sábado, 12 de agosto de 2017

El humor, esa herramienta política

Tal día como hoy, 12 de agosto, festividad de San Fortino en México, nació en ciudad de México hace 106 años Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido simplemente como Mario Moreno, y más como Cantinflas, que fue un actor y comediante, ganador del Globo de Oro en 1956 con una gran trayectoria cinematográfica, que lo hace ser uno de los comediantes más grandes y recordados de habla hispana y como el más reconocido comediante mexicano de todos los tiempos. Se dice de Mario Moreno que es el «Charles Chaplin de México».
Salió de los barrios pobres donde tuvo origen su personaje Cantinflas, que gozó de una enorme popularidad, y que venía a ser el típico «pelado» asociado con parte de la identidad nacional de México, sobre todo de las clases bajas.
Además de actor y empresario, Mario Moreno también llegó a entrar en la política de su país y, aunque de perfil conservador, su reputación como portavoz de los desprotegidos le proporcionó autenticidad y se convirtió en una figura importante en la lucha contra el "charrismo" sindical, que es la práctica del gobierno de un solo partido, para manejar y controlar a los sindicatos.

Hoy día, las generaciones jóvenes ni lo conocen, y en los adultos seguramente queda fijado el cliché del personaje capaz de hablar y hablar... sin decir nada pues entre las cosas que lo hicieron querido por el público estaba el uso cómico del lenguaje en sus películas; sus personajes (casi todos una variación del mismo personaje, pero en diferentes papeles y situaciones) entablaban una conversación normal para después complicarla al punto de que nadie entendía lo que estaba diciendo. El personaje de Cantinflas, en sus películas, era particularmente proclive a ofuscar la conversación cuando hablaba con alguien a quien le debía dinero, cuando cortejaba señoritas o cuando trataba de salir de problemas con las autoridades, arreglándoselas, por cierto, para humillarlas sin que se dieran cuenta.

Hay que decir en su honor que la Real Academia Española incluyó el verbo cantinflear y las palabras cantinflas y cantinflada en su diccionario en 1992. Posteriormente añadió los adjetivos cantinflesco, cantinflero y acantinflado y el sustantivo cantinfleo.

Cantinflas, con su estilo, demostró que el humor se puede utilizar como herramienta contra los abusos de las autoridades. No es nuevo; entre otros muchos autores, Josep Pernau, en su libro Humor de combate: cómo sobrevivir a las dictaduras (Roca Editorial, 2007) reconoce el poder del humor como herramienta de resistencia política y desde un anonimato inevitable, la risa clandestina y mordaz se alza siempre como la mejor arma en tiempos difíciles; en este caso, recoge en el libro historias que han servido de desahogo a multitud de personas en épocas de opresión1.
Se dice que el humor es la mejor combinación de la tragedia con el tiempo. Esta máxima aumenta el mérito de tantos anónimos personajes que, desde su trinchera de ingenio, y cuando fue necesario, combatieron la incidencia de la dictadura con su humor de combate. El libro es, en realidad, un reconocimiento a todos ellos.

Por eso es tan preocupante la deriva actual en este terreno; comparar la libertad con que se hacía humor en los años 70 y 80 del pasado siglo (novedad de tetas y culos aparte) en todos los sentidos de ideologías con el corsé de pensamiento y expresión de hoy, causa alarma. Un país que permite (y sigue votando) con normalidad e indiferencia que un gobierno elegido por recuento de número de votos favorables (no confundir con democrático; que sea democrático es otra cosa, más ligada con sus acciones) se atreva a procesar ¡por lo penal! a través de SU fiscalía a quien hace chistes políticos o similares, curiosamente sólo en una dirección ideológica (teniendo en cuenta que, naturalmente, esos chistes no tienen por qué ser del agrado de todos y haya quien los considere, legítimamente, de mal gusto o incluso irreverentes) mientras participa, alienta y jalea la burla, chanza, menosprecio y amenaza de quien piensa diferente al estándar oficial, consagrando de esta manera (aunque culpe al otro, claro) la idea permanente de las dos Españas inentendibles e irreconciliables, ese país, decíamos, jamás podrá diseñar un futuro común.


Pero volvamos hoy con Cantinflas en su aniversario. A medida que fue haciendo películas, sus cintas muestran un cambio: del personaje de la picaresca urbana y popular sólo quedaría un humor basado en el uso reiterativo del "cantinflismo", es decir, de esa habilidad ya mencionada para hablar mucho y no decir nada. Poco a poco, Mario Moreno (no su personaje) se convirtió en un portador de juicios y críticas contra la sociedad "pueblerina", en particular, y contra la humanidad, en general. De este modo, arremetió con singular énfasis contra la "aristocracia desnaturalizada" del Poder, haciendo que triunfara lo auténtico sobre lo falso. Y eso sí que se entendía ¡vaya, si se entendía! Se constituyó en el hombre que siempre decía la verdad, aunque en forma sarcástica, y sufrió las consecuencias, en el ejercicio de su profesión, de esa fidelidad a sí mismo.
Si en sus interpretaciones denunciaba las desigualdades sociales y la insolidaridad, en la vida real obraba en paralelo, realizaba obras caritativas y llegó a montar una oficina para los necesitados. La última etapa de su vida, después de enviudar, estuvo marcada por su participación en actos sociales y políticos (incluso llegó a pronunciar un discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas). 

Precisamente rescatamos aquí el discurso ante la ONU, pero no el real sino el de la ficción (?), de la película de 1966 Su Excelencia

Sin comentarios, salvo el de que el discurso tiene 51 años y, con matices, es de rabiosa actualidad.

¿Tiene vergüenza quien debe tenerla?

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1Como muestra, un ejemplo: "En una dictadura, cuando uno se planta en medio de la plaza del pueblo y empieza a gritar que el tirano es un imbécil, le pueden detener por dos cosas: por escándalo público y por divulgar un secreto de Estado".

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿Así se escribe la Historia?

King Crimson es, con más de cuarenta años de trayectoria, una de las bandas más longevas de la historia de la música y uno de los más importantes representantes de lo que se conoció como rock progresivo. Además, sus componentes (cambiantes a lo largo del tiempo) están considerados como músicos de gran calidad técnica e interpretativa. En 1969 el grupo debutó como telonero de los Rolling Stones en un concierto en el Hyde Park londinense, y ese mismo año grabó su primer disco, In the Court of the Crimson King, cuya cara A (estamos hablando de vinilo, naturalmente) cerraba "Epitaph", canción marcada, por un lado, por su letra apocalíptica, de Ian McDonald y, musicalmente, por la presencia dominante en ella del mellotron (instrumento musical electro-mecánico polifónico que apareció a mediados de los años 1960 y que hizo furor por su utilización en la música rock). En la canción, antes de repetir el estribillo de "La confusión será mi epitafio" (Confusion will be my epitaph), se explica, entre otras cosas, que "El destino de toda la humanidad, veo, está en manos de tontos" (The fate of all mankind, I see, is in the hands of fools)


Lo que pasa es que esa verdad latente en cualquier observador no fanatizado, de que, con frecuencia, ciertas acciones de los gobiernos de turno carecen totalmente de sentido, son hábilmente escamoteadas o justificadas en la Historia oficial; por ejemplo, este mes de agosto se cumplen 103 años de una carnicería de soldados franceses a manos de las tropas alemanas en el frente de Metz y Estrasburgo (o de Alsacia y Lorena, como queráis) durante la 1ª Guerra Mundial, originada porque el Alto Estado Mayor francés ordenó a su Infantería atacar en tromba las posiciones enemigas porque sus espías le habían asegurado que los alemanes rehusaban usar la bayoneta. Lo que no le habían dicho es que esto era así porque disponían de unos artilugios novedosos llamados ametralladoras que eran capaces de hacer quinientos disparos por minuto y que hacían innecesarias las bayonetas. Fue la primera gran carnicería de esa guerra, disimulada en los libros de Historia por el hecho de que Alemania resultó perdedora, con lo que la masacre se presenta como un heroico sacrificio necesario en lugar de un fallo garrafal del Mando, con consecuencias trágicas.

¿Cómo lo explicarían si Francia hubiera quedado en el bando de los vencidos? Pues hay que suponer que con pocas diferencias. Y es que, en los casos en que es más evidente la inoperancia, ignorancia, ineptitud, arrogancia, incompetencia (a veces, la suma de todas) de un gobierno, más descarada es la manipulación para culpar a otros de la propia ineficacia, adobado todo ello con copiosas dosis de eso que ahora se llama postverdad y que antes conocíamos llanamente como mentiras, cuando no con falta de información sobre los hechos y el imbuir a la ciudadanía de que creer a pie juntillas los postulados oficiales aún sin explicaciones, es como creer un dogma de fe. Y que eso es lo que se debe hacer. Eso nos pasa ahora, sin ir más lejos, con el cansino, y cada vez más peligrosamente enrevesado tema "de Catalunya", que empezó siendo la voluntad de presentar un memorial de agravios al Gobierno de Madrid y que vete a saber lo que acabará siendo.

