domingo, 9 de febrero de 2020

“… para andar conmigo / me bastan mis pensamientos… “

Ya conté hace algún tiempo en este blog la anécdota de un compañero que tuve, chicharrero 
militante por más señas, que tenía un perfil, vocacional y trabajado, de “inasequible al 
desaliento”: Pues bien, en actitud coherente con ello, Rafael (que así se llamaba) mantenía 
que, cuando alguien, que no sea el médico, te pregunte “¿Cómo estás?”, la mejor respuesta 
siempre es “Bien” porque, decía, si quien lo pregunta es un amigo, se alegrará, y si es un 
enemigo, se fastidiará (bueno, en honor a la verdad, él usaba un verbo más corto, sonoro y 
contundente).

Pero, puestos a cavilar sobre el tema, ¿qué pasa cuando la respuesta va dirigida a uno 
mismo, que nunca se sabe bien si se es amigo o enemigo?. Por eso estas líneas están 
encabezadas por un fragmento de la conocida poesía de Lope de Vega, de nuestro "siglo del 
oro" literario, A mis soledades voy, para comprobar que, a veces, no bastan los pensamientos. 
Para reflexionar sobre ello tomaremos como referencia lo que sostienen los neurólogos y 
expertos psicólogos de que la respuesta del cerebro, lo que procesa, es distinto 
(¿complementario?) ante lo que se piensa que ante lo que entra por el oído.   
 
 
Hablar con uno mismo evidencia un alto funcionamiento cognitivo de la persona y le permite 
centrarse mejor en lo que hace. En un experimento realizado en la prestigiosa Universidad de 
Bangor, Gales, Reino Unido, por los neuropsicólogos Paloma Mari-Beffa y Alexander Kirkham 
se determinó que hablar con uno mismo desarrolla el monólogo interior lo cual permite 
perfeccionar los pensamientos, emociones y la memoria, lo que a su vez contribuye a 
planificar las acciones que llega a tener el ser humano. La mecánica del experimento fue que 
se le dieron a 28 participantes voluntarios determinadas instrucciones escritas y se les pidió 
que las leyeran a su elección, en silencio o en voz alta. Midieron la concentración y 
rendimiento en las tareas a hacer relacionadas, y ambos aspectos mejoraron en gran parte 
cuando fueron leídas en voz alta. El beneficio parece provenir de simplemente oírse a sí 
mismo, porque órdenes de ejecución auditivas parecen ser mejores controladores de 
comportamiento que las escritas. Así se explica por ejemplo, cuando jugadores de tenis se 
hablan a sí mismos durante la etapa crucial de un juego, expresando: “¡Vamos!” en voz alta, 
lo que les proporciona mejor control cognitivo y concentración.

A la vez, sin embargo, en un estudio fascinante1, los investigadores descubrieron que el 
cerebro humano puede funcionar como el de los monos si dejamos de hablar (con sentido) 
con nosotros mismos, ya sea en voz alta o interiormente. En el experimento, los expertos 
pidieron a los participantes que repitieran en voz alta sonidos sin sentido (tales como «bla, 
bla, bla») mientras llevaban a cabo tareas visuales y auditivas. Debido a que el cerebro nos 
impide realizar dos actividades al mismo tiempo (aunque esto sea objeto de numerosas 
bromas), murmurar estos sonidos hizo que los participantes no fueran capaces de decirse a sí 
mismos qué tenían que hacer en cada tarea. En estas circunstancias, los humanos se 
comportaron como los monos, activando de manera separada las áreas visuales y auditivas 
del cerebro para resolver cada tarea.

Paralelamente, el psicólogo suizo Jean Piaget, considerado el padre de la epistemología2, ya 
había observado cómo los niños van controlando mejor sus acciones tan pronto como 
empiezan a desarrollar el lenguaje. “Al acercarse a una superficie caliente, el niño dirá 
‘caliente, caliente’ en voz alta y comenzará a alejarse. Este tipo de comportamiento puede 
continuar en la edad adulta”, es decir que al hablar en voz alta un adulto, en lugar de ser un 
enfermo mental, lo puede hacer intelectualmente más competente. Según eso, “El estereotipo 
del científico loco hablando solo, perdido en su propio mundo interior, podría reflejar la realidad 
de un genio que utiliza todos los medios a su alcance para aumentar su capacidad cerebral”, 
señaló.  
 
 
Nuestros estados de ánimo están siempre ahí, cómo un ruido de fondo. Conviene que nos 
paremos de vez en cuando para escucharlos, para sentirlos. Es importante que los 
identifiquemos, que les pongamos nombre: (“me siento tenso, triste, enfadado, 
desesperanzado…”). Al principio, si no estamos entrenados, nos costará focalizar la atención 
en nuestro interior. Estamos acostumbrados a “tapar” nuestras sensaciones. Escucharse a si 
mismo significa conocerse, experimentar el misterio de lo que realmente se es. Supone un 
cierto dominio de los estados anímicos, de los pensamientos, deseos, sentimientos, 
aspiraciones y motivaciones.

Cuando te vuelves capaz de escucharte a ti mismo y entrenes a decir lo que piensas, tras 
cribarlo, en voz alta, para que el cerebro lo oiga desde fuera,  se hace posible la apertura al 
otro, su comprensión, su aceptación. Al tiempo que sepas escucharte bien a ti mismo, 
comprenderás un poco más a los demás, empezarás a ponerte en el lugar del otro, empezarás 
a comprender cómo se siente, todo ello, solo por el simple hecho de que te sabes escuchar 
de forma correcta.

Aprender a escucharse a uno mismo es el primer paso para identificar qué nos decimos, 
pero no es un proceso necesariamente fácil. Es cierto que no dejamos de hablarnos, de 
darnos mensajes, es cierto que nuestro diálogo interior es permanente, pero ¿Cómo 
podemos tener consciencia de nuestra voz interna, si para empezar, no sabemos 
escucharnos a nosotros mismos?. Tomar consciencia de nuestro diálogo interior es la base 
del cambio en nuestra comunicación, y hacerlo es algo que podemos hacer practicando. 
Pero para oírse desde fuera a uno mismo hay que partir de la base de que se habla en voz 
alta. ¿Hablar a uno mismo en voz alta? ¿Acaso eso no significa que estás mal de la azotea? 
¿Qué te estás volviendo loco? No, en absoluto. Esta práctica incluso puede resultar 
beneficiosa, como confirman los estudios de prestigiosos neuropsiquiatras, si se sabe cómo 
realizarla.  
 
