domingo, 15 de noviembre de 2020

¿Existe el tiempo?


Esta pandemia del coronavirus Covid-19 que nos azota en lo que no se sabe muy bien si es 
realmente segunda ola, resaca de la primera o vete tú a saber qué, ha puesto de moda, sin 
que nos demos mucha cuenta porque prima la incertidumbre ante todo (debida, en parte, a los 
continuos “globos-sonda” que lanzan los diferentes “responsables” en forma de “Descartamos 
que...”, medidas que se aplican al cabo de unas horas), hablar del factor tiempo para todo lo 
que lo rodea: cuántos meses durará este confinamiento, cuántos días está vivo el virus en 
según qué superficie, en cuántos días se incuba, cuánto tiempo requiere el estudio, prueba y 
comercialización de la vacuna, en cuánto tiempo volverá la “normalidad” que conocemos, 
cuánto tiempo hay entre ola y ola y un largo etcétera de “cuántos” a criterio de la situación, 
curiosidad o estrés de cada persona, estando convencidos, en el fondo, de que dominamos 
sin problemas y en cualquier situación eso del factor tiempo, que es algo que está a nuestras 
órdenes, vaya.

 
Pero, permitidme la licencia filosófica para desarrollar la reflexión alrededor de una pregunta 
capital; ¿existe realmente el tiempo? La verdad es que, junto con el espacio, son conceptos 
tan fundamentales que se resisten a ser definidos (como en la conocida cita de San Agustín1
¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si me lo preguntan, no lo sé”). Su 
naturaleza última está fuera del alcance de la ciencia y, sin embargo, toda la física se basa en 
ellos. Han evolucionado con la ciencia: el espacio y tiempo absolutos fueron esenciales para 
el desarrollo de toda la mecánica newtoniana y un espacio-tiempo que depende del observador 
y que se ve deformado por la materia es el núcleo de la revolución traída por la relatividad 
general de Einstein. Todo es relativo: por ejemplo la especie humana tiene menos de veinte 
años galácticos de existencia, que equivalen a 4.500 millones de años terrestres. (los 
científicos calculan que han pasado unos 4.500 millones de nuestros años desde el nacimiento 
de la Tierra mientras que datos recientes apuntan a que el Homo sapiens surgió hace solo 
unos 190.000 años).


 
Parece claro que, también en este asunto, la Ciencia necesita ayuda de la Filosofía, y que es 
indispensable en este punto identificar y analizar los supuestos que subyacen a las teorías 
dominantes actuales. Las viejas preguntas deben ser revisitadas con ojos nuevos: ¿Cuál es la 
naturaleza del espacio y el tiempo? ¿Son continuos o alternos? (y esta pregunta no tiene por 
qué tener la misma respuesta para ambos). ¿Son independientes de la consciencia? ¿Tienen 
sentido el espacio vacío o el tiempo sin cambio? ¿Cómo interactúan con la materia? La 
Filosofía ha reflexionado sobre estos problemas durante siglos y revisar sus conclusiones 
puede proporcionar un buen punto de partida.  No sorprende, pues, encontrar en Grecia los 
dos primeros ejemplos bien conocidos de filósofos del tiempo. Heráclito2 (profusamente citado, 
casualmente, en este blog) defendía que todo a nuestro alrededor se encontraba en un estado 
de constante fluir, que el cambio era lo único que permanecía. Por el contrario, para 
Parménides3, el cambio era una ilusión, ya que para él era lógicamente imposible y su 
discípulo Zenón4 formuló las paradojas que le hicieron célebre, en las que trataba de 
demostrar que el movimiento era imposible porque se componía de la suma de infinitas partes 
(por ejemplo, Aquiles, en una de las más conocidas paradojas, no podrá nunca alcanzar a la 
tortuga a la que dio ventaja en una carrera, porque cuando llega al punto en el que se 
encontraba el animal un instante atrás, éste siempre ha avanzado algo más). Aunque hoy en 
día estas paradojas nos resultan muy ingenuas, podemos sacar en claro que Parménides y 
Zenón asumían que el espacio y el tiempo eran continuos; es más, éste es el caso de todos 
los filósofos naturales griegos bien conocidos.

 
Más cerca de nosotros se relacionaba ya el concepto tiempo con la concepción de divinidad, 
de forma que los teólogos medievales sostenían que Dios no existe en el tiempo sino en la 
eternidad, entendida como la existencia sin tiempo más que como tiempo sin principio ni final. 
Como lo expresó Boecio5: “La eternidad es la posesión completa y perfecta de vida ilimitada 
en un único instante”. Es interesante notar que para los maestros medievales como San 
Agustín o Boecio, este ojo divino que lo ve todo en un mismo instante no suponía ninguna 
amenaza para la libertad. El conocimiento que Dios tiene del futuro no es equivalente al 
conocimiento humano de lo que está por venir, puesto que para Él, todos los momentos de la 
historia son equivalentes. 

