miércoles, 3 de mayo de 2017

Pensiones ¿y futuro?


Aviva es la marca con la que se conoce en España a un importante grupo asegurador británico, uno de los más solventes del mundo (para entendernos, aquí es continuador de lo que un día fue Plus Ultra Seguros), y especializado en seguros de vida y pensiones, que acaba de publicar un interesante y documentado informe con el título de Pensiones en transición y el aclarador subtítulo de Un panorama internacional de los retos que afrontan los sistemas de pensiones.

Tal como se puede leer en la presentación del documento, en un momento en el que las pensiones están a debate en todos los países del mundo, el informe proporciona un panorama internacional de los retos que afrontan los sistemas de pensiones, presenta y compara la variedad de sistemas existentes, dando a conocer cómo los diferentes países afrontan los retos demográficos así como el papel de las pensiones privadas. El estudio es realmente exhaustivo y repleto de datos comparativos y, además de hacer una descripción detallada de los casos nacionales y modelos de pensiones, abarca las diferentes contingencias (jubilación, supervivencia, incapacidad y dependencia), sus condiciones de elegibilidad, cuantía de las prestaciones, sus límites y compatibilidad, así como la financiación y fiscalidad de los sistemas.

Las pensiones están a debate en todos los países del mundo. A pesar de las grandes diferencias que presentan “las demografías”, las instituciones y las economías que se superponen a los sistemas de pensiones en cada país, o grupos de países, las pensiones responden a un mismo propósito y los sistemas que las causan presentan problemas de una u otra índole en todos los países.

Las pensiones son, pues, un fenómeno global, dotado de un dinamismo que a veces puede parecer de baja velocidad, pero que a la postre se expresa mediante una permanente transformación de los sistemas de pensiones existentes.

De ahí que, frente a un enfoque de tipificación de “modelos de pensiones”, y su comparativa, resulte más pertinente reparar en la similitud que todos los sistemas declaran en sus principios protectores, las condiciones que establecen o el cálculo de las prestaciones que otorgan a los beneficiarios. Y, al mismo tiempo, reparar en las diferencias que en estos mismos ámbitos existen.

Estas similitudes y diferencias son las que, a la postre, en virtud de los procesos de reforma acelerados que se han puesto en marcha en los últimos lustros, y los procesos que pasarán también a la norma en los años venideros, llevarán a los sistemas que hoy pueden parecer claramente delimitados a mezclar sus características para responder de manera similar a problemas comunes.

Por lejos que parezca ahora esta perspectiva, todos los sistemas de pensiones del mundo se encuentran en plena transición hacia esquemas más adaptados a una demografía global gobernada por la convergencia en la denominada “segunda transición demográfica” en la que sobresalen dos tendencias decisivas:
1.- el descenso acusado de la tasa de fecundidad hasta por debajo de los niveles de reemplazo generacional y
2.- la extensión aparentemente ilimitada de la esperanza de vida a todas las edades.

La primera de estas tendencias socava las bases financieras de los sistemas de reparto, poniendo en cuestión su sostenibilidad y, a la postre, su viabilidad financiera. Mientras que la segunda tendencia, determina que los sistemas de ahorro y capitalización, con sus bases actuales, rendirían pensiones cada vez menores, si bien sostenibles, para que los capitales acumulados puedan extenderse a medida que lo hace la esperanza de vida.

Por estas razones se aborda aquí el análisis de la incesante transición de los sistemas de pensiones públicas en un caldo de cultivo en el que se mezclan la similitud de los procesos demográficos, la
convergencia de las culturas protectoras y la experimentación de los países más dinámicos en la materia (avanzados o emergentes, anglosajones o continentales, asiáticos, etc.).

Pensiones en transición” es, pues, un intento de presentar la increíble variedad de sistemas existentes bajo un doble prisma que primero descompone la luz en dicha rica diversidad para posteriormente concentrarla y hacerla incidir en el punto focal en el que la institución de las pensiones, con el concurso de todos los países, modelos y sociedades, acabará reinventándose para asegurar la protección de los trabajadores del siglo XXI.

La convergencia entre la baja tasa de fecundidad y la alta esperanza de vida es un hecho tangible en todo el mundo, lo que está induciendo una evolución de los sistemas de pensiones, que deben afrontar estos dos retos que ponen en cuestión la sostenibilidad financiera de los sistemas.

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En plata, que las tendencias en todo el mundo son las de disminuir el importe de las pensiones públicas, aplicando a las mismas únicamente criterios economicistas y no sociales y que, ante tal evidencia, el único camino es el de complementar esas pensiones públicas con aportaciones a Planes de Seguro privados. La pregunta del millón es la de que si (al menos en nuestra España) las reformas laborales permiten la proliferación (y el gobierno lo sabe) de sueldos de auténtica miseria, ¿de dónde puede sacar el trabajador medio el ahorro para formalizar un plan privado? Y sumémosle a eso la angustia de saber que, si ahora los ingresos no llegan a cubrir los gastos de subsistencia, en el futuro aún menos con una pensión (si es que se puede acceder) bajo mínimos. Pero, eso sí, dicen los que saben (?) que la recuperación económica es un hecho incuestionable.

Volviendo al informe, en él se ofrece, de forma pormenorizada, una panorámica internacional de cuál ha sido la evolución de los diferentes sistemas de pensiones públicos y privados, su adaptación a la realidad cambiante y los retos que afrontan en el medio y largo plazo, comparando una veintena de países (Australia, Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Alemania, Francia, Polonia, España, Italia, Portugal, Dinamarca, Suecia, Holanda, Brasil, Marruecos, Méjico, China, Japón y Singapur), que el estudio agrupa en seis modelos de pensiones: Anglosajón, Europa Central, Europa del Sur, Nórdicos, Países Emergentes y Asia y eso porque cuando los problemas son comunes, las soluciones no deberían ser divergentes. Pero a efectos prácticos, cada país es diferente, por lo que debería distinguirse entre países avanzados y países emergentes. En el caso de los primeros, con niveles de protección altos, la sostenibilidad se ve más comprometida cuanto mayor es el componente de reparto. En el caso de los segundos, donde se dan contrastes de protección y hay déficit de cobertura en amplias capas de la población, se suelen adoptar soluciones de la mano de entidades privadas..

