jueves, 10 de agosto de 2023

Música para la hija de papá.



Cuando eres la hija de uno de los grandes cantantes del mundo, se necesita algo más que una buena canción para lograr el éxito; desafortunadamente, Nancy Sandra Sinatra apenas tenía voz y su expresión austera dejó frío al público de forma que ni siquiera la influencia de su padre pudo hacer un éxito con ninguno de sus primeros lanzamientos, pero en 1965 se la “entregó” a Lee Hazlewood, un compositor y productor inconformista para cuyos oídos el lúgubre zumbido de Nancy irradiaba una astuta sexualidad. Hazlewood ejerce sin proponérselo de pigmalión de la hija del todopoderoso Frank Sinatra, para la que escribe una canción-talismán, These Boots Are Made for Walking, inspirada según sus propias palabras en una conversación de bar de acentos machistas que Hazlewood transforma en himno sexy de acento femenino; Nancy, una niña pulcra de Nueva Jersey, no había oído nada parecido y cuando Hazlewood le pidió que la interpretase como si fuese una chica de dieciséis años que se iba con camioneros, con lo que la canción fue finalmente interpretando por una Lolita perversa, su mandíbula cayó, los ojos de Hazlewood brillaron, Nancy dio una amplia sonrisa porque sabía que era la canción para ella. Sin embargo, consciente de para quién trabajaba, Hazlewood se mostró renuente en enseñarle los coloquialismos groseros de la canción, específicamente en un eufemismo descarado en inglés para el sexo. Pero a Nancy no le podría haber importado menos y, como resultado, Frank estaba encantado. Otras fuentes aseguran que su origen es una frase de la película de Robert Aldrich Four from Texas (Cuatro tíos de Texas), con papá Sinatra. La canción trata sobre una chica que le dice a su pareja que sabe que le ha estado engañando, que está harta de sus mentiras y que sus botas están hechas para caminar y que ella lo pisoteará. También le advierte que ha encontrado una forma de vengarse y que él no está preparado para ello. La canción, además, fue adoptada por las tropas americanas en Vietnam como canción de marcha y Nancy viajó al país asiático para animar a los soldados. Posteriormente, la canción fue usada por Stanley Kubrick en su película Full Metal Jacket (La chaqueta metálica). La canción y el álbum, Boots, lanza vertiginosamente la carrera de Nancy, propiciando su transformación en icono pop y emblema erótico en una América convulsionada por la Guerra de Vietnam y las protestas contra la discriminación racial. Como regalo, el bigotudo compositor les recomienda el tema Something Stupid, que lleva a padre e hija a los primeros lugares de las listas de éxitos. En una entrevista para la revista francesa Les Inrocks, Hazlewood recuerda algunas anécdotas de la gira, los miedos escénicos de Nancy Sinatra o el descubrimiento de un entusiasta público juvenil que, para su sorpresa, se sabía de memoria muchas de sus canciones. Para entonces el músico ya posee, entre otros, el título –a pesar de él– de artista de culto y es objeto de numerosos homenajes.

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miércoles, 9 de agosto de 2023

¿Madrileña o catalana?



