Jorge
Manrique de Figueroa fue un poeta del siglo XV, con
una biografía llena de incógnitas,
que pasó a la historia gracias a una obra que forma parte de los
clásicos de la literatura española: Coplas
a la muerte de su padre,
aquella que dice, entre otras
cosas,: “…
cómo, a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor...”.
Quedémonos con estas
palabras y reflexionemos un poco desde la perspectiva de la historia:
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Seguro que la siguiente
conversación resulta familiar. un
tío listillo que siempre tiene razón termina minimizando, por
ejemplo, el valor de las
medidas actuales de seguridad vial: “Antes
a los niños no se les ponía cinturón ni sillas especiales, se
cargaba el coche hasta los asientos traseros con bolsas y los coches
no tenían airbags ni nada por el estilo. En moto viajábamos sin
casco. Y aquí estamos. No nos pasaba nada”.
Estas afirmaciones, alabando un pasado idílico (?)
en el que apenas se invertía en seguridad vial, y comparándolo con
el costoso presente de sillas infantiles, airbags, frenos ABS… es
una falacia que, como
se realiza desde la perspectiva de haber sobrevivido tiene un sesgo
importante de error. ¿Cuántos de aquellos que hacían lo mismo no
están para contarnos que ellos no sobrevivieron? Este pequeño
ejemplo es uno de los muchos que se pueden utilizar para demostrar
que el pasado nunca fue mejor que la actualidad. Nuestra idealización
del pasado proviene de una mezcla de nostalgia de la juventud (ningún
veinteañero lamenta su pasado), de una idealización falsa de los
tiempos pasados (las épocas doradas nunca existieron), de las
frustración de los tiempos presentes o del miedo a la incertidumbre
del futuro, marcado por cambios cada vez más rápidos. Ninguna
civilización fue mejor que la actual y eso lo sabe cualquier
historiador con unos conocimientos mínimos de su disciplina. No
obstante, siempre aparecen tendencias a idealizar un pasado concreto,
fruto de intereses más políticos que históricos. La
tendencia a idealizar el pasado no es nueva, ya
existía en las civilizaciones que nos precedieron y de las que
provenimos. Los griegos, por ejemplo, crearon el mito de la Arcadia,
una edad dorada de abundancia, inocencia y felicidad en donde sus
habitantes, pastores y agricultores, vivían en armonía con la
Naturaleza cuando en la
realidad Arcadia era una zona de Grecia bastante rural y deprimida,
con una población bastante ignorante y privada de todo tipo de
comodidades, tal como nos la describiría Polibio.

¿Cualquier
tiempo pasado fue mejor? La respuesta es NO. Salvo por ciertos
momentos puntuales en los que parece que los humanos nos hemos puesto
de acuerdo para aniquilarnos mutuamente o para que unos pocos vivan
mejor que la mayoría, la tendencia general es que una cada vez mayor
cantidad de personas viven mejor y más años que en cualquier
momento pasado, y ello se lo debemos al progreso científico, a la
ciencia y sus avances, que han logrado erradicar enfermedades,
mitigar el efecto de algunas (gracias a las vacunas y antibióticos)
y lograr que en los países desarrollados la muerte infantil sea
prácticamente testimonial. Socialmente hemos logrado implantar
gobiernos en general cada vez más representativos de la voluntad
general de todos los ciudadanos, erradicar la violencia de nuestras
sociedades (aunque nunca podremos eliminarla por completo) y generar
una conciencia mutua hacia el prójimo. Todos aquellos que ponen
ejemplos pasados como un lugar mejor para vivir sólo tienen que
profundizar un poco en su historia social para descubrir lo
equivocados que están. ¿La famosa Democracia ateniense? Sólo para
algunos. ¿Las grandes villas romanas? Eran la excepción. Un paseo
por Pompeya y se comprueba que la mayoría de romanos vivían en una
sola habitación. ¿Las bondades de los cazadores-recolectores
paleolíticos? Resulta que estos grupos solían desaparecer si las
condiciones climáticas empeoraban, tal como les ocurrió a los Homo
Antecessor, primeros pobladores de Europa. Y muchos olvidan su
costumbre caníbal. (el
emperador más rico y poderoso de la antigüedad daría su imperio
por poder tener la alimentación y las comodidades de que disfrutamos
hoy en día; basta pensar en el WC, grifos de agua potable fría y
caliente, dentistas analgésicos o anestesia para darse cuenta de
cómo sería toda nuestra vida sin ellos). Y
si nuestra esperanza de vida en el año 1900 era de 35 años, ¿qué
esperanza tendríamos en el pasado? A principios del siglo XX la
mortalidad infantil aún se encontraba en un 20% pero hoy en día, en
el siglo XXI, la cifra no llega al 1% en los países desarrollados,
lo que a la vez
ha provocado que hoy en día, morir a partir de los 60 años sea la
norma, cuando en el Imperio Romano esa era la excepción (2%). En
resumen, idealizar un pasado
como algo mejor
que nuestra existencia actual no deja de ser una técnica mental de
nuestro cerebro para evitar afrontar los desafíos y problemas del
presente.