Sin entrar en el fondo ni la evolución de la cuestión, nos limitaremos a señalar algunas muestras (ya conocidas, por otra parte) de manipulación insana, siguiendo los casos comentados, encaminada a apelar a unas "esencias patrióticas" previamente manipuladas también para tapar la manifiesta ignorancia en gestionar el tema.

Para empezar, resulta cansina esa cantinela aplicada desde el principio para todo lo que rodea el tema, y repetido con llamativo seguidismo por la mayoría de medios y por todos los partidos, "constitucionalistas" (¿o hay que decir "inmovilistas"?) de que estamos ante algo ilegal, prescindiendo de que en sus orígenes hace 6 años numerosos dictámenes de reputados juristas (entre los que habían padres de la Constitución) certificaban que la consulta planteada entonces estaba perfectamente amparada en la Constitución de 1978 y que su celebración estaba supeditada sólo a la simple voluntad política. La respuesta del Presidente del Gobierno fue "Yo no quiero", sin aportar ni una sola razón a la negativa.
Lo curioso es que mientras en 6 años los legisladores (?) no han tenido tiempo para evaluar la razonabilidad y forma de las demandas ciudadanas con el fin de hacer su trabajo y ver si conviene revisar (o no) la normativa para canalizarlas adecuadamente (vamos, que no se ha hecho NADA), el Gobierno ha puesto en marcha una Ley (votada en el Parlamento, todo hay que decirlo) por la que, quebrantando esa Constitución que pregonan defender, confiere atribuciones anticonstitucionales al Tribunal Constitucional para que vaya haciendo trajes sancionadores a medida para cada iniciativa anunciada por la Generalitat y que el Gobierno se manifiesta incapaz de gestionar políticamente.

Otra muletilla que no resiste ni un análisis superficial (y hay que trasladarse para ello varios años atrás) es aquello de que presentar agravios es romper y dividir España. Si hay que poner una fecha y nombrar un protagonista de esa ruptura y división de España, esta fecha es anterior al inicio del actual "tema Catalunya" y el protagonista no es la Generalitat. El 31 de julio de 2006 el Partido Popular presentó ante el Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatut de Catalunya, en el que se recurrían 114 de los 223 artículos y 12 disposiciones del mismo mientras que no hubo recurso contra otros Estatutos de contenidos similares. Paralelamente el Partido Popular inició una campaña de recogida de firmas "contra los catalanes" (sic) con la que consiguió numerosos votos viscerales, espurios pero válidos en una votación. Resulta palmario, pues, que España se rompió entonces al enfrentar artificialmente, por motivos partidistas, a unas comunidades con otras (al margen de cuál sea la elegida para hacer de pim-pam-pum. Lo relevante es alentar el enfrentamiento), criminalizando desde ese momento cualquier iniciativa, hasta que la ciudadanía, jaleada sólo con slogans y no con información veraz, apoya sin pensar esa muletilla del gobierno. Además, pensemos, alguien medianamente inteligente que realmente busque la unidad (no impuesta por la fuerza) será el primer interesado en conocer si hay agravios e identificarlos para gestionarlos conjuntamente de manera adecuada; jamás prohibir expresarlos. Y mucho menos amenazar con castigos por hacerlo.

Pero donde se observa un salto cualitativo en la demostración de incompetencia para entender y gestionar el tema es en esa apelación inmoral a que presentar agravios es atentar contra la soberanía de todos los españoles. Parada obligatoria. ¿Qué es soberanía? ¿La facultad de elegir que sean recortados los gastos superfluos de los ministerios y no la sanidad? ¿La seguridad de que será tenida en cuenta y tramitada siempre la presentación de una Iniciativa Legislativa Popular? ¿La confianza de que serán expulsados y castigados todos los cargos públicos envueltos en corrupción? ¿La idoneidad de reprobar y remover a los representantes públicos que voten sin más para aprobar leyes claramente lesivas para los intereses de sus representados?.... ¿O sólo se habla de soberanía para impedir que una minoría (sobre el conjunto estatal, claro) exprese las razones de unos agravios, no sea que se identifiquen con ellos? Porque, mirado sin pasión fanática, ¿quién soy yo para prohibir las razonadas aspiraciones de un tercero, esté o no de acuerdo con ellas?
Bien haría el Gobierno en extremar la prudencia con la manipulación interesada de conceptos delicados como el de soberanía, con el que se le pueden sacar los colores en un momento. Por recordar sólo acontecimientos recientes sobre los que se observa que se corre un tupido velo que los oculta, el 12 de octubre de 1968 (hace menos de 50 años, un suspiro en términos de períodos históricos), en plena dictadura, se concedió la independencia a la entonces Guinea Española, sin que haya constancia de que se apelara a la recia y viril soberanía ciudadana para concederla o no; es más, no consta que votasen en su referéndum, del 11 de agosto de 1968, Murcia o Extremadura, pongamos por caso, sino sólo los ciudadanos guineanos.
Tampoco consta que se apelara a la soberanía para consolidar el traspaso a Marruecos de Ifni y otros territorios ni, sobre todo, cuando, en 1976, España abandonó ignominiosamente el Sahara Occidental y sus habitantes (españoles de pleno derecho) en manos de Marruecos y Mauritania según los Acuerdos de Madrid de 1975, no válidos, por cierto, según el Derecho Internacional. Paradójicamente se presentó como un triunfo de la soberanía el desenlace del chusco incidente del deshabitado islote de Perejil, que no llegó a más por la sensatez del gobierno marroquí frente a la belicosidad del entonces ministro Trillo.
Mucho cuidado con el uso de determinadas expresiones para alimentar un sentimiento anti-algo que se quiere basar en la creación de falsos bajos instintos.
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Mención aparte merecen los discursos elaborados por la Casa Real, aparentemente más comedidos y que utilizan lugares comunes para llegar a la misma conclusión que el Gobierno. Si hay un leit motiv repetido machaconamente para negar el derecho a expresar agravios es sacar rápidamente a colación "lo que nos une" (si bien no se define nunca qué es eso que nos une), y "la Historia común". Pues, siento decirlo, pero los redactores deberían saber que una Historia, relato por definición de vencedores y vencidos jamás puede ser común; nunca se puede equiparar el rol del vencido con la justificación del triunfador. Si existen lo que se conoce como agravios históricos, difícilmente se puede defender con ellos la existencia de una Historia común, sino de una Historia impuesta a la que se ha de llamar "común".¿O alguien con dos dedos de frente, por muy redactor de discursos que sea, es capaz de mantener que la historia de sacrificios, renuncias y humillaciones (que aún colea) de los vencidos en nuestra guerra (in)civil es la misma que la de los excesos (que ídem) de los vencedores? Por eso mismo, la Historia nunca puede servir de base en los planes de futuro de las personas salvo que se diseñe de forma que los vencidos sigan siéndolo, al igual que los vencedores. Es más, la Historia no sólo no es incuestionable (veleta que sigue el viento dominante en cada momento) sino que es un conocidísimo instrumento de manipulación de las "esencias del poder1" hasta el punto de que a veces es difícil distinguir la realidad de la ficción e, incluso a veces, se venera la ficción sabiendo que lo es. ¿Quién no ha oído hablar de la Sindone, Sudario de Turín, Sábana Santa o Santo Sudario? Ya sabéis, esa tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión y que se venera como el sudario que albergó el cuerpo de Jesús cuando lo bajaron de la cruz, desde que en 1958 el papa Pío XII autorizó la imagen en relación con la devoción católica hacia la Santa Faz de Jesús. No se desvela ningún secreto al decir que la Santa Sede autorizó en 1988 la datación por carbono-14 de la sábana, que se realizó en tres laboratorios diferentes, y los tres laboratorios dataron la tela entre los siglos XIII y XIV (concretamente entre1260 y 1390) pero, en 1998, Juan Pablo II dictaminó como válido el peso de la tradición.... y se siguen obteniendo royalties por su contemplación en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista, en Turín, pese a saberse que es un fiasco.

La verdad es que, a desgrado de los historiadores vocacionales no políticos (que los hay), en todo el mundo se teje una maraña entre la realidad y la ficción interesada que frecuentemente es complejo identificar en el imaginario histórico colectivo lo que es o ha sido real. En el caso de la Historia de España, hay un antes y un después del noventayochismo que impulsa la creación de una historia "común". Efectivamente, en una época en la que España está agotada por la pérdida de las últimas colonias, arruinada económicamente y con incipientes problemas con sus posesiones en Marruecos, necesita mitos a los que agarrarse para levantar la moral y los encuentra en las ideas de, entre otros, el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal y su fascinación por el Romancero medieval de Castilla. De ahi a convertir las leyendas de Castilla en el crisol de los mitos de toda España, un paso, unido a la concepción centralista de la sociedad que tan bien le vino al nacionalcatolicismo posterior y que llegó a considerar los nacionalismos periféricos como un accidente morboso de la Historia de España, en contraposición con la idea imperante desde la invasión napoleónica de que España es una gran nación compuesta de pequeñas naciones2.
A decir de los expertos, la idea de España y de los españoles que defendía Menéndez Pidal es hoy difícilmente sostenible y, además, hay muchos historiadores recientes que han demostrado la falsedad de los mitos fundacionales de Castilla. La figura del Cid, de Fernán González, de los jueces de Castilla… no eran tan importantes en la historia de Castilla y se demuestra, en definitiva, que todas las naciones que conocemos son inventadas, todas nacen de manera artificial, no hay ninguna nación elegida por motivo divino, no hay ninguna que sea una realidad natural eterna.

