domingo, 21 de septiembre de 2014

Aritmética ¿para políticos?



Siempre se nos ha dicho que la Matemática es una ciencia exacta y que, conjeturas o hipótesis de expertos aparte (las más conocidas, las de Euclides, Kepler, Fermat, y otras), expuestas para marear al personal que se devana los sesos inútilmente, a veces durante SIGLOS, intentando encontrar una solución, lo que ofrece son verdades difícilmente cuestionables. Vale que a veces se nos hace difícil pensar en abstracto y eso produce algunas paradojas en la comprensión de los principios matemáticos, como el teorema del punto, sin ir más lejos, aquel que dice que “por un punto en el espacio pueden pasar infinitas rectas” redondeado por la coletilla de noción espacial, en el sentido de que “siempre que el punto sea suficientemente gordo”.

Dejando de lado estas cosillas, y ciñéndonos a la Aritmética (ya se sabe, la rama de las Matemáticas que estudia los números), está comprobado que los resultados de una operación o una combinación de ellas es siempre la misma, y si no que se lo pregunten a los que revisan los exámenes de matemáticas de los trémulos estudiantes. Bueno, excepto cuando la operación la realiza un economista… o un político, en cuyo caso el resultado que se obtiene puede ser perfectamente “ni sí ni no, sino todo lo contrario”

Veamos un ejemplo de esa aritmética política desarrollando unas cuantas operaciones simples, facilitas, de aquellas ya oxidadas y casi olvidadas de los estudios de primer nivel en ciencias, que parten de una identidad aritmética indiscutible…. y a ver qué sale.
Vamos allá. Partimos de la identidad
3a = 2b

En la que para cada valor que se asigne a “a” siempre hay un valor de “b” que permite cumplirla. Si “a” es 10, “b” es 15; si “a” es 4, “b” es 6, y así con cualquier valor (entero o fraccionario) hasta el infinito. Multiplicando ambos términos de la igualdad por el mismo número, la igualdad no varía ¿verdad? Pues multiplicamos, por ejemplo, por 5, y nos queda que 3x5=15 y 2x5=10, luego

15a = 10b

Como la igualdad queda como muy sosa, vamos a descomponerla dentro de cada término de la igualdad, y elegimos entre las infinitas opciones (15 =14+1 =12+3 =17-2 =….. hasta el infinito, para ambos términos de la igualdad), por ejemplo, que

21a – 6a = 14b – 4b

¿Bien hasta ahora? Ya puestos, apliquemos los conocimientos recordados de repente, en particular aquel de que un valor puede cambiar de término de la igualdad cambiando de signo sin que la igualdad varíe (sí hombre, aquello de que si en la igualdad nos pone 4-1=5-2, nosotros hacemos el cambio, ponemos 4+2=5+1 y nos quedamos tan panchos), y vamos a poner, por estética, en cada término de la igualdad una “a” y una “b” quedando
21a – 14b = 6a – 4b

Seguimos recordando a la vista de los valores numéricos que nos han quedado y podemos consignar la misma igualdad sacando factor común, si lo hay, en cada término. Y sí, lo hay, y el hecho de que sea diferente en cada término, 7 en el primero (divisor para 21 y 14) y 2 en el segundo (divisor para 6 y 4) no influye para nada, como ya sabemos, porque permanece invariado el valor de cada término. Y así podemos poner que
7 (3a – 2b) = 2 (3a – 2b)

Pero, mira por donde, nos suena que, igual que al inicio multiplicamos por un mismo número ambos términos, que no variaban, ahora eliminamos el factor multiplicador idéntico en ambos términos, ese de (3a – 2b) y ¡oh, sorpresa!, queda al final que

7 = 2

Lo que haría las delicias de los (malos) políticos, incluidos ministros de esa cosa que llaman economía a la hora de justificar sus cuentas en uno u otro sentido, según convenga. La verdad es que uno se sorprende un pelín porque intuye que hay algo que se le escapa y que, posiblemente se la estén dando con queso, porque eso de 7=2 no cuadra con lo poco que recuerda de aritmética, de modo que la mosca se instala descaradamente detrás de la oreja pero ¡está tan bien argumentado y presentado…! que para cuando cae en el quid de la cuestión, ya le han hecho pagar 7 en lugar de las 2 que le correspondían, o le han pagado 2 en lugar de las 7 que le debían.


Y lo peor del caso es la incómoda sensación que queda al notar que cualquiera “con galones”, una pizca de conocimiento técnico y arrobas de mala fe puede manipular nuestra voluntad, ya que basta con un envoltorio y una presentación atractiva de un mensaje dañino para anular nuestras barreras de cautela, incluso cuando el resultado que intentan transmitirnos, como 7=2, sea a todas luces inexacto.

Ahí queda. Se admiten comentarios, claro. Y para quien se aburra, que aproveche la oportunidad de entrar en el Hall of the Fame con la resolución de la viñeta que se incluye, reservada, como su nombre indica, a los genios… con ligerísimas nociones de inglés.

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