 
Newton6 creó definiciones precisas de los conceptos de movimiento, espacio y tiempo. De 
acuerdo con ellas, el tiempo fluye perfectamente uniforme, imperturbable. Kant7, por su parte, 
interpretaba el espacio y el tiempo como nociones a priori que no son abstraídas por la 
experiencia, sino que son el marco que hace que ésta sea posible. Y ya Einstein8 derivó un 
nuevo paradigma en el que todas las leyes de la Física son idénticas e independientes del 
observador. En ellas, el espacio y el tiempo están completamente entrelazados en el 
espacio-tiempo, y ya no son inmutables, sino que se ven deformados por la materia que 
contienen. Su Teoría de la Relatividad ha sido probablemente la transformación más profunda 
en nuestra comprensión del espacio y el tiempo, haciendo avanzar nuestro conocimiento de la 
Física. Ahora, la pregunta es si otro cambio en nuestra interpretación de estos conceptos 
puede traernos la próxima revolución.

 

El actualmente considerado una autoridad en la cosmología del tiempo, el físico británico 
Julian Barbour afirma que está totalmente fuera de nuestras capacidades medir cómo 
cambian las cosas en el tiempo. Más bien al contrario, el tiempo es una abstracción a la que 
llegamos a través de los cambios en las cosas, y continúa sus reflexiones con la idea de que 
cuando medimos tiempo estamos en realidad midiendo distancia (utilizamos el ángulo 
cubierto por la manecilla del reloj analógico para inferir el tiempo transcurrido, el tiempo solar 
es la distancia recorrida por el sol en el cielo, el tiempo sideral, lo que se han desplazado las 
estrellas, el tiempo atómico, las oscilaciones de un átomo de cesio…).

 
Fascinante,¿no? Múltiples trabajos e investigaciones (que no vienen a cuento por su 
complejidad) de Neumann, Tait, Poincaré, Penrose, Sorkin y un ejército de físicos, permiten 
elucubrar una hipótesis: es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que 
la que les asignemos por convención y parece que podemos encontrar teorías igualmente 
válidas basadas en supuestos muy diferentes. Esto puede indicar que su realidad 
fundamental no existe independientemente de la experiencia que los asume, en una 
interdependencia inevitable aunque también podría ser que su naturaleza más básica no 
pudiera expresarse matemáticamente y sólo pudiéramos encontrar aproximaciones. O, 
finalmente, podría significar que la naturaleza puede describirse de varias maneras distintas. 
Los diferentes modelos que funcionen con éxito deberían ser entendidos como descripciones 
de la misma realidad, pese a sus diferentes expresiones.


 
Pues hasta aquí hemos llegado. Si estas reflexiones filosóficas sobre el tiempo han 
conseguido, precisamente, que durante un tiempo el lector deje de pensar en la pandemia del 
Covid-19 y sus efectos, que es de lo que se trataba, objetivo cumplido. ¡Ah! Las hipótesis 
citadas son reales, luego cabe ciertamente la pregunta: ¿Existe el tiempo?
 
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1Agustín de Hipona, san Agustín (354 - 430), es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica y lideró una serie de luchas contra las herejías . Fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología.

2Heráclito de Éfeso (540 a. C.- 480 a. C.), conocido como El Oscuro de Éfeso debido a la naturaleza oracular y paradójica de su filosofía, y El filósofo llorón al ser considerado un misántropo ante el mundo, creía que éste estaba regido de acuerdo con lo que denominó el Logos ("palabra", "razón" o "discurso").

3Parménides de Elea (entre 530 y 515 aC - ?) fue un filósofo griego que escribió una sola obra: un poema filosófico en verso épico del cual nos han llegado únicamente algunos fragmentos conservados en citas de otros autores.

4Zenón de Elea (hacia 490 aC- 430 aC) fue un filósofo griego discípulo directo de Parménides. No estableció ni conformó ninguna doctrina positiva de su propia mano y es famoso por sus intrincadas paradojas que discuten la pluralidad de entes y en algunos casos el movimiento, entre otras cosas.

5Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, conocido también como San Severino Boecio (480 – 524/525) fue un filósofo y poeta latino romano, estadista, traductor de filosofía griega y autor de tratados sobre distintas disciplinas como la música, la aritmética o la astronomía. Acusado de conspirar a favor del Imperio bizantino fue encarcelado, torturado y decapitado, y se le reconoce y celebra en la liturgia como mártir en la fe.

6Isaac Newton (25 de diciembre de 1642jul./ 4 de enero de 1643greg. - 20 de marzojul./ 31 de marzo de 1727greg.) fue un físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés que describió la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre.

7Immanuel Kant (1724 - 1804) fue un filósofo y científico alemán de la Ilustración, considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.