¡Ojo!
La otra acepción, no desechable, del dicho hace referencia a la
memoria personal cercana, de lo que no volverá. ¿Quién no echa de
menos su niñez? ¿Quién no echa de menos aquellos días de juventud
con tus padres tus hermanos, la mesa puesta y tu única preocupación,
estudiar? y como
eso, todo.
La memoria es selectiva y nos acordamos mas de lo bueno que de lo
malo, cualquiera que eche la vista atrás
y me refiero gente con vidas llamadas
"normales" tiene
gratos recuerdos de su pasado gracias a que intentamos olvidar lo
malo y quedarnos con lo bueno, de ahí que nos PAREZCA que cualquier
tiempo pasado personal
fue mejor. El poema de Manrique
habla de la mente humana, de sensaciones, de sentimientos, de
momentos gratos y felices que marcan la vida del ser humano (si
lo leemos entero, comprobamos que el autor termina afirmando que esa
sensación de un pasado mejor es una simple ilusión).
El Todo tiempo pasado fue
mejor, pues, encierra dos
evidencias, la primera que fuiste feliz, y
la segunda que no lo sabías.
La nostalgia de los años siguientes solo se encarga de mostrarlo y
la nostalgia es una peligrosa
ilusión que solo aparece cuando la vida nos golpea duramente. Pero
si nuestras necesidades están cubiertas, la misma se esconde y no da
la cara. Parafraseando a
Joaquín Sabina, y
recordando que la memoria es selectiva,
“no hay nostalgia peor que
añorar lo que nunca jamás existió”.
El
psicólogo estadounidense Adam
Mastroianni,
de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, introduce
un matiz de estudio interesante, ya que deduce que si todo tiempo
pasado fue mejor, significa que el actual es peor, y eso le permite
lanzar la hipótesis de que la moralidad está decayendo, aunque
ya
los científicos dicen que esa idea es una ilusión. A Adam
Mastroianni siempre le molestaron las afirmaciones anecdóticas de
que las personas se vuelven menos amables, respetuosas y confiables
con el tiempo, así que se sumergió profundamente en tales
afirmaciones: escribió una tesis doctoral y ahora se ha basado en
los resultados de encuestas de décadas y otros datos, que
ha publicado en las
revistas
Nature,
Sciencie
y otras, para descubrir que las
personas de todo el mundo han percibido un declive moral general
durante al menos los últimos 70 años pero
los datos también muestran que la evaluación de los individuos
sobre la moralidad de sus contemporáneos se ha mantenido
prácticamente sin cambios durante ese tiempo; si
la moralidad realmente hubiera disminuido se esperaría que las
personas calificaran a sus compañeros de manera más negativa que
aquellos que respondieron la misma encuesta anteriormente, pero
los datos revelaron que las evaluaciones de los participantes sobre
la moralidad de sus contemporáneos no han cambiado con el tiempo.
Para Mastroianni, esto significa que la percepción del declive moral
es errónea o que “al
menos es muy difícil encontrar alguna evidencia de que ese declive
moral haya ocurrido”. El
hecho de que la gente
de todo tipo perciban
una moralidad en declive sorprende
puesto que ese pesimismo sobre
la naturaleza humana es bastante común cuando las personas emiten
juicios sobre aquellos que no están de su lado, en su equipo. Lo
interesante es que este sesgo parece ser más generalizado y no
parece estar enraizado en el sesgo intergrupal”; entonces,
¿por qué la gente piensa que existe esta decadencia? El
autor especula que tiene que
ver con factores como la memoria sesgada; los recuerdos negativos
tienden a desvanecerse más rápido que los positivos y
Mastroianni dice que la ilusión
del declive moral podría tener importantes consecuencias sociales e
incluso políticas. Por ejemplo, una encuesta de 2015 citada en su
artículo encontró que el 76 % de las personas en los Estados Unidos
estaban de acuerdo en que "'abordar
el colapso moral del país' debería ser una alta prioridad para su
gobierno", una opinión
que podría afectar las opciones de votación.
