jueves, 9 de septiembre de 2021

Otras víctimas del covid.


Cuando llegue septiembre todo será maravilloso… “, cantaba Bobby Darin en 1961, ese tema central de la película del mismo año y título (Come september), protagonizada por Rock Hudson y Gina Lollobrigida, canción que fue versionada al año siguiente por nuestra Gelu (María de los Ángeles Rodríguez Fernández), popular cantante ye-ye granadina retirada en 1968, en pleno éxito. Pues Gelu no acertó lo de maravilloso ni en este septiembre que estamos ni, mirando hacia atrás, en agosto, ni en julio, ni…, y si miramos para adelante, se vislumbran iguales nubarrones. Todo por la pandemia de la que todos estamos muy cansados y de sus efectos, directos o, como recordamos aquí, “colaterales”. Y es que según el devastador a la par que preocupante informe anual de resultados publicado ayer, 8 de septiembre, por el Fondo Mundial (The Global Fund) la atención centrada en el covid-19 hizo descarrilar la respuesta contra la tuberculosis y el VIH y frenó el progreso frente a la malaria en 2020 con respecto al 2019 y por primera vez en sus 20 años de historia, el mayor financiador multilateral contra estas dolencias ha registrado serios retrocesos en los países con pocos recursos en los que invierte, sobre todo, en materia de pruebas y tratamiento de la tuberculosis y de diagnóstico y prevención del VIH.


Hay que explicar que el Fondo Mundial, creado en 2002 durante el auge de esa otra pandemia, la de VIH/Sida, ha salvado unos 44 millones de vidas y ha reducido en un 46% las muertes causadas por las tres dolencias (la citada, más la tuberculosis y la malaria, las tres grandes pandemias previas a la del covid-19) en los países en los que invierte. A nivel global, proporciona el 77% de la financiación internacional destinada a programas de tuberculosis, el 56% de los de malaria y el 25% de los de VIH. En agosto de este año había aprobado un total de 3.300 millones de dólares para respaldar las respuestas nacionales al covid-19 y adaptar programas contra el VIH, la malaria y la tuberculosis en más de un centenar de países. Según su informe anual, seguir reforzando los sistemas de salud y mitigando los impactos del coronavirus será esencial para lograr tres objetivos: recuperar el terreno perdido en el combate contra las tres enfermedades, enfrentar la covid-19 y prepararse para las pandemias del futuro. La pandemia por el covid-19 también se ha beneficiado de las inversiones realizadas en las últimas décadas en otras enfermedades y en los sistemas de salud en su conjunto. “Era lo esperado, pero ahora ha quedado demostrado”, refiriéndose el Fondo a los numerosos países que han respondido a la pandemia de covid-19 utilizando los mismos laboratorios, sistemas de vigilancia de enfermedades, redes comunitarias, trabajadores sanitarios formados y cadenas de suministros que se crearon para luchar contra el VIH, la tuberculosis y la malaria.


Según el documento, el número de personas que recibieron tratamientos contra la tuberculosis se redujo en un millón con relación a 2019. El tratamiento de los casos resistentes a fármacos cayó un 19%, y el de casos ultra resistentes, un 37%. El impacto, que la organización tilda de catastrófico, podría multiplicarse teniendo en cuenta que cada paciente puede contagiar a unos 15 individuos por año. Hasta la irrupción del covid-19, la tuberculosis era la enfermedad infecciosa más letal del mundo, con 1,4 millones de víctimas en 2019, y sigue siendo la principal causa de mortalidad entre las personas con VIH. En cuanto al VIH, las pruebas diagnósticas cayeron un 22% y los programas de prevención llegaron a un 11% menos de personas. El número de madres que recibieron medicamentos para evitar transmitir el VIH a sus bebés cayó un 4,5%. En total, las pruebas del sida se redujeron un 22%, con el consiguiente retraso del inicio del tratamiento en la mayoría de los países. La pandemia del covid-19 complica la atención del VIH “Después de tantos años de avances ganados a pulso, sería una tragedia ver un nuevo repunte de las infecciones de VIH”, dice Peter Sands, director ejecutivo del Fondo Mundial, cuando se cumplen 40 años desde la detección de los primeros casos de este virus. En el mundo, todavía hay 4,1 millones de personas que no saben que viven con VIH y otros 6,1 millones que saben que están infectados, pero no reciben tratamiento. La respuesta contra la malaria fue la más resiliente, aunque las pruebas de casos sospechosos cayeron un 4,3% y los avances contra la enfermedad quedaron en punto muerto. “Los resultados son graves porque las tres epidemias son unos adversarios temibles: si relajamos la prevención, aumentan los casos, y luego pueden aumentar las muertes, devolviéndonos a un círculo vicioso que eche al traste los progresos logrados hasta la fecha”.
 


El informe ofrece diversas explicaciones; en numerosos países, el virus desbordó los sistemas de salud, los confinamientos interrumpieron la provisión de servicios y las cadenas de suministro, y muchos recursos existentes se destinaron exclusivamente a combatir la nueva pandemia. Luego está el miedo de las personas a acudir a centros de salud por miedo a contagiarse de la covid-19 o de ser estigmatizados si se presentan con síntomas como tos y fiebre que bien podrían tratarse de casos de malaria o tuberculosis. A pesar de todo, la pandemia de covid-19 ha promovido algunas mejoras importantes en la respuesta contra las tres enfermedades, mejoras que, seguramente, hay que consolidar y desplegar a gran escala. Por ejemplo, ahora hay más personas que reciben medicamentos de VIH y tuberculosis para diversos meses, de modo que ya no tienen que desplazarse al centro de salud cada semana y les resulta más sencillo seguir el tratamiento prescrito. Además, se están desplegando herramientas digitales y de mensajería en distintos países para hacer un seguimiento de los tratamientos y para reforzar la prevención. También se están haciendo esfuerzos para diagnosticar, en una sola visita, el VIH, la tuberculosis y el covid-19.


