martes, 30 de enero de 2018

Utilidad -o no- de la Historia.

Tengo un amigo historiador, con el que, por cierto, no nos podemos ver con la frecuencia que a ambos nos gustaría, y pese a que tenemos fuertes discrepancias en muchos aspectos, estas divergencias de opinión no influyen en absoluto en nuestra consolidada relación de amistad, basada en el respeto y el afecto, pese a lo que pregonan algunos politicastros, a los que el calificativo más suave que los define es el de "espernible", que pregonan que el manifestar ideas diferentes a las suyas es augurio de división, enfrentamiento, ataque a la convivencia, caos y no sé cuántas catástrofes más anticipando un seguro apocalipsis, todo ello por conseguir unos votos basados en sentimientos manipulados (lo triste es que hay multitud de personas bienintencionadas que los creen y les votan, pero eso es otra historia).

En nuestras charlas distinguimos la figura del historiador, profesional que estudia y analiza desde todos los puntos de vista posibles, incluyendo su relación/influencia con otros, los llamados hechos históricos en su realidad, alejada de la utilización política de los mismos, del concepto historia, mucho más sutil y sibilino. En este blog hemos mantenido la idea (ver sobre todo las entradas del 08/05/16 y siguientes) de que lo que nos imbuyen como historia, particularmente la referida a un país o territorio, es, simplemente, la narración, más o menos novelada, de unos hechos (con gran relevancia de las victorias bélicas en la narración) de tal manera que justifican la situación socio/política del presente. Por eso resulta pernicioso lo que suelen hacer muchas instancias cuando surge el tema, como es el relacionar/supeditar el futuro de las personas, e incluso de las comunidades, al pasado de los Estados, en particular si lo único que se resalta de ese pasado son las victorias bélicas (en las que, lógicamente, no se sabe en general si los antepasados de quien hoy dilucida su futuro fueron del bando de los vencedores o de los acallados) y no otros aspectos.

Lo que resultaría ridículo y una clara muestra de ignorancia si no fuera tan dramático en su demostración de inmovilismo arrogante es ese empeño, hasta de las más altas esferas políticas, en pretender que todo cambio es malo e implanteable porque la Historia nos dice hasta hoy que las cosas están como están.¿Seguro que, por eso, no pueden cambiar, en su caso, a mejor?
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Como nos dicen los psicólogos, la metatesiofobia, término académico con el que se denomina el miedo al cambio, es algo muy común en la sociedad actual ya que desde que somos pequeños nos inculcan que nuestros objetivos en la vida deben ser, por ejemplo, buscar una pareja estable, un trabajo estable y tener un hogar (domicilio) estable dentro de una zona geográfica determinada, con unos límites definidos a la que llaman NUESTRO país con una organización y una forma social que también nos inculcan como nuestras. Nos han hecho creer que la felicidad y esa estabilidad que, a la postre, pretenden que se convierta en nuestra indiscutible y natural zona de confort, van de la mano. Sin embargo, cada vez es más evidente que los seres humanos necesitamos adaptarnos a los cambios. Sin ir más lejos, hasta hace bien poco en términos de tiempo históricos nuestra especie era nómada y se veía obligada a gestionar su día a día en función de las condiciones y los recursos que tuviesen en cada momento y en cada lugar. Es más, el cambio es inevitable en nuestras vidas. Estemos conscientes o no, queramos aceptarlo o no, las cosas y la gente cambian, si bien la sociedad y la tradición ejercen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, lo que se traduce en que, cualquier cambio nos exige modificar nuestra conducta o forma de pensar ante una nueva situación porque nuestra forma "normal" de reaccionar (a la que estamos acostumbrados) ya no nos es útil, y no, como recuerdan los psicólogos, cuando tendemos a ridiculizar e incluso oponernos fieramente a procesos orientados a cambiar nuestra mentalidad, es decir, al sistema de creencias con el que hemos creado nuestro, posiblemente, falso concepto de identidad..Al obedecer las directrices determinadas por la mayoría, hacemos todo lo posible para no salirnos del camino trillado, rechazando sistemáticamente ideas nuevas, diferentes y desconocidas. No nos gusta cambiar porque a menudo lo solemos asociar con la frustración y la vergüenza que conlleva sentir que nos hemos equivocado. O peor aún: que hemos fracasado. De ahí las tan pronunciadas sentencias: “¡Yo soy así, tengo la razón (o el poder) y no pienso cambiar!” “¡Los que tienen que cambiar son los demás!.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de cambio al que tememos? y ¿qué tiene que ver con la Historia?

Partamos de la premisa, cuando hablamos de los seres vivos, de que admitimos que nacen, crecen, se reproducen (o no) y mueren, es decir, que registran un cambio constante, como ya dedujo el filósofo griego Heráclito hace veinticinco siglos. Pero ¿estas características sólo pueden atribuirse a los seres vivos? Pues parece que no, que realmente pueden aplicarse sin menoscabo a todos los aspectos relacionados con el hecho de vivir: culturas, lenguas, leyes, países, religiones, etc. El conocido sociólogo y politólogo Wallerstein1 lo define asi: "El cambio es eterno. Nada cambia jamás. Los dos tópicos son "ciertos". Las estructuras son los arrecifes de coral de las relaciones humanas, que tienen una existencia estable durante un período relativamente largo de tiempo. Pero las estructuras también nacen, se desarrollan y mueren".
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En efecto, simplemente mirando atrás en el tiempo, podemos corroborar que esto es cierto, y que lo que hacen algunos de apelar a la Historia para justificar su inmovilismo arrogante, por ejemplo al mantener que a las leyes actuales (sean las que sean) se las ha de considerar eternas, es un error teñido de ignorancia, porque, precisamente la Historia nos enseña que los cambios son constantes y afectan a conceptos tan sagrados e inamovibles como lengua, territorio, religión y todos en general.

Miremos algunos para comprobarlo: sin entrar (hoy no toca) en algunos de los motivos de su desaparición, nadie duda que muchas lenguas y culturas otrora florecientes ya han muerto, en algunos casos tras un crecimiento previo importante. Si nos fijamos en los países/territorios, basta echarle un vistazo a un atlas de hace sólo cincuenta años para advertir los cambios (pausados o rápidos, civilizados o traumáticos) habidos en el mapa político de nuestro mundo. Por cierto, ya que hemos citado a Wallerstein, quizá no esté de más volverlo a recordar en este punto, ya que sostiene que el Estado-Nación es un concepto del pasado, pese a que algunas elites crean que,en función de este concepto, tienen el poder casi por derecho divino. Respecto a nuestra Europa, opina que nos encontramos en un interregno como el que hubo entre la Edad Media y el Renacimiento; puede durar 50, 70 años, hasta que seamos capaces de ver qué es pasado y futuro en nuestro presente.

La Ley.... ¿qué decir cuando el Poder no es capaz de ver, a su conveniencia, que no hay ninguna ley que sea eterna? Si se informaran un poco en esa Historia en la que se escudan, verían que a lo largo del tiempo todas las leyes evolucionan de acuerdo con la cambiante realidad social (y malo cuando no cambian como la sharia islámica, a la que ellos son los primeros en criticar -con razón- por su crueldad, insensibilidad y anacronismo). Aplicando sus teorías aún sería vigente el Código de Hammurabi o, entre nosotros, el Fuero Juzgo. Sin comentarios.

Incluso a temas que se sitúan por encima del bien y del mal (y nunca mejor dicho) como la religión también se les puede aplicar la evidencia histórica de que nacen y mueren, si no, no se entendería que, sin ir más lejos, hoy no haya ninguna adoración a Zeus y su corte, en un momento todopoderosos e inspiradores de toda una cultura y forma de vida universales (a la medida del universo conocido entonces, claro), y hoy convertidos de dioses en meros personajes objeto de estudio de una época histórica para los expertos, o nos parezcan sólo una rémora exótica nombres como Thor, Odín, Manitú y tantos otros que en su día concitaban temerosa devoción.

En definitiva, que la Historia puede ser una poderosa herramienta política de manipulación interesada a la vez que un magnífico instrumento de análisis del pasado para seleccionar de él aquello que interese para mejorar un futuro deseable e imprevisible, teniendo en cuenta, eso sí, que el presente en el que efectuamos el análisis está en permanente evolución, seamos o no conscientes de ello. Y más vale que lo seamos.

