lunes, 22 de abril de 2013

Cuestiones incómodas sobre temas muy serios

Siempre se han tomado los daños colaterales (en particular los referidos a conflictos bélicos) como algo que debe minimizarse en lo posible y, frecuentemente, como algo inevitable pero no deseado.
En los tiempos que corren, en los que nuestra cotidianeidad está presidida por dos problemas de gran alcance social y de solución compleja como son los desahucios y  las participaciones preferentes (sin olvidar por eso otras lacras como el paro, la corrupción, la desconfianza hacia la clase política, los recortes de nunca acabar, etc.) también debe reflexionarse sobre aspectos, en general poco aireados, pero que existen y que dan una nueva dimensión a algunos protagonistas de estos problemas generales, dominados por una cierta forma de picaresca carpetovetónica.

Por lo que se refiere al problema de los desahucios, respecto del que desde estas mismas páginas venimos abogando por la necesidad de revisar seria y serenamente la actual Ley Hipotecaria  como única solución válida y duradera a través de la definición de un marco de actuación justo para todas las partes intervinientes., la simplificación lleva a no tener en cuenta evidencias de actuaciones, minoritarias sin duda, que, sin embargo, deben abordarse:

1.- Es innegable que las entidades financieras han hecho barbaridades en el estudio (?) y concesión de préstamos hipotecarios, incluyendo en ellas las "indicaciones" interesadas del valor de la garantía a consignar por los peritos "independientes". Sin embargo, no por ello debe eludirse la responsabilidad del peticionario que se ha embarcado, y ha embarcado a avalistas de buena fe aunque incautos, en financiaciones de un importe tal que sabía que un simple constipado le impediría atender las amortizaciones. Otra cosa es que, en la mayoría de ocasiones, la aparición del fantasma del paro ha precipitado la situación adversa, pero debe admitirse que un porcentaje no despreciable de incumplidos lo son de préstamos asumidos ya de inicio por un importe por encima de razonables posibilidades de devolución con lo que, lamentablemente, ni con la dación se puede arreglar. Lo triste de estos casos es que, su existencia alimenta la verborrea incontinente de algunos/as políticos/as que exhiben su ignorancia mediante ataques pseudo políticos a todo lo que se mueve y se aparte de la consigna de su partido.
2.- No es cierto que las entidades, o al menos, no todas las entidades, se precipiten a ejecutar los préstamos en cuanto entran en mora. La realidad es que, mientras hay un resquicio para negociar, incluso planteando daciones de pago en algunos casos, se negocia. Siempre se producen ocasiones extremas, naturalmente, pero no debe generalizarse porque no sería correcto. Y no porque las sucesivas chapuzas legislativas del gobierno hayan indicado que sea así, sino porque es voluntad inveterada de la banca el que lo sea (cabe recordar en este punto que las cifras estadísticas de las daciones en pago acordadas atendiendo el RD gubernamental son ridículas mientras que las cifras reales totales de dación son estimables)

En lo tocante al problema de la estafa generalizada de las participaciones preferentes (con ese u otro nombre comercial) y, a pesar de las declaraciones no desmentidas de algún muy alto cargo de una entidad en el sentido de que se habían comercializado correctamente, también se han producido casos que merecen reflexión:
1.- Es posible que, de haber permitido la UE el tratamiento que las entidades prevían de estos instrumentos financieros, el alcance del problema hubiese sido menor, lo que no es disculpa par la banca , que ya sabía que esas participaciones debían tratarse como lo que eran, capital, aportado en teoría por accionistas y sujeto, por tanto, a fluctuaciones de valor.
2.- No todos los compradores de preferentes fueron engañados. Debe admitirse la existencia, seguramente poco significativa, de clientes afectados por el "síndrome Sofico" (o Fidecaya, o Forum Filatélico, o...), es decir, dispuestos a asumir riesgos por "un cuartillo más" pese a las advertencias de sus asesores. Y, lo que es grave, muchos de estos asesores, presionados por sus superiores jerárquicos, ni conocían las características ni los riesgos que comportaban tales productos. Como se mencionaba en los desahucios, son estas minorías las que permiten declaraciones extemporáneas de políticos/as avezados en seguir la disciplina de partido pero desconocedores de la realidad social.



Sin embargo, hay que dejar bien claro que estas reflexiones en ningún momento pueden interpretarse como que los problemas que las originan deban tomarse con ligereza. Soluciones YA, antes de que escapen de control y aumente el nivel de gravedad de la conflictividad aparejada

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