miércoles, 13 de mayo de 2020

Eve of destruction

Llegadas ya las fases (no uniformes, naturalmente) de desconfinamiento del incómodo 
confinamiento, dejemos por un tiempo a un lado todo lo que tiene que ver con esta pandemia 
del coronavirus y miremos alrededor para tranquilizarnos (o no) con otras cosas que nos 
rodean. Hay artistas, particularmente cantantes (aunque no sólo cantantes), y la lista es larga, 
que pasan a la posteridad por una sola obra pese a tener multitud de ellas en su historial, y 
ese es el caso de Barry McGuire, cantautor estadounidense con más de veinte álbumes 
publicados, pero conocido/identificado sobre todo, por interpretar, ya hace cuarenta y cinco 
años, la canción Eve of destruction (Vísperas de destrucción). 

Veamos por qué. En 1965 había quien pensaba que el mundo (representado, eso sí, por los 
Estados Unidos) estaba llegando a su fin: la guerra del Vietnam se recrudecía, dejando a su 
paso destrucción, desolación y muerte; el segregacionismo racial aún se practicaba en 
algunas zonas de los Estados Unidos (incluso fue asesinado Malcolm X, uno de los históricos 
defensores de los derechos de los afroamericanos), el presidente John Fitzgerald Kennedy 
había sido asesinado un par de años antes y, con él, muchas de las esperanzas que tenía un 
amplio sector de la ciudadanía estadounidense con este carismático político, el conflicto 
árabe-israelí ya empezaba a evidenciarse (apenas un par de años después, en 1967, 
eclosionaría en la Guerra de los Seis Días), la Guerra Fría entre Estados Unidos y la U.R.S.S. 
estaba en su pleno apogeo con la crisis de los misiles cubanos aún en la memoria de todos; 
y, por si esto fuera poco, la amenaza de una posible guerra atómica se vio incrementada con 
la primera prueba de arma nuclear detonada por China, el 16 de octubre de1964. 
Ante este panorama, un joven de apenas diecinueve años llamado P.F. Sloan, que ya había 
escrito algunas buenas canciones para las bandas del momento, se encerró una tarde en su 
casa y dejó salir de su alma todos los temores que sentía, toda la rabia y el dolor que 
apreciaba al ver el escenario descrito, la terrible dirección que tomaban los acontecimientos 
en Vietnam, el futuro en su país con las minorías negras, el futuro en el mundo con la Guerra 
Fría que libraban EEUU y la URSS por la supremacía tras las II Guerra Mundial...
 
Así, en un par de noches, terminó una de las mejores canciones antibelicistas de todos los 
tiempos, el tema  “Eve of destruction” que popularizaría un ya talludito Barry McGuire 
después de que varias bandas, entre ellas The Byrds, la rechazaran. La canción representa el 
miedo de la juventud por los acontecimientos, por el temor nuclear, por la posibilidad de un 
final bélico al sueño humano. La canción se convirtió en un clásico que tiempo después  
devendría  un bello canto que alerta de los peligros y que contiene en su letra grandes 
reflexiones. El tema se convirtió en un himno hippie durante la escalada de los Estados 
en la guerra de Vietnam, pues, pese a que su letra no trataba específicamente sobre ella, el 
conflicto la hizo mucho más relevante para los jóvenes pacifistas.

“Eve of Destruction” es una de las grandes canciones protesta de todos los tiempos, de las 
más explícitas e incisivas que ha dado la música popular, con frases tan demoledoras como: 
“Tener la edad suficiente para matar, pero no para votar”; “Si el botón es presionado no hay 
escapatoria, no habrá nadie a quien salvar”; “Odia a tu vecino de al lado, pero no olvides 
decir gracias”, denunciando también la hipocresía de la sociedad con la que le tocó vivir; o 
“Puedes irte de aquí, durante cuatro días al espacio, pero cuando regreses será el mismo 
viejo lugar”, una alusión directa a la carrera espacial como cortina de humo en su día para 
ocultar los verdaderos problemas de la gente. Algunos medios prohibieron la canción y otros 
la atacaron duramente, por considerar que se alineaba con el enemigo en la guerra del 
Vietnam, incluso la pusieron como ejemplo de todo lo malo que acompañaba a la juventud. 
 Desde la óptica estrictamente musical, al poco de publicarse el original de McGuire, se 
comercializaron otras versiones, como la del propio autor (P.F. Sloan), la de Jan & Dean o la 
de The Turtles, (que es una de las más conocidas si exceptuamos la de McGuire). Durante los 
años setenta del pasado siglo aparecieron más versiones como, por ejemplo, las de The 
Raiders o The Dickies y, en los ochenta se pueden destacar las de Johnny Thunders, 
Forgotten Rebels, Hot Tuna o The Pretty Things, hay versiones posteriores incluso en rap, o 
en otros idiomas (Claude François en francés, Adriano Celentano en italiano, etc.) y Michael 
Winterbottom la utilizó en su película de 1997 “Welcome to Sarajevo”. 

Es curioso analizar cómo fue la reacción “oficial”: The Spokesmen respondieron con otra 
canción, The  dawn of correction (El amanecer de la corrección) que casi parodiaba la visión 
de la canción de Barry de una manera mucho más esperanzadora, con aceptación popular a 
años luz de “Eve of destruction”. También se editó, aprovechando que el Pisuerga pasa por 
Valladolid, Ballad of The Green Berets (Balada de los boinas verdes), tema del sargento de 
las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos Barri Sadler, que también fue traducida al 
sueco, italiano, finés, portugués, holandés y por supuesto, castellano; precisamente aquí 
esta canción ha sido adoptada por las Compañías de Operaciones Especiales (COE)s del 
Ejército de Tierra español. Formó parte de la banda sonora de la película Los boinas verdes 
de 1968 dirigida e interpretada por John Wayne y Mervyn LeRoy.   
 
