Tal día como hoy, 12 de
agosto, festividad de San Fortino en México, nació en ciudad de
México hace 106 años Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido
simplemente como Mario Moreno, y más como Cantinflas, que fue un
actor y comediante, ganador del Globo de Oro en 1956 con una gran
trayectoria cinematográfica, que lo hace ser uno de los comediantes
más grandes y recordados de habla hispana y como el más reconocido
comediante mexicano de todos los tiempos. Se dice de Mario Moreno que
es el «Charles Chaplin de México».
Salió de los barrios pobres
donde tuvo origen su personaje Cantinflas, que gozó
de una enorme popularidad, y que venía a ser el típico «pelado» asociado con parte de
la identidad nacional de México, sobre todo de las clases bajas.
Además de actor y
empresario, Mario Moreno también llegó a entrar en la política de
su país y, aunque de perfil conservador, su reputación como portavoz de los
desprotegidos le proporcionó autenticidad y se convirtió en una
figura importante en la lucha contra el "charrismo" sindical, que es la
práctica del gobierno de un solo partido, para manejar y controlar a
los sindicatos.
Hoy día, las generaciones
jóvenes ni lo conocen, y en los adultos seguramente queda fijado el
cliché del personaje capaz de hablar y hablar... sin decir nada pues
entre las cosas que lo hicieron querido por el público estaba el uso
cómico del lenguaje en sus películas; sus personajes (casi todos una variación del mismo personaje, pero en diferentes
papeles y situaciones) entablaban una conversación normal para
después complicarla al punto de que nadie entendía lo que estaba
diciendo. El personaje de Cantinflas, en sus películas, era
particularmente proclive a ofuscar la conversación cuando hablaba
con alguien a quien le debía dinero, cuando cortejaba señoritas o
cuando trataba de salir de problemas con las autoridades,
arreglándoselas, por cierto, para humillarlas sin que se dieran
cuenta.
Hay que decir en su honor
que la Real Academia Española incluyó el verbo cantinflear y
las palabras cantinflas y cantinflada en su diccionario en
1992. Posteriormente añadió los adjetivos cantinflesco,
cantinflero y acantinflado y el
sustantivo cantinfleo.
Cantinflas,
con su estilo, demostró que el humor se puede utilizar como
herramienta contra los abusos de las autoridades. No es nuevo; entre
otros muchos autores, Josep Pernau, en su libro Humor de combate:
cómo sobrevivir a las dictaduras (Roca Editorial, 2007) reconoce el
poder del humor como herramienta de resistencia política y desde un
anonimato inevitable, la risa clandestina y mordaz se alza siempre
como la mejor arma en tiempos difíciles; en este caso, recoge en el
libro historias que han servido de desahogo a multitud de personas en
épocas de opresión1.
Se dice
que el humor es la mejor combinación de la tragedia con el tiempo.
Esta máxima aumenta el mérito de tantos anónimos personajes que,
desde su trinchera de ingenio, y cuando fue necesario, combatieron la
incidencia de la dictadura con su humor de combate. El libro es, en
realidad, un reconocimiento a todos ellos.
Por eso
es tan preocupante la deriva actual en este terreno; comparar la
libertad con que se hacía humor en los años 70 y 80 del pasado
siglo (novedad de tetas y culos aparte) en todos los sentidos
de ideologías con el corsé de pensamiento y expresión de hoy,
causa alarma. Un país que permite (y sigue votando) con normalidad
e indiferencia que un gobierno elegido por recuento de número de votos favorables (no confundir con
democrático; que sea democrático es otra cosa, más ligada con sus
acciones) se atreva a procesar ¡por lo penal! a través de SU
fiscalía a quien hace chistes políticos o similares, curiosamente sólo en una dirección
ideológica (teniendo en cuenta que, naturalmente, esos chistes no tienen por qué ser del agrado de
todos y haya quien los considere, legítimamente, de mal gusto o
incluso irreverentes) mientras participa, alienta y jalea la burla,
chanza, menosprecio y amenaza de quien piensa diferente al estándar oficial,
consagrando de esta manera (aunque culpe al otro, claro) la idea
permanente de las dos Españas inentendibles e irreconciliables, ese país, decíamos,
jamás podrá diseñar un futuro común.
Pero
volvamos hoy con Cantinflas en su aniversario. A medida que fue
haciendo películas, sus cintas muestran un cambio: del personaje de
la picaresca urbana y popular sólo quedaría un humor basado en el
uso reiterativo del "cantinflismo", es decir, de esa
habilidad ya mencionada para hablar mucho y no decir nada. Poco a
poco, Mario Moreno (no su personaje) se convirtió en un portador de
juicios y críticas contra la sociedad "pueblerina", en
particular, y contra la humanidad, en general. De este modo,
arremetió con singular énfasis contra la "aristocracia
desnaturalizada" del Poder, haciendo que triunfara lo auténtico sobre lo
falso. Y eso sí que se entendía ¡vaya, si se entendía! Se
constituyó en el hombre que siempre decía la verdad, aunque en
forma sarcástica, y sufrió las consecuencias, en el ejercicio de su
profesión, de esa fidelidad a sí mismo.
Si en
sus interpretaciones denunciaba las desigualdades sociales y la
insolidaridad, en la vida real obraba en paralelo, realizaba obras caritativas y llegó a
montar una oficina para los necesitados. La última etapa de su vida,
después de enviudar, estuvo marcada por su participación en actos
sociales y políticos (incluso llegó a pronunciar un discurso en la
Asamblea de las Naciones Unidas).
Precisamente
rescatamos aquí el discurso ante la ONU, pero no el real sino el de la ficción (?), de la
película de 1966 Su Excelencia.
Sin
comentarios, salvo el de que el discurso tiene 51 años y, con
matices, es de rabiosa actualidad.
¿Tiene
vergüenza quien debe tenerla?
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1Como
muestra, un ejemplo: "En una dictadura, cuando uno se planta en
medio de la plaza del pueblo y empieza a gritar que el tirano es un
imbécil, le pueden detener por dos cosas: por escándalo público y
por divulgar un secreto de Estado".
King Crimson es, con más de
cuarenta años de trayectoria, una de las bandas más longevas de la
historia de la música y uno de los más importantes representantes
de lo que se conoció como rock progresivo. Además, sus componentes
(cambiantes a lo largo del tiempo) están considerados como músicos
de gran calidad técnica e interpretativa. En 1969 el grupo debutó
como telonero de los Rolling Stones en un concierto en el Hyde Park
londinense, y ese mismo año grabó su primer disco, In the Court
of the Crimson King, cuya cara A (estamos hablando de vinilo,
naturalmente) cerraba "Epitaph", canción marcada, por un
lado, por su letra apocalíptica, de Ian McDonald y, musicalmente,
por la presencia dominante en ella del mellotron (instrumento musical
electro-mecánico polifónico que apareció a mediados de los años
1960 y que hizo furor por su utilización en la música rock). En la
canción, antes de repetir el estribillo de "La confusión será
mi epitafio" (Confusion will be my epitaph), se explica,
entre otras cosas, que "El destino de toda la humanidad, veo,
está en manos de tontos" (The fate of all mankind, I see, is
in the hands of fools)
Lo que pasa es que esa
verdad latente en cualquier observador no fanatizado, de que, con
frecuencia, ciertas acciones de los gobiernos de turno carecen
totalmente de sentido, son hábilmente escamoteadas o justificadas en
la Historia oficial; por ejemplo, este mes de agosto se cumplen 103
años de una carnicería de soldados franceses a manos de las tropas
alemanas en el frente de Metz y Estrasburgo (o de Alsacia y Lorena,
como queráis) durante la 1ª Guerra Mundial, originada porque el
Alto Estado Mayor francés ordenó a su Infantería atacar en tromba
las posiciones enemigas porque sus espías le habían asegurado que
los alemanes rehusaban usar la bayoneta. Lo que no le habían dicho
es que esto era así porque disponían de unos artilugios novedosos
llamados ametralladoras que eran capaces de hacer quinientos disparos
por minuto y que hacían innecesarias las bayonetas. Fue la primera
gran carnicería de esa guerra, disimulada en los libros de Historia
por el hecho de que Alemania resultó perdedora, con lo que la
masacre se presenta como un heroico sacrificio necesario en lugar de
un fallo garrafal del Mando, con consecuencias trágicas.
¿Cómo lo explicarían si
Francia hubiera quedado en el bando de los vencidos? Pues hay que
suponer que con pocas diferencias. Y es que, en los casos en que es
más evidente la inoperancia, ignorancia, ineptitud, arrogancia,
incompetencia (a veces, la suma de todas) de un gobierno, más
descarada es la manipulación para culpar a otros de la propia
ineficacia, adobado todo ello con copiosas dosis de eso que ahora se
llama postverdad y que antes conocíamos llanamente como mentiras,
cuando no con falta de información sobre los hechos y el imbuir a
la ciudadanía de que creer a pie juntillas los postulados oficiales
aún sin explicaciones, es como creer un dogma de fe. Y que eso es lo
que se debe hacer. Eso nos pasa ahora, sin ir más lejos, con el
cansino, y cada vez más peligrosamente enrevesado tema "de
Catalunya", que empezó siendo la voluntad de presentar un
memorial de agravios al Gobierno de Madrid y que vete a saber lo que
acabará siendo.