Decía/cantaba la gran y añorada María Dolores Pradera en una de sus canciones que “tener dos amores es muy complicado…”, lo que viene como anillo al dedo cuando se habla de personajes como Amadeu Vives y el binomio Madrid-Barcelona. Vives es autor, entre otras, de las zarzuelas Bohemios, La generala, La villana, Maruxa, Doña Francisquita, etc., y considerado uno de los compositores más grandes de la zarzuela de todos los tiempos, con una formación intelectual y musical de primerísimo nivel, pero a los efectos “zarzueleros” que interesa a los aficionados constituye además una personalidad con criterios tan importantes que merecen un análisis más completo de sus opiniones,… a la vez que en Barcelona funda con Luis Millet Pagés (abuelo del otro Millet, el que desfalcó el Palau de la Música de Barcelona) el coro mixto del Orfeo Catalá en donde estrena diversas composiciones, destacando L’Emigrant, que en esos tiempos tuvo determinada relación musical con el catalanismo. El propio compositor respondió a estos reproches con las siguientes frases: “Os aseguro que toda mi música está pensada y escrita en catalán; los de ahora no se pueden dar cuenta, pero algún día, cuando esté muerto, lo descubrirán los que estudien sin prevenciones y por encima del ambiente de nuestro tiempo…”. El caso de Amadeu Vives, nacido de familia muy humilde en Collbató, a la sombra de la montaña de Montserrat y muerto, parece que para cerrar el ciclo, circunstancialmente en Madrid, como compositor presenta rasgos ciertamente curiosos. La calidad musical de sus obras, elogiada por los expertos, y apreciada por todos los amantes de la buena música y el canto, no guarda relación con su formación académica. Si otros colegas suyos, destacados del mundo de la zarzuela, ampliaron y perfeccionaron sus estudios en Roma, Milán o París, con pedagogos del mayor prestigio, el autor de la obra cumbre del género lírico español, no fue más allá de escolanías, conventos e iglesias; en este aspecto fue fundamental la relación que mantuvo con su hermano Camilo, religioso. Aún así creó escuela. Prueba de ello son sus cuatro ases líricos, llámense zarzuela, ópera o égloga, antes citados. Doña Francisquita, obra modélica donde las haya. Maruxa, con su formato operístico, cuenta con una partitura de las más elogiadas por los expertos, lo mismo que La villana, cuya música no tiene nada que envidiar a las mejores obras del género. Y para completar el cuarteto de ases, ahí está el bombón de Bohemios, cuya belleza en su brevedad, provocó que otro compositor, Conrado del Campo, con permiso de Vives, la ampliase a ópera, “Bohemios" (Intermedio) es la parte sinfónica más conocida de la obra y nos presenta el primer tema acompañado por el pizzicato de la cuerda. El segundo tema de carácter melódico es el más conocido por su expresión sentimental. Finalmente se reanuda de forma abreviada el tema inicial, terminando la obra mediante una poderosa coda.




martes, 8 de agosto de 2023

Glen Campbell más allá del alzheimer.



Hoy, 8 de agosto de 2023, hace 6 años que perdió su lucha contra el alzheimer
y nos dejó un casi desconocido para nosotros Glen Campbell, uno de los mejores artistas de estudio e icono del Country Rock. Ya en este blog lo hemos recordado aunque haciendo énfasis en los efectos de la enfermedad; hora es, pues, de realizar una semblanza de él desde el punto de vista musical porque hay bandas y artistas que trascienden los géneros y entran en la historia de la música: Glen Campbell es uno de esos íconos, y su gran aporte al Country Rock lo ha elegido para ser parte de esta historia. Nació el 22 de abril de 1936 en Billstown, Arkansas, y desde muy pequeño se familiarizó con la música country gracias a la influencia de su familia, su padre le regaló una guitarra a los cuatro años, iniciando así su pasión por la música. Glen Campbell estuvo profundamente influenciado por artistas como Merle Travis y Django Reinhardt al desarrollar sus habilidades musicales y crear su estilo. Antes de alcanzar el estrellato como solista se construyó una sólida reputación como músico de estudio; su excepcional talento para la guitarra y sus habilidades vocales llamaron la atención de grandes nombres de la industria, lo que lo llevó a ser solicitado para grabar con artistas ya establecidos en el negocio de la música, como The Beach Boys, Elvis Presley y Frank Sinatra. En 1967 lanzó su primer álbum en solitario, titulado "Gentle on My Mind", que fue un éxito instantáneo y le valió cuatro premios Grammy. A partir de ese momento, su carrera despegó y se convirtió en un nombre familiar en la industria de la música. Clásicos como "Rhinestone Cowboy", "Wichita Lineman" y "By the Time I Get to Phoenix" encabezaron las listas musicales y consolidaron la posición de Glen Campbell como uno de los mejores artistas de country rock de todos los tiempos y además de ser un cantante e instrumentista talentoso, también ha dejado su huella como compositor ya que, aparte de varias de sus propias canciones, ha compuesto música para artistas como Elvis Presley, Johnny Cash, Dean Martin, Frank Sinatra y muchos otros Además de su presencia en la música y la televisión, Glen Campbell también ha tenido exitosas incursiones en el mundo de la actuación, protagonizando películas como “True Grit(Valor de ley), junto a John Wayne, por la que recibió una nominación al Globo de Oro, y “Norwood” (comedia de1970 no estrenada aquí). Su actuación cinematográfica ha recibido el reconocimiento tanto de la crítica como de los aficionados, demostrando su versatilidad como artista. A lo largo de su carrera, Glen Campbell ha demostrado su capacidad para sobresalir en una variedad de actividades artísticas, fue verdaderamente un artista polifacético cuyo talento traspasó los límites de la música y se manifestó en diversas formas de expresión artística. En 2011 anunció que le habían diagnosticado la enfermedad de Alzheimer pero, a pesar de los desafíos que enfrentó con la enfermedad, continuó haciendo giras y lanzando nueva música hasta 2012. Su último disco, “Adiós(en castellano el título), lanzado en 2017, fue una emotiva despedida. Glen Campbell siempre será recordado como uno de los grandes de la música y una gran influencia que inspirará a los artistas hasta el día de hoy.