 
La mayoría de los estudios al respecto suelen centrarse en niños pequeños, ya que hablar 
solos forma parte de su desarrollo normal. Los niños piensan más en voz alta que los adultos 
-esto seguramente no hace falta que ningún estudio nos los diga-. Cuando un niño aprende 
a hacer cosas, generalmente las narra en voz alta, y también se habla a sí mismo cuando 
tiene éxito o algo le parece muy difícil. Es quizás por esto que a muchos les parece que los 
niños nunca se callan. Al crecer, comenzamos a internalizar ese discurso y lo convertimos 
en pensamientos. Sin embargo, mantener todo dentro de nuestra cabeza y no decirlo en voz 
alta no es la mejor manera de aprender. Cuando hablamos con nosotros mismos nuestros 
procesos cognitivos mejoran significativamente. Seguramente alguna vez has encontrado 
que hablar solo te ayuda a recordar mejor algo, a tener más ideas, a concentrarte mejor en 
una tarea y hasta a convencerte de que puedes lograr algo.

Antes de continuar estas reflexiones conviene aclarar que en ciertas ocasiones, hablar uno 
solo, efectivamente, puede ser un signo de enfermedad mental (junto a otros indicadores, 
claro está), pero en dichos casos, el sujeto suele, además, escuchar voces a las que 
contesta. En otras palabras, la persona, por lo general, no dialoga consigo misma, sino que 
lo hace con un interlocutor que él considera real, pero que realmente no existe. Asimismo, 
estos mensajes suelen ser incomprensibles o bien presentan poca lógica.

Si nos ceñimos al hecho de hablar con uno mismo como muestra de la externalización de 
ese consciente y necesario diálogo interior, el fenómeno tiene ventajas evidentes:

Mejora la memoria ("Es más fácil recordar algo que dijimos, que algo que solo pensamos").- 
Cuando estudiamos en voz alta tendemos a recordar mucho más lo estudiado; cuando 
repetimos las palabras en voz alta el proceso para internalizar la información parece ser más 
efectivo (algunos estudios han observado el efecto separando grupos de personas que leen 
en silencio y otros que leen en voz alta, y las palabras que se leyeron en alto fueron mucho 
mejor recordadas que las demás. Este efecto no tiene simplemente que ver con el sonido al 
hablar, sino que al traducir el discurso en palabras habladas, el cerebro tendrá no solo la 
información de escucharlas sino de producirlas, lo que hace más intenso y distintivo el 
recuerdo de aquello que se dijo en voz alta. Es decir, no solo se recuerda lo que se leyó, 
sino a uno mismo diciendo las palabras en voz alta y escuchándolas)

Mejora la concentración.- Si se habla con uno mismo y además se dan instrucciones en 
voz alta, la capacidad de concentración mejora y ayuda a evitar distracciones, haciendo más 
sencillo el proceso de toma de decisiones cuando se es capaz de visualizar lass opciones al 
repetir las palabras y escucharlas.

No es de locos, es de mentes sanas.- Hablar solo en voz alta puede ser estigmatizante; ya 
hemos apuntado que mucha gente lo asocia con estar loco y con la esquizofrenia, en cuyo 
caso sería sólo un síntoma entre muchos otros, que juntos hacen el diagnostico de una 
patología psiquiátrica que, por cierto, es tratable.  
 
 
Hablar contigo mismo es excelente para mantener una mente sana, puede hacer que alivie 
la soledad que sientes cuando pasas días sin compartir tiempo con alguien más, y hasta 
puede hacerte más inteligente cuando hablas contigo mismo en voz alta de forma positiva. 
En especial, cuando necesitas tomar decisiones importantes.

Hablar con uno mismo en voz alta no solo alivia la sensación de soledad, sino que también 
permite desahogarse y ordenar las ideas; muy simple: ayuda a aclarar los pensamientos, a 
tomar decisiones o a reafirmar las que ya se han tomado.

En la práctica, según los neuropsicólogos que han estudiado el tema, existen cuatro 
modalidades para hablar con uno mismo que ayudan a sentirse mucho mejor:

1. Pensar sobre tus opciones en voz alta.- Esto es útil, especialmente si te está costando 
tomar alguna decisión, cuando te encuentras en una encrucijada y te resulta difícil el proceso 
de elección. Si puedes escuchar lo que piensas, pondrás tus ideas en orden fácilmente, 
podrás ver con más claridad las alternativas posibles y podrás tomar la decisión que te haga 
sentir mejor.

2. Motivarte.- Es una buena manera para alentarte a hacer cosas que tal vez no tienes 
muchas ganas de hacer, pero que son necesarias. Puedes decirte (y oírlo), por ejemplo, 
Buenos días, Hoy es un día magnífico para aprovecharlo en ordenar la casa”. También 
«Hola, hoy sin falta tienes que ponerte al día con el papeleo, antes de que multen”. 
Igualmente, del tipo «¡Ánimo! Puedes hacer eso porque te has preparado para este 
momento y saldrá bien». 

3. Felicitarte.- ¿Por qué esperar cumplidos de los demás? Si te los mereces, siempre 
puedes brindártelos tú mismo. Además, la mayoría de las personas no son conscientes o ni 
siquiera caen en los pequeños logros que van alcanzando. Por ejemplo, cuando pasan ante 
la pastelería sin comprar nada, porque han decidido bajar de peso, o cuando finalmente 
lograron terminar esa tarea que hace tanto tiempo querían finalizar y que les ha costado 
noches y noches en vela. ¿Acaso eso no se merece un “¡Buen trabajo!”? Claro que sí, los 
niños escuchan este tipo de cosas todo el tiempo, y los adultos casi nunca. ¡Corrijamos eso 
ahora!