 
 
La letra original de la canción dice así:

The eastern world, it is explodin',
Violence flarin', bullets loadin',
You're old enough to kill but not for votin',
You don't believe in war, but what's that gun you're totin',
And even the Jordan river has bodies floatin',
But you tell me over and over and over again my friend,
Ah, you don't believe we're on the eve of destruction.
Don't you understand, what I'm trying to say?
And can't you feel the fears I'm feeling today?
If the button is pushed, there's no running away,
There'll be no one to save with the world in a grave,
Take a look around you, boy, it's bound to scare you, boy,
And you tell me over and over and over again my friend,
Ah, you don't believe we're on the eve of destruction.
Yeah, my blood's so mad, feels like coagulatin',
I'm sittin' here, just contemplatin',
I can't twist the truth, it knows no regulation,
Handful of Senators don't pass legislation,
And marches alone can't bring integration,
When human respect is disintegratin',
This whole crazy world is just too frustratin',
And you tell me over and over and over again my friend,
Ah, you don't believe we're on the eve of destruction.
Think of all the hate there is in Red China!
Then take a look around to Selma, Alabama!
Ah, you may leave here, for four days in space,
But when your return, it's the same old place,
The poundin' of the drums, the pride and disgrace,
You can bury your dead, but don't leave a trace,
Hate your next door neighbor, but don't forget to say grace,
And you tell me over and over and over and over again my friend,
You don't believe we're on the eve of destruction.
No, no, you don't believe we're on the eve of destruction.


Que en castellano es, más o menos:


El mundo del oriente está explotando,
La violencia estalla, las balas cargan,
Eres lo suficientemente mayor para matar pero no para votar,
No crees en la guerra, pero ¿cuál es esa arma que estás usando?
E incluso el río Jordán tiene cuerpos flotando,
Pero me dices una y otra vez, amigo,
Ah, ¿no crees que estamos en vísperas de la destrucción?
¿No entiendes lo que intento decir?
¿Y no puedes sentir los temores que siento hoy?
Si se presiona el botón, no hay escapatoria,
No habrá nadie para salvar con el mundo en una tumba,
Echa un vistazo a tu alrededor, muchacho, seguramente te asustará, muchacho,
Y me dices una y otra vez, amigo
Ah, ¿no crees que estamos en vísperas de la destrucción?
Sí, mi sangre está tan enojada, se siente como coagulando
Estoy sentado aquí, solo contemplando
No puedo torcer la verdad, no conoce regulación,
Un puñado de senadores no aprueba legislación,
Y las marchas por sí solas no pueden traer integración,
Cuando el respeto humano se desintegra,
Todo este mundo loco es demasiado frustrante,
Y me dices una y otra , amigo
Ah, ¿no crees que estamos en vísperas de la destrucción?
¡Piensa en todo el odio que hay en la China Roja!
¡Entonces echa un vistazo a Selma, Alabama!
Ah, puedes irte de aquí por cuatro días en el espacio,
Pero cuando regresas, es el mismo lugar de siempre,
El golpeteo de los tambores, el orgullo y la desgracia,
Puedes enterrar a tus muertos, pero no dejes rastro,
Odia a tu vecino de al lado, pero no olvides decir gracias,
Y me dices una y otra y otra y otra vez, mi amigo
¿No crees que estamos en vísperas de la destrucción?
No, no, ¿no crees que estamos en vísperas de la destrucción? 
 
Bueno, han pasado todos estos años y la cosa no parece que esté mucho mejor, ¿verdad?. 
La actualidad de la letra, del sentimiento de la canción, hacen que el tema mantenga la 
actualidad (la imagen de Donald Trump en el vídeo no se percibe en absoluto anacrónica), se 
recupere ante cada guerra, ante cada conflicto, ante los disparos en cualquier rincón del 
mundo, porque ya lo anunciaba la canción en 1965, “¿Tú no crees que estamos en las 
vísperas de la destrucción?”

domingo, 10 de mayo de 2020

Por la pandemia: algo se muere en el alma…

La conocida cantante y actriz madrileña Ana Belén (María Pilar Cuesta oficialmente) tiene entre 
sus grabaciones musicales (actuaciones en directo aparte), además de las canciones escritas 
para ella, gran número de versiones de canciones de otros intérpretes como Joaquín Sabina 
(Peces de la ciudad), el portorriqueño Luis Miguel (La mentira) y otros, así como versiones a su 
aire de éxitos extranjeros, algunos respetando el fondo de la canción (The piano man, de Billy 
Joel) y otros dándole totalmente la vuelta (Aubrey, de Bread, o Days of Pearly Spencer, de 
David McWilliam), haciéndolos irrecocibles, lo que no debe interpretarse como crítica y sí como 
constatación de apertura de registros. 
 
 
Precisamente en la canción de desamor La mentira, de Luis Miguel, figuran unas estrofas que 
dicen “...Pues llevamos en el alma cicatrices / imposibles de borrar...” que realmente son 
aplicables a casi todo, no sólo al desamor. Ciertamente, si acudimos al Diccionario de la RAE, 
ya comprobamos que “cicatriz” es, además de la Señal que queda en los tejidos orgánicos 
después de curada una herida o llaga, la Impresión que queda en el ánimo por algún 
sentimiento pasado. Y a eso vamos.