jueves, 3 de agosto de 2023

La(s) Historia(s) que nos cuentan (3).



Jorge Manrique de Figueroa fue un poeta del siglo XV,
con una biografía llena de incógnitas, que pasó a la historia gracias a una obra que forma parte de los clásicos de la literatura española: Coplas a la muerte de su padre, aquella que dice, entre otras cosas,: “… cómo, a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor...”. Quedémonos con estas palabras y reflexionemos un poco desde la perspectiva de la historia: ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Seguro que la siguiente conversación resulta familiar. un tío listillo que siempre tiene razón termina minimizando, por ejemplo, el valor de las medidas actuales de seguridad vial: “Antes a los niños no se les ponía cinturón ni sillas especiales, se cargaba el coche hasta los asientos traseros con bolsas y los coches no tenían airbags ni nada por el estilo. En moto viajábamos sin casco. Y aquí estamos. No nos pasaba nada”. Estas afirmaciones, alabando un pasado idílico (?) en el que apenas se invertía en seguridad vial, y comparándolo con el costoso presente de sillas infantiles, airbags, frenos ABS… es una falacia que, como se realiza desde la perspectiva de haber sobrevivido tiene un sesgo importante de error. ¿Cuántos de aquellos que hacían lo mismo no están para contarnos que ellos no sobrevivieron? Este pequeño ejemplo es uno de los muchos que se pueden utilizar para demostrar que el pasado nunca fue mejor que la actualidad. Nuestra idealización del pasado proviene de una mezcla de nostalgia de la juventud (ningún veinteañero lamenta su pasado), de una idealización falsa de los tiempos pasados (las épocas doradas nunca existieron), de las frustración de los tiempos presentes o del miedo a la incertidumbre del futuro, marcado por cambios cada vez más rápidos. Ninguna civilización fue mejor que la actual y eso lo sabe cualquier historiador con unos conocimientos mínimos de su disciplina. No obstante, siempre aparecen tendencias a idealizar un pasado concreto, fruto de intereses más políticos que históricos. La tendencia a idealizar el pasado no es nueva, ya existía en las civilizaciones que nos precedieron y de las que provenimos. Los griegos, por ejemplo, crearon el mito de la Arcadia, una edad dorada de abundancia, inocencia y felicidad en donde sus habitantes, pastores y agricultores, vivían en armonía con la Naturaleza cuando en la realidad Arcadia era una zona de Grecia bastante rural y deprimida, con una población bastante ignorante y privada de todo tipo de comodidades, tal como nos la describiría Polibio.


¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? La respuesta es NO. Salvo por ciertos momentos puntuales en los que parece que los humanos nos hemos puesto de acuerdo para aniquilarnos mutuamente o para que unos pocos vivan mejor que la mayoría, la tendencia general es que una cada vez mayor cantidad de personas viven mejor y más años que en cualquier momento pasado, y ello se lo debemos al progreso científico, a la ciencia y sus avances, que han logrado erradicar enfermedades, mitigar el efecto de algunas (gracias a las vacunas y antibióticos) y lograr que en los países desarrollados la muerte infantil sea prácticamente testimonial. Socialmente hemos logrado implantar gobiernos en general cada vez más representativos de la voluntad general de todos los ciudadanos, erradicar la violencia de nuestras sociedades (aunque nunca podremos eliminarla por completo) y generar una conciencia mutua hacia el prójimo. Todos aquellos que ponen ejemplos pasados como un lugar mejor para vivir sólo tienen que profundizar un poco en su historia social para descubrir lo equivocados que están. ¿La famosa Democracia ateniense? Sólo para algunos. ¿Las grandes villas romanas? Eran la excepción. Un paseo por Pompeya y se comprueba que la mayoría de romanos vivían en una sola habitación. ¿Las bondades de los cazadores-recolectores paleolíticos? Resulta que estos grupos solían desaparecer si las condiciones climáticas empeoraban, tal como les ocurrió a los Homo Antecessor, primeros pobladores de Europa. Y muchos olvidan su costumbre caníbal.
(el emperador más rico y poderoso de la antigüedad daría su imperio por poder tener la alimentación y las comodidades de que disfrutamos hoy en día; basta pensar en el WC, grifos de agua potable fría y caliente, dentistas analgésicos o anestesia para darse cuenta de cómo sería toda nuestra vida sin ellos). Y si nuestra esperanza de vida en el año 1900 era de 35 años, ¿qué esperanza tendríamos en el pasado? A principios del siglo XX la mortalidad infantil aún se encontraba en un 20% pero hoy en día, en el siglo XXI, la cifra no llega al 1% en los países desarrollados, lo que a la vez ha provocado que hoy en día, morir a partir de los 60 años sea la norma, cuando en el Imperio Romano esa era la excepción (2%). En resumen, idealizar un pasado como algo mejor que nuestra existencia actual no deja de ser una técnica mental de nuestro cerebro para evitar afrontar los desafíos y problemas del presente.


¡Ojo! La otra acepción, no desechable, del dicho hace referencia a la memoria personal cercana, de lo que no volverá. ¿Quién no echa de menos su niñez? ¿Quién no echa de menos aquellos días de juventud con tus padres tus hermanos, la mesa puesta y tu única preocupación, estudiar?
y como eso, todo. La memoria es selectiva y nos acordamos mas de lo bueno que de lo malo, cualquiera que eche la vista atrás y me refiero gente con vidas llamadas "normales" tiene gratos recuerdos de su pasado gracias a que intentamos olvidar lo malo y quedarnos con lo bueno, de ahí que nos PAREZCA que cualquier tiempo pasado personal fue mejor. El poema de Manrique habla de la mente humana, de sensaciones, de sentimientos, de momentos gratos y felices que marcan la vida del ser humano (si lo leemos entero, comprobamos que el autor termina afirmando que esa sensación de un pasado mejor es una simple ilusión). El Todo tiempo pasado fue mejor, pues, encierra dos evidencias, la primera que fuiste feliz, y la segunda que no lo sabías. La nostalgia de los años siguientes solo se encarga de mostrarlo y la nostalgia es una peligrosa ilusión que solo aparece cuando la vida nos golpea duramente. Pero si nuestras necesidades están cubiertas, la misma se esconde y no da la cara. Parafraseando a Joaquín Sabina, y recordando que la memoria es selectiva,no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió”.