Para acabar estas reflexiones, nada mejor que un divertimento consistente en el análisis de la evolución de una historia (ajena, para no herir susceptibilidades) y las ramificaciones que puede generar a lo largo del tiempo.

Cuando uno se desplaza por la autopista francesa des Deux Mers adentrándose en el Midi desde el Mediterráneo, encuentra en un altozano cercano a Narbona, ya en camino a Carcasona, una escultura monumental de cemento de más de 10 metros de altura que representa a tres "caballeros", con los que se consolidan los avisos que se han podido encontrar si venimos de Nimes, Montpellier, Beziers..., es decir, en todo el Languedoc, "Vous êtes en pays cathare" (Estais entrando en el país cátaro) y se publicita la ruta de los castillos cátaros y toda una industria turística temática.


Los cátaros... El catarismo fue un movimiento religioso gestado muchos siglos antes de que apareciera por Europa, nacido de las antiguas creencias paganas orientales, cuya principal doctrina contenía dos principios fundamentales y contrapuestos, el Bien y el Mal, que representaban respectivamente, la parte espiritual del hombre, contra el mal, representado por el diablo en todo lo material, que se consideraba impuro. En Europa, los cátaros consideraban a la Iglesia de Roma, desorientada y perdida de la primitiva esencia con la que los primeros cristianos vivían su Fe, con sencillez, pobreza y humanismo, que según los cátaros, había perdido en gran manera, convirtiéndose en una religión, prepotente, intransigente, cuyos fieles vivían en continuo temor al castigo divino por cualquier falta o desvío de sus actos, que pudiera reportarles la condenación de sus almas, estaban los cristianos obligados bajo pena de excomunión, obediencia ciega hacia los dogmas que la Iglesia, consideraba inamovibles. Por eso a los cátaros se les llamaba "perfectos". Se conoce su implantación en Asia Menor, norte de Italia, sur de Francia, y en zonas del Camino de Santiago de España, Navarra, Aragón y muy extendidos en Catalunya (donde eran conocidos como bons homes). Su evolución está muy documentada, aunque parece que poco estudiada realmente, en las crónicas de la época, "El libro de los dos principios"... y las actas de la Inquisición que los persiguió.
¿Por qué, entonces, un movimiento tan extendido se asocia hoy sólo con el sur de Francia? Pues por razones políticas posteriores, como en muchas Historias oficiales.
En 1872, Napoleón Peyrat, escritor de fértil imaginación aunque poco preocupado por la veracidad, publica su Histoire des Albigeois: les Albigeois et l'Inquisition en la que viene a glosar que la victoria definitiva de los cruzados papales sobre los cátaros en Montsegur significó la desaparición de los derechos dinásticos del Rey de Aragón y el Conde de Barcelona (que toleraban o protegían a los "perfectos") sobre Occitania, el Rosellón, el Languedoc, la Provenza, etc., que pasaron, como agradecimiento de su apoyo al Papa, a manos del Rey de una Francia, que era entonces un reino minúsculo en el norte, en permanente conflicto con Bretaña. Para dar más valor a esa naciente expansión de Francia, Peyrat dió al Languedoc una importancia económica y estratégica que no tenía, y se sacó de la manga la existencia de un gran tesoro cátaro, que los vencidos consiguieron ocultar, antes de ser aniquilados, en unas cuevas en el entorno de Montsegur. Tampoco importa en el relato de Peyrat que, tras la capitulación de 1244 en Montsegur, el movimiento cátaro aún durara 77 años (hasta 1321, con la ejecución del último "perfecto" occitano), aunque ya fuera del Languedoc y sus líos dinásticos
Para seguir liando la madeja, y aprovechando la eclosión en busca de la espiritualidad que supuso el fin de la 1ª Guerra Mundial, el filósofo y magistrado Deodat Roché puso de moda que los garabatos que se habían encontrado en las "cuevas del tesoro de Montsegur" eran en realidad mensajes cátaros para la posteridad3. La siguiente vuelta de tuerca hay que atribuirla al escritor Maurice Magre, que en su obra de nombre larguísimo Magiciens et Illuminés. Apollonius de Tyane. Le Maître inconnu des Albigeois. Les Rose-Croix. Le Mystère des Templiers. Nicolas Flamel et la Pierre philosophale. Saint-Germain l'immortel. Cagliostro le charlatan. Mme Blavatsky et les Théosophes hace un prolijo examen de la secreta influencia en la civilización occidental de los sabios orientales, con gran protagonismo de los cátaros. Magre conoció al alemán Otto Rahn,que internacionaliza el mito del tesoro cátaro, con especial atención al Santo Grial4 o cáliz que contuvo la sangre de Jesús en la Última Cena en su Kreuzzug gegen den Gral. Die Geschichte der Albigenser (Cruzada contra el Grial. La historia de los albigenses). Hay que decir que Rahn se afilió después a las SS nazis y equiparó en sus escritos a los cátaros (“perfectos”) con la raza aria.

Para rizar el rizo, en 1982, los escritores Baiget, Leigh y Lincoln publican conjuntamente El enigma sagrado (The Holy Blood and the Holy Grail en su original en inglés) en el que dan a conocer la hipótesis de que Jesús de Nazaret se casó con María Magdalena, tuvieron uno o más hijos, los cuales emigraron a lo que hoy en día es el sur de Francia. Una vez allí, se involucraron con las familias nobles que se convertirían en la dinastía merovingia, cuya reclamación por el trono de Francia es defendida por una sociedad secreta llamada el Priorato de Sion.
Siguiendo esa línea de ficción, el escritor estadounidense Dan Brown publica en 2003 su conocidísima novela El código Da Vinci, en donde narra los intentos de Robert Langdon, Profesor de Iconografía Religiosa de la Universidad Harvard, para resolver un misterioso asesinato ocurrido en el Museo del Louvre en París. El desarrollo de la historia requiere la solución de varios acertijos y anagramas. La solución a cada uno de ellos se encuentra íntimamente ligada a la posible ubicación del Santo Grial y lo relativo a la misteriosa sociedad secreta del Priorato de Sion, así como a los Caballeros templarios. La historia también envuelve a la organización católica del Opus Dei. Lo más chocante del caso, viendo el tránsito constante entre Historia, leyenda, invención,... es que el Opus Dei se embarcó en una feroz campaña de desprestigio contra la novela y su autor como si los hechos novelados fueran algo así como la Nueva Verdad Revelada que se ha de combatir. La pregunta pertinente que cabe hacerse, pues, es si los Poderes suelen fabricar a sabiendas leyendas falsas a las que dan categoría histórica para crédulos, como temían que pasara con la ficción de Brown.

¿Así se escribe la Historia?

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1No me resisto a recordar en este punto unos artículos leídos recientemente en una página de Internet de Historia (??) en los que se afirma seriamente que el hombre que realizó las pinturas en las Cuevas de Altamira fue un español tal como se considera hoy el término, equiparándolo por ejemplo con Séneca. No eran españoles, sin embargo, Maimónides (cordobés pero judío) ni mucho menos Almanzor (andaluz de pura cepa aunque azote de las tropas cristianas de su época).

2Eso de "nación de naciones" no es un fruto del marasmo político actual como muchos creen en una exhibición de ignorancia política. El término fue acuñado por el militar y lingüista, colaborador de Olavide, nacido en Barcelona, defensor a ultranza de la unidad de España, anticatalán acérrimo (pese a lo que defendía que Catalunya era una pequeña nación en la que su burguesía era dinámica y el motor económico de España frente a la sociedad castellana, que definía como ociosa) y destinado en Cádiz (en donde  colaboró en la redacción de "la Pepa") Antonio de Capmany en su publicación de 1808 El Centinela contra los franceses en la que incitaba a los españoles a una lucha a muerte contra el invasor Napoleón, al que consideraba la Anti-España.

3Quizá cueste creerlo, pero estas teorías estrambóticas tuvieron gran aceptación y se cuentan entre sus defensores personajes de prestigio, como la filósofa Simone Weil.