La lectura de todo el informe es altamente recomendable, aunque sea sólo para ver las diferentes soluciones adoptadas para afrontar un problema, no nos engañemos, común. En lo que sí se advierte un criterio común es en la tendencia generalizada a retrasar la edad de jubilación, con algún matiz secundario. Prácticamente coincide España con países tan diferentes como Polonia, Dinamarca, Australia y algún otro en elevar la edad de jubilación desde los 65 a los 67 años; la citada Australia junto con Suecia, ya ha iniciado el debate interno para superar los 70 años, y, aunque de manera más sutil (al ligar el cálculo de la pensión de jubilación a la esperanza de vida), es una idea que se plantea, por ejemplo, en Italia y Holanda. Precisamente ese factor, la esperanza de vida, es el que hace que en países como Marruecos o China se mantenga la edad de jubilación en los 60 años.

Y, desde luego, el standard en el análisis comparativo de todos los territorios es el de considerar la jubilación y la pensión, no como un derecho laboral/social, sino como un mero instrumento útil para aumentar la rentabilidad de las entidades financieras y/o aseguradoras en la comercialización de sus planes de pensiones privados. Ante el dolce far niente complaciente de las autoridades. En todos sitios.

Malos tiempos para la lírica...

viernes, 28 de abril de 2017

Uso y valor de los recuerdos

Hay un escritor, músico y filósofo colombiano, Luis Gabriel Carrillo Navas, popular en las Redes por las frases que publica (a veces se divulgan y se extienden como "de autor anónimo" ¡qué se le va a hacer!) que, provoquen o no la coincidencia con lo que piensa el lector, suelen ser una puerta abierta a la reflexión sobre ellas. Una de las más conocidas es aquella de "En la vida uno nace y muere solo, en el camino que transitamos entre estos dos puntos es cuando lo seres humanos nos acompañamos". Es cierto que la frase parece encerrar una contradicción , ya que en el momento del nacimiento (hablamos en este caso sólo de nuestra sociedad, naturalmente), que suele suceder en un establecimiento hospitalario, está presente/asistente el médico, la comadrona, los enfermeros, etc., y en el de la muerte, salvo que sea imprevista, siempre hay alguien acompañando/ayudando.
Pero no hay contradicción porque, bien mirado, ambos actos son autónomos (no confundir con "voluntarios", que es otra cosa). Es más, a lo largo de la vida, o sea, del tiempo que transcurre entre ambos momentos, si nos fijamos bien, realmente estamos sólos en los temas importantes, sea para creer, elegir, decidir, amar,... aunque, como es obvio, todo ello esté influido por un entorno que, frecuentemente, incluso hemos creado. Este factor hace pensar que esta, llamémosle soledad de acción, queda diluida en las diferentes soledades adyacentes, y posiblemente haya que admitir que efectivamente sea así, lo que pone en valor la importancia de ese estar sólo para nuestra intimidad. Hay un aspecto que, perteneciendo al YO más íntimo, si se sabe administrar, contribuye a que ese tiempo de tránsito sea reflejo de todo lo positivo en lo que se ha participado y que, sin duda, nos ha marcado; es todo lo que representan los recuerdos, siempre que se domine su uso para que no deriven en nostalgia, frustración, abatimiento y depresión, o ira y desesperación o, lo que es igual de pernicioso, usarlos para buscar una "zona de confort" anclándose mentalmente a la época vital que representan, negando la evolución posterior. El recuerdo es un arma poderosa porque, cuando se rememora con fuerza y voluntad una situación o vivencia, de no importa qué antigüedad en nuestra vida, se cumple lo que decía José Larralde al afirmar que "de allá vengo sin haberme ido nunca" y la conclusión sobre ella es de plena actualidad en nuestro interior subconsciente.
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Humildemente he mantenido siempre que uno es uno y sus recuerdos (lo que es compatible con lo que afirma José Antonio Marina de que uno es uno y sus proyectos, lógicamente, en otras etapas de la vida); no son palabras: la memoria es la que nos define y nos une a una familia, una niñez, unos lugares, unos olores, unos sabores, unas experiencias, unas relaciones,... que nos van moldeando y sin cuyas referencias NO SOMOS. Pensemos, en el extremo, en desarreglos como el Alzheimer, que conlleva la pérdida de la memoria y, por tanto, el desconocimiento de personas, lugares o hechos. ¿Es hoy una persona afectada por un desrreglo así la misma que fue? Pero la memoria es una facultad extraña que es vano querer dominar; es autónoma, selecciona por su cuenta y, sobre todo, es "personal e intransferible", sólo vale para uno, de forma que un mismo hecho compartido por varias personas, puede dejar un registro diferente (y de diferente intensidad) en cada una de ellas. Llevado al extremo conceptual de la autonomía de la memoria, a nadie sorprende que produzca algún quasi-oxímoron paradójico como aquel de no recordar qué era aquello que se quería olvidar. ¿Es o no es genial?
Los recuerdos son, pues, estrictamente personales y, al margen de su uso involuntario (al oir una música, al ver un paisaje, al percibir un olor,...), su uso voluntario queda al libre albedrío de cada uno. Y uno los activa, desempolva y selecciona movido por resortes íntimos y, a veces, inadvertidos, como una fecha que queda en la intimidad de cada uno como señalada (como por ejemplo la de hoy, que puede ser importante sólo para mí), un encuentro con otra persona, un hecho nuevo que despierta otros antiguos, o por diferentes causas. Uno de esos motivos, que no se suele citar (posiblemente por lo que representa), viene derivado del inexorable paso del tiempo para todos; efectivamente, todos sabemos que la vida la forman etapas distintas, unas más largas que otras, unas más intensas que otras, unas más agradables que otras,... pero somos conscientes de que, una vez vivida una etapa, únicamente puede revivirse en el recuerdo y fatalmente estamos convencidos de que hay vivencias que no se repetirán, lugares que nunca volveremos a visitar o personas (algunas muy queridas) que jamás volveremos a ver y abrazar. Queda su recuerdo al que acudir, siempre y cuando, como se apuntaba más arriba seamos capaces de evitar que se convierta en malsano y traicionero y nos dejemos conducir por él al desánimo y a la depresión de espíritu. Ni más ni menos que seguir inconscientemente las ideas del Nobel de Literatura y filósofo francés Henri Bergson, que decía que los humanos experimentan un movimiento hacia adelante, un impulso, un elán vital, precisamente sirviéndose de la ficción (irrealidades, sueños, recuerdos,...).