El psicólogo
estadounidense Adam Mastroianni1, de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, introduce un matiz de estudio interesante, ya que deduce que si todo tiempo pasado fue mejor, significa que el actual es peor, y eso le permite lanzar la hipótesis de que la moralidad está decayendo, aunque ya los científicos dicen que esa idea es una ilusión. A Adam Mastroianni siempre le molestaron las afirmaciones anecdóticas de que las personas se vuelven menos amables, respetuosas y confiables con el tiempo, así que se sumergió profundamente en tales afirmaciones: escribió una tesis doctoral y ahora se ha basado en los resultados de encuestas de décadas y otros datos, que ha publicado en las revistas Nature, Sciencie y otras, para descubrir que las personas de todo el mundo han percibido un declive moral general durante al menos los últimos 70 años pero los datos también muestran que la evaluación de los individuos sobre la moralidad de sus contemporáneos se ha mantenido prácticamente sin cambios durante ese tiempo; si la moralidad realmente hubiera disminuido se esperaría que las personas calificaran a sus compañeros de manera más negativa que aquellos que respondieron la misma encuesta anteriormente, pero los datos revelaron que las evaluaciones de los participantes sobre la moralidad de sus contemporáneos no han cambiado con el tiempo. Para Mastroianni, esto significa que la percepción del declive moral es errónea o que “al menos es muy difícil encontrar alguna evidencia de que ese declive moral haya ocurrido”. El hecho de que la gente de todo tipo perciban una moralidad en declive sorprende puesto que ese pesimismo sobre la naturaleza humana es bastante común cuando las personas emiten juicios sobre aquellos que no están de su lado, en su equipo. Lo interesante es que este sesgo parece ser más generalizado y no parece estar enraizado en el sesgo intergrupal”; entonces, ¿por qué la gente piensa que existe esta decadencia? El autor especula que tiene que ver con factores como la memoria sesgada; los recuerdos negativos tienden a desvanecerse más rápido que los positivos y Mastroianni dice que la ilusión del declive moral podría tener importantes consecuencias sociales e incluso políticas. Por ejemplo, una encuesta de 2015 citada en su artículo encontró que el 76 % de las personas en los Estados Unidos estaban de acuerdo en que "'abordar el colapso moral del país' debería ser una alta prioridad para su gobierno", una opinión que podría afectar las opciones de votación.


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Antes podíamos dejar la puerta abierta de casa sin miedo", "antes se podía confiar en los demás" o "la gente ya no se preocupa por el resto de las personas". Es probable que hayas escuchado estas frases, o incluso que la hayas pronunciado; en lo que tal vez no hayas reparado es que lleva circulando mucho más tiempo del que cree, mucho antes, por ejemplo, del movimiento Okupa (que, por cierto, no es igual que la ocupación de una casa familiar, aunque algunos medios jueguen a la confusión), y que no solo se dice en España pues también puede oírse en las calles de Brasil, Rusia o Angola, pongamos por caso, en diferentes continentes, países que tienen en común que su población considera que la decadencia moral de sus ciudadanos es un problema relativamente grave. Pero se puede investigar con los datos disponibles de las últimas décadas si de verdad se está produciendo esa decadencia moral que anuncian los profetas del apocalipsis con conclusiones sencillas. ¿Cree la mayoría de gente en todos los países que somos peores? Sí. ¿Tienen razón? Casi seguro que no porque la realidad de las encuestas nos dice que cada año estamos mejor, que en realidad somos más buenos, más morales, más honestos y más decentes que antes. No es una percepción real la de que vamos a peor, sino un sesgo cognitivo que está alterando nuestra visión del mundo y, con ella, nuestras preferencias políticas o nuestra forma de comportarnos día a día. El pasado es un lugar mitológico y la idealización del pasado ocurre en toda clase de sociedades y, curiosamente, no tiene relación con la historia reciente de cada país; da igual que uno se haya criado en una dictadura o en democracia, lo más probable es que tienda a pensar que en el pasado la gente era mejor, principalmente porque como la gente presta más atención a los acontecimientos negativos (y los medios de comunicación están encantados de servirlos en bandeja), parece natural que consideremos el presente como un lugar en el que reina el crimen, la insolidaridad y la violencia. Y no se trata únicamente de la prensa o las teles. Si te encuentras con un conocido, lo más probable es que te cuente lo malo (nunca lo bueno) que le ha pasado a él o a sus conocidos, generalizando, además. El efecto "al amigo de un amigo lo atracaron el otro día, cada día estamos peor". Cuentan mentiras. Roban. Se matan. Así que el mundo parece un lugar peligroso, pero ésto ocurre solo con los desconocidos. Cuando se pregunta a alguien por su entorno inmediato, familiares, amigos o compañeros, estos siguen siendo tan buenos o mejores que antes. El infierno son los demás. "Percibimos el presente con detalle y el pasado, como una caricatura". Este sesgo nos hace pensar que el pasado fue siempre mejor. Por un lado, seleccionamos la información negativa del presente para conformar una visión del mundo actual oscura y, por otro, suavizamos el pasado con la perspectiva del tiempo (el engaño sabido de la memoria). Un cóctel peligroso. A lo largo de la historia, los poderosos (o los que aspiran a hacerse con el poder) se escudan en que ellos son los únicos capaces de devolvernos a esa época dorada. La realidad es que probablemente nunca hubo un pasado dorado, que los tiempos pretéritos no eran tan diferentes a los actuales. Según esta visión del mundo hubo un momento en el que pulsamos el botón equivocado, y por lo tanto tan solo hace falta volver a darle al interruptor para que todo vuelva a ir bien. No se trata tan solo de la política, sino de la manera en que las personas se relacionan con su entorno. La nostalgia por un pasado mejor puede hacer que nos comportemos de manera que terminemos creando ese oscuro presente que en realidad no existe. "Si piensas que antes podías confiar en la palabra de la gente y ahora no, probablemente te haga un poco más cauto en la manera en que tratas a los demás, y eso puede generar esa clase de profecías autocumplidas", explica Mastroianni. "Aunque no veo evidencias de que esto sea así, es plausible que si tratamos a los demás con sospecha, todos actuemos de manera más sospechosa. Una manera de atenuarlo sería explicar a la gente que debería ser un poco más escéptica cuando ve estas afirmaciones y darse cuenta de que llevamos escuchando esta historia seguramente desde hace miles de años, así que hoy deberíamos inventarnos otra. Deberíamos ser un poco más modestos acerca de nuestro conocimiento del pasado. Está bien no tener ni idea de qué pasó".