La organización ve el futuro inmediato con preocupación, pero también con confianza, tanto en lo que respecta a la pandemia por covid-19 como al reflote de la respuesta contra las otras tres. “Lo que nos da esperanza es que sabemos lo que funciona, pero si no invertimos ahora, las nuevas variantes de la covid-19 nos ganarán la carrera. El mundo todavía no ha comprendido la escala de la crisis y la magnitud de los recursos necesarios para hacerle frente y evitar peores impactos sanitarios, sociales y económicos”. Eso por no hablar (alguien tendrá que evaluar un día su impacto de todo tipo) de las intervenciones “no urgentes” aplazadas sine die, de las pruebas pospuestas, de las visitas anuladas,… porque es prioritario (y se entiende) el covid, pero… Si con el avance de todo lo que antecede a alguien, que resista las emociones fuertes, le quedan ganas de profundizar, puede descargarse aquí el informe (en inglés) del Fondo.


domingo, 5 de septiembre de 2021

La música y las matemáticas.


Tengo un buen amigo que, en cuestiones musicales, se puede definir como declarado 
converso, ya que, después de toda una vida menospreciando la ópera (decía que por elitista y 
minoritaria, básicamente), ahora “devora” compulsivamente todas las obras que se le ponen a 
tiro, archiva (almacena sería más apropiado) cuantas grabaciones y versiones caen en sus 
manos y no para de descubrir (en sus palabras) sentimientos que afloran al escuchar 
poniendo en contexto determinada aria. Todo empezó cuando, a desgana y para cumplir un 
compromiso de esos ineludibles, asistió a una representación de Madame Butterfly, de 
Giacomo Puccini (ya sabéis, aquella historia, dicen que basada en hechos reales, en la que 
Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada estadounidense a bordo del USS 
Abraham Lincoln, toma una casa sobre una colina en Nagasaki, Japón, para sí y su prometida, 
la quinceañera japonesa Cio-Cio-San, apodada Butterfly. Por intermedio del casamentero 
Goro, el marino ha arreglado su matrimonio con la muchacha; la joven ve ese vínculo como un 
compromiso de por vida, pero para Pinkerton solo se trata de una aventura fuera de su país…. 
Y hasta ahí puedo contar. Por cierto, que, debido a las connotaciones negativas del personaje 
del oficial estadounidense Pinkerton, la ópera fue suspendida en Estados Unidos durante los 
años de la Segunda Guerra Mundial en el enfrentamiento bélico entre Japón y los Estados 
Unidos). A la salida, mi amigo, visiblemente conmocionado, comentó que lo había seducido el 
poder de la música para crear, modelar y “jugar” con los sentimientos del oyente/espectador, 
lo que merece ahora una reflexión. La música está cargada de emociones, es alegre o triste, 
suave o agresiva, puede ser espiritual, estética, religiosa pero no podemos hablar de un 
teorema “triste” o de una demostración “agresiva”.

 

Técnicamente, la música (del griego «el arte de las musas») es el arte de crear y organizar 
sonidos y silencios según su frecuencia y combinados en el tiempo, respetando los principios 
fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos 
procesos psicoanímicos, es un estímulo sonoro que afecta al campo perceptivo del individuo 
que la escucha; así, el flujo sonoro puede cumplir variadas funciones (entretenimiento, 
comunicación, ambientación, diversión, etc.). La música, como toda manifestación artística, es 
un producto cultural con múltiples finalidades, entre otras, la de suscitar una experiencia 
estética en el oyente, la de expresar sentimientos, emociones, circunstancias, pensamientos o 
ideas, y cada vez más, cumplir una importante función terapéutica a través de la 
musicoterapia. Los teóricos frecuentemente utilizan las Matemáticas para comprender la 
música. De hecho, las matemáticas son “la base del sonido” y el sonido exhibe una apreciable 
gama de propiedades numéricas, simplemente porque en sí la naturaleza es 
“sorprendentemente matemática”. Es común escuchar que “hay Matemática en la Música 
porque cuando se abre una partitura ésta está llena de numeritos”, es decir, de los números 
del compás y las digitaciones. Obviamente esta observación es muy simple. Se dice que hay 
Matemática en la Música, que la Música y la Matemática están muy relacionadas. Pero ¿es 
así? ¿hay Matemática en la Música? ¿Están relacionadas? Hay desde luego similitudes 
innegables como que ambas tienen algo de mágico, son tan abstractas que parecen 
pertenecer a otro mundo y sin embargo tienen gran poder en éste, la música afecta al que 
escucha y las matemáticas tienen múltiples aplicaciones prácticas. Una parte de las 
matemáticas estudia los números, sus patrones y formas y estos elementos son inherentes a 
la ciencia, la composición y la ejecución de la música. No es nuevo. Aunque se sabe que los 
antiguos chinos, egipcios y mesopotámicos estudiaron los principios matemáticos del sonido, 
son los pitagóricos1 de la Grecia antigua los primeros investigadores de la expresión de las 
escalas musicales en términos de proporcionalidades numéricas; desde el tiempo de Platón, la 
armonía ha sido considerada una rama fundamental de la física, ahora conocida como acústica 
musical. En tiempos de la antigua Grecia, la Música no sólo se consideró como una expresión 
artística de las Matemáticas sino que su estudio y análisis estuvo siempre ligado a la Teoría de 
los Números y a la Astrología. De hecho, para los griegos la teoría matemática de la música 
formaba parte de una teoría general conocida como la Armonía del Cosmos; el citado 
Pitágoras y sus discípulos, Platón, Aristógenes, Aristóteles y Claudio Ptolomeo fueron algunos 
de los filósofos y astrólogos más relevantes que profundizaron en los intervalos musicales 
como fuente de nociones matemáticas y de importantes extrapolaciones científicas y 
cosmológicas, y tempranos teóricos hindúes y chinos muestran acercamientos similares: todos 
quisieron mostrar que las leyes matemáticas de armonía y ritmos no eran sólo fundamentales 
para nuestro entendimiento del mundo sino para el bienestar del ser humano. La matemática 
es una de las bases de la música puesto que está presente en diversas áreas de ésta y es 
evidente en las afinaciones, disposición de notas, acordes y armonías, ritmo, tiempo, y 
nomenclatura.