Acabamos con música, con el poema de Gabriel Celaya (Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta de nombre competo, que fue un poeta español de la generación literaria de posguerra, uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social) España en marcha, al que puso música en 1967 Paco Ibáñez, del que lo recordamos en su actuación en el Teatro Olympia, de París, el 2 de diciembre de 1969. Es interesante saber hoy que el concierto fue grabado en directo, y es todo un referente no sólo poético o musical, sino también ideológico y político, de la generación, también en nuestro país, marcada por los acontecimientos de mayo de 1968 en París.




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1Immanuel Wallerstein es un sociólogo, politólogo y científico social histórico estadounidense. Principal teórico del análisis de sistema-mundo, también conocido como economía-mundo, o teoría, enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo (expresión original en inglés World-systems approach), que es un desarrollo de la crítica postmarxista que intenta explicar el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta Tierra. Es una teoría historiográfica, geopolítica y geoeconómica con gran vigencia y aplicación en las relaciones internacionales.

viernes, 19 de enero de 2018

De "persona" a "Recurso Humano" (I)

Hay cosas en nuestro día a día que nunca acabaremos de entender aunque nos resulten tan comunes y cotidianas que nos pasan casi desapercibidas; eso de la comunicación y las relaciones a través de las Redes Sociales (algo tan extendido hoy día) es una de ellas. Y uno llega a la conclusión de que en este campo, como en otros también, naturalmente, las expresiones tácitas, las medias palabras, los mensajes sugeridos, las ideas apenas hilvanadas, etc., confieren al final una amalgama que le va dando forma, todo junto, a la comunicación.

Otra cosa es la forma en la que se desarrolla esta comunicación, básicamente en público o en privado en las mismas Redes, que nos suele dar más información que el simple contenido del comunicado (por relevante que sea) el hecho de elegir una forma u otra. Por cierto, prescindimos de analizar en estas líneas también el "estilo" de algunos comunicantes, cuyo único argumento es la injuria (siempre en formato público), para no descender a su nivel. Veámoslo con un caso real.

Como los pacientes (y valientes) seguidores de este blog, seguramente, recordarán, en fechas cercanas a la pasada Navidad, se plasmaron unas reflexiones sobre ciertas (y, cuando menos, cuestionables) prácticas en la gestión de los Recursos Humanos, desde perceptibles incoherencias en el reclutamiento a sonoras contradicciones entre las tareas exigidas y el perfil profesional del trabajador, por no hablar de la obligación, en algunos casos, para los empleados, de gestionar con los clientes, sin información previa, productos/servicios claramente perjudiciales para ellos. Pues bien, aunque en estos casos , es normal recibir comentarios elogiosos o críticos (todos son de agradecer) por diferentes vías, en el que nos ocupa TODAS las comunicaciones han sido por canal privado, y con un denominador común: todas dicen que lo que se expone en el blog se queda corto, y todas eligen ese canal en evitación (por pánico, realmente) de posibles represalias ya que los comunicantes son personas, algunas conocidas, que están o han estado muy vinculadas a la gestión de personas y relacionadas con organizaciones que, formalmente, son de aquellas que pasan por ser polos de atracción del talento, y en las que ingentes cantidades de candidatos suspiran por trabajar.
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Estas comunicaciones, su contenido y su formato, conducen sin duda a nuevas reflexiones (limitadas en esta entrada a las paradojas en la selección/reclutamiento), enfocadas a intentar entender por qué se producen estas atrocidades1. En principio cabe partir de la base de que todas estas organizaciones disponen de Departamentos (a menudo potentes y prestigiados) de Recursos Humanos que, de manera genérica (es usual que todas la definan, más o menos, así) dicen tener como misión la de atraer, retener y motivar al personal idóneo para la organización definiendo, lógicamente, quién es el personal idóneo para ella y pensando, por tanto, en todas las características que tienen las personas, sexo, edad, formación, experiencia, estilo de personalidad, habilidades, conocimientos, competencias (palabra muy usada pero de una ambigüedad clamorosa) y ver cuáles de ellas son relevantes en cada caso.

La teoría es clara. ¿Dónde está el desfase de la práctica? ¿O es que la teoría no está tan clara? ¿De qué hablamos en los procesos de selección, de personas o de recursos humanos? Porque no es lo mismo pese a que el uso no inocente del inocente lenguaje nos haga considerar que es igual gestionar personas en su puesto de trabajo que gestionar el departamento de recursos humanos de una empresa... A ver, una empresa tiene necesidad, para desarrollar su actividad, de recursos técnicos, de recursos logísticos, de recursos financieros,... de recursos humanos,..., como se ve, con significado puramente contable, siendo estos últimos, desde el punto de vista empresarial, independientes de quienes y cómo son las personas que los integran.  Por eso consideramos normal que se hable del coste de los recursos humanos (criterio contable) a la vez que de la motivación (relacionada con la voluntad y los sentimientos) de las personas/los empleados.

Hasta tal punto llega la confusión conceptual que la mismísima Aedipe2 ha publicado uno de sus últimos boletines con el revelador título de "Las personas no son lo más importante en una organización" basándose en las experiencia (en empresas, de las que asume el punto de vista) del autor, que lo lleva a concluir que es el talento lo más importante en una organización no las personas (en general). Son importantes esas personas que aportan valor en su día a día, que suman, que se equivocan, que piden disculpas, que ofrecen su mejor versión, que se evalúan, que quieren mejorar, que son flexibles, que son exigentes con ellas mismas y con los demás.

Por el contrario, existe otro tipo de figuras (antitalento) que no quieren hacer las cosas bien, que disfrutan (o eso creen) con el conflicto y con un entorno enrarecido, que cuchichean, que tergiversan las cosas, que marean y desenfocan… Estas personas, no son lo más importante de la organización, porque hace mucho tiempo que sus objetivos no están alineados con los de la compañía, ni con los del equipo, compañeros, etc. Sin embargo, a pesar de tomar la óptica de empresa en su análisis,el autor admite que en muchas ocasiones el problema se encuentra en las partes altas del organigrama, que, digo yo, parecen haber olvidado las misiones publicadas, asignadas al departamento de recursos humanos de su rol para cuidar de que no se produzcan esas desviaciones, perniciosas para la empresa pero también para la persona.

No, nadie dice que sea fácil armonizar el lícito objetivo económico de la empresa con la aspiraciones,inquietudes y expectativas de las personas que han de conseguirlo; por eso es claramente función de la dirección de Recursos Humanos de la empresa y del resto de puestos directivos de ella colaborar en la creación de un grupo de personas que, lejos de quemarse a las primeras de cambio (burn-out, en el argot fino), sean capaces de generar un entono de trabajo que sea saludable, productivo y que genere emociones positivas. Y eso empieza antes de la incorporación al puesto de trabajo, considerando que no se trata de buscar un tapón para tapar un agujero (que eso, y perdonad, parece a veces la búsqueda (?) para cubrir una vacante); eso comienza por algo tan razonable, aunque tan desconocido en la práctica, particularmente en departamentos internos de Recursos Humanos más que en empresas externas de selección, como es analizar el puesto de trabajo que está vacante, ya que a partir del cual se derivarán el resto de funciones y, por tanto, el perfil profesional buscado.
Unas precisiones, que nunca están de más. Básicamente, por Puesto de Trabajo se entiende el conjunto de objetivos particulares, actividades y áreas de responsabilidad que debe asumir la persona que lo ocupe para contribuir a la consecución de los objetivos de la empresa en los plazos fijados. 

Así, a partir de esta definición, se puede afirmar que conocer el contenido y contexto de los puestos de trabajo que existen en la empresa es un proceso clave para el desarrollo de las actividades del departamento de recursos humanos, ya que es el punto de partida de gran parte de sus actividades profesionales. De ahí la importancia de que se conozcan las técnicas relacionadas con su estudio.
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Es por ello, que el análisis debe realizarse de un modo planificado y estructurado, definiendo previamente qué información es la que se quiere obtener, para así, identificar, comprender, definir y describir los aspectos relevantes de un determinado puesto de trabajo, esto es, tanto su contenido como el entorno en el que se desarrolla, para entre otros aspectos, reflejar la importancia que su correcto desempeño tiene para la consecución de los objetivos marcados por la empresa. Sin embargo, el puesto de trabajo se compone además de una serie de exigencias que debe reunir la persona que lo desempeñe, las cuales determinarán los conocimientos, habilidades, actitudes y aptitudes necesarias, dando lugar a lo que se conoce en el ámbito de la gestión de personas (no de Recursos Humanos) como competencias, las cuales se entiende como lo que permite a la persona desarrollar su puesto de trabajo de forma eficiente, eficaz y segura, y relajada para su perfil personal.

