bandera del Reino Unido en las instituciones europeas.

No es momento, ahora, ni lugar, aquí, de extenderse en consideraciones sobre el Brexit que, 
por otra parte, sigue generando ríos de tinta, y que refleja grandes dudas internas sin resolver 
y con importantes escollos (Escocia, Irlanda del Norte, el creciente sentimiento 
independentista o proeuropeo de Gales, Gibraltar en lo que a nosotros respecta, etc.) pero 
nos permitiremos alguna reflexión sobre temas, seguramente, menores.

El referéndum tuvo lugar el 23 de junio de 2016 y en la votación, un 48,1% de los británicos 
votó a favor de quedarse en el bloque europeo, pero un 51,8% se pronunció a favor de 
abandonar la UE, y el país y sus habitantes, en una muestra de madurez democrática (no 
exenta de controversias en el proceso, particularmente alrededor de que los votantes se 
sentían engañados con lo que iban sabiendo tras la consulta) aceptó el resultado de las urnas 
y empezó a trabajar para darle forma.

Hay que recordar que ya en 1975, dos años después de su incorporación a lo que entonces 
era Europa, la Comunidad Económica Europea, el Reino Unido celebró un primer referéndum 
para su permanencia o no en ella, en el que se obtuvo un claro resultado, del 67 %, a favor 
de la permanencia. Pero los británicos nunca se han considerado europeos (conducen por la 
izquierda, mantienen su moneda, geográficamente están separados,… ) lo que, para algunos 
partidarios del Brexit, era fácil convertir su “amor a lo suyo” en arma arrojadiza que justificara 
el rechazo a otras cosas de más calado, como que la pertenencia a la Unión Europea implica 
la aceptación de las llamadas "cuatro libertades fundamentales": la libre circulación de 
trabajadores, mercancías, servicios y capitales. Y el principal argumento de la campaña a 
favor de la salida fue que con el Brexit los británicos iban a "recuperar el control" sobre sus 
propios asuntos, en particular sobre sus fronteras, lo que permitiría un mejor control de la 
migración, verdadero “ogro” europeísta.  
 
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El affaire de los plátanos en el Brexit.

El papel de los medios fue fundamental (algún día, en este y otros casos, los medios de 
comunicación tendrán que rendir cuentas sobre sus falsedades, desinformación y 
manipulación para cambiar el sentido de la decisión y el voto de personas bienintencionadas) 
en la creación de un clima y un estado de ánimo colectivo favorable al Brexit con “noticias” 
incluso estrambóticas pero que, en su día fueron creídas a pie juntillas1. A todos los niveles, 
sin embargo, se crearon fake news; hasta el actual primer ministro, Boris Johnson, se 
enfrentó a la presentación de demandas por haber mentido sobre la Sanidad en campaña.

¿Y ahora qué? ¿Han cambiado de opinión los votantes británicos sobre el Brexit? 
¿”Regrexit2”? Porque más de 3 millones de votantes piden que se celebre un segundo 
referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Todo lo que se 
puede decir con certeza es que el país está dividido en dos tal como lo estaba en junio de 
2016 y que (más avisos de navegantes) la incertidumbre sobre el resultado de cualquier 
referéndum futuro se pone de relieve cuando miramos debajo del capó de las urnas ya que la 
razón por la cual la mayoría de las encuestas ahora muestran la opción de permanecer en la 
UE por delante de la del Brexit no se debe a que haya más votantes a favor del Brexit que 
hayan cambiado de opinión sino que la mayor parte del cambio de dirección del voto se debe 
al 28% que no votó en 2016 y que ahora es mucho más probable que votara a favor de 
permanecer, es decir, que las nuevas generaciones son más proeuropeas que sus mayores, 
lo que permite augurar un nuevo referéndum (favorable a la integración) en el plazo de una 
generación.

Apasionante todo y lleno de intriga, como un relato de la también inglesa Agatha Christie, en 
esta historia de amor y desamor desde los tiempos de Winston Churchill, ¿Cómo seguirá? 
¿O se ha acabado definitivamente así? El tiempo lo dirá. 
 
 
 

 
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1Un diario sensacionalista, por ejemplo, llegó a publicar en su portada que la UE planeaba prohibir el consumo de plátanos con forma curvada, como eran habituales en el Reino Unido, y pretendía imponer únicamente los de forma recta. Resulta chusco, ¿verdad? Pues el asunto creció y la UE se vio obligada a emitir un comunicado negándolo.

2Término acuñado, al parecer, por la BBC y usado hoy con profusión por los analistas.