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 Hay una película de los años 60 del pasado siglo, que forma parte de los anales del cine, del genial director griego-norteamericano Elia Kazan (por cierto, otro refugiado en su día, en la terminología de hoy ¿cuándo se darán cuenta los politicastros que tenemos del protagonismo de los refugiados en la evolución social y cultural de todos los países?), Esplendor en la hierba, que es una historia de amores no consumados debido a los convencionalismos sociales en la que los personajes interpretados por Natalie Wood y Warren Beatty, jóvenes y apasionados, de familias socialmente distintas, apenas pueden contener su amor juvenil pero la época, la edad, los estudios, las ambiciones personales, los padres... los llevan a otra conclusión. Y es que la historia nos habla de las relaciones paterno-filiales, de la incomprensión entre padres e hijos y la necesidad de perdonarse en un momento dado, de crecer y seguir adelante. Pero, sin lugar a dudas, nos habla de la fugacidad del tiempo, la pérdida de la juventud y la importancia de los recuerdos. En la película, una jovencísima y bella Natalie Wood recita en una clase de literatura un poema de William Wordsworth1 (del que la película toma el título), cuando su dolor es más fuerte que su esperanza. Pocas veces una película, ha contribuido tanto a la popularidad de la obra de un autor clásico, si exceptuamos el ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!, poema de Walt Whitman en homenaje a Abraham Lincoln después de su asesinato en 1865, popularizado en la película El club de los poetas muertos, con un magistral Robin Williams interpretando al profesor que despierta la mente de sus alumnos para hacerles ver la importancia de luchar por alcanzar sus sueños (y con todo ello descubren la poesía) con métodos poco convencionales.
El fragmento por el que se recuerda a Wordsworth en Esplendor en la hierba está formado por algunos de los versos finales de su Intimations of Inmortality (Oda a la inmortalidad, como se conoce entre nosotros) y dice así:
Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba,
aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la
muerte.
Y termina así:
Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.”



Se trata de un poema bellísimo, bien estructurado, y que actúa por si sólo, la belleza está en él, de forma que, aunque no seamos capaces de recordar ni uno de sus versos, siempre recordaremos la esencia de este poema, valorando la importancia de los recuerdos hoy, que somos quienes y como somos, en lucha continuada para aprovechar solamente su influjo benéfico, tanto para la persona misma como para su entorno (sea o no el mismo registrado en la memoria).

Acabamos con dos citas del filósofo y escritor inglés Aldous Huxley: "Trabajando sobre los datos de la realidad (la que vivimos un día y de la forma que la recordamos), nuestra conciencia elabora el universo en el que vivimos (hoy) realmente" porque "La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede" para ser conscientes de que si hoy, quizá una fecha señalada, evoco voluntariamente unos recuerdos de hechos de ayer, tengo que cuidar que sea para ayudar en el hoy y de ninguna forma para iniciar esa espiral perniciosa que se inicia con la nostalgia.
 
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1William Wordsworth (1770-1850) fue uno de los más importantes poetas románticos ingleses, con obra laureada en Inglaterra desde 1843 hasta su muerte. El carácter fuertemente innovador de su poesía radica en la elección de los protagonistas, personajes de humilde extracción, del tema, que es la vida cotidiana, y del lenguaje, sencillo e inmediato.
Aunque su poesía se ambienta en el paisaje rural de los lagos ingleses, es también “recollection in tranquillity”, literalmente, “recuerdo en la quietud”, de experiencias personales vividas en la naturaleza que enriquecen al que vive constreñido por la realidad de la metrópoli industrial. El evocar pasiones y emociones ya extinguidas en el tiempo implican al lector activamente. Ninguna de sus poesías ejemplifica mejor esta tendencia que Tintern Abbey reconocida por él mismo como una de sus mejores obras ya que recibió mucha inspiración al recordar cuando era niño y vivía con su madre en el campo.


martes, 25 de abril de 2017

La naturaleza o la ley

Cuando uno oye, precisamente por quienes dicen ser políticos, proclamar ese mantra recurrente últimamente de "la ley está para cumplirla" sin observar ni un atisbo de duda, dando por sentado la ininmutablidad eterna de la ley, sea cual sea su naturaleza, es inevitable que el magín acuda a sonoras incoherencias en la creación/redacción de algunas leyes. 

Para no meternos en camisa de once varas, acudamos a cosas pueriles pero indicativas de por dónde pueden ir los tiros en estas cosas jurídicas que luego se eternizan.

Que la Naturaleza tiene sus propias leyes, que creemos inmutables, es cosa sabida; que las leyes de los hombres que rigen la relación entre personas, también; que, en contadas ocasiones se producen lo que podríamos llamar conflicto de intereses entre unas y otras, ya no parece tan normal. Y, sin embargo, el hombre ha pretendido variar, incluso, las Leyes de la Naturaleza.

Y ahí está, sin ir más lejos, el humilde tomate, para demostrarlo.

Verán ustedes: el tomate (etimológicamente, “tomatl”, vocablo náhuatl – pobladores de algunas zonas de lo que hoy es Mèxico - que viene a significar “fruto lleno y jugoso”) es una planta solanácea con diversas variedades, para cada una de las cuales hay un vocablo azteca diferente que no viene al caso pero que tiene la raíz común que significa planta de bulbo jugoso y muchas semillas internas; los análisis científicos de su contenido y su estudio botánico lo incluyen dentro de las frutas. Se venía cultivando desde unos 700 años antes de Cristo por los aztecas y los incas. Tras la llegada de los españoles a esas tierras, el vocablo (y el propio fruto, como es natural) se introduce en la cultura castellana hacia 1532; sin embargo, por su parecido con la belladona1, tardó en imponerse en la cocina y, en principio, su destino era ornamental.

Mas, hete aquí que se producen ciertos conflictos armados entre ingleses, que derivan en penurias y escasez, y, a falta de otra cosa que echarse a la boca, la cultura anglo sajona descubre las propiedades nutritivas de esas plantas que sólo eran consideradas ornamentales.
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Llegamos a la guerra de secesión americana; en los Estados Unidos aún no se había extendido su uso hasta que también las carencias derivadas de la guerra lo redescubren. Y entonces se produce el milagro jurídico de la transformación por ley de fruta en verdura: resulta que a finales del siglo XIX las frutas importadas en aquel país estaban exentas de impuestos, al contrario que las verduras. En 1893 un comerciante solicitó que su partida de tomates procedente de las Indias Occidentales tuviese el mismo trato fiscal que los plátanos del Caribe, argumentando que desde el punto de vista botánico no había diferencia entre unos y otros. Pero el juez de la Corte Suprema Horace Gray desestimó la solicitud del comerciante, dictaminando que, según la tradición (que ya se ve que igual vale para un roto que para un descosido), la frutas suelen consumirse como postre, mientras que las verduras se utilizan para acompañar el plato principal2.

Lejos de corregir tamaña estupidez, la historia ha corroborado la prioridad de la costumbre y el lenguaje común sobre la auténtica biología de las cosas, de forma que, no sólo el tomate: también los pepinos, calabacines y pimientos son, a todos los efectos, verduras.