 

Pero, dejando a los expertos estudiosos la relación de la música y las matemáticas (aseguran 
que hay composiciones conocidas de Bach, Beethoven o Mozart, por ejemplo, que la acreditan), 
y volviendo a las reflexiones provocadas por el caso de mi amigo, empecemos: según el 
Diccionario de la RAE, la música es “el arte de combinar los sonidos de la voz humana o de 
los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la 
sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente.” Así, el canto, el sonido de una guitarra o un violín, 
de una orquesta de música o un grupo de rock… todo es música. Desde la antigüedad la 
música se ha considerado como un arte. Es un código, un lenguaje universal, que está 
presente en todas las culturas de la historia de la humanidad. Curiosamente, los signos 
jeroglíficos que representaban la palabra “música” eran idénticos a aquellos que representaban 
los estados de “alegría” y “bienestar”. Y en China, los dos ideogramas que la representan, 
significan “disfrutar del sonido”, por tanto, hay una gran coincidencia en relación a los 
significados sobre lo que es la música, que ha perdurado a lo largo del tiempo, donde 
predominan las sensaciones agradables y placenteras que produce.

 

¿Quién no ha experimentado en alguna ocasión cierta emoción mientras escuchaba 
determinada música? El sonido y la música nos producen emociones, y estas modifican 
nuestra fisiología, nuestras hormonas, alteran nuestro ritmo cardíaco y pulsaciones. Existen 
multitud de momentos en los que utilizamos la música, ya sea de forma consciente e 
inconsciente. La música se empleaba en la antigüedad para animar a guerreros y cazadores. 
Incluso, en el cine se utiliza como medio para multiplicar los efectos de determinadas escenas. 
De esta forma, se convierte en un código indispensable para la caracterización emocional del 
guión y las situaciones (sin llegar a esos extremos, es de dominio público que el entrenador 
Guardiola animaba a su equipo de fútbol, el FC Barcelona de las seis copas, con el aria  
Nessun dorma, de la ópera Turandot). Nuestro estado de ánimo muchas veces se ve reflejado 
por el tipo de música que escuchamos o entonamos. Una canción triste puede inducirnos a un 
estado melancólico, mientras que una canción alegre puede excitarnos y proporcionarnos unos 
minutos de felicidad. Al igual que una música suave y armónica nos acompaña en nuestros 
momentos de relajación y estudio o una música rítmica nos estimula mientras hacemos 
ejercicio. Así de estrecha es la relación entre música y emociones, y también la música tiene 
efecto en muchos de nuestros recuerdos importantes. ¿Quién no ha asociado alguna vez 
determinada situación con un tema musical?

 El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos”
    -Oscar Wilde-

Las áreas cerebrales que activan música y emociones son prácticamente las mismas. Cuando 
el cerebro percibe las ondas sonoras se producen ciertas reacciones psicofisiológicas. 
Respondemos con emociones y estas provocan alteraciones fisiológicas como el aumento de 
la segregación de neurotransmisores y otras hormonas, que actúan sobre el sistema nervioso 
central. Ya Platón citaba que “la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”, 
reconociendo esa relación entre música y emociones, que aquella poseía determinadas 
cualidades o propiedades que incidían en nuestras dimensiones emocional y/o espiritual. La 
música puede modificar nuestros ritmos fisiológicos, alterar nuestro estado emocional y ser 
capaz de cambiar nuestra actitud mental, aportando paz y armonía a nuestro espíritu. La 
música ejerce una poderosa influencia sobre el ser humano a todos los niveles. Y tú, piensas 
que ¿Podríamos vivir sin la música?

 

Un último apunte sobre las bondades de la música en trastornos neurológicos. Si algo llama la 
atención de los investigadores, es la incapacidad de personas afectadas por alzheimer2 de 
recordar acontecimientos; sin embargo, pueden recordar canciones del pasado, llegándose a 
afirmar que “al menos, los aspectos cruciales de la memoria musical son procesados en áreas 
cerebrales que no son las que habitualmente se asocian con la memoria episódica, la 
semántica o la autobiográfica“ y que las áreas cerebrales que mostraron una mayor activación 
fueron el lóbulo frontal y la zona media del cerebro porque “los recuerdos que más perduran 
son los que están ligados a una vivencia emocional intensa y justo la música con lo que está 
más ligado es con las emociones y la emoción es una puerta al recuerdo”, a decir de los 
expertos. Así que, con el permiso de Humphrey Bogart modificando su famosa frase de 
despedida de la película Casablanca: “siempre nos quedará la música”.
 
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1El pensamiento de Pitágoras (s.VI) resulta difícil de analizar, puesto que sobre todo la carencia de documento escrito alguno del propio maestro impide la reflexión directa de sus teorías en torno a la música aunque se puede llegar a hablar de la escuela Pitagórica que formuló una serie de doctrinas que afectaron no solo al ámbito puramente filosófico, sino también al político-religioso.

Las matemáticas y la música se unen en el concepto pitagórico de harmonia que significa, en primer lugar, proporción de las partes de un todo. No olvidemos que Pitágoras fue el primero en llamar cosmos al conjunto de todas las cosas, debido al orden que existe en éste. Este orden por el que se rige el Cosmos es dinámico; el universo está en movimiento y es el movimiento de los astros y de las fuerzas que los mueven el que se ajusta en un todo harmónico. Así, si el Cosmos es harmonia, también el alma es harmonia, para los pitagóricos. Las matemáticas y la música, lo que se aprende por los ojos, y lo que se aprende por los oídos, constituyen los dos caminos para curación del alma. En el sentido pitagórico se establecía pues un paralelismo entre los intervalos acústicos considerados como base de la música y las distancias que nos separan de los planetas. Así, de la Tierra a la Luna habría un tono; de la Luna a Mercurio un semitono; otro de Mercurio a Venus; y de Venus al Sol un tono y medio; por tanto entre el Sol y la Tierra existiría una separación correspondiente al intervalo de quinta, y habría una distancia correlativa del intervalo de cuarta desde la Luna al Sol.