8Albert Einstein (1879 - 1955) fue un físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense. Se le considera el científico más importante, conocido y popular del siglo XX.

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Angelitos negros… aún.


Esto de los confinamientos totales, perimetrales o municipales, que al final uno no sabe bien 
en cuál está, a que hace meses nos vemos obligados para prevenir el contagio, propio o ajeno, 
del virus Covid-19, provocador de esa pandemia extraña que nos ha cogido a todos con el paso
cambiado, y la duración de meses de la sensación de confinamiento, ha producido, entre otras 
cosas de mayor enjundia, una especie de embotamiento en el paso del tiempo y en las 
agendas, un olvido de referencias temporales y, por consiguiente, un cierto lassez passer de 
las efemérides menores.

 
Eso ha pasado con los ochenta años que hace en 2020, precisamente el año de la eclosión de 
las revueltas por el Black lives matter (La vida de los negros importa), de la publicación del 
poema que dio lugar a la composición del conocido bolero Angelitos negros. Ya sé que es una 
efemérides menor, de esas – muchas – que no cuentan, y que hay cosas más importantes, 
pero ya puestos… El poema, que forma parte de una obra titulada La Juanbimbada (Juan 
Bimba es un personaje ficticio del folclore venezolano, prototipo del hombre humilde del 
pueblo), muy bien podría considerarse como un himno en contra de la discriminación racial, 
por desgracia de permanente actualidad aún, y es original del poeta venezolano Andrés Eloy 
Blanco. 

 
Este autor, Andrés Eloy Blanco Meaño (1896 – 1955) fue un poeta, abogado, humorista y 
político que tuvo lazos con nuestro país (alguien debería investigar por qué la historiografía 
oficial se cuida tan primorosamente de la relación cuando el personaje es un militar y, digamos, 
con menor cuidado cuando es alguien de otro ámbito, especialmente el de la cultura) toda vez 
que, ya como abogado en ejercicio, obtuvo en 1923 el primer premio en los Juegos Florales de 
Santander con su poema "Canto a España", viajó a España para recibir el premio, y 
permaneció aquí más de un año, familiarizándose con las vanguardias literarias. A su vuelta a 
Venezuela, fue hecho prisionero tras el golpe de estado de Juan Vicente Gómez y confinado 
en el castillo de la ciudad costera de Puerto Cabello, habilitado como penal para los presos 
políticos, hasta 1932, cuando fue liberado por motivos de salud aunque al ser liberado se le 
prohibió realizar cualquier tipo de manifestación pública, por lo que se dedicó nuevamente a 
las letras.


 
Cuando muere el dictador Gómez funda el Partido Democrático Nacional, como diputado del 
cual llegaría al Congreso Nacional venezolano, en 1946 fue elegido presidente de la Asamblea 
Nacional Constituyente convocada para la reforma de la constitución, que instaura el sufragio 
universal, directo y secreto y tras el Golpe militar que derroca al presidente Rómulo Gallegos 
en 1948, se exilió en México, donde se dedicó a la poesía hasta su muerte.

 
Volviendo a la canción, en cuya adaptación al ritmo de bolero, se redujo la extensión de la 
poesía quitándole el diálogo inicial y algunos venezolanismos, y modificando algunas estrofas 
para hacerla más apropiada a la longitud y espíritu de la obra musical, se hizo muy conocida 
en todos los países de lengua hispana, especialmente popular en España, con música del 
actor y compositor mexicano Manuel Álvarez Rentería, conocido también con el apodo de 
Maciste, e interpretada desde 1947 por el cantante cubano de color Antonio Machín.

 
Como curiosidad, la canción ha sido versionado por las cantantes estadounidenses Eartha Kitt, 
Cat Power y Roberta Flack, y, del ámbito latino y europeo, por Pedro Infante, Agustín Lara, 
Toña la Negra, Robertha, Los Olimareños, Conchita Piquer, Nana Mouskouri, Niña Pastori, 
Celia Cruz, Lola Flores, Javier Solís, Manuel López Ochoa, Los Pasteles Verdes, Carlo Buti, 
Claudio Villa, Fausto Leali, Los Ángeles Negros, Julia Zenko, Imelda Miller, Buddy Richard, 
Emilio Solo y Chavela Vargas, entre muchos otros.  ¡Casi nada!