4. Establecer objetivos.- Supongamos que estás tratando de planificar tus vacaciones. 
Establecer un objetivo y hacer un plan (dónde ir, cuándo ir, etc.) puede ser de gran ayuda. 
Claro que simplemente podrías hacer una lista con esas cosas, pero decirlo en voz alta 
puede ayudarte a concentrar tu atención, a reforzar el mensaje, a controlar tus emociones y 
a eliminar las distracciones.  
 
 
Hay que tener en cuenta, con todo, un detalle: hablar en voz alta a uno mismo solo es 
positivo y favorece cuando se hace con respeto y sensatez, sabiendo qué ayuda y qué no y 
practicando, por tanto, sólo aquello que beneficia, porque hay que saber que no siempre es 
bueno para uno (hacemos abstracción de lo que piense un tercero, testigo de ese discurso 
privado) ¿Cuándo es malo hablar solo?

Cuando hablas contigo mismo en voz alta para criticarte, es en ese entonces que deberías 
darte cuenta y detenerte. El discurso privado negativo, como cuando gritas "¡Soy un idiota  
por no haber visto...!" no es nada bueno para ti. Cuando hables solo, trata de conversar 
contigo mismo como si fueses tu propio mejor amigo, di cosas que te ayuden a pensar que 
todo estará mejor, y visualiza como puedes lograr tus metas mientras lo traduces en palabras 
que escuches. Decirte a ti mismo en voz alta que eres estúpido tiene un efecto tanto o más 
negativo que cuando otra persona te lo dice. El discurso privado es poderoso y se queda 
clavado en tu mente, por eso es importante usarlo siempre de forma positiva. Se amable 
contigo mismo como serías con otros.

Lamentablemente, hay personas que constantemente, a sí mismas y a su entorno, se 
reprochan cosas y se tratan mal a sí mismas alimentando la creación y mantenimiento de un 
estado de ánimo siempre negativo. Se dicen cosas “inocuas” (con la mejor voluntad, por 
descontado) tales como: “Debiste haberte dado cuenta antes de eso” o “Deberías haber 
hecho/dicho eso de esta manera tal o cual cosa” contribuyendo a crear un ambiente 
difícilmente armónico. Suele ser el mismo perfil que habla en voz alta sólo de lo que le 
provoca crítica o rechazo (¿para apuntalar su opinión al oír otro rechazo?) y nunca de lo que 
le satisface o agrada. Hablarte de esta manera es peor que el silencio total. De modo que si 
éste es tu estilo, haz el esfuerzo para dejar de hablarte así inmediatamente. Dirígete a ti 
mismo como si fueras tu mejor amigo, pues lo eres. Perdónate, repétate, entiéndete y confia 
en ti mismo. 
 
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1Con un título no menos fascinante: Domain-specific distribution of working memory processes along human prefrontal and parietal cortices: a functional magnetic resonance imaging study (Distribución específica del dominio de los procesos de memoria de trabajo a lo largo de las cortezas prefrontales y parietales humanas: un estudio de resonancia magnética funcional), publicado en el número 297 de la revista Neuroscience Letters, el 5 de enero de 2001.

2Jean William Fritz Piaget (1896-1980) fue un psicólogo y biólogo reconocido por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de habilidades y la inteligencia. Se conoce como epistemología genética la generación de nuevos atributos fruto del desarrollo de funciones establecidas genéticamente, que solo requieren de estimulación o ejercitación.

domingo, 2 de febrero de 2020

Educación y futuro

Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn Sa'd (1883 - 1931) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista 
libanés residente en Estados Unidos, más conocido por la transcripción inglesa del original 
árabe de su nombre: Khalil Gibran; en España también es usual referirse a él como Yibrán 
Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán. 

Gibran nació en una familia cristiana maronita y se educó en escuelas maronitas con influjos 
del islam, y especialmente del misticismo sufí. Su conocimiento de la historia de su país, con 
sus destructivas luchas intestinales, fortaleció su creencia en la unidad fundamental de las 
ideologías y los pensamientos, que sus padres le inculcaron acogiendo en su hogar en 
épocas difíciles a personas de distintas religiones. No era en absoluto un político, y solía 
decir: “no soy político ni deseo serlo” y “me alejo de los acontecimientos políticos y las luchas 
de poder, pues toda la tierra es mi patria y todos los hombres son mis compatriotas”. Sin 
embargo, era nacionalista, y desde un punto de vista geográfico, no político, reivindicó el 
árabe como lenguaje nacional de Siria. Cuando Gibran conoció al teólogo persa Abdul-Bahá 
(fundador del bahaísmo, religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de su profeta 
y fundador, a quien consideran la Manifestación de Dios para la época actual), quien había 
viajado a los Estados Unidos en parte para promover la paz, admiró sus enseñanzas sobre 
la paz, pero le advirtió no obstante que “las naciones jóvenes como la suya” deben ser 
liberadas. 

A Gibran se debe una de las mejores definiciones/reflexiones sobre los hijos, resumida en el 
poema Tus hijos no son tus hijos, alguno de cuyos fragmentos reproducimos aquí:Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti sino a través de ti
y aunque siempre estén contigo
no te pertenecen..
Puedes esforzarte en ser como ellos
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
no se detiene en el ayer.
… “ 
  
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Estatua de Gibran en el Gibran Museum de Bcharre (Líbano)
 
Con esto de los hijos, hace pocos días se produjo un nuevo capítulo de la interminable 
zapatiesta mediática entre Gobierno y oposición, esta vez con el trasfondo o excusa de los 
hijos y el derecho (¿de posesión?) sobre ellos, la educación, etc, cosas que, en definitiva, 
deberían estar al margen, y por encima, de la lucha partidista, pues con ellas se dirime el 
futuro de todos. Y tiene su guasa que este rifirrafe coincidiera con el 24 de enero, Día 
Internacional de la Educación, instaurado en esa fecha de cada año el 3 de diciembre de 
2018 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas dentro de la 
Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Todo esto viene a cuento de que en la Comunidad Autónoma de Murcia, la formación política 
Vox propone aplicar el llamado “Pin Parental1” en los centros educativos, lo que ha dividido a 
la esfera política entre quienes critican que se trata de una medida contra los derechos de 
los menores y quienes defienden que los padres deben tener libertad para elegir los 
contenidos ideológicos que reciben sus hijos. También ha generado malestar entre 
asociaciones LGTBI, feministas y sindicatos de estudiantes.