Son tiempos difíciles estos que nos toca vivir con el confinamiento/aislamiento a que estamos 
obligados por el peligro del inadvertido contagio rápido y masivo de esa variedad desconocida 
de coronavirus, ya oficialmente llamada Covid-19, que se nos ha presentado en casa sin ser 
convidada. Además de llevar la vida en el día a día con incomodidades y dificultades, está el 
posible afrontamiento de la muerte de familiares y amigos, motivada por esta misma 
pandemia y/o por otras causas que ya estaban ahí: oncológicas, cardiovasculares, 
respiratorias, y por causas naturales. Con las medidas de prevención y protección para la 
contención de la progresión del Covid-19, cuando se produce un fallecimiento, sea cual sea 
su causa, el aislamiento total previo de los enfermos impide a familiares y amistades el 
acompañamiento o las visitas. Esta prohibición por causa de fuerza mayor y contra nuestros 
deseos y sentimientos, nos derrota y exige un esfuerzo muy grande y doloroso para despedir 
al ser querido, originando heridas que provocan esas cicatrices en el alma a que nos 
referíamos. Sentir el dolor sin el consuelo del contacto físico, sin abrazos, besos… nos 
deshumaniza; ir acompañados por un número muy limitado de personas (cuando se autoriza) 
para acudir al tanatorio o cementerio, mantener una distancia de 2 metros entre familiares, 
una persona por coche para los desplazamientos... genera angustia y tristeza.
El abrazo cercano y cálido de los familiares y amigos, las palabras de consuelo y los «todo 
irá bien» al oído, los ritos de despedida, la mano a la que agarrarse... Perder a un ser querido 
es uno de los trances más extremos a los que se enfrenta el ser humano, y ese reencuentro 
balsámico con el círculo próximo en el momento del último adiós representa, en todos los 
casos, un sostén sobre el que construir todas y cada una de las etapas del duelo. Más allá de 
una cuestión cultural y social, es una necesidad vital. Es el momento, además, de pasar los 
últimos momentos junto al familiar fallecido, de velarlo y de recordar los lazos de afecto para 
encontrar, en ese último gesto de respeto y homenaje, algo de consuelo. Pero ese 
acompañamiento necesario no es posible en estos momentos excepcionales. La prohibición 
de los velatorios y los funerales, y la reducción al máximo de los entierros y su ceremonial 
para preservar la salud colectiva en la lucha contra el virus ha convertido el momento de la 
despedida en un trance atroz para los que se enfrentan a ese último adiós en soledad. La 
decisión prohibitiva es compartida por todas las ciudades, donde se ha restringido al máximo 
el acceso a los camposantos y se han impuesto estrictas medidas de seguridad a la hora de 
trasladar y dar sepultura a los fallecidos. Ahora el ritual que da inicio al duelo desaparece, y 
con él muchas de las herramientas que facilitan el tránsito por esa dolorosa pérdida.

Y no hay respuestas a los ¿por qué? Que surgen, ni posibilidad para los “si hubiera…” Solo 
cabe seguir las normas y el protocolo para evitar un mal mayor: la propagación del virus, la 
saturación de hospitales y la capacidad de dar respuesta sanitaria (cualquiera de nosotros 
puede enfermar). Nuestras emociones y sentimientos de impotencia, malestar, rabia, ira y 
negación son normales en cualquier situación de duelo, pero mucho más acentuados en 
estas circunstancias, lo que nos exige un esfuerzo mayor para sobreponerse a la pérdida. 
Solo nos queda el consuelo de que el personal sanitario ha hecho todo lo posible por 
sanarlos, aliviar el malestar y acompañarlos, pese a que el enfermo no les ha podido poner 
cara a esas personas, ocultas/protegidas tras unos gorros, unas mascarillas, unos trajes, 
unas pantallas,…que, para el enfermo, los deshumaniza.

En este escenario inédito, cabe distinguir dos fases fundamentales: la del estado de 'shock' 
que provoca la pérdida de un familiar cercano, especialmente si es a causa de este virus y la 
obligación de permanecer aislado en casa, lejos, sin ese cariño ni acompañamiento social y 
otra posterior relacionada con la gestión de la pérdida. Para empezar las diferentes fases del 
duelo en estas circunstancias excepcionales, es fundamental tomar pronta conciencia de la 
realidad y empezar a elaborar la despedida aunque no hayas estado presente en el momento 
del adiós. Hay que entender que nos enfrentamos a un virus altamente contagioso y que esto 
es lo que hay que hacer, protegerse y entender que no se puede hacer nada contra las 
normas. Además, el hecho de no poder mantener el contacto físico tampoco con el núcleo 
cercano de familia y amigos no impide que ese contacto se realice a través de herramientas 
tecnológicas hoy usuales como el teléfono: llamadas, videoconferencias, redes sociales... 
Las personas siguen estando ahí para apoyarnos y aconsejarnos, para darnos ese calor que 
necesitamos...Escribir una carta, mandarle un audio al enfermo en sus últimas horas y, sobre 
todo, ser consciente de que el ritual de la despedida «sólo se pospone» pueden ayudar en 
las primeras horas de duelo.
Es fundamental encontrar estrategias que permitan ese recorrido de una manera saludable y 
evitar así que el duelo entre en el terreno de la patología. Realmente no es una situación 
nueva; algunas familias tampoco pudieron despedirse de un ser querido porque la muerte 
pilló por sorpresa: un accidente de tráfico, un infarto, un suicidio, una muerte súbita... Pero 
quedaba ese consuelo simbólico posterior de la compañía de otros en el ritual de la 
despedida, saber que a pesar de la pérdida está el calor de la gente cercana. Esta situación 
de ahora, sin embargo, es absolutamente excepcional porque no permite ni ésto. 