4Poca broma. Cuando el lugarteniente de Hitler y líder de la SS Heinrich Himmler visitó España en octubre de 1940, se desplazó al Monasterio de Montserrat (que, según le habían informado, era el trasunto del Montsalvat del Parsifal wagneriano) buscando allí el paradero oculto del Grial.

martes, 1 de agosto de 2017

De Costa-Gavras a las patrias

El Premi Internacional Catalunya (menos publicitado y promocionado que otros como el Princesa de Asturias, por ejemplo) es un premio otorgado cada año desde 1989 por la Generalitat de Catalunya con el que se reconoce el trabajo de personas que no sólo han contribuido al desarrollo de la cultura, la ciencia, la economía, etc., sino que además hayan destacado por haber realizado sus trabajos con un alto compromiso ético y humanístico. Entre los galardonados encontramos a Karl Popper, Mstislav Rostropóvich, Václav Havel, Pere Casaldàliga, Jimmy Carter o Malala Yousafzai entre otros. Este año 2017, la distinción ha recaído en el director de cine greco-francés Costa-Gavras1, reconociendo así el jurado, por un lado, "la contribución del cine a la sociedad como una de las grandes formas de representación artística" al ser el primer cineasta al que se concede el premio y, por otro lado, al galardonado en concreto, “la calidad de su extensa e intensa filmografía, así como su mirada crítica sobre el mundo y su compromiso social”.
De la lectura de sus declaraciones y entrevistas (además, claro está, del visionado de sus películas) es fácil deducir su compromiso político-social y su coherencia y hoy nos quedamos con aquella reflexión suya de que la desinformación es la base de la manipulación.

No es ninguna novedad; la falta de información o la información sesgada, parcial o incompleta ha existido siempre como instrumento de influencia en las voluntades, y, por tanto, de poder. Sin ir más lejos, la Iglesia Católica llegó al extremo de excomulgar a quien se atreviera (era ilegal, ¿os suena?) a traducir la Biblia a la lengua vulgar, ya que ello podía dar pie a quien la leyera a interpretaciones diferentes de las que la Jerarquía ordenaba, en un claro ejercicio de información controlada. Por eso resulta tan preocupante ese tipo de periodismo (?) tan en auge hoy día en que se exige al colaborador del programa o a la persona entrevistada "un titular" o una respuesta de sí o no, pedida con insistencia, a cuestiones llenas de matices en las que la información razonada previa es indispensable. Y eso cuando no, como a veces se observa, el titular se parece como un huevo a una castaña al contenido de la propia noticia que viene desarrollada a continuación del titular. El (pen)último ejemplo a que he asistido de este alarde de manipulación interesada (todo sea por las audiencias) prescindiendo del valor de la información, ha sido el de una pizpireta conductora de un programa de tertulia política televisivo preguntando insistentemente a un entrevistado: Dígame sí o no: ¿usted iría a votar en el referéndum ilegal de Catalunya del 1 de Octubre? ¿Sí o no? Y se quedó tan ancha. La pregunta que cabría hacerse, ya que estamos en un tema tan delicado como éste, es si la audiencia tiene información razonada y completa del mismo o se han quedado en la superficie del visceral es ilegal y no te dejo antes de formarse una opinión sólida en uno u otro sentido.
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Enfatizando según conviene
No es este el lugar para desgranar la información de algo tan complejo y con tantas aristas, a lo sumo para recordar que tras la partidista recusación del Estatut de Catalunya por parte del Partido Popular (algún día alguien tendrá que explicar por qué la "Andalucía, realidad nacional" que consta en su Estatuto, por ejemplo, no se recusa, y, en cambio, decir que "El Parlamento de Catalunya, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía, ha definido Catalunya como nación" merece la presentación fulminante de recurso) y de algún que otro portazo del gobierno de Madrid a las aspiraciones catalanas, mostradas en continuadas manifestaciones pacíficas de millones de personas, impele al entonces President de la Generalitat, Artur Mas, a plantear la celebración de una consulta (factible y constitucional en opinión de muchos juristas e incluso de algún padre de la Constitución) para que la ciudadanía se expresara sobre su encaje dentro de España, ante lo que el PP arguyó que eso crearía agravios con el resto de territorios y que rompía España (la expresión es cosa del PP en ese contexto, ahí está la hemeroteca) y el gobierno de Madrid se cerró en banda, sin hablar y sin dar alternativas. De cómo una consulta constitucional se convirtió en el cepo en el que todos estamos metidos es un monumento, precisamente, a las consecuencias de lo que aparece como incapacidad exhibida por el gobierno para gestionar el tema (pese a que su Presidente no cesa de proclamar que es hoy "el principal problema de España") y, acudiendo a Costa-Gavras, a una manipulación a gran escala, para poner a todos los españoles en contra, por una sonora desinformación perfectamente orquestada.

Porque, vamos a ver: ¿alguien recuerda en estos 6 años un solo argumento del gobierno, sus partidos afines y su coro mediático que no sea "es ilegal", "no os dejo" o "es un invento de cuatro visionarios", incluso cuando, en primera propuesta, era una consulta legal sobre un deseo manifestado por millones de personas? Su único argumento ha sido la prohibición permanente (incluso a hablar), el ponerse trascendente excusándose en algo tan difuso como eso de la soberanía (soberanía ¿sobre qué? ¿sobre la voluntad de terceros? Si es eso lo que se pretende, eso no es democracia sino dictadura de mayorías, que es otra cosa), la judicialización a medida que se iban dando avances que no se sabían (o no se podían, en función de estrategias anteriores del partido) gestionar... o el apelar a la fibra sensible de la población, por los perversos efectos emocionales de una presunta separación administrativa.

Craso y pueril error. No vamos a caer ahora en la tentación, seguramente enriquecedora, de transitar sobre el concepto "patria" y sus múltiples variantes (mira por dónde, señuelo frecuente para la manipulación), pero define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como Patria, en su primera acepción a la Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. Si recientemente se han conmemorado los 250 años de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía por colonos a los que no se les discute que vinieran de Stuggart, pongamos por caso, para luchar por lo mejor en su nueva tierra, no se entiende que se cuestione que alguien llegado a Catalunya desde Azuaga, por ejemplo, quiera lo mejor (sin faltar a la solidaridad, por supuesto) también para su tierra de acogida. El futuro de las personas nunca debe anclarse a la historia, al pasado de los Estados, siempre basado en vencedores y vencidos.... salvo que lo que se busque sea perpetuar estos roles.
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Dejadme compartir en este punto una historia real de la que tengo conocimiento fidedigno cercano. En los años 30 del pasado siglo había en la zona a caballo entre Almería y Murcia (allí donde el acervo popular dice que el terreno, a diferencia de otros que dan frutas, verduras, cereales, pastos, etc. ése sólo da pena) una familia numerosa, como muchas otras, que veía con desesperación cómo, a pesar de trabajar de sol a sol como esclavos, incluso los niños, a duras penas conseguían comer casi cada día. Como en aquellos años no estaba España para alegrías, alguien les habló de buscar suerte en el extranjero ¡total, poco había que perder! y, tras muchas dudas porque eso representaba separarse de su familia, amigos, ambiente,... finalmente tomaron la decisión de marchar, embarcando todos en Cartagena, en un pesquero que les llevaría a Barcelona, de donde, en un viaje penoso, se trasladaron a buscar trabajo en los campos de una ciudad del sur de Francia. Cuando, al cabo de poco tiempo, la madre comprobó que (eso sí, trabajando como negros) sus hijos no tenían problema para poder comer cada día ¡y podrían ir al colegio, francés pero colegio!, se guardó celosamente y con cariño todos sus recuerdos y se entregó a la nueva tierra en la que sus hijos tenían un futuro. Jamás volvió al terruño. Y lo que son las cosas; por cuestiones amorosas, los hijos mayores regresaron después a establecerse en España, sin que ello les afectara ni a los unos ni a los otros en sus relaciones con los suyos pese a que, ocasionalmente, los gobiernos de España y de Francia no estuvieran a partir un piñón, en una demostración (otra más) de que lo importante es la persona, no su "etiqueta", lejos de las decisiones administrativas de los gobernantes de turno de los territorios, que en nada pueden influir en los sentimientos y afectos.
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Es evidente, volviendo en este caso a nuestro gran Costa-Gavras, que tiene razón en que la desinformación es la madre de la manipulación, aunque al final es cada uno de nosotros quien decide buscar y contrastar información antes de tomar decisiones, en el sentido que sea, de acuerdo con su ideología, experiencia y sentimientos o se conforma en acatar sin más el slogan fácil que sabe que se lanza para manipularlo.

P.S.- En las líneas que anteceden no hay opinión que no esté respaldada por hechos que se pueden hallar y contrastar en la hemeroteca de los últimos seis años.

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1Konstantinos Gavras, más conocido como Costa-Gavras, nació en Atenas en 1933, hijo de padre ruso y madre griega, y se nacionalizó francés tras llegar a París a comienzos de los años 50 para estudiar cinematografía.
Si se repasa brevemente su filmografía, la película que lo dio a conocer al gran público fue "Z", del año 1969, interpretada por Yves Montand y Jean Louis Trintignant, con guión escrito al alimón con nuestro Jorge Semprun, en la que se reconstruye el asesinato organizado por la policía de un líder izquierdista, y el intento de disfrazarlo de accidente. Posteriormente vinieron "La confesión", sobre las torturas del estalinismo; "Estado de sitio", en la que denuncia la connivencia de la CIA con la asesina dictadura cívico-militar en Uruguay de 1973 a 1985, "Desaparecido", que trata de la complicidad de Estados Unidos en el golpe de Augusto Pinochet en Chile (y que, por cierto, estaba proyectado rodar en Barcelona pero al coincidir el tiempo previsto para el rodaje con el golpe de Estado de Tejero, hubo rápido cambio de planes y se rodó en México). "La caja de música", que habla de los criminales de guerra aún ocultos, etcétera.
Realmente, cada película que dirige le sirve para hacer patente su compromiso político, desde las de su primera época (puro thriller político),o las posteriores de drama sentimental, hasta las de los últimos años, en que se dedica más a la ficción social. En definitiva, como dice el conocido crítico Diego Galán, "su cine compone una crónica política de las principales páginas de la segunda mitad del siglo pasado… y que aún continúa reflejando el presente".

domingo, 23 de julio de 2017

Incompetencia y política y viceversa.