Sólo una vez que se obtiene y analiza la información acerca de los aspectos del puesto de trabajo, se puede proceder a la selección y reclutamiento de personal teniendo muy en cuenta ya desde ese momento que el análisis de las exigencias de los puestos es el punto de partida para determinar las acciones formativas coherentes y efectivas en función de las necesidades detectadas, incluyendo, en su caso, el diseño y ejecución de Planes de Carrera (un plan de carrera debe estar basado en el conocimiento de las exigencias presentes y futuras que plantean a sus ocupantes los distintos puestos de trabajo de la organización).

Otras cosas ligadas al puesto de trabajo que deben conocerse antes de la incorporación son minucias tales como los criterios para la evaluación del desempeño en el mismo, la valoración diferencial de puestos, qué planes de Seguridad y Salud existen, cómo se enfoca la conciliación, etc.

La pregunta del millón (y no es retórica) es que si los departamentos internos de las empresa destinados a gestionar personas (se llamen como se llamen) conocen estos principios, ¿por qué hay tanto profesional del ramo (que prefiere el anonimato, lo que, globalmente, es inquietante) convencido de que no los suelen aplicar?

Acabamos nuevamente con música de Joaquín Sabina, con una canción que describe los reveses de la Fortuna, en los que un currículo brillante no es la lámpara de Aladino. Nos puede pasar a cualquiera, de acuerdo. Lo que es lamentable es que determinadas prácticas empresariales lo alienten. 



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1No es una expresión excesiva o exagerada. El Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, habla sin ambages en uno de sus libros (¡Acabad ya con esta crisis! - Ed. Crítica, Barcelona, 2012) de vidas arruinadas por la diferencia, casi siempre en contra del trabajador, entre su perfil profesional y la realidad de las exigencias laborales que encuentra, lo que, según Krugman, puede afectar a toda su vida laboral, especialmente en épocas como la actual, caracterizada por empleo escaso y precario.

2La Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas (AEDIPE) es una asociación privada, sin ánimo de lucro, independiente de cualquier entidad u organismo político o sindical, constituida en el año 1965. A día de hoy, según declaran en su web, forman parte de ella 3.000 profesionales que se dedican a actividades relacionadas con la Gestión de Personas/ Recursos Humanos vinculados a más de 2.000 empresas o instituciones.

martes, 9 de enero de 2018

Año nuevo 2018. ¿Degenerando...?

¿Feliz 2018 o feroz 2018? 

La verdad es que, pasados, o en camino de hacerlo, los efectos de la inducida fiebre sensiblera de cada año por las fechas navideñas, casi por inercia mental, uno cae en la tentación sensata de evaluar (nada científico, por supuesto, sólo intuitivo) las posibilidades de que los ñoños deseos genéricos expresados estos días de paz mundial y prosperidad vayan más allá de ser palabras huecas y se haga algo para tomarlos en serio.

Y descubre, sin ningún asombro por otra parte, que, transcurridos escasos diez días del inicio de ese refulgente año nuevo, hay suficientes indicadores para constatar que aquella Ley de Murphy (de quien McGregor afirmaba, como sabéis, que era un optimista) de que "si algo puede ir peor, irá peor" se cumple a rajatabla.

Veamos; en el paso de estos escasos días en los que aún resuenan los ecos de los "buenos deseos" escuchados como una cantinela, ya ha habido

1) un salto masivo en las vallas de la frontera de Melilla,
2) una primera "remesa" de decenas de ahogados en el Mediterráneo de esos refugiados que huyen de la muerte en sus países ante la indiferencia burocrática y culpable de los países civilizados y ricos a cuyas puertas llaman para que se les permita, simplemente, vivir,
3) una muestra más de la política torpe y errática de la UE, que apoya las manifestaciones críticas contra los gobiernos como ejercicio de la libertad de expresión,... siempre que esos gobiernos sean de países que están lejos,
4)...
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Por no hablar de lo que ha pasado en nuestro país en pocos días con "el primer problema de España", demostrando que si no existiera Catalunya habría que inventarla, porque su existencia da carta blanca (y los medios lo aplauden) a ocultar otros problemas, esta vez no políticos, de la ciudadanía y a difundir los mayores dislates (post verdades lo llaman ahora) rodeados de ignorancia e ineptitud voluntarias en su gestión; basta escuchar los mensajes de fin de año de políticos cuya primera carencia exhibida, de entre muchas, es no saber distinguir democracia de dictadura de mayorías. Con estos mimbres parece claro que la diferencia entre que sea un 2018 feliz o feroz estriba en asegurarse de que el compromiso que se suele adquirir en estas fechas para el nuevo año sea enfocado a trabajar por un cambio a mejor, y esto implica tener nítido y reconocer el punto real de partida. Y ya se ve que este es el primer gran escollo para nuestra clase política en general, aunque sin generalizar. En este propósito de no generalizar, y admitiendo una prolija gama de grises, algunas formaciones establecen y difunden (y los medios aplauden) puntos de partida para ese cambio que son auténticos mundos para-lelos alejados de la realidad, creados para arengar a su parroquia; otras formaciones están en, llamémoslo así, en constante evolución y sus puntos de partida son reales... o no, según convenga a SUS intereses1. En definitiva, si no se demuestra capacidad para marcar objetivos duraderos negociados entre todos, ¡qué menos que desear que no se/nos engañen con trabajar por pseudo cambios que sólo benefician a quienes los diseñan!

Viene como anillo al dedo aquí, con eso de los cambios, recordar la anécdota, ya citada de forma tangencial en este blog, del torero Belmonte. Un inciso necesario: Juan Belmonte García (1892 – 1962), que ese era su nombre, llamado el Pasmo de Triana, está considerado como el «fundador del toreo moderno» y es, probablemente, el torero más popular de la historia de eso que se sigue llamando la Fiesta Nacional, pese a que aún hay quien no quiera ver que se trata hoy de una actividad anclada en el pasado y tendente a su desaparición como la conocemos2. La carrera profesional de Belmonte se desarrolló entre 1913 y 1936, año en el que se retiró y, durante ella, además de sus innnovaciones estilísticas, cambió la imagen tradicional de los toreros, renunciando a la coleta clásica.

Sin estudios apenas pero lector empedernido (se cuenta que en sus viajes llevaba maletas llenas de libros), su inteligencia y extraordinaria personalidad le permitieron relacionarse con los miembros de la cultura y de la alta sociedad. Llegaron a organizarle un homenaje, en el que Valle-Inclán pronunció un encendido discurso en su favor, aunque la verdad es que el resto de la Generación del 98 veía en los toros (ya entonces) un síntoma del atraso hispano. Pese a ello, ningún torero ha tenido antes ni después tanto apoyo entre intelectuales del máximo nivel; incluso un destacado representante de la Generación del 27, Gerardo Diego, le dedicó la «Oda a Belmonte» y consta que el torero fue amigo también del escritor estadounidense Ernest Hemingway, apareciendo de forma destacada en dos de las novelas de éste: Muerte en la tarde y Fiesta. Pero hay que reconocer que lo que acabó de forjar el mito belmontino fue la biografía que le escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, titulada Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas3, redactada en forma de autobiografía a partir de las numerosas conversaciones que mantuvo con el diestro.
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A punto de cumplir 70 años, Juan Belmonte se suicidó de un disparo en su cortijo y, lo que son las cosas, a pesar de ser un suicida, en aquellos años oscuros de nacional-catolicismo, se le permitió ser enterrado en el Cementerio católico de San Fernando de Sevilla

La anécdota a que nos referimos es que su banderillero Joaquín Miranda ocupó, después de la guerra civil, el cargo de gobernador civil de Huelva y como tal le tocó presidir un festival taurino benéfico al que también asistía Juan Belmonte, ya retirado, con un amigo no muy versado en cuestiones de tauromaquia. Se ve que este amigo había oído campanas acerca de la biografía del gobernador banderillero, pero no estaba seguro y, viéndolo en el palco presidencial, le preguntó a su amigo Belmonte: «Don Juan, ¿es verdad que este señor gobernador había sido banderillero suyo?». Belmonte le respondió con su conocido laconismo conceptista: «Sí». Y el otro insistió: «Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero de Belmonte a gobernador?». Y Juan respondió: «¿Po' cómo va a sé? Degenerando…».