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1Responsable del blog Experimental History, Adam Mastroianni es un investigador posdoctoral de la División de Administración de la Escuela de Negocios de Columbia. Estudia cómo las personas perciben erróneamente sus mundos sociales, desde la persona sentada al otro lado de la mesa hasta el país entero zumbando a su alrededor. Una corriente de su trabajo se centra en las percepciones erróneas que surgen cuando las personas hablan cara a cara. Por ejemplo, cada conversación tiene que terminar en algún momento. ¿La gente sabe cuándo debería hacerlo? No realmente, según parece; la mayoría de las conversaciones terminan cuando nadie quiere que terminen, tanto porque las personas quieren hablar durante diferentes períodos de tiempo como porque no tienen idea de cuándo quiere cortar la otra persona. También está interesado en las teorías de las personas y la percepción errónea del cambio en el mundo que les rodea. La gente piensa que la moralidad ha decaído, ¿tienen razón y, si no es así, por qué piensan eso? Las personas piensan que son bastante diferentes de sus abuelos, ¿lo atribuyen a tener diferentes edades o a ser miembros de diferentes generaciones y entornos? Cuando las personas eligen un bando sobre un tema, no solo les importa lo que piensan los demás, sino también cómo están cambiando esas opiniones; entonces, ¿saben cómo han cambiado realmente las opiniones?


 

Pero no la original.