Ante ello, el Gobierno envió un requerimiento al gobierno de Murcia para que retirase la 
medida y anunció que recurriría "cualquier intento de vulnerar el derecho de los menores a 
recibir educación integral" y, por boca de la ministra de Educación en ese contexto, "No 
hablamos de actividades voluntarias (...) sino de actividades complementarias que 
configuran un currículum básico" que son "de obligado cumplimiento. (El Pin) vulnera el 
derecho fundamental a la educación, que pertenece a cada persona desde su nacimiento.  
No podemos pensar que los hijos pertenecen a los padres»". Y ahí fue Troya; todas las 
formaciones anti-Gobierno, estuvieran o no en el fondo con la aplicación del Pin Parental, 
salieron airadas y en tromba defendiéndolo y aferrándose como a un clavo ardiendo a la 
frasecita de marras, y el Jefe de la Oposición publicó un mensaje con un argumento que 
hizo fortuna entre los suyos: «Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este 
Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros 
niños. Saquen sus manos de nuestras familias». Nadie o casi nadie hablaba ya de educación 
sino de los hijos considerados como una posesión, alejados de la definición de Gibran, o de 
la de los hijos como préstamo según la cita apócrifa de Saramago, o del sentido de 
responsabilidad de los padres en su futuro como personas,…, y todo se resumió en el uso 
de la educación (y de los niños, no lo olvidemos) como herramienta política entre partidos. 
 
 
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Contradiciendo la teoría de que la ciencia política, ordenada al bien común, constituye una 
rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad 
libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia 
colectiva, algunas personas cuyo modus vivendi es el que entre todos les paguemos el 
sueldo diciéndonos que son políticos, se dedican sólo a sembrar odio y crispación (¿es eso 
su “bien común”?) cuando algunos temas sensibles como éste de la educación se llevan al 
terreno político. Es lo que pasó recientemente con el cabeza de lista del partido defensor de 
la aplicación del Pin Parental que, airado contra el Gobierno (como siempre, por otra parte, 
en su imagen habitual), invoca la constitucionalidad de su propuesta con el siguiente 
mensaje (ampliamente reproducido por sus seguidores) que aparentemente se remite a la 
Constitución y que reproducimos respetando sus palabras destacadas en negrita o 
subrayadas (subrayado en rojo en el original):

 Artículo 27
 Todos tienen el derecho a la educación. Los poderes públicos garantizan el derecho 
que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de 
acuerdo con sus propias convicciones. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

El problema es que citar este (u otro) artículo de una norma legal mutilado a capricho huele 
a voluntad de engañar o manipular (o ambas) a seguidores exaltados influenciables que, a lo 
sumo, sólo leen los titulares que les suministran, sin profundizar en su veracidad y se 
“olvida” que, como nos recuerda el filósofo y ensayista García del Muro, la auténtica 
democracia es incompatible con la mentira. Y así vamos, porque la letra y el espíritu de la 
totalidad de ese artículo 27 va en sentido contrario de lo que se pretende con el fragmento 
seleccionado y montado. Dice, y que cada cual saque sus conclusiones, atendiendo 
especialmente a 27.2 y 27.6:

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Artículo 27

1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

4. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales.

7. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca.

8. Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

10. Se reconoce la autonomía de las Universidades, en los términos que la ley establezca.

La educación (palabra que procede del latín ēducātiō -"crianza"- y su homónimo ēdūcō -"Llevo adelante, guío"-) es el proceso de facilitar el aprendizaje o la adquisición de conocimientos, así como habilidades, valores, creencias y hábitos que se da a través de diversas herramientas pedagógicas como el debate, la narración de cuentos, la discusión, la enseñanza, la investigación, el ejemplo y la formación en general. La educación tiene un origen social, pues comenzó históricamente cuando los adultos entrenaban a los jóvenes en el conocimiento y habilidades consideradas necesarias en su sociedad, por lo que no parece excesivo afirmar que educar es enseñar y aprender a vivir en sociedad ya que la educación supone una interacción entre las personas que intervienen enseñando y aprendiendo simultáneamente, en un juego de relaciones personales que le confieren una dinámica particular a este proceso. 
 
Esto no debe interpretarse, ni mucho menos, como que, al ser su finalidad eminentemente social, toda la responsabilidad recaiga en los Poderes Públicos, pero eso sí, para conseguir el objetivo final de pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales, como dice nuestra Constitución, los Poderes Públicos y las familias han de ir muy de la mano, de forma que los padres por un lado y los docentes por otro deben exigirse día a día por complementarse más y trabajar en comunión, para alcanzar el objetivo primordial de definir una sociedad y entregar a ésta, hombres y mujeres responsables, útiles, con valores y organizados, que sean capaces de aportar y no sean una tara en el futuro.
El gran reto, pues, es saber qué sociedad, y por ende, qué clase de ciudadano se quiere para el futuro, con la mirada puesta, no en lo que convenga electoralmente a uno u otro partido sino, pensando y asumiendo la realidad democrática de la posibilidad de alternancia de partidos en el Poder, trabajar en un modelo consensuado que pueda dar respuesta a los crecientes retos de la sociedad (insistimos, no de los partidos) y, de la mano de profesionales (no de políticos), se elaboren ciclos educativos de larga duración, no sometidos a cambios cada vez que varía el color del gobierno.

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En este contexto, la transmisión de valores parece darse en forma principal a través de la familia siendo entonces el clima familiar con todos sus componentes socioafectivos lo que da sentido a los valores, sin descuidar que hay otros agentes que intervienen en la transmisión de valores: los medios de comunicación social, las instituciones educativas, etc. Convivir, aprender normas de conducta, comportamientos y otra serie de actos sociales son más fáciles de aprender dentro de la familia, aunque no debemos olvidar el papel de otras instituciones como la escuela que ayudan a reforzar todos estos valores y muchas veces introducen otros nuevos.