"Antes
podíamos dejar la puerta abierta de casa sin miedo",
"antes se podía
confiar en los demás"
o "la gente ya no se
preocupa por el resto de
las personas". Es
probable que hayas
escuchado estas
frases,
o incluso
que la hayas
pronunciado; en
lo que tal vez no hayas
reparado es que lleva circulando mucho más tiempo del que cree,
mucho antes, por ejemplo,
del movimiento
Okupa (que, por cierto, no es
igual que la ocupación de una casa familiar, aunque algunos medios
jueguen a la confusión), y que
no solo se dice en España pues
también puede oírse en las
calles de Brasil, Rusia o Angola, pongamos
por caso, en
diferentes continentes, países
que tienen en común que su población considera que la decadencia
moral de sus ciudadanos es un problema relativamente grave. Pero
se puede investigar con los
datos disponibles de las últimas décadas si de verdad se está
produciendo esa decadencia moral que anuncian los profetas del
apocalipsis con
conclusiones sencillas. ¿Cree la mayoría de gente en todos los
países que somos peores? Sí. ¿Tienen razón? Casi seguro que no
porque la
realidad de las encuestas nos dice que cada año estamos mejor, que
en realidad somos
más buenos, más morales, más honestos y más decentes que antes.
No es una percepción real la
de que vamos a peor, sino un
sesgo cognitivo que está alterando nuestra visión del mundo y, con
ella, nuestras preferencias políticas o nuestra forma de
comportarnos día a día. El pasado es un lugar mitológico y
la idealización del pasado ocurre en toda clase de sociedades y,
curiosamente, no tiene relación con la historia reciente de cada
país; da igual que uno se haya criado en una dictadura o en
democracia, lo más probable es que tienda a pensar que en el pasado
la gente era mejor, principalmente porque como la gente presta más
atención a los acontecimientos negativos (y los medios de
comunicación están encantados de servirlos
en bandeja), parece natural que consideremos el presente como un
lugar en el que reina el crimen, la insolidaridad y la violencia. Y
no se trata únicamente de la
prensa o las
teles.
Si te encuentras con un conocido, lo más probable es que te cuente
lo malo (nunca lo bueno) que
le ha pasado a él o a sus conocidos, generalizando,
además. El efecto "al
amigo de un amigo lo atracaron el otro día, cada día estamos peor".
Cuentan mentiras. Roban. Se matan. Así que el mundo parece un lugar
peligroso, pero ésto
ocurre solo con los desconocidos. Cuando se pregunta a alguien por su
entorno inmediato, familiares, amigos o compañeros, estos siguen
siendo tan buenos o mejores que antes. El infierno son los demás.
"Percibimos
el presente con detalle y el pasado, como una caricatura".
Este sesgo
nos hace pensar que el pasado fue siempre mejor. Por un lado,
seleccionamos la información negativa del presente para conformar
una visión del mundo actual oscura y, por otro, suavizamos el pasado
con la perspectiva del tiempo (el
engaño sabido de
la memoria). Un cóctel
peligroso. A lo largo de la historia, los poderosos (o los que
aspiran a hacerse con el poder) se escudan en que ellos son los
únicos capaces de devolvernos a esa época dorada. La realidad es
que probablemente nunca hubo un pasado dorado, que los tiempos
pretéritos no eran tan diferentes a los actuales. Según esta visión
del mundo hubo un momento en el que pulsamos el botón equivocado, y
por lo tanto tan solo hace falta volver a darle al interruptor para
que todo vuelva a ir bien. No se trata tan solo de la política, sino
de la manera en que las personas se relacionan con su entorno. La
nostalgia por un pasado mejor puede hacer que nos comportemos de
manera que terminemos creando ese oscuro presente que en realidad no
existe. "Si piensas que
antes podías confiar en la palabra de la gente y ahora no,
probablemente te haga un poco más cauto en la manera en que tratas a
los demás, y eso puede generar esa clase de profecías
autocumplidas",
explica Mastroianni. "Aunque
no veo evidencias de que esto sea así, es plausible que si tratamos
a los demás con sospecha, todos actuemos de manera más sospechosa.
Una manera de atenuarlo sería explicar a la gente que debería ser
un poco más escéptica cuando ve estas afirmaciones y darse cuenta
de que llevamos escuchando esta historia seguramente
desde hace miles de
años, así que hoy
deberíamos inventarnos
otra. Deberíamos ser un poco más modestos acerca de nuestro
conocimiento del pasado. Está bien no tener ni idea de qué pasó".
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