Sin entrar en el fondo ni la
evolución de la cuestión, nos limitaremos a señalar algunas
muestras (ya conocidas, por otra parte) de manipulación insana,
siguiendo los casos comentados, encaminada a apelar a unas "esencias
patrióticas" previamente manipuladas también para tapar la
manifiesta ignorancia en gestionar el tema.
Para empezar, resulta
cansina esa cantinela aplicada desde el principio para todo lo que
rodea el tema, y repetido con llamativo seguidismo por la mayoría de
medios y por todos los partidos, "constitucionalistas" (¿o
hay que decir "inmovilistas"?) de que estamos ante algo
ilegal, prescindiendo de que en sus orígenes hace 6 años numerosos
dictámenes de reputados juristas (entre los que habían padres
de la Constitución) certificaban que la consulta planteada entonces
estaba perfectamente amparada en la Constitución de 1978 y que su
celebración estaba supeditada sólo a la simple voluntad política.
La respuesta del Presidente del Gobierno fue "Yo no quiero", sin aportar ni una sola razón a la negativa.
Lo curioso es que mientras
en 6 años los legisladores (?) no han tenido tiempo para evaluar la
razonabilidad y forma de las demandas ciudadanas con el fin de
hacer su trabajo y ver si conviene revisar (o no) la normativa
para canalizarlas adecuadamente (vamos, que no se ha hecho NADA), el
Gobierno ha puesto en marcha una Ley (votada en el Parlamento, todo
hay que decirlo) por la que, quebrantando esa Constitución que
pregonan defender, confiere atribuciones anticonstitucionales al
Tribunal Constitucional para que vaya haciendo trajes sancionadores a
medida para cada iniciativa anunciada por la Generalitat y que el
Gobierno se manifiesta incapaz de gestionar políticamente.
Otra muletilla que no
resiste ni un análisis superficial (y hay que trasladarse para ello
varios años atrás) es aquello de que presentar agravios es romper
y dividir España. Si hay que poner una fecha y nombrar un
protagonista de esa ruptura y división de España,
esta fecha es anterior al inicio del actual "tema Catalunya"
y el protagonista no es la Generalitat. El 31 de julio de 2006 el
Partido Popular presentó ante el Tribunal Constitucional un recurso
de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatut de Catalunya, en el
que se recurrían 114 de los 223 artículos y 12 disposiciones del
mismo mientras que no hubo recurso contra otros Estatutos de
contenidos similares. Paralelamente el Partido Popular inició una
campaña de recogida de firmas "contra los catalanes" (sic)
con la que consiguió numerosos votos viscerales, espurios pero
válidos en una votación. Resulta palmario, pues, que España se
rompió entonces al enfrentar artificialmente, por motivos
partidistas, a unas comunidades con otras (al margen de cuál sea la
elegida para hacer de pim-pam-pum. Lo relevante es alentar el
enfrentamiento), criminalizando desde ese momento cualquier
iniciativa, hasta que la ciudadanía, jaleada sólo con slogans y no
con información veraz, apoya sin pensar esa muletilla del gobierno.
Además, pensemos, alguien medianamente inteligente que realmente
busque la unidad (no impuesta por la fuerza) será el primer
interesado en conocer si hay agravios e identificarlos para
gestionarlos conjuntamente de manera adecuada; jamás prohibir
expresarlos. Y mucho menos amenazar con castigos por hacerlo.
Pero donde se observa un
salto cualitativo en la demostración de incompetencia para entender
y gestionar el tema es en esa apelación inmoral a que presentar
agravios es atentar contra la soberanía de todos los españoles.
Parada obligatoria. ¿Qué es soberanía? ¿La facultad de elegir que
sean recortados los gastos superfluos de los ministerios y no la
sanidad? ¿La seguridad de que será tenida en cuenta y tramitada
siempre la presentación de una Iniciativa Legislativa Popular? ¿La
confianza de que serán expulsados y castigados todos los cargos
públicos envueltos en corrupción? ¿La idoneidad de reprobar y
remover a los representantes públicos que voten sin más para
aprobar leyes claramente lesivas para los intereses de sus
representados?.... ¿O sólo se habla de soberanía para impedir que
una minoría (sobre el conjunto estatal, claro) exprese las razones de
unos agravios, no sea que se identifiquen con ellos? Porque, mirado sin pasión fanática, ¿quién soy yo para prohibir las razonadas aspiraciones de un tercero, esté o no de acuerdo con ellas?
Bien haría el Gobierno en
extremar la prudencia con la manipulación interesada de conceptos
delicados como el de soberanía, con el que se le pueden sacar los
colores en un momento. Por recordar sólo acontecimientos recientes
sobre los que se observa que se corre un tupido velo que los oculta,
el 12 de octubre de 1968 (hace menos de 50 años, un suspiro en
términos de períodos históricos), en plena dictadura, se concedió
la independencia a la entonces Guinea Española, sin que haya
constancia de que se apelara a la recia y viril soberanía ciudadana
para concederla o no; es más, no consta que votasen en su
referéndum, del 11 de agosto de 1968, Murcia o Extremadura, pongamos
por caso, sino sólo los ciudadanos guineanos.
Tampoco consta que se
apelara a la soberanía para consolidar el traspaso a Marruecos de
Ifni y otros territorios ni, sobre todo, cuando, en 1976, España
abandonó ignominiosamente el Sahara Occidental y sus habitantes
(españoles de pleno derecho) en manos de Marruecos y Mauritania
según los Acuerdos de Madrid de 1975, no válidos, por cierto, según
el Derecho Internacional. Paradójicamente se presentó como un
triunfo de la soberanía el desenlace del chusco incidente del
deshabitado islote de Perejil, que no llegó a más por la sensatez
del gobierno marroquí frente a la belicosidad del entonces ministro
Trillo.
Mucho cuidado con el uso de
determinadas expresiones para alimentar un sentimiento anti-algo que
se quiere basar en la creación de falsos bajos instintos.
Mención aparte merecen los
discursos elaborados por la Casa Real, aparentemente más comedidos y
que utilizan lugares comunes para llegar a la misma conclusión que
el Gobierno. Si hay un leit motiv repetido machaconamente para negar
el derecho a expresar agravios es sacar rápidamente a colación "lo
que nos une" (si bien no se define nunca qué es eso que nos
une), y "la Historia común". Pues, siento decirlo, pero
los redactores deberían saber que una Historia, relato por
definición de vencedores y vencidos jamás puede ser común;
nunca se puede equiparar el rol del vencido con la justificación del
triunfador. Si existen lo que se conoce como agravios históricos,
difícilmente se puede defender con ellos la existencia de una
Historia común, sino de una Historia impuesta a la que se
ha de llamar "común".¿O alguien con dos dedos de frente, por muy redactor de discursos que sea, es capaz de mantener que la historia de sacrificios, renuncias y humillaciones (que aún colea) de los vencidos en nuestra guerra (in)civil es la misma que la de los excesos (que ídem) de los vencedores? Por eso mismo, la Historia nunca
puede servir de base en los planes de futuro de las personas salvo
que se diseñe de forma que los vencidos sigan siéndolo, al igual
que los vencedores. Es más, la Historia no sólo no es
incuestionable (veleta que sigue el viento dominante en cada momento)
sino que es un conocidísimo instrumento de manipulación de las
"esencias del poder1"
hasta el punto de que a veces es difícil distinguir la realidad de
la ficción e, incluso a veces, se venera la ficción sabiendo que lo
es. ¿Quién no ha oído hablar de la Sindone, Sudario de Turín,
Sábana Santa o Santo Sudario? Ya sabéis, esa tela de lino que
muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos
propios de una crucifixión y que se venera como el sudario que
albergó el cuerpo de Jesús cuando lo bajaron de la cruz, desde que
en 1958 el papa Pío XII autorizó la imagen en relación con la
devoción católica hacia la Santa Faz de Jesús. No se desvela
ningún secreto al decir que la Santa Sede autorizó en 1988 la
datación por carbono-14 de la sábana, que se realizó en tres
laboratorios diferentes, y los tres laboratorios dataron la tela
entre los siglos XIII y XIV (concretamente entre1260 y 1390) pero, en
1998, Juan Pablo II dictaminó como válido el peso de la
tradición.... y se siguen obteniendo royalties por su contemplación
en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista, en Turín,
pese a saberse que es un fiasco.
La verdad es que, a desgrado
de los historiadores vocacionales no políticos (que los hay), en
todo el mundo se teje una maraña entre la realidad y la ficción
interesada que frecuentemente es complejo identificar en el
imaginario histórico colectivo lo que es o ha sido real. En el caso
de la Historia de España, hay un antes y un después del
noventayochismo que impulsa la creación de una historia "común".
Efectivamente, en una época en la que España está agotada por la
pérdida de las últimas colonias, arruinada económicamente y con
incipientes problemas con sus posesiones en Marruecos, necesita mitos
a los que agarrarse para levantar la moral y los encuentra en las
ideas de, entre otros, el filólogo e historiador Ramón Menéndez
Pidal y su fascinación por el Romancero medieval de Castilla. De ahi
a convertir las leyendas de Castilla en el crisol de los mitos de
toda España, un paso, unido a la concepción centralista de la
sociedad que tan bien le vino al nacionalcatolicismo posterior y que
llegó a considerar los nacionalismos periféricos como un accidente
morboso de la Historia de España, en contraposición con la idea
imperante desde la invasión napoleónica de que España es una gran
nación compuesta de pequeñas naciones2.