Esta explicación belmontina, asaz definitoria, no puede reducirse en nuestros días, por desgracia, a la clase política (y a los medios que aplauden). Si echamos un vistazo rápido a nuestro mundo hoy y vemos que Trump en Estados Unidos, Erdogan en Turquía, Duterte en Filipinas, Kurz en Austria, nuestro Rajoy y un largo etcétera (sin comparar entre ellos, ojo) están en el poder gracias al voto popular, la definición de Belmonte tiene un mayor alcance social, unos efectos ya ahora devastadores y un futuro MUY preocupante.

¿Feliz o feroz 2018?

Parece oportuno acabar estas reflexiones escuchando una canción de Joaquín Sabina, "De purísima y oro" en la que resulta más trascendente lo que sugiere que lo que dice la letra y que viene a cuento por la presencia del mundo del toreo en estas líneas. Curiosamente, de una primera audición, puede interpretarse que la canción es un recuerdo al torero Manolete pero, escuchando atentamente, se llega a la conclusión de que el toreo es una mera excusa para ofrecer el cuadro descarnado de una época reciente en la que nada es lo que parece, empezando por el guiño del autor en el título de la canción (Sabina, taurino confeso, sabe perfectamente que el color del traje de luces que vestía Manolete la tarde de su cogida en Linares no era de purísima -azul celeste- y oro, sino de palo rosa y oro), siguiendo por los paseíllos en la plaza de toros madrileña de Las Ventas, que no eran de las cuadrillas de toreros, sino los causados por los pelotones de fusilamiento, pasando por algo que aún se mantiene en los herederos de los vencedores en esa guerra (in)civil, cual es la de definir a las "personas formales" como las pasivas, calladas y sumisas. Y el bar de Perico Chicote, y El Alazán, y El Riscal,... Y (José Mª) Pemán, y Celia (Gámez)... Y referencias únicamente taurinas, como la que hace al "manso de Saltillo", o sea, a Islero, el bello y temible toro de la ganadería de la viuda de Saltillo que corneó a Manolete, o la mención a Lupe Sino, nombre artístico de Antonia Bronchalo Lopesino, que fue la novia de Manolete y de la que se cuenta que cuando Islero derribó al torero en la plaza, Lupe voló al lado de su hombre, que agonizaba en el hospital al que lo habían llevado de urgencia y quería casarse con ella antes de morir aunque la madre de Manolete, y otros a los que también perjudicaría que cumpliera su deseo, se lo impidieron. Ni siquiera los dejaron verse por última vez.
Es innegable el valor sociológico de la canción y que admite diversos niveles de lectura; permite asociar sin esfuerzo los símbolos de una época con el toreo, pero, por ese mismo motivo, se convierte en un canto de cisne sobre el futuro de la tauromaquia, sin referencias en el devenir de la sociedad actual. Y malo si lo que se pretende es volver atrás, aunque sólo fuera para volver a poner de moda alguna de esas miserias que recoge.


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1Un ejemplo de rabiosa actualidad que, además, demuestra un apreciable grado de desvergüenza y, de que, pese a las bochornosas hemerotecas, se admite (y los medios aplauden) una impunidad total y una ausencia de responsabilidad en quien corresponda: estos días ha habido una copiosa nevada en el centro de la península de génesis y efectos similares a otra ocurrida en el año 2009. Pues bien, en 2009, el partido de la oposición hizo una crítica feroz de los hechos (y los medios aplaudían) culpando DE TODO al gobierno de entonces y exigiendo dimisiones; estos días, con el partido entonces en la oposición hoy en el gobierno, se aduce (y los medios aplauden) que la Naturaleza es la que es y que el gobierno es, por tanto, inmune a críticas por su actuación.

2La tozudez oficial de considerar "arte" y "cultura" (subvencionadas, por tanto) a las actividades ligadas a un espectáculo basado en la exhibición pública de la muerte de un animal en contra de la evolucion de la sensibilidad de una gran parte de la sociedad, sólo se mantiene por criterios estrictamente de manipulación políttica, como lo demuestra el hecho de que la Comunidad Autónoma de Canarias prohibiera las corridas en su territorio en 1991 sin que nadie reaccionara mientras que cuando lo hizo Catalunya en 2010 se consideró un ataque a la línea de flotación de una rancia españolidad y una muestra de separatismo y se impugnó, claro. Ya digo que, si no existiera Catalunya, habría que inventarla para justificar "contra ella" la imposición de acciones en todo el país de un calado democrático, cuando menos, cuestionable.

3Conviene hacer un alto en el camino sobre el escritor. En las jornadas 'Chaves Nogales, una tragedia española', celebradas en Sevilla hace un par de meses, a la pregunta de “¿Estaríamos hablando hoy de Juan Belmonte si el periodista Chaves Nogales no hubiera escrito su biografía?” la respuesta unánime de los asistentes fue que no, llegando a la conclusión de que, salvando las distancias, Chaves fue para Belmonte como San Pablo para el cristianismo., y se sucedieron los comentarios: “Belmonte debe su trascendencia a Chaves”; “Al torero le tocó la lotería”; “El libro es maravilloso y está por encima de los cánones de la literatura taurina tradicional” porque “No es solo la historia de un torero, es la biografía de una época, de una ciudad (Sevilla), del mundo de los toros, del alma humana…, y esa es su grandeza”.
Todos coinciden en que, curiosamente, el escritor no era especialmente taurino, y que “Chaves Nogales descubrió en Juan Belmonte que la inteligencia no se refugia solo ni siempre en los intelectuales”. Chaves era un liberal antifranquista, partidario de la república, pero, sobre todo, de la razón, y condena a Lenin, Stalin, Hitler y Mussolini antes que nadie. Como periodista, en aquellos años, es incómodo para los dos bandos porque cuenta la verdad -las miserias- de ambos. Por eso, tuvo que exiliarse; primero, en París, y, después, en Londres, donde, apartado de su familia, falleció de una peritorinitis en mayo de 1944. Sus restos mortales descansan en el cementerio de Fulham, cerca de la capital inglesa. Una semana después de su muerte, el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo lo condenó a doce años de cárcel, y a la inhabilitación absoluta y perpetua. Sus trabajos fueron olvidados, y su figura laminada y, como se afirmó en las jornadas, “A Chaves Nogales lo fusilaron con el olvido” pese a que hoy se pueda afirmar que “Su obra no ha envejecido, pues parece que está escrita ayer mismo, y esa frescura es la que convierte a Chaves Nogales en un escritor clásico”.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Noche de paz

Estamos en Navidad.

Olvidando la vertiente comercial de estas fechas, lo cierto es que el recogimiento y la convivencia que se propugnan en estos días siempre se han acompañado con música, más o menos festiva, y que, para nosotros, "siempre ha estado ahí", sin plantearnos ni tan siquiera si, tal como solemos pensar, son todas ellas piezas tradicionales y anónimas.
No tiene importancia, claro, pero fijémonos hoy, para desmontar ese reflejo automático, en la que es seguramente la canción de Navidad más popular en todo el mundo, de autores identificados: Noche de paz.

Noche de paz, o Noche de paz, noche de amor (Stille Nacht, heilige Nacht) es una canción navideña austriaca compuesta originalmente en alemán por el maestro de escuela y organista Franz Xaver Gruber y con letra del sacerdote Joseph Mohr (curiosamente, no se conoce al autor de su versión en castellano).
Fue interpretada por primera vez el 24 de diciembre de  1818 en la iglesia de San Nicolás (Nikolauskirche) de Obendorf, Austria, acompañada  sólo por la guitarra e interpretada por Mohr, y su difusión fuera del ámbito restringido de aquella población parece que comenzó en 1833 gracias a un organista de Fügen, de nombre Maurach y es que, cuando en ese año interpretó junto a otros músicos melodías tirolesas en Leipzig, la canción Stille Nacht, heilige Nacht fue la que atrajo el interés del público.