El poema completo, para completar la efemérides, dice así: ¡Ah mundo! La Negra Juana, ¡la mano que le pasó! Se le murió su negrito, sí señor.Ay, compadrito del alma, ¡tan sano que estaba el negro! Yo no le acataba el pliegue, yo no le acataba el hueso; como yo me enflaquecía, lo medía con mi cuerpo, se me iba poniendo flaco como yo me iba poniendo. Se me murió mi negrito; Dios lo tendrá dispuesto; ya lo tendrá colocao como angelito del Cielo.Desengáñese, comadre, que no hay angelitos negros. Pintor de santos de alcoba, pintor sin tierra en el pecho, que cuando pintas tus santos no te acuerdas de tu pueblo, que cuando pintas tus Vírgenes pintas angelitos bellos, pero nunca te acordaste de pintar un ángel negro. Pintor nacido en mi tierra, con el pincel extranjero, pintor que sigues el rumbo de tantos pintores viejos, aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros. No hay pintor que pintara angelitos de mi pueblo. Yo quiero angelitos blancos con angelitos morenos. Ángel de buena familia no basta para mi cielo. Si queda un pintor de santos, si queda un pintor de cielos, que haga el cielo de mi tierra, con los tonos de mi pueblo, con su ángel de perla fina, con su ángel de medio pelo, con sus ángeles catires, con sus ángeles morenos, con sus angelitos blancos, con sus angelitos indios, con sus angelitos negros, que vayan comiendo mango por las barriadas del cielo. Si al cielo voy algún día, tengo que hallarte en el cielo, angelitico del diablo, serafín cucurusero. Si sabes pintar tu tierra, así has de pintar tu cielo, con su sol que tuesta blancos, con su sol que suda negros, porque para eso lo tienes calientito y de los buenos. Aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros. No hay una iglesia de rumbo, no hay una iglesia de pueblo, donde hayan dejado entrar al cuadro angelitos negros. Y entonces, ¿adónde van, angelitos de mi pueblo, zamuritos de Guaribe, torditos de Barlovento? Pintor que pintas tu tierra, si quieres pintar tu cielo, cuando pintas angelitos acuérdate de tu pueblo y al lado del ángel rubio y junto al ángel trigueño, aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros.

 

domingo, 8 de noviembre de 2020

La Historia es eso, historia.

 


Piero Antonio Franco de Benedicti, conocido simplemente por su nombre Piero, es un actor y 
cantautor de canción protesta, trova y rock, ya septuagenario, casi de la edad de nuestro Julio 
Iglesias, nacido en Italia y radicado en Argentina desde su infancia, muy popular en toda 
Latinoamérica pero absolutamente desconocido en España, pese a haber vivido cuatro años 
entre nosotros porque en 1976 debió exiliarse de Argentina cuando el terrorismo de Estado 
intentó secuestrarlo en Buenos Aires. Aquí se refugió en la provincia de Guadalajara, en el 
municipio de Utande, donde encontró un viejo molino que se convirtió en su hogar, apartado 
de la actividad musical. Pocos meses antes de su regreso a América, sin embargo, Piero se 
trasladó a Madrid, dónde la retomó y empezó a traducir varias canciones italianas de cierto 
corte social que incorporaría a su repertorio.

 
Famoso por el tono sarcástico y por el ritmo melódico en sus canciones, y por su compromiso 
social, ya en 1971 la dictadura le prohíbe la venta y radiodifusión de una canción compuesta 
por Alberto Cortez, “Los americanos” (refiriéndose a los estadounidenses), en la que se retrata 
a una sociedad, con una crítica que se suaviza a través de la ironía y el tono desenfadado, 
crítica, ya digo, a la sociedad estadounidense, y no tanto, en este caso, al proceder de los 
gobiernos de EEUU, y que hoy es un icono de los revolucionarios. Una de las estrofas de la 
canción dice: “… si conocen historia / no es por haber leído / sino de haberla visto / en el cine 
americano… “ 
 
La canción parodia el cliché estadounidense y, entre otras cosas, como en la estrofa citada, se 
burla de la versión hollywoodiense de la historia, en la que los patriotas, lejos del fanatismo, 
son siempre los más valientes, las situaciones, más enrevesadas que en la realidad y los 
horrores, dependiendo de la conveniencia del momento, más escalofriantes o más dulcificados. 
Incluso, a veces, el final de los acontecimientos que narran es diferente a lo ocurrido en 
realidad, todo ello con el objetivo de que el producto resultante sea más cinematográfico.
hay quien cree a pie juntillas lo que ve en la pantalla  olvidando que está viendo cine histórico 
o de época que es, simplemente, un género cinematográfico caracterizado por la ambientación 
en una época histórica determinada, tanto si los hechos y personajes representados son 
reales como si son imaginarios1 y que desde sus inicios ha sido notorio su uso como panfleto, 
es decir, como vehículo para la transmisión de propaganda política (justificativa o crítica) de 
todo tipo de ideologías y regímenes.