Los rituales de despedida tienen una gran importancia en el proceso de elaboración y 
aceptación de una pérdida. En nuestra cultura, debido a la tendencia que existe a encubrir 
todo lo relacionado con la muerte, solemos minusvalorar la importancia de estos ritos. Pero, 
si bien siempre hay que adaptarlos a las preferencias, tradiciones y necesidades de cada 
familia, no hay que despreciarlos de antemano como algo morboso o innecesario. Nunca es 
tarde para una despedida grupal y/o social, aunque sea más fácil decirlo que hacerlo. 
Cuando termine el aislamiento podremos hacer una ceremonia y reunión con familiares y 
amigos: encuentro religioso, visitar el cementerio, recoger y depositar las cenizas … 
pudiendo despedirnos, ahora sí, en compañía, lo que nos proporcionará serenidad y bienestar 
para sobrellevar la pérdida y convivir con el recuerdo, aceptando la situación para poder 
conectarnos y seguir con la vida, pero mientras dure este confinamiento, tendremos que 
seguir con la rutina diaria, adaptándonos, sintiéndonos útiles y propiciando el diálogo y la 
comunicación, reforzándonos en la unión, el cariño, el apego y solidaridad que nos dará 
confianza y fuerza para seguir.

lunes, 4 de mayo de 2020

Sí, aplausos, pero.. ¿sólo?

Estos días, con el azote de la pandemia del desconocido Covid-19 sobre nosotros, ha cobrado 
carta de naturaleza salir espontáneamente a una hora acordada tácitamente a los balcones y 
terrazas de las casas donde uno está pasando como puede el obligado confinamiento para 
evitar la propagación del virus y aplaudir de forma anónima como gesto de agradecimiento y 
reconocimiento al personal sanitario (médicos, enfermeros, celadores, limpiadores,… ) por su 
dedicación a los enfermos jugándose en ello, literalmente, la vida (y no es una frase retórica).
Esta mañana, día 4 de mayo, en un programa de televisión serio (que aún los hay), se ha 
entrevistado, para conocer y divulgar su experiencia, a la segunda persona que recibió el alta 
hospitalaria (felicidades, Manuela, por el resultado y por la positividad demostrada durante la 
entrevista) después de estar ingresada una veintena de días en Cuidados Intensivos del 
hospital barcelonés de referencia Vall de Hebrón, y cuando aún ni se sabía que eso que tenía 
era coronavirus y no una simple neumonía y estaban permitidas las visitas de familiares.
Junto a ella se han entrevistado a la médico y la enfermera que la atendieron quienes, sin 
ningún afán de protagonismo, han entrado a explicar y valorar los detalles del caso. Sin 
embargo, hay dos puntos de su intervención que, más allá de la importancia del caso 
particular que relataban, dejan huella y hacen pensar.

- Su miedo a un rebrote general del virus, que resultaría mucho peor de controlar, si en el 
proceso de desconfinamiento que ahora se inicia se baja la guardia y la ciudadanía relaja la 
observancia de las medidas de prevención actuales.

-El hecho (bochornoso para todos) de que la médico declara("¿Le puedo preguntar cuál es 
su sueldo?")  que trabaja con contrato temporal por el que cobra 1.200 euros al mes. Y se 
desviven por los enfermos. Repuesto del asombro, nace la indignación. ¿Aplausos? Se nos 
debería caer la cara de vergüenza por permitir, como sociedad, que estas cosas pasen; y no 
vale culpar al gobierno de turno, que lo primero que dirá es que cumple la ley. Así se explica 
que gran parte de nuestro personal sanitario haga las maletas para irse al extranjero, donde, 
por cierto, son recibidos con los brazos abiertos. Si es cuestión de leyes, ¿qué hace nuestro 
Legislativo?
Sin comentarios. O muchos.

domingo, 3 de mayo de 2020

La pandemia, la globalización y la arqueología.

 

El sitio de Atapuerca, en la sierra del mismo nombre de la provincia de Burgos, es un 
conjunto de asentamientos arqueológicos que concentra restos (materiales, estructuras y 
restos medioambientales) representativos de actividad humana, y paleontológicos, en los que 
se conserva en las rocas, de forma natural, una cantidad significativa de fósiles, que 
contienen algunos de los restos de seres humanos más antiguos de la península ibérica, que 
quedaron al descubierto al construir una línea de ferrocarril en el siglo XIX. 