No es menor este aspecto ya que, si tras profundo y sereno debate se llega a la conclusión de que la sociedad, cualquiera que sea su forma de gobierno, sea una democracia plena (ojo, no otra cosa a la que se le pone esa etiqueta pero que no pasa de ser un juego aritmético de mayorías, eso sí, votado cada X años) fundamentada en el debate de ideas y en el diálogo y no en la represión e imposición, y por lo tanto en el respeto de personas e ideas diferentes, la educación debe ser coherente con ese objetivo.

Eso obliga a ser muy cuidadoso y responsable en el ámbito familiar con los valores que se transmiten porque ellos forman parte importante de la educación. A modo de ejemplo, si en casa se transmite sin matices cosas como que mi religión es la única verdadera, o que el sitio de la mujer es la cocina, o que el equipo de fútbol al que sigo es el mejor del mundo, o incluso que mi pueblo es el más bonito del mundo… sin enseñar que otros millones de personas pueden tener idénticos sentimientos respecto de lo suyo, y que eso, no solamente no es malo, sino que es lo deseable para enriquecerse con la diferencia en aras de una convivencia sana, se está educando en la intolerancia, no en el respeto ni, políticamente, en la democracia buscada.

Si pasara esa circunstancia, aparte de que serían necesarias toneladas de pedagogía social y de sentido común a todos los niveles, ¿podrían intervenir los Poderes Públicos para encauzarlo?, ¿sería intromisión?, que los padres pretendan educar a las generaciones del futuro con directrices anti-convivencia y de menosprecio ante diferencias o minorías ¿de verdad es un derecho?.. Pues depende de si el sistema, llámesele como se quiera, contempla o no el debate y el diálogo o se basa en la imposición.



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1“Pin parental” es el término acuñado por Vox para definir "una solicitud que va dirigida a los directores de los centros educativos" para informar a los padres "a través de una autorización expresa" sobre "cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad" de los menores. Con ello, pretenden limitar la capacidad de los alumnos de asistir a charlas y talleres sobre la identidad de género, el feminismo o la diversidad LGTBI, únicamente en el caso de que los progenitores den consentimiento para ello. La medida no ha pasado desapercibida después de otra petición realizada el año pasado para identificar con nombre y apellidos a quienes, amparados por las leyes LGTB, imparten cursos y talleres en materia de igualdad, respeto y contra el acoso escolar a este colectivo en colegios e institutos.

sábado, 1 de febrero de 2020

¿Brexit vs. regrexit?

Consumatum est.

Europa es ya, a partir de hoy, un poco más pequeña. En algo que ya ordenaba el referéndum 
de 2016, el Reino Unido ha dejado de pertenecer a la Unión Europea,en virtud del resultado de 
esa consulta pública llamada Brexit (Britain+Exit, Bretaña+Salida) si bien a partir de hoy 
comenzarán once meses de transición, hasta el 31 de diciembre de este año, en el que 
ambas partes negociarán cómo será su futura relación, aún no definida tras más de tres años 
de negociaciones. Es decir (aviso de navegantes): primero se votan los deseos, a los que 
después, con tiempo, se les da forma. 
 
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Arriando la bandera del Reino Unido en las instituciones europeas.

No es momento, ahora, ni lugar, aquí, de extenderse en consideraciones sobre el Brexit que, 
por otra parte, sigue generando ríos de tinta, y que refleja grandes dudas internas sin resolver 
y con importantes escollos (Escocia, Irlanda del Norte, el creciente sentimiento 
independentista o proeuropeo de Gales, Gibraltar en lo que a nosotros respecta, etc.) pero 
nos permitiremos alguna reflexión sobre temas, seguramente, menores.

El referéndum tuvo lugar el 23 de junio de 2016 y en la votación, un 48,1% de los británicos 
votó a favor de quedarse en el bloque europeo, pero un 51,8% se pronunció a favor de 
abandonar la UE, y el país y sus habitantes, en una muestra de madurez democrática (no 
exenta de controversias en el proceso, particularmente alrededor de que los votantes se 
sentían engañados con lo que iban sabiendo tras la consulta) aceptó el resultado de las urnas 
y empezó a trabajar para darle forma.

Hay que recordar que ya en 1975, dos años después de su incorporación a lo que entonces 
era Europa, la Comunidad Económica Europea, el Reino Unido celebró un primer referéndum 
para su permanencia o no en ella, en el que se obtuvo un claro resultado, del 67 %, a favor 
de la permanencia. Pero los británicos nunca se han considerado europeos (conducen por la 
izquierda, mantienen su moneda, geográficamente están separados,… ) lo que, para algunos 
partidarios del Brexit, era fácil convertir su “amor a lo suyo” en arma arrojadiza que justificara 
el rechazo a otras cosas de más calado, como que la pertenencia a la Unión Europea implica 
la aceptación de las llamadas "cuatro libertades fundamentales": la libre circulación de 
trabajadores, mercancías, servicios y capitales. Y el principal argumento de la campaña a 
favor de la salida fue que con el Brexit los británicos iban a "recuperar el control" sobre sus 
propios asuntos, en particular sobre sus fronteras, lo que permitiría un mejor control de la 
migración, verdadero “ogro” europeísta.  
 
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El affaire de los plátanos en el Brexit.

El papel de los medios fue fundamental (algún día, en este y otros casos, los medios de 
comunicación tendrán que rendir cuentas sobre sus falsedades, desinformación y 
manipulación para cambiar el sentido de la decisión y el voto de personas bienintencionadas) 
en la creación de un clima y un estado de ánimo colectivo favorable al Brexit con “noticias” 
incluso estrambóticas pero que, en su día fueron creídas a pie juntillas1. A todos los niveles, 
sin embargo, se crearon fake news; hasta el actual primer ministro, Boris Johnson, se 
enfrentó a la presentación de demandas por haber mentido sobre la Sanidad en campaña.