Se presume que el villancico ha sido traducido a más de 300 idiomas en todo el mundo y que es el más popular de todos los tiempos. La cifra puede ser superior, si se tiene en cuenta la acción de misioneros cristianos en los cinco continentes que lo han traducido a innumerables idiomas gracias a la facilidad de su interpretación, su brevedad y que puede ser cantado sin acompañamiento instrumental.
Como curiosidad, la canción fue cantada simultáneamente en inglés y en alemán durante la Tregua de Navidad de 1914, durante la Primera Guerra Mundial,​ al ser el único villancico conocido por los soldados de ambos frentes.
Fue exitosamente grabada por más de 500 artistas en célebres y conocidas versiones cantadas, así como en instrumentales. Existen también versiones muy apreciadas de corales en todo el mundo.

Aprovechemos, pues, la audición del villancico, para desear eso, la paz, y una feliz Navidad a la gente de buena voluntad, y venturoso 2018 también a la gente de buena voluntad.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Yo, por ahí, no paso

En la ya lejana época escolar, de otra época social también, en las Escuelas Nacionales para niños número 2 (las niñas iban a otras escuelas, destinadas a ellas, con asignaturas diferentes), en las que el voluntarioso maestro D.Manuel Ruiz hacía cada día lo que podía por desasnarnos, siempre había, como en todos los grupos humanos, lo que podríamos llamar, por diferentes motivos, protagonistas y actores de reparto, lo cual no hay que asimilarlo de forma automática a que tuvieran o no esos actores dotes de liderazgo, que es otra cosa, pese a que sí, éstas pueden ser detectables a temprana edad. 

Dentro de esos protagonistas de esa época recuerdo ahora a Alejandro, que vivía en el centro del pueblo, junto a la imprenta de los Jardinillos, y que era muy popular porque cada quince días se pasaba por el quiosco de Joaquinito o por la papelería El niño Jesús para aprovisionarse de los tebeos que les habían llegado y que después compartía en su lectura con los compañeros de la escuela, arremolinados a su espalda durante el recreo leyendo como podían por encima de su hombro. El colmo del ejercicio de ese protagonismo para algunos era ¡que se los prestaba para que los leyeran en su casa y se los devolviera después! No recuerdo que ningún tebeo se le devolviera estropeado o fuera del plazo acordado. Así pudimos leer, los que no podíamos comprarlos, las "emocionantes" aventuras de Yuki el temerario, El aguilucho, Espartaco, etc, además de los archiconocidos como El capitán Trueno o El guerrero del antifaz, entre otros.

Para ser ecuánime evocando los hechos, a Alejandro le corresponde en este relato el protagonismo de su generosidad al compartir los tebeos sin pedir nada a cambio (que no es poco, digno de elogio y agradecimiento, por supuesto), pero el paso previo, el de adquirirlos, evidentemente, no lo podía dar él por sí mismo. Y lo podía hacer porque su familia se puede decir que, en aquella sociedad, se podía considerar privilegiada en muchos aspectos y, económicamente, se podía permitir ciertos lujos como era el de comprar los anhelados tebeos. Resulta que el padre de Alejandro, al que recuerdo alto, muy delgado y ágil de movimientos, trabajaba en un banco (para ser exactos, en el Banco Español de Crédito, entonces EL banco) como ordenanza1, lo que le confería un prestigio y respeto social considerables, junto con una envidiable estabilidad económica. ¡Ahí es nada, un ordenanza del banco! Todo un personaje, sí señor, aunque, eso sí, nada que ver con el relumbrón del director de la oficina del banco, integrante, junto con el alcalde, el médico, el cura y el comandante del puesto de la Guardia Civil, de las fuerzas vivas del pueblo, presentes en todos los actos oficiales y con un poder casi taumatúrgico (o sea, realizando prodigios, fenómenos considerados sobrenaturales o más allá de las capacidades humanas) en sus relaciones con los paisanos, decidiendo siempre con plena libertad y a su albedrío incuestionable a quién, dónde y cómo recibir/escuchar/atender.

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Demos un salto en el tiempo, y, comparando situaciones, nos podemos preguntar lícitamente por qué hace unos años todos los trabajadores relacionados con las entidades financieras eran laboralmente, envidiados y, desde luego, socialmente, respetados sin fisuras, mientras que hoy, en general, generan cierta desconfianza y están "mal vistos" hasta el punto de que incluso los técnicos de las empresas de selección tuercen el gesto ante un candidato (con independencia de su perfil académico) que sólo acredita experiencia anterior concentrada en la banca, Los motivos de este cambio son variopintos, naturalmente, y sin ánimo de ser exhaustivos, nos detendremos en algunos (sólo algunos) que, además, nos permitirán reflexionar sobre hacia dónde parecen ir los tiros en la gestión de eso que llaman Recursos Humanos, o sea, personas.

En finanzas, particularmente en las domésticas, la confianza personal es básica en la relación y es normal que el empleado que gana la de un cliente se convierte en su confidente/confesor, a veces hasta en temas que nada tienen que ver con las finanzas (¿nadie ha reparado en el cliente que se queda como un náufrago en el patio de operaciones de una entidad sin saber qué hacer cuando le dicen que su gestor, con quien habla siempre, está de vacaciones?). Esta confianza ¿mutua? era asumida como la promotora de un continuo juego de toma y daca, en la que el empleado proponía a los clientes (excepto a los integrados en las carteras de valores, cuyo perfil solía ser diferente) productos financieros que, más o menos, les podían interesar y que siempre se les ofrecía con el señuelo de personalizados y con el argumento final de venta de "Confía en mí. ¿Te he engañado yo alguna vez?" para derribar barreras, que en esos momentos, en general, era verdad.

Y en este escenario de confianza2 basada en la gestión exclusivamente financiera, confluyen unos factores, aparentemente deslavazados pero que, unidos, producen resultados, digamos que llamativos. 

Uno es la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE), germen de la actual Unión Europea (UE) en 1985, lo que produjo un cierto desasosiego en el sistema financiero, temeroso de la prevista competencia de la banca extranjera, con un mayor abanico de productos, algunos de cierta complejidad debido a una, en general, mayor cultura financiera más allá de los Pirineos. Otro es que poco a poco en esos años va calando la idea de que Hacienda somos todos (menos para la Fiscalía, que, asombrosamente, en sede judicial, afirmó recientemente – sin que nadie haya sido cesado, luego debe ser verdad – que eso solo era un slogan publicitario) porque es sabida la existencia de bolsas de dinero negro, ajeno al control tributario, que se pretenden regularizar. El gobierno, con la colaboración de la banca, pone en el mercado unos productos del Tesoro Público de baja rentabilidad nacidos realmente con otro objetivo que, con la garantía de inmunidad a sus titulares, permiten aflorar ese dinero, y otros productos no vinculados al Tesoro como los AFROS3, destinados a aquellos titulares que se oponían a facilitar directamente su nombre al Tesoro. 

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La banca "descubre" entonces que en sus empresas de seguros participadas existen productos parafinancieros cuya titularidad no es necesario comunicar a Hacienda, salvo que ésta requiera expresamente el listado de titulares, y sobre esa laguna legal monta todo un sistema (cuyas consecuencias aún colean treinta años después) de venta en las oficinas bancarias, con objetivos numéricos de resultados en su venta, de unos aparentes Seguros de Vida de prima única4, que no eran sino depósitos, en general al plazo de un año, bien retribuídos, y con el mensaje de que Hacienda seguiría desconociendo su existencia. Lo cierto es que cuando algunas entidades entraron a saco en el tema, Hacienda les requirió el listado de titulares, lo que originó una auténtica conmoción a todos los niveles; en algunas entidades se procedió a una partida de ajedrez en que los directores y gestores cambiaron de casilla de inmediato para evitar problemas, incluso físicos5, con la clientela, que se sentía engañada por su gestor de confianza de toda la vida. En descargo de los empleados, hay que decir que la mayoría desconocía los pormenores del producto y simplemente, suponían que sus mandos les habían asignado objetivos de venta para algo que no podía ser malo, lo que, por otra parte, no deja en muy buen lugar su rigor profesional.