 
Más allá de la historia-espectáculo o, si se quiere, de la relación de la Historia con el cine, se 
deduce de aquí que el concepto “historia” tiene bastante de subjetivo, en razón de lo que cada 
cual quiera creer como cierto o, más usualmente, qué interesa que se tome como cierto, 
prescindiendo a veces, incluso de la evidencia tantas veces repetida de que la Historia se 
ocupa del estudio del pasado de las sociedades humanas (no de los Estados; la historiografía 
oficial, frecuentemente pasa de puntillas sobre la Historia) y, pese a que el pasado no puede 
pensarse como algo desconectado de los otros tiempos, el presente y el futuro, su 
sacralización y modelización hace perder de vista la realidad. Permitidme, al hilo de esa 
evidencia, repetir aquí unas obviedades: el presente es el tiempo que estamos viviendo y, por 
lo tanto, es el tiempo desde el que estudiamos los hechos del pasado. Entonces, nuestros 
intereses y nuestras preocupaciones del presente influyen ahora en nuestra forma de ver el 
pasado (por ejemplo, al estudiar hoy la Historia de la Antigua Grecia nos hacemos preguntas 
muy diferentes a las que se hacían los estudiosos de la Edad Media, o los hombres del 
Renacimiento que estudiaban esa misma Historia); el presente se proyecta hacia el futuro, lo 
que quiere decir que nuestras acciones presentes están orientadas hacia algo que queremos 
que pase en el futuro, tanto en la vida cotidiana como en el estudio de la Historia. Con todo 
ello cobra valor el viejo adagio: ”Estudiamos la Historia (el pasado) porque nos sirve para 
aprender (en el presente) de nuestros errores, para no volver a cometerlos (para el 
futuro)”.

Historia-espectáculo.
 
Esto, que sobre el papel, todos lo entienden, se convierte muchas veces en mera teoría 
desde el momento en que se produce una ostensible divergencia entre el pensamiento 
racional y la actitud emocional que no es descabellado tildar de visceral. Todos nosotros 
nacemos (y quizá vivimos) en unos determinados lugar y momento históricos con los que nos 
sentimos identificados y consideramos nuestros. De aquí a creerlos firmemente inmutables, 
definitivos, última etapa histórica que ya no admite cambios, un pasito. Y no es así: la historia 
de la humanidad, de las sociedades, es una relación de cambios continuos, a veces rápidos y 
a veces muy lentos y, mirando atrás, todas las épocas son históricas. La nuestra, también.

 
Un ejemplo ilustrativo entre muchos: con esto de los quebraderos de cabeza con Catalunya, 
que si autonomía, que si independencia, que si república, que si no sé qué, y sin tomar partido, 
alguien colgó en las Redes Sociales un mapamundi del siglo XVIII en el que, en España, se 
citaban Castilla y Aragón (no, por cierto, León, Asturias, etc.) y no Catalunya, sirviéndose de 
ésto para lanzar un pretendido “zasca” (que ahora están tan de moda) que, realmente, 
resultaba un canto a la ignorancia de quien lanzaba el “zasca” porque, vamos a ver, tampoco 
estaban en ese mapa, por ejemplo, Chile, o Estados Unidos, o Italia, o la República Checa, 
o… ¿Y? El mundo no siempre ha sido/es/será como uno lo conoce. El pasado, incluso para 
algunos usuarios de las Redes que se muestran refractarios a admitirlo, es eso, pasado del 
que sólo se han de extraer enseñanzas (y saberlas extraer, claro), nunca tomarlo como 
modelo, y el futuro es una incógnita, nos guste o no.

 
Más espectáculo.
Desde un punto de vista psicológico, si uno nace hoy, está firmemente convencido de que el 
mundo que lo rodea ha sido siempre así, como él lo conoce, y que nunca cambiará ni puede 
hacerlo, entre otras cosas porque si lo hace de forma que este cambio le afecte de alguna 
manera a él, le podría provocar un traumática ruptura de esquemas mentales y, posiblemente, 
una merma en el sentimiento de confortabilidad con el entorno (pánico al cambio, en definitiva).
Esto, curiosamente, también es de aplicación a lo que sabemos hoy, a lo que concedemos el 
rol de que siempre ha sido así. Entre los múltiples ejemplos que lo desmienten. fijémonos en
la idea de Pangea, ese supercontinente que dio lugar a los actuales mediante los movimientos 
de las placas tectónicas; pues bien, este saber, que hoy está fuera de discusión, cuando fue 
expresado en 1912 por el geofísico alemán Alfred Wegener sólo fue motivo de burlas y 
cuchufletas hasta que se comprobó 50 años después (con Wegener muerto, por cierto).
Nada más lejos de la realidad, pues, esta inmutabilidad. Tomando como referencia los cambios 
geopolíticos que no figuraban en el mapamundi citado más arriba, y ciñéndonos a 
Latinoamérica, los países latinoamericanos son muy jóvenes; hace apenas 200 años eran 
todavía sólo colonias españolas que luchaban por su independencia y la primera mitad del 
siglo XIX (ayer, como quien dice) vio la liberación de todos ellos de la metrópoli, mientras hoy, 
como países indiscutiblemente independientes, forman parte natural del “escenario” que nos 
rodea y acompaña.