Pues, como eso, todo con nuestros legisladores (?). Y con cosas, lamentablemente, mucho más relevantes.
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1 Planta venenosa y narcótica, solanácea como el tomate, de hojas alargadas, simples y alternas, flores solitarias y acampanadas, de color púrpura y fruto carnoso.
2 Pensemos que, al menos en aquella época, las comidas y cenas estaban constituidas por un plato único


martes, 18 de abril de 2017

Algunos orígenes para la corrupción

Según el último sondeo realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el pasado febrero, publicado en marzo, acerca de las preocupaciones de la ciudadanía, el paro sigue siendo citada como la principal preocupación por el 72,2% de los encuestados, aunque sea 1,1 puntos menos que en el anterior informe, pero, en segundo lugar, la preocupación por la corrupción y el fraude se ha disparado 3,5 puntos hasta alcanzar el 37,3%, lo que confirma el pesimismo de los españoles sobre el futuro de la economía y de la política.
No es ninguna novedad por lo que respecta al hartazgo ante la corrupción; ya en enero nos hicimos eco del informe del índice de percepción de la corrupción de 2016, publicado por la organización Transparency International en donde se ponía de manifiesto que la puntuación obtenida por España en ese capítulo no había sufrido ningún cambio respecto a la obtenida en 2015, lo que quiere decir que los españoles mantienen estable su percepción de la corrupción en el país.
A pesar de ello, España empeora su posición respecto al resto de los países hasta el puesto 41 del ranking formado por 176 países. Se constataba en el informe que en los últimos cinco años, la percepción de los ciudadanos de la corrupción en el sector público en España ha empeorado.

Pero fijarse sólo en el corrupto es un error para luchar realmente contra esa lacra si olvidamos al sobornador y, sobre todo, si no analizamos el sistema que permite (¿y alienta?) la corrupción. Y algo debe de haber revisable en el sistema cuando asistimos usualmente indignados a declaraciones oficiales de personajes cazados con los bolsillos llenos de dinero público en las que afirman con aplomo que sus actuaciones han sido perfectamente legales.
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Ciertamente, uno se entera de contratos con dinero público y licitaciones, cuando menos, llamativos, como el de ese contrato firmado con una empresa de suministros que se mantiene con un coste inalterado, y así se publicita ufanosamente, desde antes del inicio de la crisis. El hecho de que el proveedor haya aumentado el coste unitario del producto cada año y la cantidad que suministra ahora es un 15 % menos que hace 10 años cobrando lo mismo, debe tomarse como un simple pecadillo anecdótico sin importancia... seguramente achacable a los famosos recortes. Por no hablar de contratos firmados para la realización de una infraestructura a un precio imposible (y técnicamente se sabe que lo es) en los que, lógicamente, el precio final real se dispara sin que nadie sea responsable al parecer, ni de la licitación errónea, ni del seguimiento del gasto ni incluso, a veces, de la reclamación por deficiencias en la entrega (que suelen ser objeto de nuevo contrato para su subsanación). Casos como estos, y otros peores, aconsejan detenerse a mirar las normas afectas.

Y para echar ese vistazo, necesariamente superficial, acudamos a quien algo sabe del tema. La contratación pública representa en España aproximadamente el 18,5% del Producto Interior Bruto. En los dos últimos años, la regulación jurídica de esta materia ha sufrido numerosas modificaciones, algunas de importante calado, para adaptarse tanto a la situación de crisis económica como para cumplir con las exigencias del Derecho europeo. En este escenario nace el Observatorio de Contratación Pública (ObCP, http://www.obcp.es/), organismo independiente en sus planteamientos y conclusiones, desde el que se debaten y analizan las novedades introducidas en su ordenación jurídica, así como se realizan propuestas de actuación para la modernización de la contratación pública materializando los principios de eficiencia, integridad y buena administración, desde el convencimiento de que es necesario plantear algunas reformas para ponerla en valor como instrumento para un mejor desarrollo de las políticas públicas. Lógicamente, el propósito del ObCP , formado básicamente por profesionales del mundo universitario, es integrar al mayor número de conocedores de la contratación pública, tanto profesionales como académicos, comprometidos con el objetivo de implantar una nueva cultura de la contratación pública.

Según declaran en su web, los retos que asume son:
  • Impulsar la transparencia, la concurrencia y la integridad en nuestro sistema de contratación pública.
  • Mejorar su eficiencia, tanto desde la perspectiva de las administraciones públicas como de los operadores económicos.
  • Facilitar el acceso de las PYMES al mercado público.
  • Fomentar políticas de I+D+I a través de la contratación pública.
  • Promover la participación de la empresa española en el mercado internacional de contratos públicos.
  • Favorecer la cooperación y colaboración interadministrativa y público- privada en la contratación pública.
Pues bien, el ObCP ha publicado su primer informe especial con el título Sistema de control de la contratación pública en España que ofrece un extenso análisis de la situación actual de la contratación pública en el país y además enumera una serie de propuestas y conclusiones dirigidas a mejorar el Sector.

En líneas generales, los temas que destacan en el informe son los siguientes :
  • Cinco años de funcionamiento del recurso especial en los contratos públicos.
  • La doctrina fijada por los órganos de recursos contractuales. 
  • Enseñanzas y propuestas de mejora.
Por otra parte, la publicación está dividida en seis puntos:
  1. Introducción: Balance de un modelo desde la perspectiva de eficiencia y buen gobierno.
  2. La justificacion del recurso especial en materia de contratación.
  3. La creación de un órgano administrativo independiente para el control. La nota de la especialización e independencia.
  4. Principal doctrina de los órganos de recursos contractuales, en especial del tribunal administrativo de contratos públicos de Aragon (TACPA).
  5. La valoración del modelo y su validación: complementariedad y no solapamiento.
  6. Conclusiones y propuestas.
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Creemos que el informe es de lectura obligada para formarse un criterio y llegar cada uno a sus propias conclusiones, pero, a modo de anticipo, no nos resistimos a reproducir algunos extractos:

La materia de los contratos público es de tal importancia económica y social que no puede “relajarse” el principio de control por mor de una mal entendida eficacia administrativa, pues, en todo caso, cualquier diseño de justicia administrativa encuentra su seña de identidad fundamental en el principio de tutela efectiva y, especialmente, de buena administración. El Informe Especial del Tribunal de Cuentas Europeo núm. 10 de 2015, relativo a la Necesidad de intensificar los esfuerzos para resolver los problemas de contratación pública que afectan al gasto de la UE en el ámbito de la cohesión, recuerda que la política de la Unión Europea en relación a la contratación pública constituye un pilar fundamental en relación a la consolidación del mercado interior y en torno a la consecución de una racionalización de los fondos públicos que garantice la sostenibilidad del sistema. En este entorno, el incumplimiento de las normas sobre contratación pública y la falta de un sistema de análisis de errores, para el consecuente atajo de los mismos, ha supuesto una fuente importante de desajustes que termina afectando a la transparencia, a la competencia y a la corrupción.
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En la gestión de la contratación pública no basta con realizar una tramitación que sea conforme al principio de legalidad. Además, es necesario que se respete, junto al principio de estabilidad presupuestaria, el principio de eficiencia. Así lo exige de forma expresa el artículo 1 TRLCSP (Texto Refundido de la Ley de Contratos del Sector Público).
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La realidad española revela que, pese a la existencia de mucha normativa (muy cambiante), la gestión de la contratación pública no resulta eficiente (no se optimiza la gestión de los recursos públicos). Así lo ha puesto de relieve la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que ha publicado en febrero de 2015 un documento de análisis de la contratación pública en España y cifra en 47 000 millones de euros la “ineficiencia” del modelo de contratación pública en España. Una parte de esta ineficiencia encuentra su explicación en conductas patológicas, es decir, en corrupción. Y otras en la aplicación burocrática de los procedimientos, con ausencia de reflexión práctica sobre sus consecuencias desde la perspectiva de la eficiencia de la decisión adoptada.




viernes, 31 de marzo de 2017

Qui est veritas, non imperium.


Se atribuye a Sir Winston Churchill la conocida frase «La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás», o sea, que parece ser bueno en definitiva. Pero ¿qué es la democracia? Si hemos de ir a la etimología de la palabra, democracia (del latín democratĭa, y este del griego dēmokratía) se refiere a una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes elegidos para un tiempo limitado. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
No hace falta que entremos en más berenjenales teórico-políticos, pues tan sólo la definición ya nos permite llegar a conclusiones lógicas como, por ejemplo, entre otras:

1.- Si el poder reside en toda la ciudadanía, los representantes de ésta han de gobernar para TODOS y no sólo para quienes le han votado a ellos.
2.- Los gobernantes son elegidos para representar a los ciudadanos, luego han de gobernar PARA la ciudadanía, no para otros agentes, por poderosos que sean.
3.- Si los gobernantes son conscientes de que son meros representantes de la voluntad popular, la información (obligada) de sus actos debe ser veraz, y no sesgada ni manipuladora (mucho menos si lo es en beneficio propio y no de la ciudadanía).
4,-....

Y podríamos seguir, como sabéis, desgranando matices acerca de la democracia. Lamentablemente, si hablamos de la decencia en los comportamientos o de la ética (que no es sólo una asignatura de Filosofía aunque dé que pensar. ¿será por eso que el gobierno actual quiere eliminar la Filosofía de los planes de estudio?), hay que ampliar el punto de mira a todos los sistemas políticos aunque a nosotros nos duele e indigna, obviamente, lo que pasa impunemente en el nuestro. Es un hecho que los poderes suelen vestir un fondo de algo de verdad con varias capas de información que disimulan un resto, cuando menos cuestionable (y si no que se lo digan, por ejemplo, a Trump, que viste con su slogan de campaña "make America greatest again" la salvajada de cargarse la incipiente política de protección medioambiental de Obama; hacerse líderes en energia,"greatest", sí, pero ¿a qué coste para todos? Y así con múltiples casos, no sólo de Trump).
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El mensaje oficial
La pregunta del millón es la de que, una vez que se descubre sin que quede ninguna duda que quien has elegido para representarte/defenderte te manipula en su provecho, ¿cómo y con qué razón se le sigue depositando la confianza? Quizá la respuesta haya que buscarla en los tentáculos del poder, particularmente en medios de información "independientes", con sonoros casos de sesgo en la publicación de opinión/noticias que afectan al Poder, según afirmen o desmientan la doctrina oficial, y eso pese al buen número de excelentes periodistas que tenemos.

Un ejemplo con un tema archidebatido: la cacareada recuperación económica. Sabido es que este gobierno que tenemos/padecemos, hace más de dos años está empeñado en presentar la mejora del Producto Interior Bruto nacional (que es el dato que da a sus socios comunitarios como indicador de final de crisis) como prueba sin más de que la recuperación de la sociedad es un hecho indiscutible, e incluso se permite de tachar de mal patriota a quien osa ponerlo en duda. Y eso pese a las evidencias del aumento del porcentaje de pobreza, del desplome de los salarios, del mantenimiento de las cifras del paro, de la precarización de los contratos de trabajo, de la aparición de una nueva clase social, la de los trabajadores pobres, etc., etc.

Para dar un halo de verosimilitud al mantra de que la recuperación es un hecho, se construye un mensaje monolítico que es repetido sin fisuras en su argumentación desde el Presidente del gobierno hasta el último mindundi del partido pasando por todos los ministros, portavoces, diputados y todo aquel a quien se le pone un micrófono delante. Mismo discurso. Y para dar más fuerza al mensaje se acude a expertos de prestigio que lo corroboren.

La (pen)última ayuda recibida para corroborar las tesis del Gobierno ha sido la del Gobernador del Banco de España, en intervención profusamente recogida por todos los medios (detalle nimio sobre el que después volveremos) que apoya decididamente la política económica del Gobierno, en cumplimiento tal vez de una de las funciones de la Institución que representa1 (¿olvidando otras?) y que aprovecha, dicho sea de paso para meter el miedo en el cuerpo al ciudadano medio con el futuro de las pensiones. No es momento ni lugar para criticar o alabar la función del Banco de España, pero sí que cabe recordar que, no hace mucho tiempo, lo que decía la institución o sus portavoces iba a misa, tanto en España como en el extranjero (incluso, mira por donde, en los denostados países bolivarianos, que siempre han confesado tenerla como modelo) y eso, en parte por su fama de independiente y porque sus gobernadores (alguno de trayectoria personal cuestionable) se alineaban totalmente con el criterio del Banco, sin divergencias, sobre todo en esa independencia.

Por eso resulta tan llamativo que, pocos días después de la intervención del gobernador del Banco a la que aludimos, la Central de Balances2 haya publicado un documento en el que echa por tierra el triunfalismo de su máximo representante y, de rebote, del Gobierno, si bien de ello se ha hecho eco una cantidad mínima de medios en comparación con la difusión que obtuvo la intervención del gobernador. El documento, publicado el día 22 de marzo dentro de la colección de “Artículos analíticos” con el nombre de  Resultados de las empresas no financieras: un avance de cierre del ejercicio 2016, empieza, eso sí,con un posicionamiento amorfo: “La mayoría de los sectores y empresas de la Central de Balances Trimestral mostraron una
evolución positiva en su actividad productiva y un incremento del empleo durante 2016.