Pero harmonia quiere decir también afinación de un instrumento musical con cuerdas de diferente tirantez, llegando a significar la escala musical (s. V) El número en la harmonía alude al aspecto visual, geométrico y astronómico de los cuerpos del Cosmos, que es comparado con un inmenso teatro. La harmonia alude al sonido de los instrumentos afinados que hacen del Cosmos una orquesta sinfónica. Pero los pitagóricos, no sólo establecieron una especie de medicina musical del alma, sino que empleaban también para ciertas enfermedades los encantos creyendo que la música contribuía grandemente a la salud si se empleaba del modo más conveniente. Por tanto se establecía un lazo indisoluble entre salud y música, puesto que la proporción y equilibro de las notas produce harmonia y orden, tanto en el cuerpo como en el alma.

2Inevitable en este punto hablar del músico Glen Campbell y su lucha contra el Alzheimer, perdida hace casi cuatro años.

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Hoy, la Jamancia.


Todos los hechos acaecidos en el pasado pueden guardar enseñanzas (para quien las quiera ver y seguir, por supuesto) por lo que todas las efemérides, debidamente detalladas y explicadas en su contexto, deberían recordarse y conmemorarse. Pero, ¿esto es así siempre o el recuerdo se limita a lo “políticamente correcto”? Pues veamos; por ejemplo hoy, 2 de septiembre, pero de 1843, hace 178 años, la ciudad de Barcelona es tomada por los rebeldes, comenzando la revuelta conocida como la
Jamancia (en puridad, la revuelta en sí había empezado el 13 de agosto, después de la caída del gobierno de Espartero, pero la toma de Barcelona es el 2 de septiembre), la primera revuelta popular contra el estado, la primera revolución federalista y verdaderamente democrática de la historia peninsular. En aquel episodio revolucionario se enfrentaron las clases populares de Barcelona contra los representantes de las oligarquías políticas y militares españolas emplazadas en Catalunya. Ese fue un levantamiento que anticipó la ruptura que en Europa produjeron las revoluciones de 18481 (la oleada revolucionaria que acabó con la Europa de la Restauración. Iniciadas en Francia se difundieron en rápida expansión por prácticamente toda Europa central - Alemania, Austria, Hungría - y por Italia. Aunque su éxito inicial fue poco duradero, y todas ellas fueron reprimidas o reconducidas a situaciones políticas de tipo conservador, su trascendencia histórica fue decisiva. Quedó clara la imposibilidad de mantener sin cambios el Antiguo Régimen, como hasta entonces habían intentado las fuerzas contrarrevolucionarias de la Restauración); burgueses liberales se levantaron apoyados por los mismos trabajadores y gentes humildes que después pasaron por las armas. Vencido el carlismo, el absolutismo ya no era la amenaza: el proletariado pasaba a ocupar ese lugar.


Para ponernos en antecedentes, en 1840, un Decreto Real legalizó el asociacionismo obrero y en Barcelona nació la
Asaociación Mutua de Obreros de la Industria Algodonera, el primer sindicato del país. Las condiciones de vida en una ciudad que se industrializa constreñida dentro de las viejas murallas no podía ser más asfixiantes y cada vez más duras, el hacinamiento era cada vez mayor, y por si fuera poco a esta insalubridad se sumaban problemas como el desempleo, los salarios de miseria, jornadas extenuantes… y algunos restos del Antiguo Régimen. Si bien la burguesía había logrado acabar con las trabas feudales que le dificultaban enriquecerse, impuestos como los que gravaban los productos que cruzaban la muralla, seguían en pié. Quien más lo sufría era quien más ajustado tenía el salario para garantizar su supervivencia y la de su familia. En noviembre de 1842 se produjo una revuelta que tiene como detonante la negativa de un grupo de obreros asociados a pagar el impuesto cuando volvían de una merienda campestre de domingo. La discusión con los guardias de la muralla terminó con un obrero detenido. Acto seguido se organizó una protesta frente al Ayuntamiento, donde se produjo un choque armado con el Ejército, lo que desató un levantamiento que se extendió por toda la ciudad. La situación se trató de “encauzar” por parte de sectores liberales que formaron una Junta Revolucionaria, que aglutinaba a industriales y burgueses moderados y progresistas (al parecer, incluso algún miembro de la conocida familia Güell), sector social que dirigía la Milicia Nacional que se había negado a disparar al pueblo.

El origen de la Jamancia, pues, es que era un movimiento de base popular - básicamente obrera - y de ideología democrática, federalista y republicana que se oponía al gobierno jacobino del liberal Espartero (que, el año anterior, había ordenado el bombardeo de la ciudad de Barcelona2) y de su sucesor en el gobierno, y a la cultura de corrupción de las oligarquías de Madrid, representadas por la entonces exregente (tras la muerte de Fernando VII), Maria Cristina de Borbón. El nombre de jamancia (del romaní jamar, comer3) aludía despectivamente a los miembros de los batallones de voluntarios (batallones de la blusa4) que probablemente se habían apuntado para comer gratis y cobrar la paga de cinco reales, un nombre que se basa en los cánticos de los sublevados en los que se amenazaba con comerse a sus enemigos de clase y también por el principal motor del movimiento, el hambre. Los jamancios eran los antecesores directos de los obreros que protagonizaron la huelga general revolucionaria de 1909 (la Semana Trágica) y el estallido libertario de 1936 (la guerra -in-civil). Su ideario mezclaba reivindicaciones laborales con propuestas protofederales. 


La Jamancia se desarrolló estando bien reciente la insurrección que, entre noviembre de 1842 y febrero de 1843 tuvo lugar también en Barcelona, y que fracasó sin haber conseguido extenderla al resto de España ni haber dado solución alguna a la crítica situación que atravesaban los estratos más bajos de la sociedad de aquel momento, a los que la Junta revolucionaria asumía la protección de “
todas las clases laboriosas y productivas (…) justicia para todos sin distinción de clases y categorías”, algo que la burguesía no estaba dispuesta a llegar. Del fracaso de esta revolución, las clases populares aprendieron a no confiar en la burguesía, por lo que la rebelión barcelonesa de la Jamancia, prolongó los enfrentamientos de clase producidos en los últimos días de su antecesora, cuando la Junta permitió la confiscación de los bienes de aquellos burgueses que habían abandonado la ciudad aterrorizados por los bombardeos. El mensaje de las coplas entonadas por los jamancios, son una muestra de sus reclamaciones hacia el derecho al trabajo y la igualdad ante la ley, y así se publicó. Fue la jamancia el último de los disturbios producidos en Barcelona entre 1836 y 1843, conocidos como bullangas5. 81 días permaneció Barcelona en pie contra el Gobierno. Además de las barricadas hubo un famoso y frustrado intento en octubre de asalto a la fortaleza de la Ciutadella, en la que se había refugiado el capitán general de Cataluña, Arbuthnot, abandonando la ciudad y el fuerte de las Dressanes, lleno de armamento. 