A decir de los expertos, la
idea de España y de los españoles que defendía Menéndez Pidal es
hoy difícilmente sostenible y, además, hay muchos historiadores
recientes que han demostrado la falsedad de los mitos fundacionales
de Castilla. La figura del Cid, de Fernán González, de los jueces
de Castilla… no eran tan importantes en la historia de Castilla y
se demuestra, en definitiva, que todas las naciones que conocemos son
inventadas, todas nacen de manera artificial, no hay ninguna nación
elegida por motivo divino, no hay ninguna que sea una realidad
natural eterna.
Para acabar estas
reflexiones, nada mejor que un divertimento consistente en el
análisis de la evolución de una historia (ajena, para no herir
susceptibilidades) y las ramificaciones que puede generar a lo largo
del tiempo.
Cuando uno se desplaza por
la autopista francesa des Deux Mers adentrándose en el Midi
desde el Mediterráneo, encuentra en un altozano cercano a Narbona,
ya en camino a Carcasona, una escultura monumental de cemento de más
de 10 metros de altura que representa a tres "caballeros",
con los que se consolidan los avisos que se han podido encontrar si
venimos de Nimes, Montpellier, Beziers..., es decir, en todo el
Languedoc, "Vous êtes en pays cathare" (Estais entrando en
el país cátaro) y se publicita la ruta de los castillos cátaros y
toda una industria turística temática.
Los cátaros... El catarismo
fue un movimiento religioso gestado muchos siglos antes de que
apareciera por Europa, nacido de las antiguas creencias paganas
orientales, cuya principal doctrina contenía dos principios
fundamentales y contrapuestos, el Bien y el Mal, que representaban
respectivamente, la parte espiritual del hombre, contra el mal,
representado por el diablo en todo lo material, que se consideraba
impuro. En Europa, los cátaros consideraban a la Iglesia de Roma,
desorientada y perdida de la primitiva esencia con la que los
primeros cristianos vivían su Fe, con sencillez, pobreza y
humanismo, que según los cátaros, había perdido en gran manera,
convirtiéndose en una religión, prepotente, intransigente, cuyos
fieles vivían en continuo temor al castigo divino por cualquier
falta o desvío de sus actos, que pudiera reportarles la condenación
de sus almas, estaban los cristianos obligados bajo pena de
excomunión, obediencia ciega hacia los dogmas que la Iglesia,
consideraba inamovibles. Por eso a los cátaros se les llamaba
"perfectos". Se conoce su implantación en Asia Menor,
norte de Italia, sur de Francia, y en zonas del Camino de Santiago de
España, Navarra, Aragón y muy extendidos en Catalunya (donde eran
conocidos como bons homes). Su evolución está muy documentada,
aunque parece que poco estudiada realmente, en las crónicas de la
época, "El libro de los dos principios"... y las actas de
la Inquisición que los persiguió.
¿Por qué, entonces, un
movimiento tan extendido se asocia hoy sólo con el sur de Francia?
Pues por razones políticas posteriores, como en muchas Historias
oficiales.
En 1872, Napoleón Peyrat,
escritor de fértil imaginación aunque poco preocupado por la
veracidad, publica su Histoire des Albigeois: les Albigeois et
l'Inquisition en la que viene a glosar que la victoria definitiva
de los cruzados papales sobre los cátaros en Montsegur significó la
desaparición de los derechos dinásticos del Rey de Aragón y el
Conde de Barcelona (que toleraban o protegían a los "perfectos")
sobre Occitania, el Rosellón, el Languedoc, la Provenza, etc., que
pasaron, como agradecimiento de su apoyo al Papa, a manos del Rey de
una Francia, que era entonces un reino minúsculo en el norte, en
permanente conflicto con Bretaña. Para dar más valor a esa naciente
expansión de Francia, Peyrat dió al Languedoc una importancia
económica y estratégica que no tenía, y se sacó de la manga la
existencia de un gran tesoro cátaro, que los vencidos consiguieron
ocultar, antes de ser aniquilados, en unas cuevas en el entorno de
Montsegur. Tampoco importa en el relato de Peyrat que, tras la
capitulación de 1244 en Montsegur, el movimiento cátaro aún durara
77 años (hasta 1321, con la ejecución del último "perfecto"
occitano), aunque ya fuera del Languedoc y sus líos dinásticos
Para
seguir liando la madeja, y aprovechando la eclosión en busca de la
espiritualidad que supuso el fin de la 1ª Guerra Mundial, el
filósofo y magistrado Deodat Roché puso de moda que los garabatos
que se habían encontrado en las "cuevas del tesoro de
Montsegur" eran en realidad mensajes cátaros para la
posteridad3.
La siguiente vuelta de tuerca hay que atribuirla al escritor Maurice
Magre, que en su obra de nombre larguísimo Magiciens et
Illuminés. Apollonius de Tyane. Le Maître inconnu des Albigeois.
Les Rose-Croix. Le Mystère des Templiers. Nicolas Flamel et la
Pierre philosophale. Saint-Germain l'immortel. Cagliostro le
charlatan. Mme Blavatsky et les Théosophes hace un prolijo
examen de la secreta influencia en la civilización occidental de los
sabios orientales, con gran protagonismo de los cátaros. Magre
conoció al alemán Otto Rahn,que internacionaliza el mito del tesoro
cátaro, con especial atención al Santo Grial4
o cáliz que contuvo la sangre de Jesús en la Última Cena en su
Kreuzzug gegen den Gral. Die Geschichte der Albigenser (Cruzada
contra el Grial. La historia de los albigenses). Hay
que decir que Rahn se afilió después a las SS nazis y equiparó en
sus escritos a los cátaros (“perfectos”) con la raza aria.
Para
rizar el rizo, en 1982, los escritores Baiget, Leigh y Lincoln
publican conjuntamente El enigma sagrado
(The Holy Blood and the Holy
Grail en
su original en inglés)
en
el
que dan
a conocer la hipótesis de que Jesús de Nazaret se casó con María
Magdalena, tuvieron uno o más hijos, los cuales emigraron a lo que
hoy en día es el sur de Francia. Una vez allí, se involucraron con
las familias nobles que se convertirían en la dinastía merovingia,
cuya reclamación por el trono de Francia es defendida por una
sociedad secreta llamada el Priorato de Sion.
Siguiendo
esa línea de ficción, el escritor estadounidense Dan Brown publica
en 2003 su conocidísima novelaEl
código Da Vinci,en
donde narra los intentos de Robert Langdon, Profesor de Iconografía
Religiosa de la Universidad Harvard, para resolver un misterioso
asesinato ocurrido en el Museo del Louvre en París. El desarrollo de
la historia requiere la solución de varios acertijos y anagramas. La
solución a cada uno de ellos se encuentra íntimamente ligada a la
posible ubicación del Santo Grial y lo relativo a la misteriosa
sociedad secreta del Priorato de Sion, así como a los Caballeros
templarios. La historia también envuelve a la organización católica
del Opus Dei.Lo
más chocante del caso, viendo el tránsito constante entre Historia, leyenda, invención,... es que el Opus Dei se embarcó en una feroz
campaña de desprestigio contra la novela y su autor como si los
hechos novelados fueran algo así como la Nueva Verdad Revelada que
se ha de combatir. La pregunta pertinente
que
cabe hacerse, pues, es si los Poderes suelen fabricar a sabiendas
leyendas
falsas a las que dan categoría histórica para crédulos, como
temían que pasara con la ficción de Brown.
¿Así
se escribe la Historia?
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1No
me resisto a recordar en este punto unos artículos leídos
recientemente en una página de Internet de Historia (??) en los que
se afirma seriamente que el hombre que realizó las pinturas en las
Cuevas de Altamira fue un español tal como se considera hoy el
término, equiparándolo por ejemplo con Séneca. No eran españoles,
sin embargo, Maimónides (cordobés pero judío) ni mucho menos
Almanzor (andaluz de pura cepa aunque azote de las tropas cristianas
de su época).
2Eso
de "nación de naciones" no es un fruto del marasmo
político actual como muchos creen en una exhibición de ignorancia política. El término fue acuñado por el militar y lingüista, colaborador de Olavide, nacido en Barcelona, defensor a
ultranza de la unidad de España, anticatalán acérrimo (pese a lo
que defendía que Catalunya era una pequeña nación en la que su
burguesía era dinámica y el motor económico de España frente a
la sociedad castellana, que definía como ociosa) y destinado en Cádiz (en donde colaboró en la redacción de "la Pepa") Antonio de
Capmany en su publicación de 1808 El Centinela contra los
franceses en la que incitaba a los españoles a una lucha a
muerte contra el invasor Napoleón, al que consideraba la Anti-España.
3Quizá
cueste creerlo, pero estas teorías estrambóticas tuvieron gran
aceptación y se cuentan entre sus defensores personajes de
prestigio, como la filósofa Simone Weil.
4Poca
broma. Cuando el lugarteniente de Hitler y líder de la SS Heinrich
Himmler visitó España en octubre de 1940, se desplazó al
Monasterio de Montserrat (que, según le habían informado, era el
trasunto del Montsalvat del Parsifal wagneriano) buscando allí el
paradero oculto del Grial.