¿Es o no es para que, globalmente, la sensación de respeto social al colectivo se vea afectada? Lo preocupante del caso es que, tal y como reza una de las inexorables leyes de Murphy, si algo puede ir peor, irá peor. ¡Y vaya si puede! Lo curioso es que va a peor y afecta, no sólo a la percepción del grado de confianza y credibilidad del colectivo, sino también al grado de valoración de la calidad profesional del trabajo real a que se les obliga, totalmente alejado de su preparación y capacidades, con una gran parte de protagonismo de las propias entidades de que sea así este deterioro, con lo que se produce la curiosa paradoja de que las mismas organizaciones que figuran en los rankings como las preferidas para trabajar en ellas son las que, a su vez, tienen los empleados menos valorados socialmente.

Por aquello que apuntábamos de querer equiparar en el ámbito doméstico algo de la operativa, para el cliente medio, novedosa, de la banca extranjera ("No hace falta que vayas a la BNP; con nosotros también puedes hacerlo"), las entidades se embarcaron en una dinámica de "colocar" productos financieros complejos, que, frecuentemente, eran desconocidos hasta para el propio empleado al que obligaban a "colocarlos", a los clientes, con la única garantía para ellos de la confianza y credibilidad que le ofrecía el empleado, al que conocían de toda la vida. No hace falta resaltar la evidencia de que al conocerse (y publicarse) los primeros desajustes y las primeras reclamaciones, la imagen del empleado de banca sufrió otro duro revés.

Pero, ¡ay, este Murphy, que no descansa! Llega la crisis (que hoy, desgraciadamente, nos da la razón a quienes defendimos desde el primer momento que no era sólo económica) y con ella el que podríamos llamar el primer engaño financiero organizado masivo, con hondas repercusiones, no sólo económicas sino, en definitiva, sistémicas
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Hagamos algo de memoria: la crisis, conocida como la del 2008 se desató realmente debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006, que provocó hacia octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas subprime (ya sabéis, aquellas  que se concedieron aún sabiendo que el titularno tenía medios para poder atender el pago de las amortizaciones). Las repercusiones de la crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera extremadamente grave desde inicios de 2008, contagiándose primero al sistema financiero estadounidense, y después al internacional, teniendo como consecuencia una profunda crisis de liquidez, y causando, indirectamente, otros fenómenos económicos, como una crisis alimentaria global, diferentes derrumbes bursátiles (como la crisis bursátil de enero de 2008 y la crisis bursátil mundial de octubre de 2008) y, en conjunto, una crisis económica a escala internacional.

En España, el comienzo de esta crisis mundial supuso la explosión añadida de otros problemas: el final de la burbuja inmobiliaria, la crisis bancaria. El primero provocó el aumento del desempleo, lo que condujo inmediatamente a una drástica disminución del crédito a familias y pequeños empresarios por parte de las entidades financieras, lo que unido a algunas políticas de gasto llevadas a cabo por el gobierno central, el elevado déficit público de las administraciones autonómicas y municipales, la corrupción política, el deterioro de la productividad y la competitividad y la alta dependencia del petróleo han contribuido al agravamiento de la crisis entre nosotros. En cuanto al segundo problema, el bancario, hay que partir de la base de que el sistema bancario español fue considerado por diversos analistas como uno de los más sólidos entre las economías de Europa Occidental y de los mejor equipados para soportar una crisis de liquidez, debido a la política bancaria restrictiva que obligaba a mantener un porcentaje de reservas alto en las entidades. Sin embargo, este análisis resultó ser incorrecto por otros factores, ya que, con antelación a la crisis, esta política se relajó y el regulador, el Banco de España, actuó con omisión. Además, el sistema contable de "aprovisionamiento contable" practicado en España, que como hoy ya se sabe, no supera los estándares mínimos del International Accounting Standards Board (IASB - Junta de Normas Internacionales de Contabilidad, organismo independiente del sector privado que desarrolla y aprueba las Normas Internacionales de Información Financiera), permitió dar una apariencia de solidez mientras el sistema se hacía vulnerable.

Descubierto el pastel, se puso de manifiesto que, para que la realidad y la información contable de las entidades financieras fueran parejas, era imprescindible una fuerte inyección de capital en ellas. En los bancos no había problema añadido, porque eso se reducía a proponer a los accionistas su participación en un aumento del Capital Social de la entidad, pero ¿qué hacer en las cajas de ahorro6 y cómo hacerlo? Y, digámoslo claramente, se descubrió que la única forma de hacerlo sin desaparecer del mercado por insolventes (cosa que, finalmente, ha tenido que suceder) era captar fondos de los clientes sin informarles de sus auténticos objetivos ni características, dando paso al uso de las hoy tristemente famosas participaciones preferentes7 (que, aprovechando el vocablo de la definición, se solían ofrecer como "preferentes" para los intereses del cliente) bajo distintos nombres comerciales.
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Lo dramático (para los clientes en primer lugar, pero también para los empleados de buena fe) es la forma en que las entidades orquestaron el engaño, engaño del que, ellas sí, eran plenamente conscientes:

- No informaron/formaron a sus empleados de las características del producto. Aunque hubo de todo, naturalmente, la gran mayoría de empleados no sabían realmente qué ofertaban8.
- Exigieron a sus empleados seleccionar a quién ofrecerlo de entre sus clientes de confianza que tuvieran los depósitos sin tocar, sin muestras de requerir con inmediatez los fondos.
- Asignaron objetivos de obligatorio cumplimiento, sujetos incluso a veladas amenazas de tipo laboral en caso de no alcanzarlos.

Y pasó lo que pasó, claro, sobre lo que no nos extenderemos. Esa confianza que tardó años en forjarse se pierde en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo extrañarse entonces de que el prestigio social del empleado bancario esté en caída libre?

Para más inri, las entidades, olvidando la obviedad de que el empleado que se incorpora hoy a la organización es el crisol del directivo del futuro, parece que alientan ese desprestigio social (y el hundimiento moral) del empleado requiriendo profesionales que acrediten tener, cuando menos, una licenciatura (y si, además, un par de masters específicos, mejor) para acceder a puestos cuya única labor es vender productos y servicios, no necesariamente financieros, que no conoce, a clientes que tampoco conoce, en un tiempo marcado y en una cantidad que es obligado alcanzar so pena de consecuencias no declaradas pero imaginables. Lo trágico para el futuro del sistema es que este esquema se extiende y es lógico pensar que el empleado defraudado aguante carros y carretas, sobrellevando el estrés, ante el temor de que al chirriar en ese engranaje le comporte perder el puesto de trabajo (para el que ya hay cola de licenciados con masters a ocupar) y con él la, generalmente, exigua retribución asociada. Pensar en otra posibilidad, como es la de que las entidades asuman que contratan carne de cañón renovable, profesionales preparados de sobras, sin importar los costes personales, a la vez que, a un mismo nivel, contratan a otros profesionales, calcados de los primeros en su perfil, que, ellos sí, recibirán la formación interna y el acompañamiento adecuados, da escalofríos.

Y sin embargo, es lícito pensar que algo de eso debe de haber, a no ser que los departamentos internos de gestión de recursos humanos (RRHH) disfruten exhibiendo unas prácticas, digamos que peculiares. Es impensable pensar que un responsable de RRHH al que se le demanda el reclutamiento y selección de una persona para cubrir el puesto de otra que lo ha dejado, ignore y no analice los principios básicos de los motivos de quien marcha, con el serio propósito de evitarlos con quien se incorpore.