 
El estudio de la historia, ya de cada uno de esos países, continuando con ellos, nos permite 
saber (y aprender en beneficio de las personas, no de los estados, que pasan y quedan en la 
Historia - ¿qué se ha hecho del imperio romano, persa, egipcio, soviético,… español -, 
mientras las personas viven sea cual sea la época histórica) que en la segunda mitad del 
siglo XIX, una vez alcanzada la independencia, se vivieron duras luchas intestinas por el 
nuevo poder (no equivalentes a ruptura de convivencia social, como algunos quieren inducir a 
pensar en otros procesos similares) que a la postre desembocaron en un afianzamiento de la 
unidad nacional-territorial y que, ya en el siglo XX, se sucedieron en la mayoría una serie de 
gobiernos democráticos que no tenían, curiosamente, demasiado apoyo popular condicionado, 
sin duda, por el analfabetismo de la época, el voto rural y pobre del campesino al dictado del 
hacendado-patrón de turno, la prohibición del voto femenino, el alto porcentaje de inmigración 
(sin derecho a voto), el hecho fundamental de que el voto aún no era secreto, y mil razones 
más. Los dirigentes elegidos, además, pertenecían a la misma clase gobernante de antes de 
la independencia, la más acomodada, y no es baladí resaltar que los militares solían estar 
encuadrados en esa clase.


 
Pero a medida que las sociedades van siendo conscientes de los movimientos sociales en 
todo el mundo son menos proclives a votar gobiernos que sólo trabajan por sus intereses, a lo 
que hay que añadir que las votaciones empiezan a ser secretas y más libres, con lo que 
empezaron a nacer partidos en condiciones de arrebatarle el poder a la clase que siempre lo 
había tenido (como natural suyo, como también se observa ahora, cuando Trump, en Estados 
Unidos, se huele que alguien puede ganarle), lo que por cierto, condujo a conocidos golpes de 
estado protagonizados por militares apoyados por las clases conservadoras (de su estatus) y 
reaccionarias. Dejémoslo aquí.

 
Pero todo esto se ve y analiza ahora, estudiando el pasado, la Historia, no en su presente, 
ponderando, ahora por los estudiosos, si alguno de estos aspectos es aplicable al hoy y 
poniendo en valor la idea de que, pensando y diseñando el futuro que queremos para nuestros 
descendientes, estudiar el pasado nos ayuda a reconocer y evitar fallos que no queremos que 
se repitan; pero, después de saber en qué futuro se trabaja. Nunca al revés, evitando la t
entación, casi siempre perniciosa, de tomar el pasado como modelo.
 
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1Hay que respetar, no obstante, a quien está dispuesto a jurar y perjurar, en un ejemplo de nuestros pagos, la veracidad incuestionable de los hechos históricos tal como se narran en la conocida película El Cid (1961), una auténtica «epopeya cinematográfica», como la calificó su propio director Anthony Mann, protagonizada, como es sabido, por Charlton Heston en el papel del Cid y Sofía Loren en el de doña Jimena.

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

¿Son los “menas” nuestra mena de futuro?

Galena argentífera (plomo + plata) de la mina Myudyurska, Bulgaria.

En minería, una mena, generalmente de un metal, es un mineral o roca del cual se puede 
extraer dicho metal porque lo contiene en cantidad suficiente para poder aprovecharlo. 
Paralelamente, la ganga es el conjunto de todos los minerales sobrantes que se encuentran 
junto a la mena en la roca extraída en el yacimiento.  Pero también "Menas" es el acrónimo 
que se usa para referirse a los menores extranjeros no acompañados tutelados por las 
autoridades públicas al no tener un adulto de referencia en el país y que es la terminología que 
utiliza la 'Convención sobre los derechos del niño'. 

 
Un inciso. Tengo el privilegio (porque eso permite objetividad) de haber sido testigo de primera 
mano de dos historias muy similares en su inicio pero radicalmente diferentes en su desenlace 
último. Dejadme que os las cuente. Conocí bien, hace años, el caso de un muchacho que, 
siendo menor de edad pero buscando un futuro y una vida que no podía encontrar en su 
querido entorno natural de una determinada Comunidad Autónoma española, decidió dejar 
atrás la confortabilidad anímica de familia y amigos y dar el salto a otro entorno desconocido 
donde, a priori, podía conseguir ese objetivo. En su periplo coincidió con otro muchacho, 
menor de edad como él, que también había dejado atrás familia y amigos… en otro país, y 
también se había marcado como objetivo un futuro y una vida mejores de los que en teoría 
tenía asignados.

