martes, 2 de septiembre de 2014

La austeridad lleva a la deflación



Paul Krugman, economista estadounidense premio Nobel de Economía de 2008 es conocido, sobre todo, por sus críticas directas y sin tapujos a las políticas económicas (con atención a su vertiente social) que llevan a la práctica, de manera casi uniforme, la mayor parte de países de economía occidental. Sin caer en la tentación de creer a pie juntillas todo lo que publica, lo cierto es que vale la pena pensar detenidamente en los hechos y enfoques que expone acerca de la actualidad económica mundial 


El último aldabonazo es un artículo en el New York Times (que puede consultarse clicando aquí) en el que analiza, a raíz de la crisis en el gobierno francés como consecuencia del abierto desacuerdo del ya exministro de Economía con el mantenimiento de la llamada política de austeridad, lo que, en opinión de Krugman,  va matando el poco crecimiento que experimentó la economía europea y afirma que François Hollande podría haber cambiado el curso de Europa, pero sucumbió a la presión de Alemania (de hecho, no puede olvidarse que Hollande fue elegido por sus promesas de acabar con la austeridad y empujar un crecimiento de la economía y un mayor enfoque social a sus políticas)

Es una situación socialmente ya que, primero, la economía europea en general ha conseguido hacer frente a problemas graves y, segundo, la economía de Francia en particular va mejor que la mayoría de los países europeos ( solo por detrás de Alemania) precisamente porque la actuación de Hollande ha estado sometida a una crítica interna, de su partido concretamente, políticamente motivada.

Nos recuerda Krugman que, después de la crisis de 2008-2009, en Europa surgió la crisis de endeudamiento de 2010, cuando la inflexibilidad de los países acreedores como Alemania y los Países Bajos en sus condiciones de préstamo frenó en seco el crecimiento, que nunca se reanudó de manera definitiva, y asevera que "Europa se está precipitando hacia una trampa de deflación y estancamiento de tipo japonés"  
 
Francia, que tiene una economía fuerte y un presidente que estaba dispuesto a cambiar de curso, podría hacer frente a la dañina política de austeridad y liderar el necesario proceso de cambio. "Hollande podría y debería haber sido este líder, pero no lo es". Y, sin entrar en detalles particulares, dice que si continúan los problemas económicos de Europa, esto podría perjudicar al mismo proyecto europeo basado en la noción de una prosperidad común. En este caso, el fracaso de Hollande no solo dañaría a su país, sino a toda Europa, concluye Krugman. 
Y no debe pasarse por alto que ese fracaso es el representado por la continuación de las medidas de austeridad que de ninguna forma permitirán la recuperación económica (y, mucho menos, social)

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