El dinamismo de la actividad, junto con el comportamiento favorable de los gastos e ingresos
financieros, ha permitido que los beneficios ordinarios de las empresas hayan crecido a un
ritmo elevado. Esto ha supuesto un nuevo aumento de los niveles agregados de rentabilidad
ordinaria.

Por último, se mantuvo el fortalecimiento de la posición financiera de las empresas, que se
plasmó en una disminución de las ratios de endeudamiento y de la carga financiera.”, pero es la letra pequeña del informe, que sugerimos vivamente leer, la que ofrece datos ciertamente jugosos. A modo de resumen:

- Los datos se basan en la información facilitada por casi un millar de empresas representativas del 13,3% del Valor Añadido Bruto (VAB) del total de las sociedades no financieras.
- Las empresas (sin contar bancos y similares) elevaron su beneficio un 200,7% en 2016, o sea, que triplicaron sus beneficios.
- En términos de porcentaje sobre el VAB, este excedente se elevó hasta el 32,2% y el resultado ordinario neto creció un 23,8%,
- El VAB aumentó un 4,1%, tasa inferior a la registrada en 2015 por el impacto del subsector de refino de petróleo.
- El empleo creció un 1,1%, dato algo inferior al del año previo (1,3%).
- El porcentaje de empresas que aumentaron sus plantillas se situó en el 44,1%, cifra superior al de las que destruyeron empleo (39,9%).
- La recuperación del empleo sigue caracterizándose por ser más intensa en el de carácter temporal, que creció un 7,6%. Los empleos fijos, en cambio, descendieron ligeramente (un 0,3%).
- Los gastos de personal aumentaron en 2016 un 1%, en un contexto en el que las remuneraciones medias prácticamente se estancaron (-0,1%). Recordemos los beneficios se han triplicado.
- Por ramas de actividad, la de Energía registró un ligero descenso (-0,2%), algo más moderado que el del año anterior, que fue del -0,5%. También se contrajo el empleo en el sector de Información y comunicaciones, y lo hizo de forma más acusada (-3,4%), al ser en este sector en el que se concentraron los principales ajustes de plantilla. En el resto de ramas el empleo creció, destacando las de Industria y de Comercio y hostelería, con aumentos del 2% en ambos casos.
Resultado de imagen de cruz roja cronificacion pobreza
¿Imagen de la recuperación?
Son datos del Banco de España. ¿seguirá defendiendo el Gobierno a machamartillo eso de la recuperación confundiéndonos con datos macroeconómicos? ¿Recuperación cuando se pondera y defiende una reforma laboral que permite que sucedan cosas como las que se detallan en el informe que precisamente hoy se divulga, presentado ayer por Cruz Roja en Catalunya con el revelador título de La cronificación de la pobreza en el que se afirma entre otras cosas que el 40% de sus usuarios (trabajadores que cobran entre 300 y 600 euros al mes) no tendrán jubilación? No, definitivamente, las verdades que ofrece el Gobierno están muy alejadas de la realidad y cobra sentido y actualidad el título, aunque tenga siglos de antigüedad: Qui est veritas, non imperium. (La verdad está en la gente, no en el gobierno)

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1 Desde la implantación de la moneda única en Europa, el Banco de España participa en el desarrollo de las funciones básicas atribuidas al Sistema Europeo de Bancos Centrales principalmente definiendo y ejecutando la política monetaria de la zona del euro y, además, como banco central nacional:
- Poseer y gestionar las reservas de divisas y metales preciosos.
- Promover el buen funcionamiento y la estabilidad del sistema financiero.
- Supervisar la solvencia y el cumplimiento de la normativa específica de las entidades de crédito.
- Poner en circulación la moneda metálica.
- Elaborar y publicar las estadísticas relacionadas con sus funciones.
- Prestar los servicios de tesorería y de agente financiero de la deuda pública.
- Asesorar al Gobierno.

2La Central de Balances del Banco de España, que opera desde 1984 como una división del Departamento de Estadística, es un servicio que analiza la información económico-financiera que envían voluntariamente las empresas no financieras españolas y que permite elaborar las cuentas financieras de la economía española y analizar el comportamiento empresarial y los efectos de las medidas de política monetaria sobre la financiación y los resultados de las empresas. Sus principales objetivos son:
- Obtener información adelantada trimestral para los estudios de coyuntura económica que elabora.
- Disponer de datos sobre las operaciones financieras -activos y pasivos del subsector de sociedades no financieras-.
- Analizar el comportamiento empresarial y los efectos de las medidas de política monetaria.
- Valorar la calidad crediticia de aquellas empresas cuyos pasivos podrían ser aportados por las entidades de crédito como activos de garantía en las operaciones realizadas con el Banco de España.
- Facilitar a las empresas colaboradoras información sectorial agregada y homogénea, como contraprestación por su colaboración.
- Difundir la información sectorial agregada para su uso por otros analistas ajenos al Banco: instituciones financieras, universidades, investigadores, administración central, comunidades autónomas y organismos públicos, tanto nacionales como internacionales.

viernes, 17 de marzo de 2017

La carraspera del amanuense


Hay en Barcelona un mercado de barrio, el de Sant Antoni (San Antonio), ubicado donde la Ciutat Vella (Ciudad Vieja) pasa a transformarse en el Eixample (Ensanche), que actualmente está en obras para su remodelación, y que durante los días laborables cumple su función tradicional de venta de productos de alimentación en su interior, dedicando su perímetro exterior a la venta de productos textiles, de decoración, etc., en tenderetes de quita y pon instalados bajo unos porches metálicos vetustos adosados a la fachada exterior de la manzana de casas que constituye el mercado.

Los domingos, sin embargo, con el mercado propiamente dicho cerrado, todo ese perímetro exterior porchado se transforma en un concurridísimo zoco (hasta que dieron comienzo las obras que exigieron una redistribución provisional de los espacios, el dominical "mercado de San Antonio" aparecía como visita obligada en las guías turísticas de Barcelona) de productos variopintos más o menos relacionados con el hecho cultural, desde venerables discos de vinilo hasta los más modernos juegos de ordenador, pasando lógicamente por esas cosas que un día fueron icono de la Cultura (con mayúscula) que son los libros, (primeros protagonistas, indiscutibles, de ese mercado, particularmente si son antiguos, descatalogados o que no se encuentran ya en las librerías "normales") y por revistas de todo tipo, comics, postales antiguas, cromos de colección, etc.