 
Y ahí se acaban las similitudes, obligados por la dura realidad de las circunstancias cotidianas, 
ya que trámites cotidianos y necesarios, generalmente de índole administrativa, que en el 
primer caso eran eso, meros trámites (empadronamiento, contrato de trabajo, alquiler de 
vivienda, relaciones bancarias,…) a veces un punto farragosos, se convertían en el segundo en 
una carrera de insalvables obstáculos ocasionalmente. Dicho de otra forma, no importaba la 
persona, el menor de edad en cuestión y su valía (o no), sino si había nacido entre nosotros, y 
en función de ello se le aplicaba un “baremo” u otro en esas gestiones cotidianas.


 
Es comprensible (¿justificable?), pues, que los finales de ambos casos sean diferentes y que la 
incorporación a la sociedad también lo sea, pero, en cualquier caso, se ha tener muy en cuenta 
una realidad inherente al género humano y es que pese a los impedimentos administrativos, la 
corriente de personas jóvenes que buscan un futuro (o una vida) fuera de su ámbito natural es 
imparable, y siempre lo ha sido, en todo el mundo.

 
Antes de seguir adelante con estas reflexiones echemos un vistazo a nuestra situación 
demográfica, que viene marcada principalmente por : 
	a) Descenso acusado de las tasas de natalidad y fecundidad, cerrando el llamado boom 
demográfico de la segunda mitad del siglo XX, situándose España en cuanto a fecundidad en 
unas cifras claramente por debajo del nivel de reemplazo generacional. La tasa de natalidad 
sufre un notable decremento, reduciéndose a algo más de la mitad en los últimos 50 años. 
	b) Aumento de la esperanza de vida al nacer gracias a los avances en la medicina, la 
higiene, con especial atención a la reducción de la mortalidad infantil. Esta tendencia comienza 
con el siglo y se acentúa durante el mismo sin una evolución homogénea.  A  fines del siglo XX, 
España presenta una esperanza de vida al nacer superior incluso al del resto de países 
europeos.  
 
 
Como consecuencia, la sociedad española envejece, siguiendo el patrón de las sociedades 
desarrolladas del contexto occidental, pero en un lapso de tiempo más reducido. Dicho de 
otra forma: en poco tiempo, España necesitará para mantener mínimamente el estado del 
bienestar una legión de nuevos ciudadanos/contribuyentes que, por las tendencias 
demográficas del país, han de venir necesariamente de fuera. Y, sobre el papel, ¿quién mejor 
que un menor de edad que ha venido buscando ese futuro o esa vida para integrarse 
efectivamente con nosotros? Pero aquí en este punto se topa con un discurso xenófobo que, 
no nos engañemos, es capaz de calar, por diferentes razones, en amplias capas de nuestra 
sociedad, con la criminalización de esos jóvenes, haciéndolos responsables, no sólo de todos 
los delitos imaginables, sino incluso de haber traído con ellos ahora el contagio de esta 
pandemia del coronavirus Covid-19.

 
Hay deseos como simplemente vivir tranquilo, vivir en paz, que deberían estar al alcance de 
cualquiera porque en el fondo recuerdan los derechos básicos de la infancia de aquellos 
niños y adolescentes que han llegado hasta nuestro país sin la compañía de sus padres, 
madres y familiares y que deben ser tratados como lo que son, personas menores de edad 
con un gran potencial si se cuida pero, la verdad, si hay un colectivo de personas en situación 
de especial vulnerabilidad son los niños, niñas y adolescentes que han llegado solos/as hasta 
nuestro país. 

 
Al usar el argot técnico de ‘mena’ (repito, menores extranjeros no acompañados), estamos 
hablando de chicos y chicas menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados/as 
de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto. 
 
Actualmente, y después de que la generalización negativa del uso de este término en la 
esfera pública haya derivado en la deshumanización primero y la criminalización después de 
un colectivo en situación de extrema vulnerabilidad, debemos hablar de ellos y ellas como lo 
que son: niños, niñas y adolescentes que están solos/as y expuestos/as a un grave riesgo de 
exclusión y de desamparo. No puede olvidarse que no están aquí por hobby y que, entre los 
motivos que llevan a estos niños y niñas a salir de sus países de origen1 se encuentran la 
pobreza extrema y la falta de futuro y expectativas; situaciones de desestructuración familiar y 
desprotección institucional; catástrofes naturales; la guerra, la persecución, la violencia y 
situaciones de violación generalizada de sus derechos humanos.