Se dice que siempre se van los mejores trabajadores de su empresa, lo que puede significar que se queden los peores, y esto, si es así, evidentemente, es el principio del fin de una empresa, por grande que sea, como aseguran los expertos aunque siempre hay, por supuesto, un índice razonable de abandono que varía en función de la empresa y/o su sector pero lo cierto es que, por encima de ciertos índices, deben sonar las alarmas y plantearse si está ocurriendo algo que no se conozca y que pueda llevar a la empresa a la pérdida del imprescindible capital humano de calidad. La salida de un profesional de una empresa no ocurre de la noche a la mañana. El empleado comienza por dudar de la forma en la que la empresa toma sus decisiones, continua con una fase más o menos lenta de desconexión, y concluye con el abandono de la misma. Sin embargo, si bien este proceso puede durar meses, son muchos los directivos incapaces de reconocerlo.
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Ante esta situación, es suficientemente conocido el decálogo de las principales razones por las que un empleado abandona su empresa, elaborado por reconocidos expertos multisectoriales en la gestión de RRHH y que ahora recordamos.

1. Expectativas incumplidas. Puede ocurrir que el empleado sea poco realista en sus expectativas. Sin embargo, es responsabilidad de la compañía presentar al empleado un panorama claro y objetivo de cuál será su futuro en la empresa y qué espera cada parte de la otra.
2. Desajuste entre el profesional y el puesto. En el mercado laboral español es frecuente contratar profesionales con capacidades por encima de las necesidades del puesto. Este hecho genera que alrededor del 80 % de los empleados piensen que no utilizan sus capacidades a diario, lo que se traduce en frustración o aburrimiento. En el fondo de esta política de contratación subyace la idea de que es el profesional quien debe adecuarse al puesto, y no al contrario, cuando la verdadera batalla de las empresas está en contratar a los mejores e impulsarles a desarrollar sus capacidades al máximo, no otras.
3. Falta de seguimiento, formación y apoyo. El buen empleado necesita saber hacia dónde va la empresa, qué se espera de él, cómo se valora su trabajo, siempre sobre factores acordes con su perfil, que ya se conocían cuando se contrató, etc. Es tarea del directivo reunirse con cada integrante del equipo para expresarle qué espera la compañía de ellos en un determinado plazo de tiempo en términos de resultados específicos, realistas y medibles, proporcionarle la formación adecuada a ese desempeño, valorar su desarrollo y fijar nuevas metas a alcanzar.
4. El favoritismo y la falta de meritocracia. Uno de los peores males de una empresa es no premiar correctamente el esfuerzo y trabajo de un equipo o profesional. Esta es una de las cuestiones que más impactan en la reducción de la lealtad hacia la empresa y que más aumentan los niveles de estrés e inseguridad laboral, por lo que es clave manejarlo adecuadamente.
5. Falta de un Plan de Carrera. Lograr la fidelidad de un empleado significa, en buena medida, ofrecerle unas perspectivas de futuro reales y satisfactorias ya desde la negociación para su incorporación.
6. Sentirse infravalorado. Y no sólo por desajuste entre perfil profesional y puesto. Con frecuencia las empresas pierden empleados por la simple falta de empatía entre las personas, la poca atención al trabajo de un empleado, el desconocimiento del trabajo realizado o la incapacidad para diferenciar una dedicación (no siempre reflejada en el rendimiento) mediocre de una extraordinaria.
7. La sobrecarga de trabajo. La sobrecarga continuada de trabajo se traduce en gran número de casos en desorganización, estrés, horas extras sin sentido, horarios inflexibles y, en muchos casos, conflictos personales que derivan en inseguridad e insatisfacción para los empleados. Está demostrado que una situación de estrés permanente e injustificado reduce la productividad de los empleados y sus deseos de permanecer en la compañía.
8. Pérdida de confianza en los superiores jerárquicos. La relación entre la dirección y el empleado son claves. Es más probable que los buenos empleados permanezcan en la empresa si tienen un jefe al que respetan y que les apoya, que aquellos que sufren la falta de confianza de un superior, su falta de contacto con la realidad del día a día, su falta de interés personal, su mala gestión o comunicación o su falta de consideración y aprecio.
9. Difícil relación con superiores jerárquicos o compañeros. Los conflictos con un jefe inmediato o con determinados compañeros, y la falta de opciones para sortear este problema, es también una de las razones más frecuentes para desear abandonar una empresa.
10. Falta de compensaciones justas. Curiosamente es éste el último punto del decálogo y no de los primeros, como cabría pensar, y en él se incluyen tanto compensaciones tangibles, como el propio salario, como intangibles: formación, oportunidad de aprender, crecer y conseguir metas, conciliación de vida familiar y laboral, etc.

Pero no seamos ingenuos y adoptemos el rol del empleado; nadie ha dicho que fuera fácil oponerse a las organizaciones, ni en el caso de las primas únicas ni en el de las preferentes ni en las situaciones actuales deshumanizadas de la banca, porque situaciones así se suceden cada día en nuestras empresas. La cultura empresarial de algunas organizaciones tiene una enfermedad que podríamos llamar genética y funcional, lo que quiere decir que tiene que ver con sus orígenes y con sus acciones, y eso hace muy difícil cambiar las cosas. En casos como los citados, los directivos suelen entender, lamentablemente, que su tarea consiste en dar o transmitir órdenes sin tener en cuenta las consecuencias y menos aún a las personas.

En el trabajo, la "complicidad9" es algo positivo y necesario, entre amigos, compañeros, en un grupo, existe complicidad porque se comparten criterios, ideas e incluso, objetivos. Lo malo es cuando el término hace referencia a ser cómplice de algo perjudicial o erróneo, o lo que es casi lo mismo, ser cómplice de ejecutar las directrices del jefe y las políticas erróneas de la empresa, en cuyo caso se están traicionando los principios y renunciando a lo que de verdad se piensa a cambio de un sueldo, o un puesto (lo que sea..). No digo que sea fácil tomar una decisión así, sobre todo por lo que todos estamos pensando en este momento, las responsabilidades económico-familiares. Aún así hay decisiones que se tienen que tomar “a pesar de todo” y principalmente, cuando lo que está en juego son principios y valores objetivos íntimos. Hablamos de una cuestión ética, de honestidad, de integridad personal.

Dejarnos llevar por las “órdenes equivocadas” aunque estemos presionados nos hace tan “culpables” como a los autores de las políticas de empresa. Que unos tomen decisiones erróneas está mal pero no resulta tan grave, si se queda sólo, si nadie le sigue o le hace caso. Se hubieran evitado muchos desastres, pequeños y grandes, financieros o no, si esto hubiera sucedido así. El liderazgo autocrático (que no es tal liderazgo) se sigue ejerciendo, y desafortunadamente suele ir asociado con criterios alejados del buen gobierno corporativo. El problema reside en que los que son presionados para llevar a cabo esas políticas empresariales equivocadas, acaban sucumbiendo a las presiones y al pensamiento débil, “si yo no lo hago, otro lo hará”. Si estos “directores de orquesta” no tuvieran músicos que hicieran sonar su melodía, otro gallo cantaría: el director tendría, o bien que buscar otros músicos más dóciles, o cambiar su forma de dirigir la orquesta. Y de esto se trata, de aprender a decir que no para que cambie la música que suena en nuestras Organizaciones, aunque parezcan sólo granos de arena en una montaña.

Intentar cambiar a los líderes de la Organización también es una opción válida y recomendable, pero si los jefes no cambian es mejor aprender a decir “No cuentes conmigo”, puede ser lo mejor que se puede hacer en muchas ocasiones de nuestra vida, personal y profesional. Seamos cómplices de aquéllos que aportan para hacer del mundo, de la sociedad y de nuestro entorno un lugar mejor , y no de los espernibles que buscan tener ellos el mejor lugar en el mundo.
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Y que nadie se equivoque: el enfrentarse/oponerse a participar en estas prácticas insanas no es un acto de cobardía por renunciar a querer adaptarse "laboralmente" a ellas y acceder con ello a la posibilidad futura de prebendas y una supuesta estabilidad, sino un acto de valentía y honradez pese al coste personal que puede suponer la decisión y el esfuerzo de llevarla a cabo.

Así, la percepción sobre el empleado de banca no hubiera cambiado negativamente ni hubieran sucedido episodios como las primas únicas o las preferentes ni, posiblemente, las entidades, reflejo de la sociedad, tuvieran la perversa deriva que tienen hoy en día.