En esto, había llegado a Barcelona, como brigadier/gobernador en sustitución de Espartero, contra quien se había rebelado, el general Prim y el ejército, comandado por él, quizá el político español más destacado, con Cánovas, del siglo XIX español -ambos asesinados-, sitió a los levantiscos, que eran algo así como la última entrega de los «sans-culotte» franceses o la vanguardia de lo que décadas después se desataría en Cataluña. Prim, al grito de «
o caixa o faixa» -o ataúd o fajín de general: o victoria o muerte-, bombardeó sin piedad a los rebeldes, que al final fueron más víctimas del hambre de que la acometida militar. Como hiciera un año antes Espartero, y ante el peligro que la revuelta suponía para la monarquía de la reina- niña Isabel II, el recién ascendido brigadier Prim decidió asediar la ciudad por tierra y por mar, mientras abría fuego desde Montjuïc, la Ciudadela, la Barceloneta y Gracia, de forma que el ejército español, siguiendo órdenes de los generales Prim6 y Milans del Bosch, tiraría más de 12.000 bombas que causarían trescientos muertos, hasta conseguir la capitulación, la rendición de Barcelona y el fin momentáneo del sueño de una España justa, democrática y federal. La ciudad sufrió una terrible hambruna, pero aguantó tres meses bajo el fuego artillero. Entre septiembre y noviembre de 1843 fueron destruidas o afectadas un tercio de las casas de la ciudad y se produjeron grandes desperfectos en su fachada marítima. Hay que decir que las élites industriales (de ideología liberal y federalista), asustadas por el cariz que tomaban los acontecimientos, cambió de bando, y si bien inicialmente se mantuvieron al margen, pasadas las semanas, tomaron partido por la represión española. 

Una bomba que no explotó se exhibe en una casa del barrio de Gràcia.

¿Es o no es para recordar la efemérides? Salvadas todas las distancias que se quiera, el modelo recuerda a la que se está armando ahora y aquí, porque en las protestas del 11-5, de quienes rodean el Congreso y de los antidesahucios hay mucho de profesionalidad, aunque el grueso de la tropa vaya de buena intención. Si algo ha quedado claro en los últimos tiempos, al menos en España, es que las protestas no sirven absolutamente para nada. Los interlocutores o están, en el caso de las multinacionales, a miles de kilómetros de distancia o sencillamente en el anonimato de la sociedad global o debajo de la mesa en el caso de las políticas nacionales y autonómicas. Es perfectamente inútil desgañitarse aun teniendo razón. Así las cosas, la jamancia asoma las orejas. El caso es despejar la gran incógnita, que subsiste: ¿a quién beneficia la miseria, que se ha demostrado origen de otras situaciones?

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1Aunque las revoluciones de 1848 fracasaron formalmente, su experiencia influyó poderosamente en las ideologías obreras del siglo XIX, a saber: la aparición de las ideas socialistas, por obra de Carlos Marx, que en su célebre obra «El capital», revolucionó los conceptos de capital, trabajo y riqueza, dando así origen a las llamadas luchas de clases (entre el Capitalismo y el Proletariado), agudizadas en los tiempos actuales,; las ideas socialistas han influido, grandemente, en la conquista de derechos favorables a la clase trabajadora;; la vigorización del anhelo nacionalista y de unificación de algunos pueblos.

2Baldomero Espartero, príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana y vizconde de Banderas, todos los títulos en recompensa por su labor en el campo de batalla, fue el que dijo aquello de: “Para que España vaya bien hay que bombardear Barcelona cada 50 años”. Y a fin de demostrar su teoría, en 1842 los cañones de Montjuïc se pasaron 13 horas disparando contra la ciudad.

3Hoy queda el rescoldo popular del verbo romaní/gitano “jamar” sólo en viejos chistes, como aquel que asegura que, si eres pobre, “jamás jamarás jamón”.

4El uniforme de estas tropas improvisadas consistía en blusa de trabajador, alpargatas, barretina con una calavera plateada en la cabeza, correaje de cuero y una paellita de latón prendida en el pecho como una medalla.

5Se conoce como “bullanga” cualquier alteración o alboroto popular que comporta crítica y oposición a la autoridad. La .prensa madrileña, en su afán por desprestigiar la revuelta, escribía despectivamente sobre el batallón de la jamancia, afirmando estaba “compuesto en su mayor parte de la escoria de los pueblos vecinos a ésta (Barcelona), de procesados criminalmente, de gitanos, de extranjeros afiladores de navajas y tijeras, de menores de edad, de viejos y de algunos licenciados”, para terminar concluyendo: “¿Se creerán esos majaderos jamancios que por sí solos podrían arrostrar una invasión extranjera, solo con mostrar la sucia sartén y parrillas (distintivos menospreciados de su uniforme) con que intentaban freír y asar a las tropas, y demás combatientes sometidos al legítimo gobierno, y con cuyos chismes pintados pusieron pies en polvorosa en San Andrés y Mataró, huyendo despavoridos a los primeros disparos?”.