Pues bien, paseando entre los tenderetes ojeando sin buscar nada en concreto, me detuve hace algún tiempo en uno de ellos ante unas postales, en blanco y negro algunas y otras en sepia, en las que aparecían fotografiados una especie de quioscos adosados a la pared en una plaza cercana a las Ramblas. Eran los quioscos de los amanuenses, esos “escribanos por encargo” que, a cambio de un pollo, un pan o una taleguita de garbanzos, escribían lo que les pedían sus clientes, naturalmente, ágrafos o, sencillamente, analfabetos (casi tanto como ese alto ejecutivo que, comentando lo que ha evolucionado la sociedad y el alcance actual de la cultura, se empeñaba en llamar "emanuenses" a esos escribanos. Juro que es verdad).

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Los documentos, en su mayoría cartas a organismos oficiales, cumplían una labor aséptica y sin estilo, pero, el otro gran bloque de trabajo del amanuense, las misivas personales o familiares, no acostumbraban a formarlo escritos "al dictado", sino más bien escritos en los que el amanuense interpretaba la idea que le transmitía su cliente y la plasmaba de forma más razonable en el papel. Seguramente había mucho para captar entre líneas en el trecho que iba desde las incendiarias y apasionadas soflamas del enamorado cliente al escribano y la romántica misiva que recibía su amada, pongamos por caso.

La confianza del cliente en el escribano había de ser total (pensemos que, después de todo, no tenía capacidad para poder verificar lo escrito) y, por otra parte, para intentar evitar dispersiones peligrosas o incómodas en el contenido, el amanuense dejaba escapar el sonido de una leve carraspera cuando su cliente le comunicaba alguna idea inconveniente que, expresada por escrito, podría ser comprometedora en exceso; esto era una argucia conocida y aceptada, que obligaba al "dictador" a repensar y reformular su idea antes de escribirla.
Y, al final, puede afirmarse que la obra era conjunta: las ideas a plasmar se habían ido puliendo y su representación en esos signos inteligibles para terceros podía ser todo un éxito que, en definitiva, era lo que se buscaba.

Quizá hoy, en las relaciones humanas en entornos digitales, tan estereotipadas y aparentemente regidas por cánones definidos, esta situación pueda parecer trasnochada o, cuando menos, pintoresca, pero vale la pena reflexionar sobre las raíces de esa aportación de cada una de las partes a la conquista de una meta inalcanzable sin esa forma de colaboración.

Quizá no sea descabellado intentar asumir cada uno ese doble rol de "dictador" y amanuense y practicar con asiduidad esa suerte de carraspeo delante de un teclado antes de verter según qué expresión o idea en las Redes. Siempre será una solución mejor que la que tener que aprovisionarse cada uno de un barril de salfumán para limpiar y desinfectar las frecuentes salpicaduras de bilis que se encuentran en numerosos mensajes en las Redes. ¿O no?

sábado, 11 de marzo de 2017

No todo es Trump



Hace un par de semanas podíamos leer en los medios de comunicación un titular que decía: "Los mayores bancos de EEUU piden a Trump reducir las obligaciones antiblanqueo por ser onerosas e ineficaces". Y desde entonces, nunca más se supo en los medios, perdidos en la maraña diaria con el bombardeo de iniciativas del nuevo mandatario estadounidense, polémicas, escandalosas, incendiarias, acompañadas frecuentemente de lapidarios y contradictorios mensajes vía Twitter que me niego a calificar. No son pocos ya los analistas políticos (incluso de dentro de los Estados Unidos) que empiezan a considerar ésto como una muy meditada estrategia de comunicación, alternando la divulgación de noticias muy llamativas como maniobra de distracción ante otras iniciativas normativas simultáneas de mucho mayor calado pero que se hacen pasar más desapercibidas.

Este es el caso de la noticia citada al inicio, que se relaciona directamente con la eterna lucha ideológica entre la derecha, que achaca los problemas de la economía a un exceso de regulación, y la izquierda, que los achaca a una regulación escasa y laxa, es decir, y simplificando mucho, las polémicas de la campaña presidencial estadounidense, entre lo que se identificaba como políticas del Presidente Obama y del candidato Trump.

Vayamos por partes para intentar analizarla en su medida, y veamos le evolución reciente de la normativa estadounidense en el campo de la regulación.

Como consecuencia de la crisis de 2008, generada sobre todo por la indiscriminada emisión de títulos “subprime”, en 2010 el presidente Obama promulgó la Ley Dodd-Frank con el objetivo básico es evitar nuevas quiebras catastróficas, que puedan convertirse en sistémicas. Para ello, en términos generales, la Ley obliga a las grandes entidades bancarias a que realicen pruebas de resistencia ante las combinaciones de varios escenarios (real, en situaciones de crisis, de expansión, con varios niveles de tipos de interés e inflación), aumenta los requerimientos de capital de las entidades, ordena que se estructure un procedimiento de desmantelamiento ordenado de empresas (en casos de quiebras), reactiva el espíritu de la Ley que separaba la banca comercial de la banca de inversión, prohibe el reparto de dividendos sin permiso de la Reserva Federal, se enfoca a las grandes entidades por el hecho de que estas son las que tienden a afectar el citado riesgo sistémico y crea una propuesta legal con el fin de reformar el sistema bancario a través de la limitación del tamaño de las entidades y controlar sus posiciones de riesgo (al efecto impide operaciones especulativas, aunque ofrece exenciones a ciertos productos en el mercados de valores con coberturas de riesgos). En ese mismo orden de cosas, instituye procesos regulatorios tendentes a garantizar que los bancos no efectúen operaciones propias maquillándolas como coberturas y estipula un límite de 3% del capital total de las entidades para aportar capital a fondos de inversiones alternativas o ejecutar operaciones en el corto plazo con fondos propios para su beneficio, requiriendo un control eficiente del registro de sus actividades. Por otro lado, impide a las entidades bancarias la captación de depósitos garantizados por el Estado, controlar hedge funds (fondos de cobertura), fondos de private equity o comprar y vender títulos por cuenta propia (especificamente hipotecas subprime). Con toda esta serie mareante de medidas, de probada eficacia posterior, se busca evitar el crecimiento desproporcionado de entidades cuya eventual quiebra pueda derivar en obligación de rescate por parte del estado.
 