¿Y ahora qué? ¿Han cambiado de opinión los votantes británicos sobre el Brexit? 
¿”Regrexit2”? Porque más de 3 millones de votantes piden que se celebre un segundo 
referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Todo lo que se 
puede decir con certeza es que el país está dividido en dos tal como lo estaba en junio de 
2016 y que (más avisos de navegantes) la incertidumbre sobre el resultado de cualquier 
referéndum futuro se pone de relieve cuando miramos debajo del capó de las urnas ya que la 
razón por la cual la mayoría de las encuestas ahora muestran la opción de permanecer en la 
UE por delante de la del Brexit no se debe a que haya más votantes a favor del Brexit que 
hayan cambiado de opinión sino que la mayor parte del cambio de dirección del voto se debe 
al 28% que no votó en 2016 y que ahora es mucho más probable que votara a favor de 
permanecer, es decir, que las nuevas generaciones son más proeuropeas que sus mayores, 
lo que permite augurar un nuevo referéndum (favorable a la integración) en el plazo de una 
generación.

Apasionante todo y lleno de intriga, como un relato de la también inglesa Agatha Christie, en 
esta historia de amor y desamor desde los tiempos de Winston Churchill, ¿Cómo seguirá? 
¿O se ha acabado definitivamente así? El tiempo lo dirá. 
 
 
 

 
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1Un diario sensacionalista, por ejemplo, llegó a publicar en su portada que la UE planeaba prohibir el consumo de plátanos con forma curvada, como eran habituales en el Reino Unido, y pretendía imponer únicamente los de forma recta. Resulta chusco, ¿verdad? Pues el asunto creció y la UE se vio obligada a emitir un comunicado negándolo.

2Término acuñado, al parecer, por la BBC y usado hoy con profusión por los analistas.

domingo, 26 de enero de 2020

El duelo, el luto y la filosofía.

La filosofía, la ética y esas cosillas no son meras asignaturas del curriculum académico y, 
como tales, susceptibles de poner y quitar alegremente de los planes de estudio según los 
gobernantes de turno se exhiban más o menos ignaros. Por pudor no nos referiremos a la 
ética y su clamorosa ausencia a la mayoría de niveles y en numerosos ámbitos, y en cuanto 
a la filosofía, recordar que, a grosso modo, es la ciencia que nos invita a pensar, ya que tiene 
como fin intentar responder a esos grandes interrogantes que cautivan al hombre (como por 
ejemplo el origen del universo, el origen del hombre,... ) para alcanzar el conocimiento. Por 
extensión, para cualquier cuestión, la filosofía nos enseña a poner en marcha un análisis 
coherente, así como racional para alcanzar un planteamiento correcto y una respuesta 
adecuada. Claro, que si algunos Poderes Públicos lo que hacen es abogar por eliminar de 
nosotros esa nefasta manía de pensar…1 
 
Imagen relacionada
Raffaello Sanzio - La escuela de Atenas (en el centro, Aristóteles y Platón)
 
Ya puestos, la filosofía (esa manía de pensar) es, lógicamente, tan antigua como la 
humanidad, pero, tal como la conocemos hoy, como “amor a la sabiduría”, que ese es el 
significado etimológico del vocablo, tiene sus orígenes en la Grecia del siglo VII antes de 
Cristo, y un filósofo es (pese a la coloquial carga negativa que a veces se le asigna a la 
expresión), simplemente, una persona corriente que busca el saber por el saber mismo; su 
motivación suele ser la curiosidad, que lo lleva a indagar acerca de los principios sobre la 
realidad y existencia humana. Luego, eso de “filosofar” es una condición característica del 
ser humano que no se refiere a un saber en concreto, sino que es una actitud natural y 
esperable del hombre en relación al universo, a su entorno y a sí mismo. El acto de filosofar 
se nutre de experiencias del contacto con el mundo que nos rodea (ya sea la vida, las 
personas, la naturaleza) para obtener respuestas a sus interrogantes.

Mal que les pese a algunos (malos) políticos, la filosofía occidental (por no hablar de la 
oriental) ha tenido una profunda influencia y a su vez se ha visto profundamente influida por 
la ciencia, el lenguaje, la naturaleza, la religión o la política, como demuestra que muchos 
filósofos importantes fueron a la vez grandes científicos, teólogos o políticos y algunas 
nociones fundamentales de estas disciplinas todavía son objeto de estudio filosófico. Por 
ejemplo, y sin meternos más en camisa de once varas, podemos encontrarnos con una 
filosofía del ser, que incluye a la metafísica, la ontología y la cosmología (entre tantas otras 
disciplinas) y, a su vez, podemos encontrarnos con una filosofía del conocimiento que 
comprende a la lógica y la epistemología. También, existe la filosofía del obrar que se ve 
inmensamente relacionada con cuestiones morales tales como la ética. 

Como es fácilmente comprensible, no hay un camino o secuencia única para estas 
cavilaciones, dependiendo, en último extremo, de la persona que lo transita y del objetivo 
que se busca; formalmente, los métodos más conocidos en la filosofía occidental son el 
razonamiento de pros y contras de una proposición, el experimento mental basado en la 
imaginación, la especulación, el descubrimiento del conocimiento a través de preguntas, la 
duda metódica  cartesiana y otros. Y no es inhabitual que con cualquiera de ellos se apliquen 
criterios o doctrinas diferentes, e incluso opuestas, para abordar una situación o idea. Algo 
de eso pasa en la estructura de las reflexiones de estas líneas.

A lo largo de nuestras vidas tenemos que enfrentarnos a situaciones bonitas, feas, tristes, 
alegres, agobiantes, relajantes y un largo etcétera que se reflejan en sentimientos que 
tenemos que aprender a gestionar, y si admitimos la verdad incuestionable de que la muerte 
forma parte de la vida, en un momento u otro, todas las personas tenemos que enfrentarnos 
en algún momento de nuestra vida a la muerte de un ser querido y pasar el proceso y período 
de duelo. Desde el punto de vista de la filosofía, la muerte debe encuadrarse dentro del 
objetivismo, es decir, que es algo que ocurre con independencia de quién y cómo piense 
sobre el hecho en sí. 
 
Resultado de imagen de escher manos
Maurits Corneli Escher - Mano con esfera reflejante.