Entre los excepcionales hallazgos de su interior destacan los testimonios fósiles de, al menos, 
cuatro especies distintas de homínidos: Homo sp., Homo antecessor, Homo heidelbergensis y 
Homo sapiens y, mediante el estudio de las técnicas de la fabricación de las herramientas de 
piedra, en Atapuerca se ha logrado completar la datación de los hallazgos encontrados en los 
diferentes yacimientos y la secuencia de la evolución tecnológica prehistórica que demuestra 
que las cuevas de Atapuerca han sido ocupadas por todas las culturas que han existido en el 
Pleistoceno Inferior y Medio en Europa. 
En la época actual, en 1978, el paleontólogo Emiliano Aguirre dirige las excavaciones y 
cuando se jubila, en 1990, pasa el testigo al equipo de expertos formado por Arsuaga, 
Bermúdez de Castro y Carbonell. Y es en éste último, Eudald Carbonell Roura, sin lugar a 
dudas eminente arqueólogo de reconocido prestigio internacional,  en quien queremos fijarnos 
hoy, ya que uno de los ejes de sus investigaciones intenta comprender la razón de las 
migraciones y explicarla en términos de comportamiento tecnológico en vez de climático o 
biológico, tal como hacen las explicaciones tradicionales. Carbonell plantea la selección 
técnica como mecanismo evolutivo del comportamiento humano demostrando en sus 
trabajos que la distancia entre el comportamiento del Homo neanderthalensis y los primeros 
humanos anatómicamente modernos no es tan grande como se postulaba hace unos años, 
planteando que "hominización" y "humanización" no son sinónimos y que la humanización 
todavía no se ha alcanzado; solo se llegará a ella con un pensamiento social crítico. Por eso, 
apunta, hay que avanzar en la socialización del conocimiento, conseguir que sus beneficios 
y los de la técnica sean patrimonio de toda la población siguiendo unos mecanismos i
nnovadores, adecuados a los nuevos tiempos. Para obtener este objetivo, hay que hacer 
pedagogía científica y social sobre qué significa la integración de la diversidad en todos los 
niveles y también hay que llegar a una conciencia crítica de especie.  

En estos días de desasosiego por los que pasamos, la primera reacción de todos ante esa 
amenaza sanitaria desconocida ha sido admitir que había que encerrarse, cuidar a los 
miembros de la casa, mantener distancia, comprar lo mínimo, abastecerse en la tienda de 
barrio. La respuesta de las familias ante el avance de la pandemia por el Covid-19 ha sido 
una respuesta natural al miedo a contagiarse, a morir en definitiva. En una perspectiva más 
amplia, la misma reacción han tenido los gobiernos, cerrando sus fronteras, restringiendo la 
circulación y asegurando la producción para su gente. En apenas tres meses, el Covid-19 ha 
desbaratado las redes del comercio mundial y, por ende, ha dado el alto a la globalización 
que ha reinado por varias décadas gracias a la eliminación de las restricciones comerciales. 
Los efectos de la pandemia y las primeras medidas para evitar su propagación han sido 
significativos sobre las economías de todos los países. La dificultad para producir, distribuir, 
vender y, en general, para mantener la cadena de pagos se está traduciendo en una caída 
en la demanda e iniciando una espiral recesiva que, globalización mediante, afectará de 
diversas maneras a todos.
La pandemia del coronavirus está teniendo efectos inmediatos tan dramáticos a nivel 
sanitario, y por extensión sobre el comportamiento social y económico, que razonablemente 
las urgencias del presente desvían la atención de sus efectos en el medio y largo plazo, en 
particular aquellos sobre la economía mundial, las relaciones internacionales y el equilibrio 
global. El medio plazo – entendido como la salida de la cuarentena y el aún incierto momento 
post-pandemia – suscita ya cierta atención, sobre todo en economistas y empresarios, y no 
sin razón. Se perfila una dramática caída de la actividad económica, y por extensión de la 
riqueza global, mayor a cualquier crisis registrada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 
Pero mientras aumenta el número de contagiados a lo largo y ancho del planeta, el mundo 
mira cómo afloran el nacionalismo y la soberanía en países que antes rechazaban medidas 
proteccionistas, de forma que en el futuro se verá un mundo mucho más regionalizado que 
global, cada región se va a proteger a sí misma: Europa para los europeos, Asia para los 
asiáticos, etc.

Esos cambios están relacionados con una de las manifestaciones más relevantes de la 
pandemia: los efectos no deseados de la globalización de la economía y su vinculación con 
las reacciones humanas y políticas en esta etapa de la historia. Son muchas las preguntas 
que surgen, pero una de las más relevantes es si el modelo de globalización imperante hasta 
que se desató la pandemia saldrá más o menos indemne o no de la crisis, y en caso de que 
perdure, con qué características modificadas respecto a su situación original.

Lo que inicialmente fue una epidemia localizada en Wuhan, China, progresivamente se 
esparció hasta convertirse en pandemia de difícil control por parte de los sistemas nacionales 
de salud pública. El lugar de origen del virus dice mucho sobre la globalización: una sociedad 
donde convive la mayor dinámica económica del planeta, con prácticas tradicionales de las 
poblaciones en su relación con bosques y especies silvestres; mercados donde estas 
especies se expenden, situados en ciudades con millones de habitantes e intensamente 
interconectados con el mundo. La globalización imperante se consolidó a partir de la caída del 
muro de Berlín, con la consolidación del capitalismo como modelo económico/social  
dominante1, con una virtual desaparición de la amenaza de conflictos globales, con EEUU 
como líder mundial y con ningún otro país que por sí mismo pudiera discutir su preeminencia, 
con el fortalecimiento de instituciones globales o regionales de gobernanza y con un aumento 
de la confianza global, lo que permitió que la mayoría de los países abandonaran sus 
objetivos de autosuficiencia y descansaran en las redes de provisión globales. A modo de 
ilustración, la red de proveedores del primer y segundo anillo de una de las compañías que 
fabrican aviones de pasajeros abarca casi cincuenta países y más de 3.000 empresas.