Todo lo anterior, como es natural, genera una serie de procedimientos y obligaciones que limitan la otrora libertad que disfrutaba el sector financiero norteamericano antes de la crisis, con sus consecuentes costos. En tal sentido, el capitalismo dio un giro por la participación de los estados en la salvación de las entidades financieras con problemas de liquidez y como consecuencia de esto se emitieron regulaciones restrictivas, que, no nos engañemos, nunca son muy agradables.
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Una de las promesas de campaña de Trump, como oposición a Obama, fue la de “desregularizar” el sector financiero, o sea, que, según eso, en el límite, eliminaría las normas de supervisión y control que generan restricciones al adecuado desarrollo de las operaciones financieras, lo que, como casi todas sus prontas decisiones y mandatos, ha provocado reacciones internas y externas. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, reaccionó al respecto indicando: “Una de las principales razones de la crisis actual es el desmantelamiento de la regulación del sector bancario en los años previos a la crisis. Lo último que necesitamos es relajar la regulación financiera internacional. Eso sería preocupante. Muy preocupante”.Y el ex precandidato demócrata a las elecciones presidenciales estadounidenses, Bernie Sanders, lo calificó de farsante, debido a lo que él entiende que es un doble discurso de Trump en torno a Wall Street (uno en la campaña y otro ahora) reprobando que se pretenda deshabilitar una norma que, además, protege a los consumidores.

Es en ese contexto en el que se produce la noticia de que los mayores bancos de ese país han solicitado reducir las obligaciones antilavado de activos (antiblanqueo de capitales para nosotros) por considerarlas onerosas e ineficaces, proponiéndolo en un documento en el que destacan que no hay pruebas de reducción de los delitos por la aplicación de esas normas y que junto a los elevados costes para negocios y consumidores se ha producido una reducción de servicios financieros para los pobres (¡toma ya argumento!), que el coste es la privacidad y las dificultades de investigación de "los malos" cuando se les cierran las cuentas y los canales financieros formales. Entre las cuestiones que se critican señalan el que cada condena a una entidad por blanqueo supere de coste los 7 millones de dólares o que un banco pequeño deba dedicar un 15% del personal a tareas de compliance. Además, requieren que el pilar que es en la lucha antiblanqueo el conocimiento del “beneficiario final” no sea responsabilidad de las entidades sino que éstos sean parte de un registro oficial de sociedades.

En este punto cabe recordar que Estados Unidos pertenece al G20 (en tanto integrante de su crisol, el G8) y también a la OCDE y al GAFI. Pues bien, en la reciente reunión del G20 en China en el segundo semestre de 2016, con asistencia de Estados Unidos, los países acordaron acelerar la agenda en la lucha contra paraísos fiscales, flujos ilícitos y blanqueo de capitales, pedir a la OCDE para julio de 2017 una lista de países no cooperantes y solicitar al GAFI la preparación para marzo de 2017 de un documento que impulse la implementación de acciones contra la financiación del terrorismo. ¿No es eso antagónico con lo que se difunde de las ideas de desregulación de Trump? ¿O acaso las sanciones que impone el Tesoro de Estados Unidos serán sólo válidas para bancos extranjeros como el Crèdit Suisse, el Deutsche Bank... o la Banca Privada d'Andorra, a quienes no afecta la desregulación que se pide?

Algo no cuadra, algo falla que escapa a la lógica.

Y es que es cierto que las promesas de campaña, en el ámbito económico, de Trump se anclan en cuatro bases:
            1) Desarrollar una política fiscal expansiva, a través de la reducción de la presión fiscal y ampliando el gasto de capital;
            2) Reenfocar la política energética, promoviendo la extracción de combustibles fósiles      (fracking), lo que podría tender a estimular la oferta;
            3) Impulsar el proteccionismo a través de la revisión de los acuerdos internacionales y
            4) Implementar un proceso de desregulación del sistema financiero.

Pero realmente, ¿a qué se refiere en concreto esta último punto? Porque la desregulación como se vendía en campaña no goza de apoyo entre renombrados economistas,sean votantes republicanos o demócratas, que opinan que un laissez faire-laissez passer podría generar otra crisis financiera. Es imposible ignorar los acuerdos de Basilea III (promovidos, entre otros, precisamente por el G20) y creer que ahora los organismos internacionales están prejuiciados contra los Estados Unidos y no son transparentes. Con un proteccionismo económico excesivo, sin comercio mundial y con desregulación financiera, una nueva crisis no durará mucho en manifestarse.

Veamos, pues, qué es lo que ha propuesto el presidente Trump. Ha iniciado el proceso de “desregularización” con dos órdenes ejecutivas, la primera, “Reducción de la Regulación y Control de los Costos Reglamentarios”, y la segunda, “Principios Básicos para la Regulación del Sistema Financiero”, publicada ambas con diferencia de días sin que merecieran la atención de los medios, más preocupados por los tuits del Presidente y otras cosas igual de polémicas y llamativas.

Paralelamente, para la presentación al Congreso de estas órdenes, el Secretario del Tesoro deberá emitir un informe en el cual se deberán identificar las leyes, tratados, reglamentaciones, directrices, requisitos de registros y otras políticas gubernamentales que puedan impedir la regulación federal del sistema financiero que se propone, de forma coherente y efectiva con los Principios Básicos. No puede dejarse caer en saco roto que estas órdenes ejecutivas aun no pasan de ser propuestas, pues deben ser aprobadas por el Congreso, ya que sólo el poder legislativo, actualmente de mayoría republicana, puede emitir o cambiar una ley.
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Por fortuna, parece que las propuestas se alejan del escándalo que puede inferirse de la lectura aséptica del titular citado al inicio (y, desde luego, de las intenciones de los bancos según el mismo) y, leyendo la letra pequeña, están más enfocadas a una suerte de reestructuración o flexibilización de las regulaciones emitidas y a aumentar el proteccionismo pero sólo buscando mayor eficiencia y objetividad en sus aplicaciones. Si es así, en el corto plazo, puede estimularse el crédito, catalizando el previsto crecimiento del Producto Interior Bruto. Lo que Trump y sus asesores no deben olvidar es que no es bueno incluir en lo concerniente a esta desregulación la revisión de las nuevas normas que limiten la participación de muchos elementos económicos extranjeros en el sistema financiero norteamericano. Si no lo hace, ciertamente ayudaría a mejorar la eficiencia del sistema de pagos norteamericano, pues de otra forma se generan mayores costos a los clientes de los productores y vendedores de servicios estadounidenses, por eso lo que se espera son reglas claras y precisas, no desproporcionadas, para generar una óptima adaptación que promueva la creación de riquezas, con justa equidad, sin que se le reste calidad a la prevención de crímenes financieros, blanqueo de capitales, financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.

En definitiva, se confirma que algunos medios viven de titulares llamativos, aunque éstos se revelen sesgados e inexactos y, lo que es peor, no asumen responsabilidad alguna si lo que hay de cierto detrás de la noticia modula o contradice el titular. Parece que nos hemos de acostumbrar, en la era Trump, a convivir en una suerte de equívoco permanente en el juego de dar siempre una de cal y otra de arena y ya ve que se ha de obrar con cautela y analizar los porqués de la una y de la otra antes de llegar a conclusiones. Lo que no disculpa los nefastos efectos del personaje.