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1La figura laboral del ordenanza se refiere a una categoría profesional que hoy ya no existe como tal y es la del empleado destinado a ciertas oficinas (no en todas había) que realizaba funciones diversas que no requerían especialización, como hacer recados o recoger el correo. Era habitual en las empresas organizar procesos de oposición interna para darles la oportunidad de "ascender" a realizar funciones administrativas. Se conocen casos de altos ejecutivos que se iniciaron  como ordenanzas,

2Conozco el caso de un buen cliente de un banco (apellidado, casualmente, Bueno) con el que hizo falta Dios y ayuda y el concurso de todo un ejército de corredores de comercio (figura profesional que entonces, además de la del notario, elevaba a público con su firma el contrato de determinadas operaciones financieras), abogados y notarios para convencerlo de que el hecho de que el banco exigiera su firma en un documento que reflejaba las condiciones de amortización de un préstamo que él había solicitado para atender unas obras en su taller no era porque el banco hubiera perdido su confianza en él sino por cumplir normas legales de un rango superior al del banco.

3Eran los llamados "activos financieros con retención en origen" (AFRO), en los que la opacidad fiscal tenía como precio el pago inicial de una retención del 45% de sus rendimientos.

4Vale la pena entrar en algunos detalles: el seguro de vida tiene dos grandes grupos de modalidades: unas, que sirven para cobertura de riesgo, es decir, proveer un capital o una renta en caso de fallecimiento de una persona que tiene a su cargo a otras, y un segundo grupo que, aunque incluya también parte de riesgo, fundamentalmente lo que procura es el ahorro o la inversión a medio o largo plazo, tratando de proveer un capital o una renta para un momento determinado que suele ligarse a la jubilación. Desde siempre, ambas modalidades de seguro han podido contratarse bajo la forma de pagos periódicos anuales, trimestrales o mensuales, que subsisten hasta la finalización del contrato, o acumulando todos estos pagos de una sola vez, es decir, por medio de una prima única. Cuando se habla de primas únicas y dinero negro, hay que considerar que este tipo de seguros de vida son perfectamente normales, lógicos, pero en esos años proliferaron los contratos de seguros de vida de prima única a un año de duración, sin ningún contenido de riesgo por personas que pensaron (mal aconsejados) que así su dinero o su inversión van a gozar de opacidad fiscal. Esto era así porque, efectivamente, las compañías de seguros no estaban obligadas a enviar de forma sistemática la relación de todos los asegurados, pero es necesario aclarar que, si bien no existe esa obligación formal de comunicar las operaciones de seguro de vida, el Ministerio de Hacienda puede en cualquier momento realizar una inspección a una compañía de seguros, pedir los registros de producción o las relaciones de asegurados y tomar nota de aquellas operaciones que le parezca, y después, con esa información, actuar en contra de aquellas personas que no las hubiesen incluido o declarado en el impuesto sobre la renta. Por supuesto que si la persona que contrata estos seguros a prima única justifica en su declaración del impuesto sobre la renta que con los ingresos que ha tenido en el año ha podido hacer esa inversión, y la incluye en su patrimonio, está actuando dentro de una total y absoluta ortodoxia, utilizando el seguro de vida como un instrumento más de inversión, cosa que se está haciendo también en todos los países. Otra cosa es si esta persona contrata esa póliza normalmente de una prima y capital elevados y no la incluye en su declaración sobre la renta, pensando que el Ministerio de Hacienda no va a tener conocimiento de este contrato.

5En su día vi una denuncia en la que un director de una oficina bancaria de un pueblo cercano a Barcelona que había comercializado entre sus clientes "cumpliendo los objetivos" las primas únicas informaba que se presentó en su despacho un cliente, guardia civil retirado, que, muy alterado, puso una pistola (ignora si cargada o no, si auténtica o no) sobre la mesa a la vez que le decía: "A ver qué habéis hecho con mi dinero"

6Conviene recordar que, aunque puede parecer que cajas y bancos son similares, ya que a las cajas de ahorros se les permite realizar las mismas operaciones que a los bancos en base a las reformas de los gobiernos democráticos, que han convertido a bancos y cajas de ahorros en competidoras directas, en realidad no son iguales. Las principales diferencias entre un banco y una caja de ahorros residen en el aspecto legislativo y jurídico. Los bancos son sociedades anónimas con ánimo de lucro que responden a un grupo de accionistas que se reparten los beneficios mientras que las cajas de ahorros, en cambio, son sociedades limitadas con carácter fundacional, por lo que deben destinar parte de los beneficios a fines sociales y estar dirigidas por un consejo de administración con representación pública. Otra gran diferencia está en los objetivos: los bancos, de titularidad privada en la mayoría de los casos, tienen por fin lucrarse priorizando la maximización de beneficios en favor de sus accionistas, en tanto que las cajas, cuya iniciativa es normalmente pública, poseen un marcado espíritu social heredado de sus precursores, los montepíos, entidades benéficas centenarias.

7Aprovechemos el momento y estas líneas para despejar dudas: las participaciones preferentes son un instrumento financiero de inversión legal aunque bastante complejo que emite una sociedad que no cede derechos políticos al inversor y ofrece una remuneración variable condicionada a la adquisición de beneficios. Cuentan con muy poca liquidez y su duración es perpetua, es decir, no tienen una fecha de duración determinada (aunque el emisor se suele reservar el derecho de cancelarlas a los cinco años) y si se produjese una situación de concurso de acreedores contra el emisor, los inversores estarán justo por delante de los accionista Podríamos decir de manera abstracta que son el eslabón perdido entre el depósito y las acciones., es decir, con más riesgo que los depósitos, pero menos, en general, que las inversiones en bolsa. Las participaciones preferentes son un producto con riesgo por los siguientes motivos: no hay ningún organismo que garantice el capital y una vez se quiere rescatar la inversión se deben poner en venta en un mercado secundario. Por tanto, su valor está sometido a cotización, lo que puede producir que cuando se quiere el dinero de vuelta se puede haber perdido una parte considerable. Por otra parte, el organismo que cubre las inversiones a plazo fijo, el Fondo de Garantía de Depósitos, no cubre este producto. Por tanto, en caso de quiebra del banco, se pierde la totalidad de la inversión. Su liquidez, como ya se ha dicho, es muy baja y como son a perpetuidad, el proceso para recuperar la inversión depende de una compra-venta, así que es engorroso y puede tardar incluso meses. En caso de tener una urgencia, puede significar un problema. Y hay que tener en cuenta dos “peros” importantes:
1. La entidad emisora se reserva el derecho de suspender estas participaciones preferentes al cabo de un tiempo determinado si así le conviene (algo que puede hacer el banco, pero no el cliente).
2. En caso de que la entidad no haya obtenido beneficios ni ha pagado dividendos ese año, puedes no cobrar el cupón anual.
En definitiva, para los inversores de perfil conservador que no quieren riesgos, lo mejor es buscar alternativas a las participaciones preferentes, como los depósitos a plazo fijo, ya que, como hemos visto, las participaciones son productos con más riesgos y complicaciones aunque se ofrezcan con ellas rentabilidades muy superiores a la media. Sobre los "inversores" no informados, corramos un pudoroso velo.

8Permitidme compartir una vivencia personal. Un director de sucursal de una caja de ahorros con el que tenía una relación cordial y fluida me vino a ver para ofrecerme el producto; yo le pregunté: "Pero, ¿tú sabes qué me estás ofreciendo?" y se lo detallé. Confesó, asombrado, que lo desconocía, y tomo dos decisiones: una, dejar de hablarme... y dos, continuar ofreciendo el producto. Verídico.

9En el bien entendido de que esta complicidad no se usa para que alguien eluda sus responsabilidades. Una de las últimas "perlas" en la gestión de RRHH en una empresa del ámbito de las finanzas de esas que salen en las encuestas como favorita para trabajar en ella consiste en tener un sistema informático que obliga al nuevo empleado, en pleno rodaje, a justificar "porque le ha tocado" ante un cliente que no conoce una incidencia que le ha perjudicado, cuya génesis y autoría tampoco conoce, en lugar de indicar al autor del fallo para que lo asuma y arregle (lo ideal, claro, es que el autor asuma su responsabilidad de motu propio, pero, si no lo hace, lo que es erróneo y peligroso es el sistema informático, quien lo diseña y quien lo implementa, al permitir volcar toneladas gratuitas de estrés injustificado sobre quien no tiene herramientas ni formación interna para solucionar el asunto)