jueves, 15 de septiembre de 2011

La recuperación del impuesto sobre el patrimonio

No hace falta insistir en la evidencia de que, en las actuales circunstancias, conseguir sanear las cuentas públicas es una necesidad imperiosa y que es bueno que cale la idea de que podemos salir de la crisis (con arañazos que inevitablemente serán profundas cicatrices en más de un caso) si somos capaces de empujar entre todos, siempre y cuando, claro, "los que mandan" den ejemplo.
Ciertamente ayuda que, en otros países, los más pudientes económicamente hayan dado un paso al frente ofreciendo su colaboración y admitiendo un impuesto excepcional para rentas y patrimonios más altos. Ya habrá tiempo de hablar de contrapartidas a ese gesto, pero, de entrada, bienvenido sea.
El problema surge cuando se pretende importar una idea similar en nuestro país, y es que, más allá del espectáculo menor de la discrepancia en la definición de "fortuna" y los límites para que un ciudadano se repute de "rico" que han ofrecido diferentes miembros del gobierno, la implantación de una medida como la recuperación del impuesto del patrimonio o similar plantea una reflexión previa que se antoja difícil por la premura de llegar a un acuerdo que permita recaptar más impuestos con la mayor rapidez.

Entre esos temas de reflexión previa se encuentra la favorable fiscalidad de instrumentos como las sociedades de inversión de capital variable (no se debate en estas líneas la conveniencia de mantener fiscalidad en las rentas de ahorro que dificulte la deslocalización de capitales, sino sólo el hecho en sí de la diferente fiscalidad), la diferente fiscalidad de personas físicas y sociedades, que alienta la creación de sociedades con objetivo fiscal simplemente, la discutida doble tributación de un patrimonio por el que, frecuentemente, y cuando obedece a perfil de ahorro/inversión del contribuyente ya se ha tributado por la renta de personas físicas, y tantos otros aspectos que podrían entenderse como indicadores no resueltos de falta de equidad en la tributación de unos y otros.

Y una reflexión final. Parece necesario revisar el sistema tributario en dos direcciones, además de los apuntes señalados (entre otros): no es coherente que la tributación media del trabajador sea muy superior a la del empleador, pero dicho eso, debe buscarse un método que haga atractivo a "los ricos" seguir invirtiendo.

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