6Este genio en el arte militar y en la política española, consiguió hacerse perdonar por los barceloneses el haberles bombardeado sin piedad durante tres meses seguidos y quedarse tan ancho. Forma junto al general Espartero la curiosa bicefalia de militares que, a pesar de arrasar la ciudad, fueron homenajeados por ella. En premio a sus servicios, en 1870, tras su asesinato en la madrileña calle del Turco, el Consistorio barcelonés decidió ponerle una estatua ecuestre, destruida en 1936 y reconstruida por el escultor Frederic Marés, en recuerdo de su participación en el derribo del cuartel de la Ciutadella y su reconversión en parque. El monumento se parece mucho al que tiene dedicada en la plaza del General Prim de Reus, su ciudad natal, solo que en actitud mucho menos triunfal. Los misterios de Barcelona deberían incluir a este joven coronel de 29 años que se hizo famoso al unirse con su amigo Lorenzo Milans del Bosch al golpe de Estado contra Espartero de mayo de 1843. Los liberales progresistas, principales promotores del pronunciamiento, prometieron de todo a los barceloneses, y estos les creyeron. Pero en agosto, cuando comprobaron que solo había sido una estratagema para hacerse con el poder, el ala más radical del republicanismo catalán estalló en la revuelta de la Jamancia.

domingo, 29 de agosto de 2021

Diógenes/personaje y Diógenes/síndrome, en flagrante contradicción.


A quien más, quien menos, el vivir esto del confinamiento con las limitaciones de todo tipo 
sobrevenidas por la pandemia del aún desconocido coronavirus, le ha hecho replantearse 
muchas cosas, examinar prioridades y redefinir qué es, en realidad, imprescindible, qué 
necesario o qué superfluo en nuestras vidas. En el fondo, éste es un tema recurrente y 
profusamente recogido en la cultura popular en forma de cuentos, parábolas, narraciones 
orales y mil y una formas de comunicarlo, entre las cuales no son menores los 
autoproclamados libros de autoayuda; hoy recordaremos con él una figura contradictoria, en 
tanto la personalidad del conocido personaje es, curiosamente, totalmente opuesta a la del no 
menos conocido síndrome que lleva su nombre.

 
Para Diógenes, pues de Diógenes hablamos, no había término medio. Todo aquello que no 
fuera necesario era superfluo, y todo lo superfluo, por consiguiente, un lastre para alcanzar la 
plenitud de la vida. Aquello que no era para él una necesidad vital acababa abandonado o 
erradicado (en el caso de que fuera algo no material, como los sentimientos). Su objetivo era 
bien claro: deshacerse de todo deseo que degenerara en dependencia. Pero la gracia está en 
que esa disciplina feroz consigo mismo no acababa en su propia persona, sino que desarrolló 
la voluntad de señalar esas faltas también en los demás, y eso es lo que lo convirtió en uno de 
los personajes más fascinantes, revolucionarios e irónicos de la antigua Grecia.

 

Diógenes (llamado “de Sinope”) fue un filósofo griego que nació en Sinope, una colonia jonia 
del mar Negro, hacia el 412 a.C. y murió en Corinto en el 323 a.C. No llegó a la posteridad 
ningún escrito suyo y la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la 
extensa sección que su homónimo, el historiador griego Diógenes Laercio le dedicó en su  
Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Perteneciente y máximo exponente 
de la conocida como escuela cínica, que reinterpretaba la doctrina socrática considerando que 
la civilización y su forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida 
simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser 
feliz y conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien. De ahí el desprecio a las 
riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era 
el más libre y el más feliz. Rechazó también el politeísmo con todos los cultos religiosos, por 
considerarlos instituciones puramente humanas y superfluas. Diógenes criticaba las 
diferencias de clase, predicaba el ascetismo y la tradición le ha atribuido osadía e 
independencia ante los poderosos, desdén por las normas de conducta social. Es poco 
probable, sin embargo, que su imagen en extremo pintoresca corresponda plenamente a la 
realidad, pues son contradictorios los datos que sobre este particular se poseen. Según 
Diógenes, la virtud es el bien soberano mientras los honores y las riquezas son falsos bienes 
que hay que despreciar. El principio de su filosofía consiste en renunciar por todas partes a lo 
convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y 
reducir al mínimo sus necesidades. Diógenes veía en el mundo de su época (sería interesante 
saber qué pensaría hoy) un verdadero problema moral, pues la gente, en lugar de forjarse a sí 
misma y valorar su opinión propia respecto al bien y el mal, prefería actuar en función de qué 
era lo que los demás opinaban y cómo esas opiniones de terceros podían afectarles. Vivían, 
por así decirlo, de cara a la galería. Diógenes se pasaría el resto de su vida demostrándoles 
por qué eso era una estupidez.

 

Las anécdotas de (o atribuidas a) Diógenes no tienen igual en el mundo de la filosofía. Se 
dice de él que, despreciando todo signo de riqueza, caminaba descalzo, vistiendo exiguos 
trajes, aun en época invernal, y se alimentaba con comidas extremadamente frugales y 
sencillas. Reposaba de día en los pórticos de los edificios y de noche en un tonel. Diógenes 
suele ser representado sosteniendo en una mano la lámpara encendida con que, según la 
leyenda, buscaba en pleno día por las calles de Atenas un hombre merecedor del apelativo de 
honrado (al parecer, alguien tuvo el detalle de dejarle un candil junto a su tonel por la noche, 
para que pudiera ver en la oscuridad. Pero dicho personaje sabía poco de Diógenes, quien no 
tenía ningún interés en tener un solo trasto más de los necesarios, de manera que empezó a 
usarlo como instrumento de provocación. Le dio por pasearse por las calles de Atenas candil 
en mano gritando que buscaba a un hombre “justo”. En su ansia por incomodar, un día tomó 
la decisión de ponerse a buscar un hombre así en el teatro… intentando entrar cuando todos 
salían. Ante los reproches que despertaba su manera de actuar, respondió: “Así sentirán en 
su propia piel lo que es vivir de la manera que yo lo hago”. Siempre a contracorriente). En otra
 ocasión, habiendo oído que Platón definía al hombre como un animal bípedo sin plumas, 
arrojó entre su auditorio un gallo desplumado, diciendo: "he ahí el hombre de Platón". Se 
cuenta que hallándose un día Diógenes reposando junto a su tonel, le visitó Alejandro Magno, 
atraído por su fama, y le preguntó qué era lo que más desearía en aquel momento, a lo que el 
filósofo contestó que lo que más deseaba era que Alejandro se apartase para que su sombra 
no le impidiera gozar del sol. Mientras que el séquito del emperador prorrumpía en carcajadas 
e insultos contra el filósofo, el joven pero inteligente rey de Macedonia (quien, no lo olvidemos, 
había sido discípulo de Aristóteles) quedó sumamente impresionado por la coherencia del 
errabundo personaje, pues dejaría dicho para la posteridad: “Si no fuera Alejandro, querría ser 
Diógenes”.  Otro día, viendo Diógenes a un niño bebiendo de una fuente con el hueco de la 
mano, dijo "este niño me hace ver que conservo todavía algo superfluo" y rompió el cuenco en 
que él solía beber. No perdía su ironía ni en los peores momentos. En cierto momento de su 
vida, fue hecho prisionero para ser vendido como esclavo y cuando sus captores le 
preguntaron qué era lo que sabía hacer, respondió: “Sé mandar. Mira a ver si alguien quiere 
comprar un amo”. 
 