Sin embargo, el cómo se reacciona ante ella cae en el campo del relativismo, concepto 
empleado en filosofía para nombrar la manera de entender la realidad en que ésta no tiene 
una base permanente sino que se basa en los vínculos que existen entre los fenómenos, o 
sea, la verdad siempre está relacionada al sujeto que la piensa. No existen verdades 
objetivas ni que sean universales. A partir de esta idea, el relativismo aparece en diferentes 
ámbitos de la ciencia y del pensamiento2.

Cuándo muere un ser querido tenemos que pasar por un periodo de ansiedad, miedo, 
tristeza y dolor en el que nos haremos mil preguntas de las que la más frecuente suele ser  
¿Cómo voy a superar YO su pérdida? ¿Cuánto tiempo voy a tardar en ello?, y hasta el 
momento en el que consigamos superar esa pérdida estaremos inmersos en el duelo. 
Hacernos a la idea de que no vamos a ver más a una persona el resto de nuestras vidas 
puede provocarnos un trauma para el que hemos de estar preparados. Lo cierto es que 
cuesta hacer frente a la muerte de un ser querido y, por lo tanto, vamos a tener que pasar 
por un periodo que llamaremos de duelo hasta que consigamos superar esta situación.  

Como todo proceso, el duelo tiene su tiempo. Cada persona es un mundo y cada uno 
necesitamos un proceso para superar esta tristeza (por llamarla de alguna forma) que nos 
invade. Por norma general, si no se trata de una muerte traumática, la persona comienza a 
sentir un pequeño cambio de este agudo sentimiento a los meses de la muerte del ser 
querido. Pero esto no significa que lo hayamos superado y vayamos a estar bien; sólo será 
el principio de esta superación del duelo. Pasados unos meses, se espacia la vuelta de esa 
sensación de tristeza, ansiedad, presión en el pecho. Incluso hay veces que creemos que ya 
ha pasado tiempo suficiente porque empezamos a sentirnos mejor, creemos haber dominado 
el florecimiento de esos sentimientos dolorosos y de repente volvemos a pasar una mala 
racha. Esto es muy normal. 

Otro hito importante cuando se trata de un duelo es cuando se presentan algunas fechas 
señaladas o aniversarios en las que sintamos un poco más de tristeza porque la muerte de 
un ser querido no hay tiempo que la cure (Navidad, cumpleaños, fechas importantes 
compartidas, día de la madre, día del padre, y sabemos cómo es echar de menos a esa 
persona. Superarla no quiere decir ni mucho menos que dejemos de sentir dolor, pero va a 
ser mucho más fácil que nuestra mente se sienta un poco más aliviada). Tenemos que 
aprender a vivir de nuevo sin esa persona, pero siempre la tendremos muy presente.  
 
M. C. Escher - Banda sin fin.

Y el luto es “la ex­presión cultural del duelo”, con dos funciones básicas, una de cara a los 
demás, como es mostrar tu estado de ánimo, y otra hacia uno mismo, recordarnos el 
momento por el que estamos pasando. El luto ha estado estrictamente reglamentado en 
prácticamente todas las sociedades, como parte inseparable de los ritos de la muerte con 
normas distintas en cada momento y lugar, que también dependían del grado de parentesco 
con el difunto. El color blanco fue, por mucho que nos pueda sorprender ahora, el más 
utilizado en el luto a partir del siglo II y el de las cortes de Francia y España hasta el siglo XV. 
Con reglamentos o sin ellos, el siglo pasado aún fue, al menos hasta los años sesenta-setenta, 
una época muy negra en la que los periodos de duelo estaban perfectamente establecidos 
en nuestro país: por viudedad, dos años3 y seis meses de alivio de luto4; por la pérdida de 
un hijo, otros dos años más seis meses de alivio; por padre o madre, un año y seis meses de 
alivio; por los abuelos o los hermanos, seis meses; por tíos o primos, etc.

Con luto exterior o sin él, hay algunos factores que pueden suponer que el duelo sea más 
largo o más corto, como:
- La relación con la persona fallecida. Cuánto más cercana la relación, más largo será el 
tiempo del duelo. 
- El trauma que haya supuesto la pérdida. No es lo mismo que muera una persona que 
estaba enferma y sabíamos que iba a morir, que una en un accidente repentino. 
- Los asuntos pendientes (incluyendo, claro está, los emocionales) con esa persona. Los 
asuntos que no hubiéramos resuelto con la persona que ha fallecido pueden ser 
determinantes a la hora de superar su muerte, porque ese desfase puede taladrarnos 
durante mucho tiempo. 
- La voluntad para superar el duelo, que va a ser crucial. 

Pero el dolor emocional persiste en el tiempo y no parece acabar nunca. Es un duelo de 
duración excesiva que nunca llega a una conclusión satisfactoria, que se arrastra durante 
años. Las reacciones en los aniversarios o en las “fechas señaladas”, que  son  muy intensas, 
se  producen  incluso  varios  años  después  de  la  pérdida.  El  superviviente es  absorbido 
por constantes recuerdos y es incapaz de reinsertarse de nuevo en el tejido social. Los 
psicólogos proponen entonces el Olvidar recordando, invertir  la  energía emotiva  en  otras 
personas  y  relaciones. Por supuesto, el trabajo en esta etapa no va orientado a olvidar al 
ser querido sino a encontrarle un sitio en la vida emocional del superviviente que no 
entorpezca su funcionamiento eficaz. Uno nunca pierde los recuerdos de una relación 
significativa. Con la muerte de una persona no se ha perdido definitivamente el objeto amado. 
Se puede recuperar de otra forma, sin la necesidad de su presencia física, mediante la 
incorporación psicológica de los aspectos buenos de la persona perdida, a través del 
recuerdo y del afecto. Es encontrar un sitio para esa persona dentro de la nueva realidad. 
 
 
 
El proceso de duelo es una experiencia, no sólo íntima, sino que en realidad está tan 
reprimida socialmente en nuestra cultura occidental, que pese a ser tan común suele ser 
novedosa y desconocida, porque casi nunca se confía a nadie por completo. Y eso es así 
porque en el entorno, durante el proceso, emerge con gran intensidad un pensamiento 
mágico que únicamente trata de “re-ubicarte” en el mundo, al darle una nueva comprensión 
de los hechos. Paradójicamente, las personas en duelo se ven continuamente rodeadas por 
otras personas que viven “instaladas” en un pensamiento racional predominante, y que son 
incapaces de entender desde ese sistema de referencias, cuál es el mundo real de la 
persona en duelo.