¿Quién se acuerda hoy de Donovan? Donovan Phillips Leitch es un cantautor, poeta y guitarrista escocés que a mediados de los años sesenta era conocido como cantante folk, lo que le valió ser llamado el Bob Dylan británico, pero pronto se desató de esa etiqueta convirtiéndose en uno de los mayores representantes de la psicodelia de mediados y finales de los sesenta, con un estilo único y muy personal. Su carrera musical arranca en el programa de televisión Ready, Steady, Go! pero demostró una de sus señas de identidad más marcadas como es la experimentación hacia nuevos sonidos. En su álbum “The Hurdy Gurdy Man” figura el sencillo del tema “Laléna” (también conocida como Lalena o Laleña), una de las canciones más bellas compuestas por el cantautor escocés. Según ha manifestado el propio Donovan, “Laléna” está inspirada en la actriz y cantante austriaco-estadounidense Lotte Lenya, más concretamente en el personaje que interpretó en la obra titulada “La Ópera de los Tres Centavos”, escrita por Kurt Weill (músico) -esposo de Lotte Lenya- y Bertolt Brecht (letra); así nos lo recuerda Donovan: «Pensé: De acuerdo, es una callejera, pero en la historia del mundo, en todas las naciones, la mujer ha jugado varios roles de monja, prostituta, madre, doncella o esposa. Este aspecto de poder sexual es muy prominente. Las mujeres juegan roles a los que son empujadas y los actúan de la mejor forma que ellas pueden, así es que la manera en la que yo estoy describiendo el carácter de Lotte Lenya es jugando. Es un personaje que vive marginado en los límites de la sociedad» En 1978 se recuperó una grabación -aparentemente informal- de esta melodía con Donovan y Paul McCartney a la guitarra acústica, probablemente registrada en los estudios de EMI en Londres, cuando ambos coincidieron trabajando en un álbum de Mary Hopkin. Por supuesto, existen más versiones de “Laléna”, como las de Joel Grey, Jane Olivor, Deep Purple, Savannah Smith, Trini López, Nick Simper & Nasty Habits, Michel Stax (en francés), Helena Vondráčková (en checo) o el argentino Waldo de los Ríos y su Orquesta (instrumental). En esta ocasión traemos, no el original de Donovan o la también muy conocida versión de Deep Purple, sino la adaptación con guitarra que hizo Trini López. Corramos, eso sí, un muy piadoso velo sobre la “traducción” de la letra al castellano.

 

miércoles, 2 de agosto de 2023

Algo movidito...



La badinerie o badinage es una danza breve y muy viva que toma su nombre del verbo francés badiner (bromear). El término comenzó a usarse debido a la inclusión de esta danza como uno de los movimientos de la suite barroca, al verse como una pieza breve, juguetona y alegre. Hacia el siglo XVI, los ritmos y danzas usados desde hacía mucho tiempo entraron a formar parte del repertorio de instrumentos que hasta entonces les habían despreciado, los compositores se volvieron gustosamente hacia este material y las danzas en cuestión se ampliaron y desarrollaron; la idea de escoger las más originales y las más adaptables de entre las danzas de la llamada Europa civilizada y unirlas en una concepción artística de conjunto se extendió cada vez más en el siglo XVII. Por su origen, las principales danzas que se incluyen en una suite son la Alemande germánica, la Courante francesa, la Zarabanda española y la Giga inglesa, a las que se suelen unir danzas más ligeras de origen francés (Gavota, Minué, Bourrée…) que globalmente se denominan «galanterías». La Badinerie, úlimo movimiento, de la Suite orquestal nº2 para flauta y cuerdas BWV 1067 de Johann Sebastian Bach es posiblemente el ejemplo más brillante y conocido de badinerie en la historia de la música. El catálogo completo de las obras de Johann Sebastian Bach abarca un total de 1128 piezas. Sabemos que, salvo la ópera, el maestro alemán se prodigó en todos los géneros. Por ello, llama la atención que en un género como la suite orquestal, muy de moda para la época, Bach haya escrito tan solo cuatro piezas en toda su vida. Desde luego, es música que puede calificarse de "light", o ligera, por la que Bach no se sentía especialmente inclinado, y de ahí su exigua producción. Las suites conformaban el lado ameno de la música pura, la forma con la que la nobleza se entretenía y pasaba un buen rato. El maestro, por su parte, prefería escribir música eclesiástica, o música que al menos incluyera el desafío de plasmar en ella una retadora fuga. Bach nunca tituló con el específico nombre de «Suite» a estas obras sino con el de Oberturas, aplicando así al conjunto la denominación que sólo concernía a la primera pieza del concierto y que adoptaba el esquema de obertura francesa; las suites para orquesta de Bach están netamente marcadas por la música francesa, lo cual dan fe las oberturas francesas con las que comienzan cada una de ellas y la ausencia de Alemande en las mismas. Curiosamente, la Suite nº2 carece de Courante y en su lugar aparece un episodio que no se asocia a ningún ritmo de danza en concreto, la conocidísima Badinerie que, bajo su aparente «facilidad», esconde más de una trampa para el instrumento solista.


 

martes, 1 de agosto de 2023

El sonido del silencio.