Y así podríamos seguir con el personaje. Sabemos, no obstante, menos de la doctrina de 
Diógenes que de su vida porque se preocupó menos de formar escuela que de llevar una vida 
recta, de acuerdo con los principios de autonomía y desprecio de los usos de la sociedad; 
consideraba la idea de que la virtud consiste fundamentalmente en la supresión de las 
necesidades; la creencia de que la sociedad es el origen de muchas de estas, que pueden 
evitarse mediante una vida natural y austera; el aprecio por las privaciones, al punto del dolor, 
como medio de rectificación moral; el desprecio de las convenciones de la vida social, y la 
desconfianza de las filosofías refinadas, afirmando que un rústico puede conocer todo lo 
cognoscible. El rechazo de las formas de civilización establecidas se extendía al ideal que 
llevaba a los jóvenes griegos a practicar la gimnasia, la música y la astronomía, entre otras 
disciplinas, para alcanzar la excelencia; Diógenes sostenía que, si se pusiera el mismo empeño 
en practicar las virtudes morales, el resultado sería mejor. Despreciaba también la mayoría de 
los placeres mundanos, afirmando que los hombres obedecen a sus deseos como los esclavos 
a sus amos; del amor sostenía que era "el negocio de los ociosos", y que los amantes se 
complacían en sus propios infortunios. Diógenes decía que los dioses habían dado al hombre 
una vida fácil, pero que éste se encargaba constantemente de complicarla y hacerla mucho 
más difícil; que la sabiduría era para los hombres templanza, para los viejos consuelo, para 
los pobres riqueza y para los ricos ornato. Se sabe también que sostenía que la muerte no era 
un mal, pues no tenemos conciencia de ella. Se le considera inventor de la idea del 
cosmopolitismo, porque afirmaba que era ciudadano del mundo y no de una ciudad en 
particular .

 

Llama la atención, sin embargo, que hoy, cuando se habla del desorden psicológico conocido 
como ”síndrome de Diógenes”, nos referimos a un trastorno que nada tiene que ver con su 
vida. Esta alteración de la conducta se caracteriza, contrariamente, por la acumulación de 
forma compulsiva de todo tipo de materiales, especialmente basura, de manera que los que 
lo padecen suelen terminar viviendo en condiciones infrahumanas e insalubres por 
acumulación de enseres. No deja de tener guasa que le dé su nombre al síndrome Diógenes 
de Sinope, un hombre que, como se ha visto, no es que no acumulara cosas, sino que 
despreciaba casi todo. Diógenes no tenía posesiones y defendía justamente lo contrario de lo 
que define este síndrome: despojarnos de todo aquello que fuera innecesario para poder vivir 
la vida del modo más libre de ataduras posible. Suele darse en las personas mayores de 65 
años y en los años 60 del siglo pasado se realizaron y registraron por primera vez estudios de 
este patrón de conducta aunque el término se acuñó en 1975 haciendo referencia, 
paradójicamente, a Diógenes de Sinope, y esto es así porque Diógenes solo portaba consigo 
lo estrictamente necesario y, por lo tanto, coincide con la conciencia de las personas que 
sufren este síndrome, que creen que todo lo que almacenan o guardan es o será necesario 
en algún momento venidero. El nombre levanta ampollas y, a decir de reputados expertos 
especialistas, “no nos parece acertada la denominación (del síndrome) de “Diógenes”, pues 
confunde una actitud austera y sobria de la existencia que es la que propugnaba el filósofo, 
con un desarreglo mental que en su comportamiento patológico se aproxima más a la imagen 
tradicional del avaro. A hubiera sido más apropiado haberle dado un nombre como 
“Síndrome de Euclión”, el avaro protagonista de la comedia de Plauto, (punto de partida de 
todos los avaros de la literatura occidental, desde el Shylock de Shakespeare, al de Moliére)
como proponen algunos autores. Somos conscientes de lo difícil que resulta cambiar un 
término del lenguaje coloquial, pero aconsejamos no caer en los hábitos periodísticos y 
utilizar más los términos “silogomanía”, “trastornos de ideas delirantes”, “urraquismo”, 
síndrome de la miseria senil”, etc., y desde enfermería el de “trastorno de los procesos del 
pensamiento”
 
Pero, ahí está. 

 

jueves, 26 de agosto de 2021

¿Hipocresía en las Redes?


Muy recientemente he pasado por el trance de la pérdida de una persona querida, de ésas que, 
pese a la distancia física, “siempre están ahí” y que, en el fondo, se nos convierten en referente 
sin que nos demos mucha cuenta. Poco importa ahora saber si era o no una situación 
esperada o incluso previsible por eso que llaman ley de vida, si ha tenido algo que ver la 
pandemia por el coronavirus Covid-19, si...; el mazazo emocional es igual de duro. La persona 
que nos ha dejado era activa en las Redes Sociales y es precisamente la reacción observada 
en ellas lo que nos mueve a estas reflexiones. Todo viene porque, cuando se hace público por 
la familia su fallecimiento, su página personal en las Redes se inunda de mensajes de 
condolencia de personas que jamás antes hicieron algún tipo (el que fuere) de comentario 
sobre sus aportaciones, que parecían ni haber leído, esos amigos “descubiertos hace un 
instante” que ya cantó Joan Manuel Serrat en su monumento a la sensibilidad que es la 
canción La tieta. Y no se trata, ojo, de cuestionar la autenticidad y sinceridad de los 
sentimientos que dan lugar a las condolencias, que nadie se equivoque, hay que reputarlos de 
sinceros y respetarlos como tales, pero ¿por qué expresarlos ahora y nunca antes? ¿por qué 
en las Redes, con publicidad, y no en privado a los deudos?