La economía dominó la política, al diluir las fronteras, y al transformar los objetivos de 
eficiencia productiva en intereses de política exterior de cada Estado. Esto se vio acelerado 
porque las grandes empresas – en particular – se beneficiaron fuertemente de la globalización 
de la producción, no solo en los aspectos productivos sino también impositivos y financieros2. 
La globalización muestra, claramente, luces y sombras. Últimamente, éstas últimas cobraron 
mayor relevancia, resaltadas tanto desde la izquierda como desde la derecha (para 
mantener las venerables categorías de opinión). La primera le critica, entre otras, la creciente 
y profunda desigualdad de ingresos y de oportunidades, así como el preocupante costo 
ambiental. La derecha, por su parte, teme por la debilidad y, en muchos aspectos, la dilución 
de los Estados nacionales y por un juego geopolítico multipolar que es mucho más incierto 
que la vieja y confortable Guerra Fría. Es así que, en los últimos años EEUU, Trump 
mediante, empezó a cuestionar la globalización a partir de que China comenzó a amenazar 
uno de los pilares de la globalización: la preeminenca de EEUU como líder mundial.
La crisis del coronavirus desnudó, además, otras debilidades del sistema. Por un lado, 
quedó en evidencia que globalización no es igual a gobernanza global. Ni las Naciones 
Unidas, ni la OMS, ni Europa en su espacio o los EE.UU. en el mundo promovieron o 
lograron una respuesta coordinada ante la amenaza. Los países reaccionaron siguiendo 
intereses nacionales: se aseguraron fronteras adentro (a pesar de los compromisos y 
obligaciones existentes), y después, si les quedó tiempo y recursos, atendieron a otros. La 
reacción no coordinada de la UE es un antecedente importante sobre el tema. La apropiación 
de los cargamentos en tránsito es otra. Como una reductio ad absurdum, esa actitud de 
“sálvese quien pueda” se reprodujo al interior de los países, con provincias o autonomías. 
La pandemia ha sido capaz de detener el ritmo desenfrenado de la economía que requiere la 
supervivencia de la humanidad, pero sus efectos sobre la capacidad de reproducción 
cotidiana de grandes grupos de población son el hambre y pobreza

Pero, como dice Bill Gates en una carta abierta, “El coronavirus nos enseña que todos somos 
iguales. Nos recuerda que todos estamos conectados y que algo que afecta a una persona 
tiene un efecto en otra. Nos recuerda que las fronteras falsas que hemos puesto tienen poco 
valor ya que este virus no necesita pasaporte. Nos está recordando, al oprimirnos por un 
poco tiempo, a aquellos en este mundo cuya vida entera se gasta en la opresión”.

El problema de fondo es que en el marco de la polarización que atraviesa el mundo, 
”globalizado” no es posible compartir información sobre los evidentes avances que han 
reducido la propagación del coronavirus en China, Corea del Sur, Japón, Alemania y Rusia; 
pues países como Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña y España, han sido renuentes a 
aceptar las importantes lecciones que ha dejado la reciente experiencia. Hay dos opciones 
distintas: priorizarla salud y el bienestar de su pueblo o, al estilo del presidente Trump, fiel al 
capitalismo salvaje y a su triunfalista mensaje Make America great again (ante todo), 
anteponer la economía y sus multinacionales. Analizando las cifras de la Organización  
Mundial de la Salud (OMS) por países, hay una correspondencia directa entre los líderes en 
ciencia, tecnología e innovación, que tienen una comunidad científica consolidada, una 
buena infraestructura sanitaria, y que por esto, pueden dar mejores respuestas al virus y 
acatar las recomendaciones de la propia OMS.
Y es en esta ceremonia de confusión cuando cabe recordar al eminente Eudald Carbonell3 y 
ser capaz de analizar con suma cautela (y frialdad) su contundente aviso, nacido al calor de 
la situación por el coronavirus: "La pandemia Covid-19 es el último aviso y, sin conciencia 
crítica de especie, a la próxima la humanidad colapsará". Si eso lo afirma quien 
acostumbra a estudiar, trascendiendo los tópicos “culturales”, los motivos de fondo que 
explican las migraciones humanas y su desaparición y/u origen de las primeras poblaciones 
humanas, que forma parte de la élite de la investigación sobre la evolución humana,.es para 
tenerlo en cuenta.