Estamos habituados a que cuando leemos "Érase una vez..." asumimos instintivamente que nos encontramos ante un relato de ficción en el que, como se suelen encargar de recordarlo los autores, "cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia". Pero, ¿cómo nos posicionamos ante relatos de hechos reales tan estrambóticos que le dan sopas con honda a los de ficción?

Viene esto a cuento porque, veréis: a mi buen y viejo amigo Manolo lo han convertido (no se ha convertido, ojo) en espectador de primera fila, privilegiado a la par que engañado, dolido y estupefacto de un espectáculo a medio camino entre el sainete político y el drama dickensiano en el que han querido que él sea protagonista casi único para disimular mejor lo que tiene todas las trazas de ser un cúmulo de torpeza, miopía e ineptitud colectiva.

Me explico. Sin entrar en excesivos detalles identificativos que no vienen al caso (¿para qué?), pues nos hemos informado de que la actuación que provoca estas reflexiones es más frecuente de lo que cabría esperar por lo que no es excesivo generalizar estas conclusiones, resulta que recientemente Manolo lideró una propuesta (en principio colectiva en la que él sólo era la cabeza visible) a la corporación municipal, de tipo social, de imagen y reputacional, alejada de las luchas partidistas y que no exigía ningún retoque presupuestario de las arcas públicas. Al parecer hubo una formación política que llevó al pleno una moción que recogía la propuesta que, incomprensiblemente, cayó de cuatro patas en la confrontación entre partidos y condujo a que se argumentara con razones de índole política el que no prosperara.

Si eso es así, el hecho es preocupante en sí porque demuestra que los representantes del pueblo no tienen la sensibilidad para serlo y que aún tienen mucho que aprender de lo que es y de lo que no es la política, porque, vamos a ver, señores munícipes, si, por ejemplo, se plantea la construcción de una rampa de acceso a la Catedral para que quien tiene que desplazarse en silla de ruedas no encuentre el insalvable obstáculo de las escaleras, se podrá cuestionar esta construcción por motivaciones económicas (no aplicables en el supuesto que comentamos), técnicas (tampoco), incluso estéticas (mejoradas en este caso), pero jamás por razones políticas o partidistas con las que lo único que se hace es una exhibición de incompetencia al elegir argumentos alejados del sentido común, del sentir de la comunidad y de la realidad. ¿O sólo va en silla de ruedas el rival político?

La cosa es que la moción no prosperó, quedando pospuesta sine die.

Y después, el silencio y el querer indignamente presentar a Manolo como culpable de la evolución negativa de la decisión, otra vez por razones políticas. Lo llamativo es que cuando se pedía conocer las razones para tomar su decisión (no responsabilidades que, a la vista de la situación era como mentar la soga en casa del ahorcado), las respuestas resultaban peregrinas, vanas, inconcretas, revestidas de tufillo político de sesgo partidista, Por cierto, si el caso fuera una serie de televisión, no extrañaría que un guionista avispado trabajara ya en un spin-off (secuela para nosotros) del relato principal que analizara la repentina desaparición del escenario como por ensalmo de la gran mayoría de aquellos que daban total apoyo a la propuesta. ¿Dónde están? ¿Suscriben el que no prospere? ¿Dónde y a quién se han quejado?.... Pero eso es otra historia, un spin-off...

Bien, olvidémonos del asunto, en el bien entendido que aquí olvidar debe de entenderse como dejemos de darle vueltas al pasado pero mantengámonos en seguimiento continuo. Será curioso ver lo que se tarda en recuperar la sensatez y quién lo hace, con o sin nueva propuesta formal.
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Hace unos años, antes del inicio de la crisis, en diversos estudios del mundo empresarial sobre la gestión de personas (eso que llaman Recursos Humanos) y su eficacia laboral, se puso de manifiesto que una buena relación entre los jefes y los empleados aumenta la productividad y los resultados de la compañía. No menos importante es saber que, aunque muchas empresas no presten la debida atención a este fenómeno, el estilo de liderazgo de los superiores afecta al bienestar de los empleados que también está íntimamente relacionado con los resultados de la empresa. Y por eso, las organizaciones deberían tener especial cuidado a la hora de valorar esta variable, porque el estrés y el malestar laboral, entre otras causas, pueden ser fruto de una relación tóxica entre jefes y empleados, empezándose a analizar la figura del jefe tóxico.
El paso siguiente, aún en el ámbito empresarial, fue el de certificar que no sólo existen jefes tóxicos, sino también empleados tóxicos que suelen convertirse en un quebradero de cabeza para los jefes, los compañeros, el bienestar cotidiano y hasta el futuro de la empresa1. Estaba cantado; una vez demostrado que esa toxicidad está asociada a rasgos de la personalidad, empezó a perder fuelle el enfatizar sobre jefes o empleados tóxicos y hablar simplemente de personas tóxicas. Pero ¿qué son las personas tóxicas? Desde el punto de vista de actitud (no confundir con actuación), un estudio reciente de la Universidad Friedrich Schiller, de Alemania, muestra cómo influyen las personas identificadas como tóxicas en el bienestar de los individuos que les rodean porque son capaces de absorber el tiempo y energía de los demás al ser una fuente de conflicto, crear malestar y estrés, entre muchos otros problemas.

Naturalmente, al tratarse de un problema de tanta complejidad asociado a la personalidad, es imposible que haya estándares aplicables a toda la gente tóxica; sin embargo, se han realizado documentados estudios como el capitaneado por la psicóloga colombiana Carolina Dulcey que permiten agrupar algunas claves para detectar a una persona tóxica.

1 No escucha: la clave para descubrir a una persona tóxica es que no escucha ni es capaz de dar la oportunidad al otro de explicar sus razones.
2 Siempre tienen la razón: no hay argumento que pueda ganarles, jamás reconocen que cometieron un error.
3 Son manipuladores ya que no admiten nunca lo que quieren en realidad y mueven los hilos de sus argumentos y acciones para que sean otras personas quienes realicen acciones extremas fruto del cansancio emocional que sienten.
4 Mienten y hacen melodrama por cualquier discusión. Además, son sarcásticos y no hay frase que se les pueda decir que no sea objeto de burla.
5 Son evasivos y posan siempre como la víctima, para ellos todo es complot en su contra orquestado por fuerzas malignas.
6 Se quejan y fomentan los chismes, nunca están contentos con nada y siempre son otros los que están haciendo algo malo.
7 Son dependientes y ansiosos, no dejan de darle vueltas a un tema, de acusar, de idear estrategias y de buscar la forma de que las situaciones se compliquen.

En las situaciones de la vida cotidiana podemos encontrarnos con personas que nos van a lastimar, y que por mucho que pongamos de nuestra parte, solo van a querer salirse con la suya pase lo que pase sin dar explicaciones razonadas que no suelen pasar de excusa y existen diferentes señales para detectar una personalidad tóxica, tampoco uniformes, como las siguientes:

- Al final te hace perder los papeles
- Te culpa a ti cuando él es el culpable
- Sientes malestar cuando lo has descubierto y has de estar con él
- No puedes estar relajado y calmado en su presencia
- Estás a la defensiva cuando se acerca
- ....

Ahora bien, llegados a este punto, hay que ir con cuidado a la hora de etiquetar a las personas. Si bien es cierto que hay individuos con una personalidad tóxica, en muchas ocasiones (no en todas), es posible hablar y solucionar los problemas. Todas las personas pueden cambiar, pero hace falta que ellos también pongan de su parte. No obstante, las personas tóxicas existen y pueden provocar problemas relacionales que a la larga afecten al bienestar y calidad de vida.

Para acabar esta somera reflexión, ya que estas líneas no pretenden convertirse en un vademecum sobre las personas tóxicas, una de Perogrullo: antes de culpar a nadie de los demás, resulta imprescindible saber mirarse a uno mismo, porque a veces podemos centrarnos en los demás para justificar nuestro propio comportamiento. A veces es la propia relación (en la que participamos cuando menos dos) la que lleva a que una persona se comporte de manera negativa hacia nosotros.
Los individuos con personalidades tóxicas, sin embargo, suelen comportarse igual con otras personas y en otras situaciones.
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Volviendo a casos (que se dan con profusión, esa es la verdad) como el de mi amigo Manolo, no es difícil observar que muchas decisiones se toman como se toman porque el asunto le viene grande a quien tiene que decidir, o lo que es lo mismo, supera su nivel de competencia, y la verdad es que personas incompetentes conocemos en todos los niveles, desde altos cargos en empresas o esferas políticas hasta la más pequeña de las organizaciones y, por supuesto, también están presentes en esos escenarios cotidianos en los cuales, nos vemos obligados a “lidiar” diariamente con personas que se ven muy competentes cuando no lo son.