El Premi Internacional
Catalunya (menos publicitado y promocionado que otros como el
Princesa de Asturias, por ejemplo) es un premio otorgado cada año
desde 1989 por la Generalitat de Catalunya con el que se reconoce el
trabajo de personas que no sólo han contribuido al desarrollo de la
cultura, la ciencia, la economía, etc., sino que además hayan
destacado por haber realizado sus trabajos con un alto compromiso
ético y humanístico. Entre los galardonados encontramos a Karl
Popper, Mstislav Rostropóvich, Václav Havel, Pere Casaldàliga,
Jimmy Carter o Malala Yousafzai entre otros. Este año 2017, la
distinción ha recaído en el director de cine greco-francés
Costa-Gavras1,
reconociendo así el jurado, por un lado, "la contribución del cine a la
sociedad como una de las grandes formas de representación artística"
al ser el primer cineasta al que se concede el premio y, por otro lado, al
galardonado en concreto, “la calidad de su extensa e intensa
filmografía, así como su mirada crítica sobre el mundo y su
compromiso social”.
De la lectura de sus
declaraciones y entrevistas (además, claro está, del visionado de
sus películas) es fácil deducir su compromiso político-social y su
coherencia y hoy nos quedamos con aquella reflexión suya de que la
desinformación es la base de la manipulación.
No es ninguna novedad; la
falta de información o la información sesgada, parcial o incompleta
ha existido siempre como instrumento de influencia en las voluntades,
y, por tanto, de poder. Sin ir más lejos, la Iglesia Católica llegó
al extremo de excomulgar a quien se atreviera (era ilegal, ¿os
suena?) a traducir la Biblia a la lengua vulgar, ya que ello podía
dar pie a quien la leyera a interpretaciones diferentes de las que
la Jerarquía ordenaba, en un claro ejercicio de información
controlada. Por eso resulta tan preocupante ese tipo de
periodismo (?) tan en auge hoy día en que se exige al colaborador
del programa o a la persona entrevistada "un titular" o una
respuesta de sí o no, pedida con insistencia, a cuestiones llenas de
matices en las que la información razonada previa es indispensable.
Y eso cuando no, como a veces se observa, el titular se parece como
un huevo a una castaña al contenido de la propia noticia que viene
desarrollada a continuación del titular. El (pen)último ejemplo a
que he asistido de este alarde de manipulación interesada (todo sea
por las audiencias) prescindiendo del valor de la información, ha
sido el de una pizpireta conductora de un programa de tertulia
política televisivo preguntando insistentemente a un entrevistado:
Dígame sí o no: ¿usted iría a votar en el referéndum ilegal
de Catalunya del 1 de Octubre? ¿Sí o no? Y se quedó tan ancha.
La pregunta que cabría hacerse, ya que estamos en un tema tan
delicado como éste, es si la audiencia tiene información razonada y
completa del mismo o se han quedado en la superficie del visceral es
ilegal y no te dejo antes de formarse una opinión sólida en uno
u otro sentido.
Enfatizando según conviene
No es este el lugar para
desgranar la información de algo tan complejo y con tantas aristas,
a lo sumo para recordar que tras la partidista recusación del
Estatut de Catalunya por parte del Partido Popular (algún día
alguien tendrá que explicar por qué la "Andalucía, realidad
nacional" que consta en su Estatuto, por ejemplo, no se recusa,
y, en cambio, decir que "El Parlamento de Catalunya, recogiendo
el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía, ha definido Catalunya
como nación" merece la presentación fulminante de recurso) y
de algún que otro portazo del gobierno de Madrid a las aspiraciones
catalanas, mostradas en continuadas manifestaciones pacíficas de
millones de personas, impele al entonces President de la Generalitat,
Artur Mas, a plantear la celebración de una consulta
(factible y constitucional en opinión de muchos juristas e incluso
de algún padre de la Constitución) para que la ciudadanía se
expresara sobre su encaje dentro de España, ante lo que el PP
arguyó que eso crearía agravios con el resto de territorios y que
rompía España (la expresión es cosa del PP en ese contexto,
ahí está la hemeroteca) y el gobierno de Madrid se cerró en banda,
sin hablar y sin dar alternativas. De cómo una consulta
constitucional se convirtió en el cepo en el que todos estamos
metidos es un monumento, precisamente, a las consecuencias de lo que
aparece como incapacidad exhibida por el gobierno para gestionar el
tema (pese a que su Presidente no cesa de proclamar que es hoy "el
principal problema de España") y, acudiendo a Costa-Gavras, a
una manipulación a gran escala, para poner a todos los españoles en
contra, por una sonora desinformación perfectamente orquestada.
Porque, vamos a ver:
¿alguien recuerda en estos 6 años un solo argumento del gobierno,
sus partidos afines y su coro mediático que no sea "es ilegal",
"no os dejo" o "es un invento de cuatro visionarios",
incluso cuando, en primera propuesta, era una consulta legal sobre un
deseo manifestado por millones de personas? Su único argumento ha
sido la prohibición permanente (incluso a hablar), el ponerse trascendente excusándose en algo tan difuso como eso de la soberanía (soberanía ¿sobre qué? ¿sobre la voluntad de terceros? Si es eso lo que se pretende, eso no es democracia sino dictadura de mayorías, que es otra cosa), la
judicialización a medida que se iban dando avances que no se sabían
(o no se podían, en función de estrategias anteriores del partido)
gestionar... o el apelar a la fibra sensible de la población, por
los perversos efectos emocionales de una presunta separación
administrativa.
Craso y pueril error. No
vamos a caer ahora en la tentación, seguramente enriquecedora, de
transitar sobre el concepto "patria" y sus múltiples
variantes (mira por dónde, señuelo frecuente para la manipulación), pero define el Diccionario de la Real Academia de la
Lengua Española como Patria, en su primera acepción a la
Tierra natal o adoptiva ordenada como nación,
a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos,
históricos y afectivos. Si recientemente se han conmemorado los
250 años de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena
y Andalucía por colonos a los que no se les discute que vinieran de
Stuggart, pongamos por caso, para luchar por lo mejor en su nueva
tierra, no se entiende que se cuestione que alguien llegado a
Catalunya desde Azuaga, por ejemplo, quiera lo mejor (sin faltar a la
solidaridad, por supuesto) también para su tierra de acogida. El
futuro de las personas nunca debe anclarse a la historia, al pasado
de los Estados, siempre basado en vencedores y vencidos.... salvo que
lo que se busque sea perpetuar estos roles.
Dejadme compartir en este
punto una historia real de la que tengo conocimiento fidedigno
cercano. En los años 30 del pasado siglo había en la zona a caballo
entre Almería y Murcia (allí donde el acervo popular dice que el
terreno, a diferencia de otros que dan frutas, verduras, cereales, pastos, etc. ése sólo
da pena) una familia numerosa, como muchas otras, que veía con
desesperación cómo, a pesar de trabajar de sol a sol como esclavos,
incluso los niños, a duras penas conseguían comer casi cada día.
Como en aquellos años no estaba España para alegrías, alguien les habló
de buscar suerte en el extranjero ¡total, poco había que perder! y,
tras muchas dudas porque eso representaba separarse de su familia,
amigos, ambiente,... finalmente tomaron la decisión de marchar,
embarcando todos en Cartagena, en un pesquero que les llevaría a
Barcelona, de donde, en un viaje penoso, se trasladaron a buscar
trabajo en los campos de una ciudad del sur de Francia. Cuando, al
cabo de poco tiempo, la madre comprobó que (eso sí, trabajando como
negros) sus hijos no tenían problema para poder comer cada día
¡y podrían ir al colegio, francés pero colegio!, se guardó
celosamente y con cariño todos sus recuerdos y se entregó a la
nueva tierra en la que sus hijos tenían un futuro. Jamás volvió al
terruño. Y lo que son las cosas; por cuestiones amorosas, los hijos
mayores regresaron después a establecerse en España, sin que ello
les afectara ni a los unos ni a los otros en sus relaciones con los suyos pese a que,
ocasionalmente, los gobiernos de España y de Francia no estuvieran a
partir un piñón, en una demostración (otra más) de que lo
importante es la persona, no su "etiqueta", lejos de las decisiones administrativas de
los gobernantes de turno de los territorios, que en nada pueden influir en los
sentimientos y afectos.
Es evidente, volviendo en
este caso a nuestro gran Costa-Gavras, que tiene razón en que la
desinformación es la madre de la manipulación, aunque al final es
cada uno de nosotros quien decide buscar y contrastar información
antes de tomar decisiones, en el sentido que sea, de acuerdo con su
ideología, experiencia y sentimientos o se conforma en acatar sin
más el slogan fácil que sabe que se lanza para manipularlo.
P.S.- En las líneas que
anteceden no hay opinión que no esté respaldada por hechos que se
pueden hallar y contrastar en la hemeroteca de los últimos seis
años.
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1Konstantinos
Gavras, más conocido como Costa-Gavras, nació en Atenas en 1933, hijo de
padre ruso y madre griega, y se nacionalizó francés tras llegar a
París a comienzos de los años 50 para estudiar cinematografía.
Si se repasa brevemente su
filmografía, la película que lo dio a conocer al gran público fue
"Z", del año 1969, interpretada por Yves Montand y Jean Louis
Trintignant, con guión escrito al alimón con nuestro Jorge
Semprun, en la que se reconstruye el asesinato organizado por la
policía de un líder izquierdista, y el intento de disfrazarlo de
accidente. Posteriormente vinieron "La confesión", sobre
las torturas del estalinismo; "Estado de sitio", en la que
denuncia la connivencia de la CIA con la asesina dictadura
cívico-militar en Uruguay de 1973 a 1985, "Desaparecido",
que trata de la complicidad de Estados Unidos en el golpe de Augusto
Pinochet en Chile (y que, por cierto, estaba proyectado rodar en
Barcelona pero al coincidir el tiempo previsto para el rodaje con el
golpe de Estado de Tejero, hubo rápido cambio de planes y se rodó
en México). "La caja de música", que habla de los
criminales de guerra aún ocultos, etcétera.