Como conclusión (nunca definitiva ni única) a todo lo anterior, no puede olvidarse que uno 
no está solo en el mundo, por lo que no parece descabellado saber limitar el duelo al ámbito 
íntimo, sin exteriorizar ninguna expresión ni sentimiento que podrían influir en terceros, 
particularmente en aniversarios, cumpleaños y fechas señaladas. No es teoría ni aprensión, 
y si no, que se lo digan a los políticos, que arengan a sus huestes en las fechas de 
aniversario de la muerte de los suyos, especialmente si ésta fue violenta. No, el duelo es un 
conglomerado de sentimientos íntimo, con una duración indeterminada en cada caso 
(pueden solaparse sentires con distintos seres queridos fallecidos con mucha diferencia de 
tiempo) que se ha de aprender a gestionar sin ninguna exteriorización. ¿Es o no relativismo, 
filosofía pura en la vida real? 
 
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1Afortunadamente, la realidad parece ir por otros derroteros, a juzgar por el éxito de ventas hace unos años del libro Más Platón y menos prozac, de Lou Marinoff, que, con sencillez, nos acerca al pensamiento de grandes filósofos y demuestra que la filosofía puede ser una opción para lograr una vida más satisfactoria. Se trata, precisamente, de considerar la filosofía como una forma de vida más que como una disciplina, ya que, como dijo la malograda por el Alzheimer filósofa irlandesa Iris Mürdoch, “hacer filosofía es explorar el propio temperamento, pero al mismo tiempo, tratar de descubrir la verdad.
En esta línea de cosas, los ejecutivos de Silicon Valley buscan una filosofía que les permita aguantar y justificar la implacable presión de crear y dirigir empresas. En esta búsqueda, el estoicismo de Epicteto y Marco Aurelio ha encontrado nuevos valedores y seguidores para nuestro tiempo aunque ese estoicismo, representado por el eslogan El sufrimiento es el camino del éxito”, instaurado por el “apóstol” Ryan Holiday, discípulo del gurú de la década de los años noventa del pasado siglo Robert Greene, carece de la profundidad que tenían Cicerón, Séneca o Marco Aurelio y solamente interesa de él aquellas partes que nos permiten vivir mejor, optimizar nuestra vida y salud, y hacernos más felices sin poner en duda ni el sistema económico, laboral y político, ni la manera de trabajar ni la ética empresarial ni la desigualdad de la distribución de la riqueza que genera Silicon Valley, hasta el punto que el sesgo ideológico es muy claro y presente en Holiday. Los modelos de liderazgo propuestos son únicamente de la derecha, mientras que la izquierda es generalmente presentada como la antítesis del estoico. Se ha reducido en este caso lo que fue una de las escuelas filosóficas más importantes del mundo clásico a una optimización para vivir mejor. Como quien optimiza un software, el código de una aplicación, o el funcionamiento de una empresa, los ideólogos de Silicon Valley han resucitado el estoicismo para reducirlo a una expresión autojustificatoria de su estilo de vida y pensamiento político y social.
Pero por algo se empieza, por conocerlo...

2En honor a la verdad, hay que decir que tanto Sócrates como Platón se manifestaron totalmente en contra del relativismo. Lo hicieron porque consideraron que no sólo era un planteamiento absurdo sino también porque dificultaba sobremanera el poder llevar a cabo lo que es el conocimiento del mundo. Sin embargo, frente a ellos se encuentran los filósofos sofistas (término que ha evolucionado del original “el que enseña” al actual “el que usa argumentos falsos para llegar a la verdad”) que se considera que fueron los primeros pensadores en llevar a cabo el uso de determinados planteamientos relativistas.

3El luto siempre ha tenido género; los períodos “oficiales” se llevaban a rajatabla para las mujeres y con mucha elasticidad para los hombres y los períodos del luto y de exclusión social se aplicaban también rigurosamente a la novia del fallecido, cosa que no ocurría a la inversa. El extremo en el género de los ritos funerarios está, posiblemente, en la antigua cultura de la India donde, hasta su prohibición por los británicos en 1829, era una práctica aceptada que la viuda ardiera en la pira funeraria de su marido, ceremonia conocida como Sati, porque, se suponía, que en esta vida ya no iba a encontrar felicidad; también se consideraba que la unión matrimonial era perpetua, y que al arder juntos también podrían renacer en un mundo divino. Interesante, porque a la inversa no funcionaba y no se quemaba al viudo…
Pero el luto, de vuelta entre nosotros, incluso en épocas más recientes, no se limitaba sólo a la ropa y a los colores, sino también y muy especialmente a la vida social. La gran escritora Carmen Martín Gaite retrata perfectamente esas normas no escritas que mantuvieron años encerradas en sus casas a las mujeres de la España de la posguerra en su novela Entre visillos : “Elvira se levantó a echar las persianas y se acordó de que pasaría por lo menos año y medio sin ir al cine. Para marzo del año que viene, no, para el otro. Eran plazos consabidos, marcados automáticamente con anticipación y exactitud, como si se tratase del vencimiento de una letra. Con las medias grises, la primera película. Es lo que se llamaba alivio de luto”. Y que, insistimos en ello, se aplicaba básicamente a las mujeres, aunque la prohibición de asistir a bailes o festejos era extensiva todos los familiares del/la difunta, especialmente en el medio rural. Es en ese medio donde aún hoy se mantienen estas tradiciones, en parte porque estas poblaciones están muy envejecidas y se muestran más resistentes a los cambios.

4Las ropas se teñían de negro una vez pero luego otra, por el llamado alivio de luto porque, claro, pasar del negro azabache al rojo chillón pongamos por caso, resultaba demasiado brusco, así que estaba todo previsto: antes de volver a la vida en colores, tocaba pasar por un combinado de negros y blancos, morados, grises y lilas