¿Las tenemos que considerar también personas tóxicas? Desde luego porque en el momento en que se tiene cerca una persona que vulnera tu integridad personal con esta distorsión cognitiva (vulgo, ignorancia), hemos de considerar su influencia claramente dañina.
Pensemos por ejemplo en esos altos cargos que presumen de sus capacidades organizativas, cuando en realidad, no solo atacan los derechos de sus colaboradores, sino que su proyecto es incapaz de mantenerse por su clara ineptitud como profesional desarrollando modelos que generan una clara inestabilidad e inmadurez en todos. Seguro que lo hemos visto alguna vez. Este comportamiento es en realidad, técnicamente, un sesgo cognitivo de ahí donde la persona tiene una imagen de sí misma completamente errónea. Una persona que no es eficaz en lo que hace, que no tiene conocimientos, que comete errores, o que sencillamente no es apto para lo que quiere “vendernos”… Y sin embargo, gusta de exaltar sus virtudes. A este sesgo se le conoce también como “efecto Dunning-Kruger”.

La base esencial del efecto Dunning-Kruger, donde el incompetente se ve a sí mismo como competente, es una inhabilidad meta-cognitiva donde el sujeto no ve su propia falta de competencia ya que, si llegaran a verla, sería como atentar a su propia confianza, y ello les debilitaría totalmente (que es lo que instintivamente deben evitar. Es decir, lo que en un principio surge para proteger su baja autoestima, se acaba convirtiendo en una auténtica coraza que ellos mismos se creen con total naturalidad), estaría sujeto en estos pilares:

- Falta de realismo sobre la competencia y habilidades de uno mismo.
- Efecto de superioridad ilusorio, que debe mantener a toda y costa.
- Una baja autoestima. Así es, aunque parezca sorprendente la base de todo esto es una clara baja autoestima que les obliga a crear estas “ilusiones” con el objeto de defenderse, para auto-protegerse y aparentar. Y aún más, al defenderlas férreamente hasta que al final, se pierde claramente el equilibrio personal y esa falta de realismo sobre la propia incompetencia.

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El efecto Dunning-Kruger fue acuñado por dos psicólogos de la Universidad de Cornell, de Nueva York, Justin Kruger y David Dunning, tras realizar varios experimentos e investigaciones publicados en "The Journal of Personality and Social Psychology" de diciembre de 1999. Kruger y Dunning simplemente realizaron un experimento consistente en medir las habilidades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes y pedirles una auto-evaluación posterior. Los resultados fueron sorprendentes y reveladores: los más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores. Así vemos por ejemplo la diferencia entre las personas competentes e incompetentes:

- Competentes: Son personas que ven su rendimiento o su capacidad como dentro de la media. Es más, es habitual que duden de sí mismos y se interesen por aprender con la idea de mejorar en las áreas que sean. Saben que siempre es posible mejorar y superarse. Reconocen también los logros de otras personas y están dispuestas a enfocar varias opciones.

- Incompetentes: Piensan que sus capacidades están por encima de la media, son incapaces de ver sus fallos o su falta de eficacia, e incluso no pueden admitir que otros hagan las cosas mejor que ellos.

Como dijo una vez Charles Darwin, la ignorancia suele proporcionar más confianza que el conocimiento. Curioso, ¿no? pero es así, como lo demuestra el hecho de que en más de una ocasión hemos encontrado personas, "profesionales de prestigio" absolutamente incapaces de ir más allá de sus propios esquemas y creencias. Y, como decía el escritor Francisco Ayala, la incompetencia es más dañina en el momento en el que incompetente, tenga más poder.

Dicho sea de paso, en la actualidad estos parámetros vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos “expertos”, particularmente en economía y política, que nos han llevado a donde estamos. Y lo que te rondaré, morena.

Y dejémoslo ahí.

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1La consultora Otto Walter (ottowalter.com) publicó en 2007 un informe con el revelador título de ¿Cuáles son las conductas más desquiciantes de los empleados tóxicos?, como resultado de una encuesta realizada a empresas de toda España, que aún hoy es libro de cabecera para expertos y estudiosos del tema.

miércoles, 19 de julio de 2017

Eslava Galán y Las Navas


El pasado día 16, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, tuvo lugar la conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, y, como es sabido, se celebraron algunos actos de recuerdo (pocos, todo sea dicho, seguramente eclipsados este año por los recientes fastos de los 250 años del Fuero de las Nuevas Poblaciones).

No vamos a glosar aquí la Batalla, suficientemente estudiada y en revisión permanente (como una teoría, no descartable a decir de los expertos, de darle más protagonismo que a la revancha contra los almohades del rey castellano - motivo principal habitualmente admitido hasta ahora - a las intrigas del Papa Inocencio III y del rey aragonés por la otra Tolosa, la del Languedoc) sino, aprovechando el aniversario, a pequeñas cosas alrededor de su estudio que pasan desapercibidas.

Juan Eslava Galán es un prolífico escritor nacido en Arjona1, galardonado con el Premio Planeta  en 1987 por En busca del unicornio, autor de una extensa obra, compuesta no sólo de novelas sino también de libros de otros géneros, en los que, en general, reviste su erudición con un particular sentido del humor, a veces altamente satírico. Su narrativa abarca la novela histórica, el costumbrismo, la fantasía, leyendas, biografías, misterio,... y, dentro de los temas históricos, destacan los desarrollados en la Edad Media, de la que se declara un apasionado.

Pues bien, dentro de sus novelas, y a riesgo de que alguien piense que se hace publicidad gratuita con su mención en estas líneas, hay un par que deberían ser de lectura obligada para todos los carolinenses y me refiero a El amor en el jardín de las fieras, de 2016, de la que podemos hablar otro día, y Últimas pasiones del caballero Almafiera, de 2012, que toca comentar hoy, recordando Las Navas.

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Almafiera es un caballero que regresa a España cansado tras participar en la fallida Cuarta Cruzada, que no llegó a Jerusalén, y que, una vez en España, sin comerlo ni beberlo, se ve enrolado en Zaragoza en las tropas que se enfrentarán a los almohades en las Navas de Tolosa. La historia, escrita a modo juglaresco, hace un repaso por las costumbres, las fiestas, la vida en definitiva en los pueblos de la época.

"Y hasta ahí puedo leer..."

¿Pero, qué es lo que hace diferente y especial esta novela? La respuesta está en el nutrido elenco de personajes secundarios que el autor crea (además de al propio Almafiera, su enamorada Eliabel y los pocos personajes del relato principal) para desarrollar y dar sentido a las subtramas; algunos de esos personajes "de ficción" con nombre tan reconocible hoy día como el caballero Arturo Pérez Reverter. Puesto que la acción transcurre durante la Batalla de las Navas de Tolosa, Eslava aprovecha para rendir homenaje disimulado en el libro a uno de los historiadores que más sabe de ella, mediante la inclusión en la historia del personaje del mayordomo mayor de la cámara del rey que ha de administrar los dineros de la cruzada, don Manuel López Payer... ¿A alguien le suena el nombre?

Ahora sí, definitivamente, hasta aquí puedo leer. Recomiendo vivamente su lectura, realmente  amena; Eslava se lo merece y el pueblo se lo debe a Don Manuel.

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1Quien suscribe confiesa que, hace años, empezó a valorar la obra de Eslava, paradójicamente, a través de su alter ego Nicholas Wilcox, cuyas obras incluían detalles costumbristas, giros lingüísticos y dichos locales difíciles de conocer y dominar por un extranjero... o por el inexistente traductor.

domingo, 9 de julio de 2017

Las trampas del "¿Cómo estás?"

Tengo un amigo, Rafael, chicharrero militante él (para ser exactos, tal vez sea más apropiado usar en esta frase el verbo "tener" en tiempo pretérito, toda vez que Rafael y yo hace años que parece que nos perdimos mutuamente la pista), que mantiene la idea de que, cuando uno está pachucho y alguien le pregunta "¿Cómo estás?", lo mejor siempre es responder "Bien", porque, dice, si quien lo pregunta es un amigo, se alegrará, y si no lo es, se fastidiará (la verdad es que él usa un verbo más contundente, lo que no desvirtúa el fondo del argumento).

Eso nos lleva a reflexionar, aunque solo sea para calibrar el alcance de ese "Bien", a veces esgrimido como mentira piadosa, sobre qué es en realidad eso de estar o sentirse bien, lo que conoce socialmente como bienestar.
De teorías...