Realmente, cada película que
dirige le sirve para hacer patente su compromiso político, desde
las de su primera época (puro thriller político),o las posteriores
de drama sentimental, hasta las de los últimos años, en que se
dedica más a la ficción social. En definitiva, como
dice el conocido crítico Diego Galán, "su cine compone una
crónica política de las principales páginas de la segunda mitad
del siglo pasado… y que aún continúa reflejando el presente".
Estamos habituados a que
cuando leemos "Érase una vez..." asumimos instintivamente
que nos encontramos ante un relato de ficción en el que, como se
suelen encargar de recordarlo los autores, "cualquier parecido
con la realidad es mera coincidencia". Pero, ¿cómo nos
posicionamos ante relatos de hechos reales tan estrambóticos que le
dan sopas con honda a los de ficción?
Viene esto a cuento porque,
veréis: a mi buen y viejo amigo Manolo lo han convertido (no
se ha convertido, ojo) en espectador de primera fila,
privilegiado a la par que engañado, dolido y estupefacto de un
espectáculo a medio camino entre el sainete político y el drama
dickensiano en el que han querido que él sea protagonista casi único
para disimular mejor lo que tiene todas las trazas de ser un cúmulo
de torpeza, miopía e ineptitud colectiva.
Me explico. Sin entrar en
excesivos detalles identificativos que no vienen al caso (¿para qué?), pues nos hemos informado de que
la actuación que provoca estas reflexiones es más frecuente de lo
que cabría esperar por lo que no es excesivo generalizar estas
conclusiones, resulta que recientemente Manolo lideró una propuesta
(en principio colectiva en la que él sólo era la cabeza visible) a
la corporación municipal, de tipo social, de imagen y reputacional,
alejada de las luchas partidistas y que no exigía ningún retoque
presupuestario de las arcas públicas. Al parecer hubo una formación
política que llevó al pleno una moción que recogía la propuesta
que, incomprensiblemente, cayó de cuatro patas en la confrontación
entre partidos y condujo a que se argumentara con razones de índole
política el que no prosperara.
Si eso es así, el hecho es
preocupante en sí porque demuestra que los representantes del
pueblo no tienen la sensibilidad para serlo y que aún tienen
mucho que aprender de lo que es y de lo que no es la política,
porque, vamos a ver, señores munícipes, si, por ejemplo, se plantea
la construcción de una rampa de acceso a la Catedral para que quien
tiene que desplazarse en silla de ruedas no encuentre el insalvable
obstáculo de las escaleras, se podrá cuestionar esta construcción
por motivaciones económicas (no aplicables en el supuesto que
comentamos), técnicas (tampoco), incluso estéticas (mejoradas en
este caso), pero jamás por razones políticas o partidistas
con las que lo único que se hace es una exhibición de incompetencia
al elegir argumentos alejados del sentido común, del sentir de la
comunidad y de la realidad. ¿O sólo va en silla de ruedas el rival
político?
La cosa es que la moción no
prosperó, quedando pospuesta sine die.
Y después, el silencio y el
querer indignamente presentar a Manolo como culpable de la
evolución negativa de la decisión, otra vez por razones políticas.
Lo llamativo es que cuando se pedía conocer las razones para tomar su decisión (no responsabilidades que, a la vista de la situación era como mentar la soga en casa del ahorcado), las respuestas resultaban peregrinas, vanas, inconcretas, revestidas de tufillo político de sesgo partidista, Por cierto, si el caso fuera una serie de televisión, no extrañaría
que un guionista avispado trabajara ya en un spin-off (secuela para nosotros) del
relato principal que analizara la repentina desaparición del
escenario como por ensalmo de la gran mayoría de aquellos que daban total apoyo a la
propuesta. ¿Dónde están? ¿Suscriben el que no prospere? ¿Dónde
y a quién se han quejado?.... Pero eso es otra historia, un
spin-off...
Bien, olvidémonos del
asunto, en el bien entendido que aquí olvidar debe de
entenderse como dejemos de darle vueltas al pasado pero
mantengámonos en seguimiento continuo. Será curioso ver lo que se
tarda en recuperar la sensatez y quién lo hace, con o sin nueva
propuesta formal.
Hace unos años, antes del
inicio de la crisis, en diversos estudios del mundo empresarial sobre
la gestión de personas (eso que llaman Recursos Humanos) y su
eficacia laboral, se puso de manifiesto que una buena relación entre
los jefes y los empleados aumenta la productividad y los resultados
de la compañía. No menos importante es saber que, aunque muchas
empresas no presten la debida atención a este fenómeno, el estilo
de liderazgo de los superiores afecta al bienestar de los empleados
que también está íntimamente relacionado con los resultados de la
empresa. Y por eso, las organizaciones deberían tener especial
cuidado a la hora de valorar esta variable, porque el estrés y el
malestar laboral, entre otras causas, pueden ser fruto de una
relación tóxica entre jefes y empleados, empezándose a analizar la
figura del jefe tóxico.
El paso siguiente, aún en
el ámbito empresarial, fue el de certificar que no sólo existen
jefes tóxicos, sino también empleados tóxicos que suelen
convertirse en un quebradero de cabeza para los jefes, los
compañeros, el bienestar cotidiano y hasta el futuro de la empresa1.
Estaba cantado; una vez demostrado que esa toxicidad está asociada a
rasgos de la personalidad, empezó a perder fuelle el enfatizar sobre
jefes o empleados tóxicos y hablar simplemente de personas
tóxicas. Pero ¿qué son las personas tóxicas? Desde el punto de
vista de actitud (no confundir con actuación), un
estudio reciente de la Universidad Friedrich Schiller, de Alemania,
muestra cómo influyen las personas identificadas como tóxicas en el
bienestar de los individuos que les rodean porque son capaces de
absorber el tiempo y energía de los demás al ser una fuente de
conflicto, crear malestar y estrés, entre muchos otros problemas.
Naturalmente, al tratarse de
un problema de tanta complejidad asociado a la personalidad, es
imposible que haya estándares aplicables a toda la gente
tóxica; sin embargo, se han realizado documentados estudios como el
capitaneado por la psicóloga colombiana Carolina Dulcey que permiten
agrupar algunas claves para detectar a una persona tóxica.
1 No escucha: la clave para
descubrir a una persona tóxica es que no escucha ni es capaz de dar
la oportunidad al otro de explicar sus razones.
2 Siempre tienen la razón:
no hay argumento que pueda ganarles, jamás reconocen que cometieron
un error.
3 Son manipuladores ya que
no admiten nunca lo que quieren en realidad y mueven los hilos de sus
argumentos y acciones para que sean otras personas quienes realicen
acciones extremas fruto del cansancio emocional que sienten.
4 Mienten y hacen melodrama
por cualquier discusión. Además, son sarcásticos y no hay frase
que se les pueda decir que no sea objeto de burla.
5 Son evasivos y posan
siempre como la víctima, para ellos todo es complot en su contra
orquestado por fuerzas malignas.
6 Se quejan y fomentan los
chismes, nunca están contentos con nada y siempre son otros los que
están haciendo algo malo.
7 Son dependientes y
ansiosos, no dejan de darle vueltas a un tema, de acusar, de idear
estrategias y de buscar la forma de que las situaciones se
compliquen.
En las situaciones de la
vida cotidiana podemos encontrarnos con personas que nos van a
lastimar, y que por mucho que pongamos de nuestra parte, solo van a
querer salirse con la suya pase lo que pase sin dar explicaciones
razonadas que no suelen pasar de excusa y existen diferentes señales
para detectar una personalidad tóxica, tampoco uniformes, como las
siguientes:
- Al final te hace perder
los papeles
- Te culpa a ti cuando él
es el culpable
- Sientes malestar cuando lo
has descubierto y has de estar con él
- No puedes estar relajado y
calmado en su presencia
- Estás a la defensiva
cuando se acerca
- ....
Ahora bien, llegados a este
punto, hay que ir con cuidado a la hora de etiquetar a las personas.
Si bien es cierto que hay individuos con una personalidad tóxica, en
muchas ocasiones (no en todas), es posible hablar y solucionar los
problemas. Todas las personas pueden cambiar, pero hace falta que
ellos también pongan de su parte. No obstante, las personas tóxicas
existen y pueden provocar problemas relacionales que a la larga
afecten al bienestar y calidad de vida.
Para acabar esta somera
reflexión, ya que estas líneas no pretenden convertirse en un
vademecum sobre las personas tóxicas, una de Perogrullo: antes de
culpar a nadie de los demás, resulta imprescindible saber mirarse a
uno mismo, porque a veces podemos centrarnos en los demás para
justificar nuestro propio comportamiento. A veces es la propia
relación (en la que participamos cuando menos dos) la que lleva a que
una persona se comporte de manera negativa hacia nosotros.
Los individuos con
personalidades tóxicas, sin embargo, suelen comportarse igual con
otras personas y en otras situaciones.
Volviendo a casos (que se
dan con profusión, esa es la verdad) como el de mi amigo Manolo, no
es difícil observar que muchas decisiones se toman como se toman
porque el asunto le viene grande a quien tiene que decidir, o
lo que es lo mismo, supera su nivel de competencia, y la verdad es
que personas incompetentes conocemos en todos los niveles, desde
altos cargos en empresas o esferas políticas hasta la más pequeña de las organizaciones y, por supuesto, también
están presentes en esos escenarios cotidianos en los cuales, nos
vemos obligados a “lidiar” diariamente con personas que se ven
muy competentes cuando no lo son.