Cedámosle, pues, la palabra, sin interpretar sus opiniones aquí (eso sí, los resaltados de 
alguna de sus frases son nuestros) extraídas de sus declaraciones del 12 de abril de 2020 al 
diario Público, en extensa entrevista concedida al periodista Ferran Espada y, después, que 
cada cual saque sus conclusiones: Las pandemias han existido siempre, aunque es muy 
difícil poder encontrar evidencias. Pero hay que tener presente que las pandemias funcionan 
a partir de las cargas demográficas. No es lo mismo cuando esto afectaba a 200 o a 1.000 
personas de un territorio hasta morir todos y no quedaba ningún huésped del virus 
que pudiera continuar el contagio porque a muchos kilómetros de distancia ni se 
enteraban. Ahora, en un mundo globalizado y de grandes comunicaciones de transporte, los 
huéspedes, que somos nosotros, se multiplican exponencialmente. El problema es que la 
globalización la hemos hecho mal. Esto lo hemos visto con lo que ha pasado ahora en la 
UE. Es una Unión Europea de pies de barro no creada para la solidaridad sino para organizar 
cómo las clases extractivas se llevan el dinero de la gente por la vía de los impuestos. Con 
unas minorías de poder sociales y económicas que se aprovechan de los estados para el 
robo y el drenaje continuado del dinero de la gente, en vez de mejorar las condiciones 
sociales. Por eso cuando ha habido problemas desaparece la Europa de Schengen y los 
estados se vuelven fortalezas. Es una globalización con pies de barro; no es una 
globalización social sino una globalización dirigida por clases extractivas y esto hace que se 
tienda a la uniformización del planeta cuando lo que habría que hacer es mantener la 
diversidad y ser capaces de integrarla. Es decir, crear un consenso y que las diversas 
conductas y culturas humanas pudieran aportar a la nueva síntesis todo lo que sabemos y no 
perder memoria en el sistema. Es decir, la planetización. Habría que parar esta globalización, 
que es lo peor que estamos haciendo, y generar una conciencia crítica de especie en la 
educación y la formación que socialice la revolución científico-tecnológica y que incremente 
la sociabilidad de los grupos.  
El Covid-19 es absolutamente responsabilidad de los humanos porque no hemos sido 
capaces de tener un protocolo universal ante una pandemia como esta. Estos protocolos 
universales hace años que deberían estar hechos ante la aparición de otras epidemias y 
deberían ser de estricto cumplimiento como especie, independientemente del país al que se 
pertenezca o de cualquier otro criterio. Y que deben estar guiados evidentemente por los 
epidemiólogos y virólogos. Por la gente que tiene capacidad de saber exactamente el tipo de 
funcionamiento biológico de estas moléculas. Y esto no se ha hecho. Es curioso que muchos 
de estos científicos han recibido ahora más dinero en 48 horas que en toda su vida 
investigando. Es el típico planteamiento oportunista de las situaciones ligadas a la geopolítica 
y a las clases extractivas. En esto encontramos unas contradicciones evolutivas importantes 
que son consecuencia de estas visiones tan jerárquicas y oportunistas que tenemos en los 
momentos históricos. Cuando hay un peligro para la propia especie, no se puede estar 
discutiendo otras cosas que no sean la supervivencia y la reproducción de la especie.

Y el confinamiento es un proceso de desocialización. Los humanos tenemos la vertiente 
psicológica y la social. Y cuando pretendemos la desocialización de una especie social 
aparecen muchas contradicciones. Y eso mismo es lo que está pasando ahora. Estamos 
desocializando nuestra especie y la estamos resocializando en el espacio doméstico 
generando contradicciones importantísimas para nuestra psique. Porque encima, a la vez 
que nos desocializamos estamos hipercomunicados. Nunca se había vivido una situación así.  
Los humanos debemos evolucionar hacia una conciencia operativa. No solo una conciencia 
abstracta. La gente cree que la conciencia es algo abstracto pero no es verdad porque la 
conciencia es la fusión de la inteligencia con la organización social de nuestra especie  
y si no la adquirimos, con los crecimientos exponenciales convergentes que tiene la 
especie, vamos hacia el caos.

La modernidad y la tecnoeuforia han provocado que como especie nos hayamos creído 
invulnerables. Es un engaño semejante al que se instauró con la idea del estado del 
bienestar4. La gente tiene miedo a la muerte y se esconde para creer que la muerte no forma 
parte de la vida. Y la vida se tiene como algo inconmensurable. La vida es obviamente lo más 
importante que hay, pero todavía estamos en esta fase de la evolución en que la muerte es 
una solución de la vida por mucho que en un futuro se retrase y se controle. El ser humano ha 
pensado siempre que esto o lo otro no me pasará a mí. Y hasta que muere alguien cercano 
no nos damos cuenta de que sí podemos morir. Forma parte de las respuestas que la 
antropogénesis humana ha construido con el hecho de no acordarse de lo malo.

El cambio global necesario implica romper con las jerarquías, conseguir unos sistemas de 
cooperación y de organización mucho más horizontales y de consenso que integren todas las 
formas de pensar que hay en el planeta con el objetivo de sacar siempre las mejores 
consecuencias. Esto ya ha pasado en nuestras culturas que se han adaptado al clima, a los 
crecimientos demográficos y a muchas otras cosas. Por lo tanto, hay una rica fuente de 
experiencia que hace que si sabemos dónde queremos ir, la podemos utilizar para generar las 
condiciones nuevas de nuestra especie. La revolución científico-tecnológica y la socialización 
de la tecnología corroboran las ventajas para el ser humano que tiene el uso social de esta 
tecnología. Nuestro cerebro es lo que ha producido esta hipersocialización tecnológica, pero a 
la vez hay muchos espacios cerebrales que aún no la tienen asumida pero ahora sí lo 
estamos incorporando. Es muy importante lo que está pasando, porque esta vez hemos 
sometido nuestra evolución a contradicciones y a incorporar el aprendizaje interacccionando 
continuamente con la tecnología. Es la primera vez que el ser humano aplica una lógica de 
desafío de nuestra propia evolución y de la selección natural y, mediante la selección técnica 
cultural, establece mecanismos para evitar que la selección natural actúe. Esto es un gran 
desafío a la evolución humana. Ahora se puede hacer porque la biotecnología tiene los 
instrumentos capaces de llevarlo a cabo. Es un hecho favorable a la supervivencia de la 
especie humana, pero cada vez más automodificada genéticamente y probablemente 
en favor de unas conciencias nuevas que aparecerán cuando en este planeta haya 
varios tipos de especies y subespecies de humanos. 
Después de esto, lo que pasará es que la gente dentro de un tiempo no se acordará. A no ser 
que se empiece a remover la conciencia crítica de especie. De lo contrario, lo que pasará es 
que a la próxima muy probablemente la especie colapsará. De hecho, ya hace tiempo que 
estamos colapsando, aunque la gente no se quiere dar cuenta. Pero hace tiempo que estamos 
en el horizonte de acontecimientos de colapso. Los epidemiólogos y los virólogos ya hablan de 
que los episodios de ataque de estas moléculas son secuenciales y cada vez más 
exponenciales. Esto forma parte de la defensa de la propia estructura biológica cuando hay 
recargas demográficas y estas interacciones tan intensas e importantes. Tenemos 
concentraciones de 20, 30 y 40 millones de personas en metrópolis que son focos de 
crecimiento y de complejidad muy importantes pero también que suponen sobrecargas 
demográficas que implican que los huéspedes de los virus son fácilmente eliminables. 
Además, los humanos no somos responsables del cambio climático pero hemos contribuido 
a su aceleración y también interacciona con los hechos epidémicos. Todo ello conllevará 
cambios sociales porque este sistema que estamos viviendo en la Tierra, este capitalismo 
viejo, caduco y acabado no es capaz de solucionar los problemas que genera. La 
socialización del capitalismo ya supuso 200 millones de muertos con las dos guerras 
mundiales. Por lo tanto, vamos hacia un nuevo sistema que o llegará de forma natural, lo que 
sería un desastre, o de forma lógica, que es como debería llegar. Si no se hace esto, lo que 
estamos haciendo es acelerar el colapso de la especie humana. Y es muy probable que 
ocurra. Si esto coge inercia y genera sinergia vamos realmente hacia un embudo evolutivo.