 

Empecemos por lo segundo y, para ello, dejadme compartir una experiencia, creo, ilustrativa: 
hace un tiempo pasé por un trance similar al que provoca estas líneas sólo que, en el ámbito 
personal, por la cercanía emocional, más doloroso y desequilibrante; por razones que no 
vienen al caso, lo pasé muy mal (no me duelen prendas reconocerlo) y cualquier muestra de 
apoyo era bienvenida. Por entonces, una persona de las que yo creía amigo (de hecho, él me 
había buscado para desahogar conmigo sus cuitas de índole muy distinta y pedirme consejo 
sobre ellas) publicó una condolencia, hay que admitir que modélica, en la página pública de la 
persona que se había ido, pero yo, en teoría su amigo, aún hoy estoy esperando un simple 
“¿Cómo estás?”. Por supuesto, no se debe generalizar ni elevar a la categoría de dato 
estadístico lo que seguramente no es sino la anécdota de un caso aislado, pero sí que el 
cavilar sobre ése y otros casos aislados que se prodigan permite concluir en un perfil de 
actuación común a todos ellos. Se ve que, para ellos, lo importante no es la persona, sino el 
marco en el que se ve reflejada, es decir, que lo prioritario es mejorar la propia imagen a 
través de que muchas personas conozcan, accedan y lean esa sentida despedida pública 
difundida y magnificada por las Redes (antes de ellas, eso no pasaba) en lugar del consuelo y 
acompañamiento íntimo y callado, sin publicidad. Luego está el morbo de otros al entrar 
rápidamente a la página de la persona fallecida antes de que se cancele para comprobar 
quién y en qué términos ha dado el pésame. Parece confirmarse que el qué dirán y el vivir de 
cara a la galería siguen en vigor, presidiendo las actuaciones de algunos (¿muchos?), y con 
las Redes, más.

 

La primera de las preguntas que nos hacíamos, esa de que realmente se constata que una 
vez que alguien nos deja han quedado, casi siempre, muchas cosas en el tintero y no queda 
otra solución que expresarlo vía condolencias, es más compleja y merece ser abordada desde 
otro punto de vista, casi a caballo de la psicología y de la herencia cultural. ¿Cuántas veces 
nos ha pasado que al coincidir en un funeral con familiares y amigos nos hemos lamentado de 
que nos veamos, precisamente, sólo allí y de que no seamos capaces de organizar una 
reunión con otro escenario? Por descontado, acabada la ceremonia, la idea de la posible 
reunión vuelve a quedar tan ambigua y difusa como antes de ella; vuelven otras prioridades. Y 
en eso, algo tiene que ver la cultura y costumbres heredadas; en nuestra sociedad nadie nos 
enseña a aceptar como algo normal una pérdida, ni siquiera estamos preparados para recibir 
una simple negativa a nuestros deseos porque nos inculcan sutilmente desde pequeñitos que 
conseguiremos todo aquello que queramos, y que todo estará ahí para siempre. 
Consecuentemente, tampoco suelen enseñarnos a decir “te quiero” a nadie (es tan cursi..., ni 
a dar abrazos, ni a manifestar lo mucho que nos importa una persona. Eso ya lo podremos 
hacer más adelante. Total, mañana también estará ahí…, pero puede que no sea así y tal vez 
mañana ya no esté, luego entonces, ¿por qué no le dices tus sentimientos ahora? Si hay 
alguien a quien quieres abrazar, a quien quieres ver, a quien quieres expresarle tus 
sentimientos, hazlo ahora porque la vida es corta, sí, es corta para todos, y llega un momento 
que se acaba. No estamos acostumbrados a hablar de la muerte. Es algo que sabemos que 
existe y que puede llegar sin previo aviso, sin importar nuestra edad ni si estamos más o 
menos preparados para afrontarla, pero actuamos como si fuese algo que desaparecerá si no 
lo pensamos y si no hablamos de ello. Pero no es así. Sigue estando ahí y esta forma de 
pensar y de actuar, en definitiva, no nos hace bien.

 

La muerte es algo natural y nadie puede prometer que se encontrará de aquí a mucho tiempo, 
plácidamente y cuando uno sea mayor, sino que puede ocurrir en cualquier momento de forma 
brutal e inesperada. Debemos asumir que no somos eternos, que llegará el momento de 
marchar para nosotros también. La vida es como arena entre los dedos, se escurre sin remedio 
por mucho que uno se aferre a ella, mas, a pesar de lo efímera que es, debemos esforzarnos 
por ver la vida como algo hermoso, porque lo es. Que los días nos sirvan para dar lo mejor de 
nosotros y para amar de una forma sana: 
 	- Si tienes hijos diles que les quieres, abrázalos, regálales amor constantemente. 
 	- Si tienes padres abrázalos, porque no estarán ahí para siempre. Ámalos aunque no 
los entiendas, o aunque no compartas su manera de pensar. 
 	 - Si tienes hermanos habla con ellos, diles que representan algo importante en tu 
vida. Son los recuerdos de tu niñez, son los compañeros de tu vida. 
 	- Si tienes amigos hazles saber que te gusta compartir tu vida con ellos. ¡Que no te dé 
vergüenza demostrarles tu sentimientos! 
En resumen, el refranero es muy sabio: no dejes para mañana… Hagas lo que hagas, 
la muerte de un ser querido siempre causará dolor, pero no esperes a saber que alguien tiene 
una enfermedad terminal, o peor, que ya ha fallecido,  para demostrarle tus sentimientos y que 
lo necesitas. ¡Hazlo ahora! Dar amor y regalar caricias no es malo, todo lo contrario, hace 
crecer y creer en el ser humano, hace mejor persona. La vida es bella, aunque a veces nos 
parezca injusta, y merece ser vivida en plenitud y con amor hasta el último minuto. Lo que se 
haga después...