¿Las tenemos que considerar
también personas tóxicas? Desde luego porque en el momento en que
se tiene cerca una persona que vulnera tu integridad personal con
esta distorsión cognitiva (vulgo, ignorancia), hemos de considerar
su influencia claramente dañina.
Pensemos por ejemplo en esos
altos cargos que presumen de sus capacidades organizativas, cuando en
realidad, no solo atacan los derechos de sus colaboradores, sino que
su proyecto es incapaz de mantenerse por su clara ineptitud como
profesional desarrollando modelos que generan una clara inestabilidad
e inmadurez en todos. Seguro que lo hemos visto alguna vez. Este
comportamiento es en realidad, técnicamente, un sesgo cognitivo de ahí donde la
persona tiene una imagen de sí misma completamente errónea. Una
persona que no es eficaz en lo que hace, que no tiene conocimientos,
que comete errores, o que sencillamente no es apto para lo que quiere
“vendernos”… Y sin embargo, gusta de exaltar sus virtudes. A
este sesgo se le conoce también como “efecto Dunning-Kruger”.
La base esencial del efecto
Dunning-Kruger, donde el incompetente se ve a sí mismo como
competente, es una inhabilidad meta-cognitiva donde el sujeto no ve su
propia falta de competencia ya que, si llegaran a verla, sería como atentar
a su propia confianza, y ello les debilitaría totalmente (que es lo
que instintivamente deben evitar. Es decir, lo que en un principio surge para
proteger su baja autoestima, se acaba convirtiendo en una auténtica
coraza que ellos mismos se creen con total naturalidad), estaría
sujeto en estos pilares:
- Falta de realismo sobre la
competencia y habilidades de uno mismo.
- Efecto de superioridad
ilusorio, que debe mantener a toda y costa.
- Una baja autoestima. Así
es, aunque parezca sorprendente la base de todo esto es una clara
baja autoestima que les obliga a crear estas “ilusiones” con el
objeto de defenderse, para auto-protegerse y aparentar. Y aún más,
al defenderlas férreamente hasta que al final, se pierde claramente
el equilibrio personal y esa falta de realismo sobre la propia
incompetencia.
.
El efecto Dunning-Kruger
fue acuñado por dos psicólogos de la Universidad de Cornell, de
Nueva York, Justin Kruger y David Dunning, tras realizar varios
experimentos e investigaciones publicados en "The Journal of
Personality and Social Psychology" de diciembre de 1999. Kruger
y Dunning simplemente realizaron un experimento consistente en medir
las habilidades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes
y pedirles una auto-evaluación posterior. Los resultados fueron
sorprendentes y reveladores: los más brillantes estimaban que
estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por
encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban
convencidos de estar entre los mejores. Así vemos por ejemplo la
diferencia entre las personas competentes e incompetentes:
- Competentes: Son personas
que ven su rendimiento o su capacidad como dentro de la media. Es
más, es habitual que duden de sí mismos y se interesen por aprender
con la idea de mejorar en las áreas que sean. Saben que siempre es
posible mejorar y superarse. Reconocen también los logros de otras
personas y están dispuestas a enfocar varias opciones.
- Incompetentes: Piensan que
sus capacidades están por encima de la media, son incapaces de ver
sus fallos o su falta de eficacia, e incluso no pueden admitir que
otros hagan las cosas mejor que ellos.
Como dijo una vez Charles
Darwin, la ignorancia suele proporcionar más confianza que el
conocimiento. Curioso, ¿no? pero es así, como lo demuestra el
hecho de que en más de una ocasión hemos encontrado personas, "profesionales de prestigio"
absolutamente incapaces de ir más allá de sus propios esquemas y
creencias. Y, como decía el escritor Francisco Ayala, la
incompetencia es más dañina en el momento en el que incompetente,
tenga más poder.
Dicho sea de paso, en la
actualidad estos parámetros vienen al pelo para catalogar e
interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos
pretendidos “expertos”, particularmente en economía y política,
que nos han llevado a donde estamos. Y lo que te rondaré, morena.
Y dejémoslo ahí.
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1La
consultora Otto Walter (ottowalter.com) publicó en 2007 un informe
con el revelador título de ¿Cuáles son las conductas más desquiciantes
de los empleados tóxicos?, como resultado de una encuesta
realizada a empresas de toda España, que aún hoy es libro de
cabecera para expertos y estudiosos del tema.
El pasado día 16,
coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, tuvo lugar la
conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, y, como
es sabido, se celebraron algunos actos de recuerdo (pocos, todo sea
dicho, seguramente eclipsados este año por los recientes fastos de
los 250 años del Fuero de las Nuevas Poblaciones).
No vamos a glosar aquí la
Batalla, suficientemente estudiada y en revisión permanente (como
una teoría, no descartable a decir de los expertos, de darle más
protagonismo que a la revancha contra los almohades del rey
castellano - motivo principal habitualmente admitido hasta ahora - a
las intrigas del Papa Inocencio III y del rey aragonés por la otra
Tolosa, la del Languedoc) sino, aprovechando el aniversario, a
pequeñas cosas alrededor de su estudio que pasan desapercibidas.
Juan Eslava Galán es un
prolífico escritor nacido en Arjona1,
galardonado con el Premio Planeta en 1987 por En busca del unicornio, autor de una extensa obra, compuesta no sólo de novelas sino también de libros de otros géneros, en los
que, en general, reviste su erudición con un particular sentido del
humor, a veces altamente satírico. Su narrativa abarca la novela
histórica, el costumbrismo, la fantasía, leyendas, biografías, misterio,... y, dentro de
los temas históricos, destacan los desarrollados en la Edad Media, de
la que se declara un apasionado.
Pues bien, dentro de sus
novelas, y a riesgo de que alguien piense que se hace publicidad
gratuita con su mención en estas líneas, hay un par que deberían ser de lectura obligada para todos
los carolinenses y me refiero a El amor en el jardín de las
fieras, de 2016, de la que podemos hablar otro día, y Últimas
pasiones del caballero Almafiera, de 2012, que toca comentar hoy, recordando Las Navas.
Almafiera es un caballero
que regresa a España cansado tras participar en la fallida Cuarta Cruzada, que no llegó a Jerusalén, y que, una vez en España, sin comerlo ni beberlo,
se ve enrolado en Zaragoza en las tropas que se enfrentarán a los
almohades en las Navas de Tolosa. La historia, escrita a modo
juglaresco, hace un repaso por las costumbres, las fiestas, la vida
en definitiva en los pueblos de la época.
"Y hasta ahí puedo
leer..."
¿Pero, qué es lo que hace
diferente y especial esta novela? La respuesta está en el nutrido elenco de
personajes secundarios que el autor crea (además de al propio Almafiera, su enamorada Eliabel y los pocos personajes del relato principal) para desarrollar y dar
sentido a las subtramas; algunos de esos personajes "de ficción" con nombre tan reconocible hoy día como
el caballero Arturo Pérez Reverter. Puesto que la acción transcurre durante la Batalla
de las Navas de Tolosa, Eslava aprovecha para rendir homenaje disimulado en el libro a uno de los
historiadores que más sabe de ella, mediante la inclusión en la historia del personaje del
mayordomo mayor de la cámara del rey que ha de administrar los
dineros de la cruzada, don Manuel López Payer... ¿A alguien le
suena el nombre?
Ahora sí, definitivamente,
hasta aquí puedo leer. Recomiendo vivamente su lectura, realmente amena; Eslava se lo
merece y el pueblo se lo debe a Don Manuel.
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1Quien
suscribe confiesa que, hace años, empezó a valorar la obra de
Eslava, paradójicamente, a través de su alter ego Nicholas Wilcox,
cuyas obras incluían detalles costumbristas, giros lingüísticos y dichos locales difíciles de
conocer y dominar por un extranjero... o por el inexistente traductor.
Tengo un amigo, Rafael,
chicharrero militante él (para ser exactos, tal vez sea más
apropiado usar en esta frase el verbo "tener" en tiempo
pretérito, toda vez que Rafael y yo hace años que parece que nos
perdimos mutuamente la pista), que mantiene la idea de que, cuando
uno está pachucho y alguien le pregunta "¿Cómo estás?",
lo mejor siempre es responder "Bien", porque, dice, si
quien lo pregunta es un amigo, se alegrará, y si no lo es, se
fastidiará (la verdad es que él usa un verbo más contundente, lo
que no desvirtúa el fondo del argumento).
Eso nos lleva a reflexionar,
aunque solo sea para calibrar el alcance de ese "Bien", a
veces esgrimido como mentira piadosa, sobre qué es en realidad eso
de estar o sentirse bien, lo que conoce socialmente como
bienestar.
De teorías...
Según los estudiosos del
tema, el concepto de bienestar tiene cuatro principales componentes o
ámbitos complementarios:
- físico, que
puede definirse como la sensación de tener una buena salud general,
o sea, poder satisfacer razonablemente bien las necesidades
primordiales del cuerpo y de lo que con él se puede realizar.
- psicológico o
mental, resultado de una percepción subjetiva provinente de
aspectos diversos como financiero, profesional, sentimental, etc.,
pero también, naturalmente, en la percepción directa e indirecta
que no se tienen disturbios mentales.