El Covid-19 es un aviso de este colapso, pues nos ha puesto ante el espejo de nuestra 
deslealtad con la propia especie, lo que ha hecho es desestructurar un sistema que ya 
tenía muy poca estabilidad y mucho desequilibrio. Con consecuencias sociales y 
económicas evidentes. Y ahora todavía tenemos recursos para la supervivencia, pero 
si se produce con otras condiciones, las revueltas sociales y graves problemas que 
aparecerían en el planeta sin estos excedentes llevarían a una situación de gran 
confrontación de clases y de todo tipo.. En el colapso hay varios escenarios. Si cuando 
se produce, hay alimentos para todos, la desestructuración se puede dar en violencias no 
atomizadas. Pero si realmente llegamos al colapso sin alimentos, y este es un escenario 
muy extremo que probablemente no llegará, pero que hay que tener en cuenta, la 
depredación puede llegar a formas de comportamiento que incluso pueden incluir el 
canibalismo. Como ya se ha visto en otras ocasiones de la historia cuando no ha habido 
comida para todos. Esto a la gente no le gusta que lo digamos y te acusan de apocalíptico y 
de querer dar miedo. No lo digo para asustar sino para crear conciencia. Solo son escenarios. 
Pero los escenarios son la forma que tenemos de saber hacia dónde podemos ir. Pero antes 
de que esto ocurra hay que hacer planteamientos sobre qué hacer, qué es la conciencia 
operativa y la conciencia crítica, cómo se debe socializar la revolución científico-tecnológica, 
como se debe hacer la cooperación, por qué hay que destruir los liderazgos, esa gente con 
poca capacidad para escuchar a quien se ha de escuchar, que son los científicos, la gente 
que piensa de forma crítica.. Toda una serie de cuestiones importantes que están pensadas 
no sólo desde el punto de vista ideológico sino de supervivencia de la especie en un mundo 
como el actual de 7.000 millones de especímenes humanos que como mucho puede llegar a 
los 10.000 millones y es cuando se producirán estos cambios estructurales a los que ahora 
desconocemos si nos podremos adaptar o no.

Apasionante, ¿no?. Se estará de acuerdo o no con los postulados de Carbonell pero ¿verdad 
que vale la pena detenerse a pensar sobre ellos y valorarlos? 
 
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1Según la definición que hace el Diccionario de la Academia de la lengua Española, la globalización es “la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Eso sería reducir el fenómeno a lo económico y otros prefieren referirlo a un “desarrollo planetario sin barreras donde las solidaridades e interdependencias se acrecientan”. En la globalización capitalista, los capitales no tienen patria y anidan en cualquier lugar del mundo en busca de la tasa de beneficio; pero la humanidad también ha globalizado las guerras, el terrorismo, las drogas, los deportes, las epidemias y las pandemias como la que vivimos hoy con el coronavirus extendido a 196 países, con más de 3,2 millones de contagios, un millón de curados  y 233.000 muertos (datos a 30-04-2020) en todo el mundo. Con el pronóstico de que la situación podría empeorar si no hay una acción rápida y concertada a nivel global.

2De alguna forma, se realizó la famosa utopía de Jack Welch, el controvertido Consejero Delegado de General Electric, quien deseaba que cada fábrica de su empresa estuviera en un barco, para llevarla al país más barato y producir desde allí, y cambiar de puerto cuando apareciera otro aún más conveniente.

3Además de sus trabajos como arqueólogo, la socialización del conocimiento es una de las grandes obsesiones de Carbonell, así como la reflexión en el entorno de la evolución humana y su futuro como especie, que ha plasmado en una amplia bibliografía en la que hay libros como Planeta humano, La conciencia que quema o El nacimiento de una nueva conciencia.

4La socialdemocracia implantó la idea del estado del bienestar en el que decían que se instalarían todas las clases medias., y que había venido para quedarse. Mucha gente se lo creyó y eso es lo importante. La gente lo dio por hecho y no pensó que continuaban funcionando la conciencia y la lucha de clases. Y que no existía una conciencia crítica de la especie.