Según los estudiosos del tema, el concepto de bienestar tiene cuatro principales componentes o ámbitos complementarios:

- físico, que puede definirse como la sensación de tener una buena salud general, o sea, poder satisfacer razonablemente bien las necesidades primordiales del cuerpo y de lo que con él se puede realizar.
- psicológico o mental, resultado de una percepción subjetiva provinente de aspectos diversos como financiero, profesional, sentimental, etc., pero también, naturalmente, en la percepción directa e indirecta que no se tienen disturbios mentales.
- emocional, que se refiere a la habilidad de manejar las emociones, (ojo, no reprimirlas sino saber manifestarlas de forma apropiada, a un tercero pero, sobre todo, a uno mismo) para tener suficiente flexibilidad de disfrutar más de la vida, con todos sus conflictos y tensiones.
- social,ámbito nuevo (desde el siglo XIX) nacido de la evidencia de que las condiciones laborales, sanitarias, e incluso económicas, repercuten mucho sobre la salud general de la población1:

La noción general de malestar con frecuencia es presentada como la situación opuesta a bienestar.

A la vista de lo expuesto, resulta obvio que lo que entendemos como bienestar se puede definir como la mezcla o combinación de situaciones de placer y de alegría con ausencia de penas y de situaciones incómodas, sea cual sea el ámbito concreto que tenga más influencia puntual, como si fuera (que no lo es) un sistema de vasos comunicantes.Y es por esa voluntad de lograr el equilibrio entre todas las fuerzas que influyen en el bienestar, realmente en cuestiones relativas al sentido de la vida planteadas ya por la filosofía y la religión, por la que se origina y va tomando forma una disciplina que hoy está popularizada como desarrollo personal, ya que con ella se asegura una respuesta a las problemáticas y dudas que se plantean en la mejora del bienestar. La noción de desarrollo personal tiene significaciones diferentes según sea expresado por psicoanalistas, por promotores de las novedosas técnicas New Age, por las llamadas corrientes coaching, por educadores o especialistas en cuestiones del trabajo, etc., y sus objetivos se suelen marcar en el conocimiento de uno mismo y la puesta en valor de los propios talentos y virtudes, en la mejora de la calidad de vida, en poder llegar a alcanzar las propias aspiraciones más sentidas, etc., es decir, lo que proclama la revista Sciences humaines:

Las técnicas de desarrollo personal se orientan a la transformación de la propia persona, ya sea para deshacerse o aminorar ciertos aspectos que pueden rozar lo patológico (fobias, ansiedad, depresión, timidez), ya sea para mejorar las propias performances (comunicarse mejor en público o en pequeñas reuniones, mejor gestionar el propio tiempo, afirmarse en ciertas habilidades y destrezas).
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Sin embargo, lo que suele ofrecerse (en el mercado de la formación) como desarrollo personal, es objeto de severas críticas por parte de sectores académicos, que consideran ese dominio de conocimientos y de reflexiones como una pseudo ciencia, pues dicen que así se promueven conceptos imaginarios o ilusorios, lo que incluso en ciertos casos puede ser hasta peligroso. Pues las generosas promesas de felicidad presentes en muchos de los métodos de « desarrollo personal », podrían llegar a abusar de la vulnerabilidad y credulidad de algunas personas, a tal punto que lo que pretende darles una solución se transforme en realidad en un problema y un peligro para la salud personal. Por ejemplo, ciertos grupos religioso/sectarios como la Cienciología han sido acusados reiteradamente de servirse de tácticas de desarrollo personal para reclutar nuevos adeptos.

Ciertamente, desde que Jung, hace ya un siglo, planteó que la individuación es el proceso de diferenciación psicológica, destinado a armonizar la relación del consciente con el inconsciente, y que tiene por objetivo el desarrollo de la personalidad del individuo hasta que la psicología positiva de 1998 consagró el paso del desarrollo personal de un tema secundario de la psicología a una posición central, mucho ha llovido y muchos enfoques (¿ensayo-error?) han tenido los intentos de mejora del bienestar. Sin ánimo de ser exhaustivo, y por orden cronológico, los estudios de Jung citados, la psicoterapia cognitivo-comportamental, el método Coué de autosugestión consciente, la psicología humanista representada por Abraham Maslow y Carl Rogers, el pensamiento positivo, el análisis transaccional (AT), el coaching o mentorización, la programación neurolingüística (PNL), la psico-sociología de los estados de vida o la psicología positiva, por no hablar de las estrategias nebulosas del New Age desde que se inició como técnica hace un siglo y que, a lo largo del tiempo ha usado diferentes herramientas como el análisis bioenergético, la hipnosis, la relajación, la sofrología, el yoga y un largo etcétera.
Pero fue el psicólogo canadiense Albert Bandura quien concluyó que ciertas fuerzas humanas más que otras, ayudan a fortalecer el desarrollo personal, y mostró que la confianza en sí mismo es uno de los factores que explica mejor el por qué individuos que tienen un mismo nivel de conocimientos y de competencias, pueden llegar a tener resultados, en todo, muy diferentes. Este matiz es capital si tenemos en cuenta que todos los marcos de actuación para la mejora del bienestar "se olvidan" del bienestar físico, cuando, en palabras del humanista franco-norteamericano René Dubos la salud es justamente el punto de convergencia de los conceptos de autonomía y bienestar. No hay duda acerca de que la referencia principal para la evaluación del mejoramiento global de un individuo es la propia persona en sí misma, lo que puede apreciarse de forma empírica realizando (y los programas serios de desarrollo personal lo suelen hacer) un test de auto-evaluación, que ayuda a determinar si ha habido algún progreso o si incluso eventualmente el individuo ha pasado a un nuevo estado en el desarrollo de su personalidad pivotando sobre todos sus ámbitos y gestionándolos en una suerte, como decíamos, de sistema de vasos comunicantes.

Anímicamente, todos partimos (consciente o inconscientemente) de un estándar de bienestar subjetivo, que suponemos con capacidad de mejora, y en cuyos componentes admitimos variaciones temporales: una enfermedad, un bache financiero, un conflicto de pareja, etc., cuya adecuada gestión equilibrada y potenciada con los ámbitos no afectados nos permite mantener ese standard global subjetivo y confortable mientras dura la incidencia. Pero, ¿qué pasa cuando la incidencia desequilibrante no es temporal? ¿cómo enfocar ese, ahora sí, imprescindible desarrollo personal ante la adversidad (reglado o instintivamente autónomo)? Son situaciones que se presentan a menudo: la desaparición de un ser querido, una catástrofe natural, un crack financiero generalizado, la aparición de una enfermedad irreversible...

No pretendemos, ni mucho menos (ya nos gustaría), ofrecer soluciones de cómo gestionar estos desequilibrios, sino simplemente reflexionar sobre alguno de ellos. No se trata de frivolizar aplicando el viejo proverbio (dicen que árabe) de que si tienes un problema que sabes que tiene solución, no te has de preocupar y si sabes que no la tiene, ¿para qué preocuparte?, sino de ver si hay forma de abordarlos. De todas formas, a un observador objetivo no se le escapa que el único desequilibrio de los irreversibles que el individuo puede gestionar es, precisamente, el que no contempla ningún programa de desarrollo personal, el que se refiere al bienestar físico, a la salud en definitiva. Todos los demás son exógenos.

Dice Sally Goddard Blythe, directora del Instituto de Psicología Neurofisiológica de Chester, en el Reino Unido, que el equilibrio nos permite tener los necesarios sentimientos de seguridad y estabilidad, que se transfiere de lo físico a lo emocional, de forma que el desequilibrio físico afecta negativamente a todas las facetas del desarrollo personal. Y la cosa se complica, porque, en palabras del escritor keniata eterno candidato al Nobel Thiong'o, en la búsqueda del equilibrio (armonía dice él) hemos de ser conscientes de que estamos siempre conectados con nuestro entorno, o lo que es lo mismo, que se origina un efecto similar al de la matemática Teoría del Caos (ya sabéis, aquello tan desasosegante de que el aleteo de una mariposa en Canadá puede provocar un terremoto en Japón) porque nuestro equilibrio o desequilibrio influye en el de nuestro entorno y al revés.
Hay un conocido juego de mesa, encuadrado dentro de los "de habilidad" consistente en que apilando un número determinado de piezas, generalmente de madera, se construye una torre y, después, los jugadores, en un orden establecido, van intentando sacar piezas de la estructura para llevarlas a la parte superior y seguir haciendo crecer la torre... sin que se derrumbe todo lo construido al quitar la pieza elegida.
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En la búsqueda del crecimiento personal (que no debe limitarse en este aspecto a las etapas clásicas de aprendizaje de infancia y adolescencia) coordinado con el mantenimiento del equilibrio en que se funda el bienestar, el quehacer es parecido al del juego de la torre de piezas de madera, con la gran diferencia de que no es uno mismo quien elige la pieza desequilibrante, pese a que el objetivo coincide con el que persigue el juego: evitar el fatal e irreparable derrumbe. Cobra fuerza entonces la idea de Bandura de la importancia capital que tiene la confianza en uno mismo para encarar un proceso de este tipo, sin que haya que deducir por ello que deban rechazarse todas las posibles ayudas externas. Y es que, en el proceso de la búsqueda del necesario reequilibrio, es conveniente tener al alcance o poder disponer de alguna forma de ayuda... ¿externa? Pensemos que se debe asumir que la ayuda externa, por definición, es temporal (salvo que existan patologías psíquicas insuperables, pero eso, si se da, entra en territorio exclusivamente médico) por lo que, para poder calificarla y potenciar su eficacia, es imprescindible determinar qué pilar de la estabilidad, de los citados al principio, se desequilibra e identificar el alcance estimado del desequilibrio.
... y de prácticas.
En definitiva podemos afirmar que el objetivo es conseguir mantener lo menos maltrecho posible el pilar que hemos definido más arriba como (copiamos) emocional, que se refiere a la habilidad de manejar las emociones, (ojo, no reprimirlas sino saber manifestarlas de forma apropiada, a un tercero pero, sobre todo, a uno mismo) para tener suficiente flexibilidad de disfrutar más de la vida, con todos sus conflictos y tensiones. Parece evidente que la tarea es hallar la llave secreta para dominar los efectos del bamboleo de los otros pilares. Y al final, siempre se acaba en Bandura: lo más importante es la acción interna de uno mismo, lo que corrobora la evidencia de que a medida que aumenta el desequilibrio, mayor es el grado de introspección personal para asumirlo, se cuente o no con ayuda externa.