- emocional, que
se refiere a la habilidad de manejar las emociones, (ojo, no
reprimirlas sino saber manifestarlas de forma apropiada, a un tercero
pero, sobre todo, a uno mismo) para tener suficiente flexibilidad de
disfrutar más de la vida, con todos sus conflictos y tensiones.
- social,ámbito
nuevo (desde el siglo XIX) nacido de la evidencia de que las
condiciones laborales, sanitarias, e incluso económicas, repercuten
mucho sobre la salud general de la población1:
La noción general de
malestar con frecuencia es presentada como la situación opuesta
a bienestar.
A la
vista de lo expuesto, resulta obvio que lo que entendemos como
bienestar se puede definir como la mezcla o combinación de
situaciones de placer y de alegría con ausencia de penas y de
situaciones incómodas, sea cual sea el ámbito concreto que tenga
más influencia puntual, como si fuera (que no lo es) un sistema de
vasos comunicantes.Y es por esa voluntad de lograr el equilibrio
entre todas las fuerzas que influyen en el bienestar, realmente en
cuestiones relativas al sentido de la vida planteadas ya por la
filosofía y la religión, por la que se origina y va tomando forma
una disciplina que hoy está popularizada como desarrollo personal,
ya que con ella se asegura una respuesta a las problemáticas y dudas
que se plantean en la mejora del bienestar. La noción de desarrollo
personal tiene significaciones diferentes según sea expresado por
psicoanalistas, por promotores de las novedosas técnicas New Age,
por las llamadas corrientes coaching, por educadores o especialistas
en cuestiones del trabajo, etc., y sus objetivos se suelen marcar en
el conocimiento de uno mismo y la puesta en valor de los propios
talentos y virtudes, en la mejora de la calidad de vida, en poder
llegar a alcanzar las propias aspiraciones más sentidas, etc., es
decir, lo que proclama la revista Sciences humaines:
Las
técnicas de desarrollo personal se orientan a la transformación de
la propia persona, ya sea para deshacerse o aminorar ciertos aspectos
que pueden rozar lo patológico (fobias, ansiedad, depresión,
timidez), ya sea para mejorar las propias performances (comunicarse
mejor en público o en pequeñas reuniones, mejor gestionar el propio
tiempo, afirmarse en ciertas habilidades y destrezas).
Sin
embargo, lo que suele ofrecerse (en el mercado de la formación) como
desarrollo personal, es objeto de severas críticas por parte de
sectores académicos, que consideran ese dominio de conocimientos y
de reflexiones como una pseudo ciencia, pues dicen que así se
promueven conceptos imaginarios o ilusorios, lo que incluso en
ciertos casos puede ser hasta peligroso. Pues las generosas promesas
de felicidad presentes en muchos de los métodos de « desarrollo
personal », podrían llegar a abusar de la vulnerabilidad y
credulidad de algunas personas, a tal punto que lo que pretende
darles una solución se transforme en realidad en un problema y un
peligro para la salud personal. Por ejemplo, ciertos grupos
religioso/sectarios como la Cienciología han sido acusados
reiteradamente de servirse de tácticas de desarrollo personal para
reclutar nuevos adeptos.
Ciertamente,
desde que Jung, hace ya un siglo, planteó que la individuación
es el proceso de diferenciación psicológica, destinado a armonizar
la relación del consciente con el inconsciente, y que tiene por
objetivo el desarrollo de la personalidad del individuo hasta que
la psicología positiva de 1998 consagró el paso del desarrollo
personal de un tema secundario de la psicología a una posición
central, mucho ha llovido y muchos enfoques (¿ensayo-error?) han
tenido los intentos de mejora del bienestar. Sin ánimo de ser
exhaustivo, y por orden cronológico, los estudios de Jung citados,
la psicoterapia cognitivo-comportamental, el método Coué de
autosugestión consciente, la psicología humanista representada por
Abraham Maslow y Carl Rogers, el pensamiento positivo, el análisis
transaccional (AT), el coaching o mentorización, la programación
neurolingüística (PNL), la psico-sociología de los estados de vida
o la psicología positiva, por no hablar de las estrategias nebulosas
del New Age desde que se inició como técnica hace un siglo y que, a
lo largo del tiempo ha usado diferentes herramientas como el análisis
bioenergético, la hipnosis, la relajación, la sofrología, el yoga y
un largo etcétera.
Pero
fue el psicólogo canadiense Albert
Bandura quien concluyó que
ciertas fuerzas humanas más
que otras, ayudan a fortalecer el desarrollo personal, y mostró que
la confianza en sí mismo
es uno de los factores que explica mejor el por qué individuos que
tienen un
mismo nivel de conocimientos y de competencias, pueden llegar a tener
resultados, en todo,
muy diferentes. Este matiz es
capital si tenemos en cuenta que todos los marcos de actuación para
la mejora del bienestar "se olvidan" del bienestar físico,
cuando, en palabras del humanista
franco-norteamericano René
Dubos la salud es justamente
el punto de convergencia de los conceptos de autonomía y bienestar.
No hay duda acerca de que la
referencia principal para la evaluación del mejoramiento global de
un individuo es la propia persona en sí misma, lo que puede
apreciarse de forma empírica realizando (y los programas serios de
desarrollo personal lo suelen hacer) un test de
auto-evaluación, que ayuda a determinar si ha habido algún progreso
o si incluso eventualmente el individuo ha pasado a un nuevo estado
en el desarrollo de su personalidad pivotando sobre todos sus ámbitos
y gestionándolos en una suerte, como decíamos, de sistema de vasos
comunicantes.
Anímicamente, todos
partimos (consciente o inconscientemente) de un estándar de bienestar
subjetivo, que suponemos con capacidad de mejora, y en cuyos
componentes admitimos variaciones temporales: una enfermedad,
un bache financiero, un conflicto de pareja, etc., cuya adecuada
gestión equilibrada y potenciada con los ámbitos no afectados nos
permite mantener ese standard global subjetivo y confortable mientras
dura la incidencia. Pero, ¿qué pasa cuando la incidencia
desequilibrante no es temporal? ¿cómo enfocar ese, ahora sí,
imprescindible desarrollo personal ante la adversidad (reglado
o instintivamente autónomo)? Son situaciones que se presentan a
menudo: la desaparición de un ser querido, una catástrofe natural,
un crack financiero generalizado, la aparición de una enfermedad
irreversible...
No pretendemos, ni mucho
menos (ya nos gustaría), ofrecer soluciones de cómo gestionar estos
desequilibrios, sino simplemente reflexionar sobre alguno de ellos.
No se trata de frivolizar aplicando el viejo proverbio (dicen que
árabe) de que si tienes un problema que sabes que tiene solución,
no te has de preocupar y si sabes que no la tiene, ¿para qué
preocuparte?, sino de ver si hay forma de abordarlos. De todas
formas, a un observador objetivo no se le escapa que el único
desequilibrio de los irreversibles que el individuo puede gestionar
es, precisamente, el que no contempla ningún programa de
desarrollo personal, el que se refiere al bienestar físico, a la
salud en definitiva. Todos los demás son exógenos.
Dice Sally Goddard Blythe,
directora del Instituto de Psicología Neurofisiológica de Chester,
en el Reino Unido, que el equilibrio nos permite tener los necesarios
sentimientos de seguridad y estabilidad, que se transfiere de lo
físico a lo emocional, de forma que el desequilibrio físico afecta
negativamente a todas las facetas del desarrollo personal. Y la cosa
se complica, porque, en palabras del escritor keniata eterno
candidato al Nobel Thiong'o, en la búsqueda del equilibrio (armonía
dice él) hemos de ser conscientes de que estamos siempre conectados
con nuestro entorno, o lo que es lo mismo, que se origina un efecto
similar al de la matemática Teoría del Caos (ya sabéis, aquello
tan desasosegante de que el aleteo de una mariposa en Canadá puede
provocar un terremoto en Japón) porque nuestro equilibrio o
desequilibrio influye en el de nuestro entorno y al revés.
Hay un conocido juego de
mesa, encuadrado dentro de los "de habilidad" consistente
en que apilando un número determinado de piezas, generalmente de
madera, se construye una torre y, después, los jugadores, en un
orden establecido, van intentando sacar piezas de la estructura para
llevarlas a la parte superior y seguir haciendo crecer la torre...
sin que se derrumbe todo lo construido al quitar la pieza elegida.
En la búsqueda del
crecimiento personal (que no debe limitarse en este aspecto a las
etapas clásicas de aprendizaje de infancia y adolescencia)
coordinado con el mantenimiento del equilibrio en que se funda el
bienestar, el quehacer es parecido al del juego de la torre de piezas
de madera, con la gran diferencia de que no es uno mismo quien elige
la pieza desequilibrante, pese a que el objetivo coincide con el que
persigue el juego: evitar el fatal e irreparable derrumbe. Cobra
fuerza entonces la idea de Bandura de la importancia capital que
tiene la confianza en uno mismo para encarar un proceso de este tipo,
sin que haya que deducir por ello que deban rechazarse todas
las posibles ayudas externas. Y es que, en el proceso de la búsqueda
del necesario reequilibrio, es conveniente tener al alcance o poder
disponer de alguna forma de ayuda... ¿externa? Pensemos que se debe
asumir que la ayuda externa, por definición, es temporal (salvo que
existan patologías psíquicas insuperables, pero eso, si se da,
entra en territorio exclusivamente médico) por lo que, para poder
calificarla y potenciar su eficacia, es imprescindible determinar qué
pilar de la estabilidad, de los citados al principio, se desequilibra
e identificar el alcance estimado del desequilibrio.