The Sounds of Silence
es una canción de culto, interpretada por el dúo Simon & Garfunkel y aunque circula una nota falsa en Internet acerca de su origen, que como historia de motivación es muy buena, no es la verdad sobre la inspiración detrás del tema. La historia no verídica nos habla de la vida de un niño pobre, de Búfalo, en el Estado de Nueva York, Sandy Greenberg, que gana una beca para la Universidad de Columbia, donde se hace muy amigo de su compañero de habitación, un tal Art Garfunkel. En su primer año de universidad, viendo un partido de béisbol, de repente, de la nada, se quedó ciego, el médico dijo que era conjuntivitis y que pasaría. Pero no desapareció, fue una catarata que le había arruinado los nervios ópticos, el chico se quedó ciego, se deprimió, abandonó la escuela y regresó a su tierra natal, pero el amigo fue hasta su casa y lo convenció de que regresara a la Universidad. Como Greenberg relata en sus memorias, el glaucoma mal diagnosticado hizo que su vista fallara durante el primer semestre de su tercer año en la universidad, y luego, en enero de 1961, su visión falló por completo pero una cosa es cierta, con el ánimo y la ayuda de Art Garfunkel, Greenberg regresó a Columbia en septiembre de 1961, pasó el semestre que había perdido y se graduó con su clase. Pasó 1964-1965 en la Universidad de Oxford como uno de los 24 Marshall Scholars nombrados ese año, y luego recibió un MBA de la Escuela de Negocios de Columbia en 1966, mientras que también se desempeñó como Profesor Asistente en su Departamento de Derecho Público y Gobierno como abogado de gran prestigio. Una de las canciones del primer disco del dúo se convirtió en la más tocada del año: era la canción que escribió el compañero de cuarto, Arthur Ira Garfunkel, conocido como Art Garfunkel, en honor a su amigo Sandy Greenberg. Bonito, ¿no? Pues no. En la realidad, la canción The Sounds of Silence (en plural originalmente aunque se pueden oír ambos, singular y plural, en el texto cantado) fue escrita el 19 de febrero de 1964 por Paul Simon, tras el asesinato de John F. Kennedy el 22 de noviembre del anterior año, como un intento de expresar el sentimiento popular tras el desafortunado suceso. Paul percibió que, cuantos lloraron la muerte de quien propugnó una política de nuevos ideales desde la Casa Blanca e ilusionó a tantos norteamericanos, unían sus oraciones mientras iban reconociendo su legado y escribió a raíz de aquel magnicidio una letra que habla de la incomunicación que existe en el mundo. Y eso sirvió para que muchos encontraran en ese texto las razones de aquella masiva reacción popular de dolor. Pero ¿realmente puede encontrarse una conexión argumental para que la letra de la canción tenga algo, o mucho, que ver con ese magnicidio? No es fácil aseverarlo, mas es la versión más extendida. Lo más razonable es remitirnos a lo que declaró en una de sus entrevistas el propio autor, Paul Simon: "La clave hay que encontrarla en una melodía muy sencilla y en el mensaje que encierra el texto dirigido sobre todo a los jóvenes".La canción, cantada por ambos miembros del grupo y acompañada por la guitarra de Simon, fue originalmente grabada como una pieza acústica de su primer álbum, Wednesday Morning 3 A.M., que resultó un completo fracaso en ventas, pero posteriormente fue remasterizada con acompañamiento de batería, bajo y guitarra eléctrica; reeditada como sencillo en septiembre de 1965, el cual llegaría a alcanzar el número uno de las lista de Estados Unidos en Año Nuevo de 1966 y se convirtió en un gran éxito en todo el mundo. Esta canción formó parte de la banda sonora de las películas El Graduado, de Mike Nichols de1967, Cowboy de medianoche, de John Schlesinger de1969 y Watchmen, de Zack Snyder de 2009, así como en la película Bobby (El día que mataron a Kennedy), de Emilio Estévez de 2005, que trata sobre las últimas horas, no del presidente, sino de su hermano, el senador y antiguo fiscal general Robert Francis Kennedy, así como su asesinato en junio de 1968. La juventud de muchos tuvo como música de fondo "The sound of silence" y otras canciones inolvidables de Simon y Garfunkel, que no han perdido vigencia, pese a las novedades que sigan apareciendo