 

La palabra “menas” está en auge, pero no por motivos deseables, por estar preparados como 
país para acoger a los niños y niñas que llegan solos a nuestro país (son, debe admitirse, 
parte de nuestro futuro, atendiendo a los datos demográficos), sino por una utilización 
despectiva de este acrónimo técnico. Este uso despectivo de la palabra2 nos debería hacer 
reflexionar porque está estrictamente asociado a su connotación negativa y, antes de todo, es 
necesario actuar para desmontar los prejuicios que acompañan a estos menores, de los que 
nos enfrentamos cada vez con más frecuencia al estigma y a la criminalización que sufren. 
Ciertamente, la palabra “cosifica” y “deshumaniza”, porque ya está cargada de negatividad y 
contribuye a que la gente olvide la continua vulneración de sus derechos por parte de las 
administraciones públicas y, utilizándola no estamos viendo las cosas como realmente son, y 
se utiliza un término que intenta aislar. Pero, a la vez, no es suficiente centrarnos en la 
terminología. Es fundamental conocer su realidad y ver las propuestas y respuestas que 
podemos dar como sociedad a estos niños y niñas tan vulnerables para incorporarse a ella.

 
Un factor a tener muy en cuenta es que, más allá de determinados discursos o noticias, 
habitualmente sesgadas (de forma que cuando se dan algunos problemas de convivencia, 
cuando se dan casos de chicos que tienen dificultades especiales de integración social, estas 
situaciones se generalizan, se magnifican y se genera un miedo infundado que lleva al 
rechazo, al odio, y al fin y al cabo a la vulneración gravísima de los derechos de estos niños, 
como ya ha denunciado Unicef), los llamados “mena” no son delincuentes y hay que remarcar 
como la mayoría de estos jóvenes no ha mantenido nunca conductas delictivas en su vida. No 
podemos suponer que cada vez que se abre un centro de acogida en un determinado lugar, 
esos adolescentes cometerán actos delictivos3. Por citar sólo un ejemplo, en Andalucía, sólo 
el 0,52% de los adolescentes migrantes que han sido acogidos por el sistema de protección 
desde 2015 ha tenido medidas judiciales de internamiento por la comisión de algún delito. Es 
una obligación de toda la sociedad permitir que se garanticen los derechos de estos menores 
ante su situación de extrema vulnerabilidad. 


 
Lo que parece evidente es que es necesaria una gestión de las migraciones responsable y 
sostenible a través de un enfoque integral, que garantice el respeto a los derechos humanos  y 
entre las medidas con enfoque de infancia en España, una de las condiciones fundamentales 
es, simplemente, el cumplimento de los estándares internacionales: España tiene que tener 
un mecanismo trans-fronterizo para la protección y la entrada segura de las personas 
menores de edad. Otra de las exigencias principales es asegurar un adecuado nivel de 
protección extensivo a todas las comunidades autónomas: acogimiento familiar, acogimiento 
residencial en pequeña escala y con tutorización personalizada, tutores y asesores 
imparciales y estables que les acompañen en su ineludible y deseable proceso de integración.

 
De nuestra sociedad depende que seamos capaces de aprovechar los “menas” como mena o 
mantenerlos como ganga desechable. 
 
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1De acuerdo con la memoria de la Fiscalía, "Una causa muy evidente es la violencia, no solo en el marco de conflictos como ocurre en algunos países de África subsahariana, sino también la violencia intrafamiliar, el abandono institucional y la falta de oportunidades educativas y laborales".

2Sara Collantes, especialista en migraciones del Comité Español del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) hace una aclaración acerca de este colectivo. "Nosotros, en el Comité, evitamos el uso del término 'mena' porque esta palabra terminó sacándose de su contexto y utilizándose de forma negativa, con una carga estigmatizante muy fuerte. Los llamamos niños migrantes no acompañados, que es la terminología que utiliza la 'Convención sobre los derechos del niño'. Son niños que salen de su país y viajan solos sin la compañía de un adulto. No se está trabajando bien en la mediación vecinal para explicar a los vecinos quiénes son estos chicos, por qué van a abrir estos centros para ellos y cómo se trabaja en ellos. Hay falta de puentes, de conexión entre el sistema de protección a la infancia y los habitantes de los lugares donde estos centros se colocan".

3El fiscal coordinador de Menores, José Javier Huete Nogueras, descarta que exista una relación entre los menores extranjeros no acompañados y un aumento de los delitos graves, pese a que reconoce la complejidad de la situación."Se trata de un colectivo de chicos que han tenido un periplo migratorio complicado, que llegan a un país del que desconocen muchas veces incluso el idioma, que vienen con unas expectativas. De pronto se encuentran con situaciones distintas de las que esperaban. Y esto genera frustraciones. Es inevitable que algunos cometan hechos delictivos. Y eso, que ha sucedido, genera una sensación de inseguridad en los entornos en los que se produce esa situación. ¿Qué es lo que ocurre? Que inmediatamente se estigmatiza y se generaliza la condición delincuencial a todo el colectivo. Lo cual es una conducta absolutamente injusta porque no es real. Hay que rebajar la tensión y sacar a los chicos del debate. Estamos haciéndoles un daño permanente".