... y de prácticas.
En definitiva podemos
afirmar que el objetivo es conseguir mantener lo menos maltrecho
posible el pilar que hemos definido más arriba como (copiamos)
emocional, que se refiere a la habilidad de manejar
las emociones, (ojo, no reprimirlas sino saber manifestarlas de forma
apropiada, a un tercero pero, sobre todo, a uno mismo) para tener
suficiente flexibilidad de disfrutar más de la vida, con todos sus
conflictos y tensiones. Parece evidente que la tarea es hallar la
llave secreta para dominar los efectos del bamboleo de los otros
pilares. Y al final, siempre se acaba en Bandura: lo más importante
es la acción interna de uno mismo, lo que corrobora la evidencia de
que a medida que aumenta el desequilibrio, mayor es el grado de
introspección personal para asumirlo, se cuente o no con ayuda
externa.
Si nos atenemos a los
pilares de bienestar que hemos identificado más arriba, resulta
obvio que pueden darse (y coincidir, a veces) diferentes causas de
desequilibrio, como el quedarse sin trabajo, la pérdida de un ser
querido, sufrir un accidente de tráfico, divorciarse, etc, y que
alguno puede ser temporal y otro irreversible, pero, en resumen, el
esfuerzo más importante a hacer es el de asumir su realidad para
poder afrontarlo. Vayamos, por ejemplo, a uno de los casos más
desequilibrantes que existen, que es la pérdida imprevista de un ser
querido (obviamente, las pérdidas por ley de vida, también
duelen lo suyo, pero se acaban asumiendo con un menor trauma
emocional). Puede ser conveniente acudir a ayuda externa, casi
siempre a alguien que ha pasado, y superado, un trance similar (un
inciso: con contadísimas excepciones, acudir a expertos gurús
no solamente no ayuda, sino que suelen incrementar la confusión pues
suelen aportar recetas estándar, iguales para un
desequilibrio emocional, financiero, social o del tipo que sea. Otro
tanto puede decirse de la mayoría de libros de "autoayuda",
en el fondo bestsellers que, con un objetivo puramente comercial
dicen en sus páginas lo que el confuso lector espera leer, entre
otras cosas porque si no, no se vendería) pero esta ayuda externa,
para que sea eficaz ha de ser necesariamente temporal, sólo del
tiempo imprescindible para entender cómo asumir el desequilibrio a
través del análisis de lo que otros han hecho en situaciones
similares. El esfuerzo, pues, es íntimo, y por eso es tan pernicioso
que la presunta ayuda se fundamente en "Has de... ",
"Tienes que... " y similares, condicionando decisiones que
sólo corresponden a la persona que ha de salvar el bache.
Curiosamente, cuando el
bache se origina en el primer pilar de la estabilidad, en el pilar
físico, aquel que definíamos como la sensación de tener
una buena salud general, o sea, poder satisfacer razonablemente bien
las necesidades primordiales del cuerpo y de lo que con él se puede
realizar, nunca se piensa en ayuda externa para superarlo
emocionalmente (excepción hecha de la ayuda médica o clínica,
naturalmente, que se encuadran en otro ámbito), lo que demuestra que
el mayor esfuerzo siempre es el íntimo. Además, nadie mejor que uno
mismo para evaluar la intensidad y duración de ese esfuerzo para el
reequilibrio potenciando en ese tiempo de enfermedad otros pilares
hasta que se recupera la normalidad. Pero, ¿y si se sabe que nunca
se recuperará? Por ejemplo, ante la amputación de un miembro, que
es irreversible y obliga a buscar un sustituto emocional permanente
o, un caso especial, la presencia inopinada de una dolencia
neurodegenerativa, en general poco conocidas y de las que se sabe el
final pero no la forma y duración del proceso para llegar a ese
final.
Detengámonos en ellas, sin
morbo añadido pero sí con objetividad, para intentar analizar si
realmente se puede lograr el reequilibrio del bienestar incluso en
las situaciones más difíciles. Hay una corriente de pensamiento
filosófico que dice que la vida es la capacidad de decidir.
Efectivamente, cada día tomamos decisiones. A cada momento. A veces
somos más conscientes de ello, otras ni nos damos cuenta; unas son
más banales, otras más trascendentales. Pero siempre estamos
tomando decisiones. Sin dejar el plano teórico, parece evidente que
una enfermedad que tiene un progreso conocido de antemano de que se
va mermando y condicionando inexorablemente la capacidad de decidir
da validez al título de la novela de Milan Kundera (de cuando
Kundera no era aún el Kundera que hoy conocemos, y de lectura
recomendable, dicho sea de paso) La vida está en otra parte,
a la vez que hace recordar la idea citada del escritor Thiong'o, de
que en la búsqueda del equilibrio hemos de ser conscientes de que
estamos siempre conectados con nuestro entorno. ¿Qué hacer? ¿Seguir
tomando de referencia el cambiante pilar físico? ¿Hay otro método?
Hace un tiempo asistí en el
Auditorio de Barcelona a una actuación de la Banda de Música de la
Guardia Urbana, en cuyo programa figuraba la conocida suite sinfónica
Scheherezade, del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov,
caracterizada, como se sabe, por una deslumbrante y colorida
orquestación con un acusado protagonismo de los instrumentos de
cuerda... precisamente de los que no dispone una banda de música, limitada a los
de viento y percusión.
Confieso que estaba
intrigado por escuchar la solución dada por el arreglista al primer
solo de violín en el primer movimiento; en el segundo ya no se
echaban de menos los violines y, al finalizar la interpretación,
quedaba en el aire la sensación de que Rimski había compuesto la
obra sólo para instrumentos de viento. Es decir, se había
conseguido un alto equilibrio armónico prescindiendo de un pilar que
se consideraba básico en la armonía de conjunto.
Pues algo parecido puede
suceder con el mantenimiento del equilibrio del bienestar ante
situaciones difíciles como la que analizamos, focalizando,
posiblemente, el esfuerzo, no en asumir la dolencia física y lo que
ella representa, sino en el esfuerzo de mantener el bienestar del
entorno como si no existiera en él el pilar del propio bienestar
físico. Pero no debe de ser fácil, y nadie pretende que lo sea,
entre otras cosas porque para ello se ha de cambiar conscientemente
el orden de prioridad instintivo del equilibrio y lograr ver el pilar
físico propio desde fuera, como un factor que no afecta al
bienestar (imprescindible) de todo el entorno, desdramatizando, en lo
posible, cualquier pensamiento o sentimiento que se desvíe de lo que
marca el estándar del bienestar y ensayando hasta dominarlo el
exhibir como natural la clásica cara de poker, inexpresiva
ante lo no positivo.
Quede claro que estas líneas
no son recetas (ya nos gustaría) sino simples reflexiones
fruto de la observación, que pueden estar equivocadas. No se trata,
en modo alguno, de permanecer inconscientemente ajeno al deterioro
que produce este tipo de enfermedades, al que se ha de estar, al
contrario, muy atento, sino variar la forma de verlo y exteriorizar
sus efectos; la respuesta que citaba al principio de mi amigo Rafael
es un buen inicio, mejorada a veces en "Bien, si no entramos
en detalles" dicha con la mejor de las sonrisas. Otra buena
respuesta es la de "Hoy estoy como nunca", también
expresada con una sonrisa, que tranquiliza y desarma al interlocutor
a pesar de que, en el fondo, encierra la cruel realidad de que cada
día que pase, el estado será peor. Es eso, la comparación de la
situación con el paso del tiempo, lo que constituye a la postre, uno
de los principales enemigos a esa decisión de mirarse desde
fuera. Y es inevitable. Porque siempre habrá (afortunadamente,
por otra parte) personas bienintencionadas que, con su mejor
voluntad, se interesarán por saber "¿Cómo estás hoy?¿Se
te ha pasado el malestar que me comentaste la última vez?",
lo que te transporta, sin querer, a establecer secuencias temporales
para la respuesta (positiva y con sonriente cara de poker, no
lo olvidemos) y a recordar que hace un par de años programabas las
etapas del Camino de Santiago y hoy te es imposible bajar sin ayuda
el bordillo de la acera de tu casa, pongamos por caso.
No es fácil, no, pero
tampoco debe abordarse como una heroicidad, que no lo es; simplemente
cabe ser consciente de que cada caso es un mundo, como se suele
decir, y que para conseguir el bienestar auténtico a veces hay que esforzarse en trabajar en un cambio
radical y consciente de prioridades y prescindir, si es necesario
(para uno mismo y para el entorno) de referencias que, en otros
supuestos, resultan indispensables.
Nada más (y nada menos).
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1El
ámbito "social" del bienestar es producto de la llamada
“cuestión social”, iniciada efectivamente en el siglo XIX, por
los sufrimientos de la clase trabajadora a consecuencia de la
revolución industrial y de la que se hicieron eco intelectuales,
políticos y religiosos. En concreto, la Iglesia abordó de lleno
esta cuestión a partir de León XIII y su encíclica “Rerum
Novarum” (1891), y Pío XI y sus encíclicas "Quadragesimo
Anno" (1931) y "Divini Redemptoris" (1937), con las
que se establecieron los principios rectores del enfoque cristiano
en relación a lo social, lo que incluye la dignidad de la persona
por encima de cualquier otro aspecto, y la necesidad de reforzar el bien
común.