Si nos atenemos a los pilares de bienestar que hemos identificado más arriba, resulta obvio que pueden darse (y coincidir, a veces) diferentes causas de desequilibrio, como el quedarse sin trabajo, la pérdida de un ser querido, sufrir un accidente de tráfico, divorciarse, etc, y que alguno puede ser temporal y otro irreversible, pero, en resumen, el esfuerzo más importante a hacer es el de asumir su realidad para poder afrontarlo. Vayamos, por ejemplo, a uno de los casos más desequilibrantes que existen, que es la pérdida imprevista de un ser querido (obviamente, las pérdidas por ley de vida, también duelen lo suyo, pero se acaban asumiendo con un menor trauma emocional). Puede ser conveniente acudir a ayuda externa, casi siempre a alguien que ha pasado, y superado, un trance similar (un inciso: con contadísimas excepciones, acudir a expertos gurús no solamente no ayuda, sino que suelen incrementar la confusión pues suelen aportar recetas estándar, iguales para un desequilibrio emocional, financiero, social o del tipo que sea. Otro tanto puede decirse de la mayoría de libros de "autoayuda", en el fondo bestsellers que, con un objetivo puramente comercial dicen en sus páginas lo que el confuso lector espera leer, entre otras cosas porque si no, no se vendería) pero esta ayuda externa, para que sea eficaz ha de ser necesariamente temporal, sólo del tiempo imprescindible para entender cómo asumir el desequilibrio a través del análisis de lo que otros han hecho en situaciones similares. El esfuerzo, pues, es íntimo, y por eso es tan pernicioso que la presunta ayuda se fundamente en "Has de... ", "Tienes que... " y similares, condicionando decisiones que sólo corresponden a la persona que ha de salvar el bache.

Curiosamente, cuando el bache se origina en el primer pilar de la estabilidad, en el pilar físico, aquel que definíamos como la sensación de tener una buena salud general, o sea, poder satisfacer razonablemente bien las necesidades primordiales del cuerpo y de lo que con él se puede realizar, nunca se piensa en ayuda externa para superarlo emocionalmente (excepción hecha de la ayuda médica o clínica, naturalmente, que se encuadran en otro ámbito), lo que demuestra que el mayor esfuerzo siempre es el íntimo. Además, nadie mejor que uno mismo para evaluar la intensidad y duración de ese esfuerzo para el reequilibrio potenciando en ese tiempo de enfermedad otros pilares hasta que se recupera la normalidad. Pero, ¿y si se sabe que nunca se recuperará? Por ejemplo, ante la amputación de un miembro, que es irreversible y obliga a buscar un sustituto emocional permanente o, un caso especial, la presencia inopinada de una dolencia neurodegenerativa, en general poco conocidas y de las que se sabe el final pero no la forma y duración del proceso para llegar a ese final.

Detengámonos en ellas, sin morbo añadido pero sí con objetividad, para intentar analizar si realmente se puede lograr el reequilibrio del bienestar incluso en las situaciones más difíciles. Hay una corriente de pensamiento filosófico que dice que la vida es la capacidad de decidir. Efectivamente, cada día tomamos decisiones. A cada momento. A veces somos más conscientes de ello, otras ni nos damos cuenta; unas son más banales, otras más trascendentales. Pero siempre estamos tomando decisiones. Sin dejar el plano teórico, parece evidente que una enfermedad que tiene un progreso conocido de antemano de que se va mermando y condicionando inexorablemente la capacidad de decidir da validez al título de la novela de Milan Kundera (de cuando Kundera no era aún el Kundera que hoy conocemos, y de lectura recomendable, dicho sea de paso) La vida está en otra parte, a la vez que hace recordar la idea citada del escritor Thiong'o, de que en la búsqueda del equilibrio hemos de ser conscientes de que estamos siempre conectados con nuestro entorno. ¿Qué hacer? ¿Seguir tomando de referencia el cambiante pilar físico? ¿Hay otro método?

Hace un tiempo asistí en el Auditorio de Barcelona a una actuación de la Banda de Música de la Guardia Urbana, en cuyo programa figuraba la conocida suite sinfónica Scheherezade, del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, caracterizada, como se sabe, por una deslumbrante y colorida orquestación con un acusado protagonismo de los instrumentos de cuerda... precisamente de los que no dispone una banda de música, limitada a los de viento y percusión.
Confieso que estaba intrigado por escuchar la solución dada por el arreglista al primer solo de violín en el primer movimiento; en el segundo ya no se echaban de menos los violines y, al finalizar la interpretación, quedaba en el aire la sensación de que Rimski había compuesto la obra sólo para instrumentos de viento. Es decir, se había conseguido un alto equilibrio armónico prescindiendo de un pilar que se consideraba básico en la armonía de conjunto.


Pues algo parecido puede suceder con el mantenimiento del equilibrio del bienestar ante situaciones difíciles como la que analizamos, focalizando, posiblemente, el esfuerzo, no en asumir la dolencia física y lo que ella representa, sino en el esfuerzo de mantener el bienestar del entorno como si no existiera en él el pilar del propio bienestar físico. Pero no debe de ser fácil, y nadie pretende que lo sea, entre otras cosas porque para ello se ha de cambiar conscientemente el orden de prioridad instintivo del equilibrio y lograr ver el pilar físico propio desde fuera, como un factor que no afecta al bienestar (imprescindible) de todo el entorno, desdramatizando, en lo posible, cualquier pensamiento o sentimiento que se desvíe de lo que marca el estándar del bienestar y ensayando hasta dominarlo el exhibir como natural la clásica cara de poker, inexpresiva ante lo no positivo.

Quede claro que estas líneas no son recetas (ya nos gustaría) sino simples reflexiones fruto de la observación, que pueden estar equivocadas. No se trata, en modo alguno, de permanecer inconscientemente ajeno al deterioro que produce este tipo de enfermedades, al que se ha de estar, al contrario, muy atento, sino variar la forma de verlo y exteriorizar sus efectos; la respuesta que citaba al principio de mi amigo Rafael es un buen inicio, mejorada a veces en "Bien, si no entramos en detalles" dicha con la mejor de las sonrisas. Otra buena respuesta es la de "Hoy estoy como nunca", también expresada con una sonrisa, que tranquiliza y desarma al interlocutor a pesar de que, en el fondo, encierra la cruel realidad de que cada día que pase, el estado será peor. Es eso, la comparación de la situación con el paso del tiempo, lo que constituye a la postre, uno de los principales enemigos a esa decisión de mirarse desde fuera. Y es inevitable. Porque siempre habrá (afortunadamente, por otra parte) personas bienintencionadas que, con su mejor voluntad, se interesarán por saber "¿Cómo estás hoy?¿Se te ha pasado el malestar que me comentaste la última vez?", lo que te transporta, sin querer, a establecer secuencias temporales para la respuesta (positiva y con sonriente cara de poker, no lo olvidemos) y a recordar que hace un par de años programabas las etapas del Camino de Santiago y hoy te es imposible bajar sin ayuda el bordillo de la acera de tu casa, pongamos por caso.

No es fácil, no, pero tampoco debe abordarse como una heroicidad, que no lo es; simplemente cabe ser consciente de que cada caso es un mundo, como se suele decir, y que para conseguir el bienestar auténtico a veces hay que esforzarse en trabajar en un cambio radical y consciente de prioridades y prescindir, si es necesario (para uno mismo y para el entorno) de referencias que, en otros supuestos, resultan indispensables.

Nada más (y nada menos).

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1El ámbito "social" del bienestar es producto de la llamada “cuestión social”, iniciada efectivamente en el siglo XIX, por los sufrimientos de la clase trabajadora a consecuencia de la revolución industrial y de la que se hicieron eco intelectuales, políticos y religiosos. En concreto, la Iglesia abordó de lleno esta cuestión a partir de León XIII y su encíclica “Rerum Novarum” (1891), y Pío XI y sus encíclicas "Quadragesimo Anno" (1931) y "Divini Redemptoris" (1937), con las que se establecieron los principios rectores del enfoque cristiano en relación a lo social, lo que incluye la dignidad de la persona por encima de cualquier otro aspecto, y la necesidad de reforzar el bien común.