sábado, 26 de julio de 2014

Semblanza de Machado en el aniversario de su nacimiento


Hace unos meses, en este mismo blog, se recogieron unas reflexiones sobre la figura de Antonio Machado con motivo del aniversario de su muerte en Colliure huyendo de la atrocidad y la ignominia de la guerra (in)civil, haciéndonos eco en aquella ocasión del poco interés de la cultura oficial por el aniversario y, por extensión, por el poeta. 
La historia, aún reciente, se repite: no ha trascendido que, olvidando las miserias de la politización de figuras como la suya, se recuerde a Machado como referencia del pensamiento y la poesía del último siglo conmemorando como merece, no Machado, sino la Cultura (con mayúsculas) y el país, sin interferencias de sesgo político, su nacimiento, en Sevilla, el 26 de julio de 1875. 

En el Palacio de Dueñas
Me tomo la libertad, en ese contexto, de pensar en voz alta sobre la dimensión del poeta pensando algo más en toda su obra y deteniéndome en alguna de sus ciudades menos conocidas.

No es ninguna novedad el admitir que Antonio Machado está catalogado por su obra como poeta, y eso no causa ninguna inquietud habida cuenta de que su producción es de una hondura dentro de su simplicidad que hoy nadie discute. Sin embargo, el propio  autor no lo tenía tan claro:

“Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,…”

es lo que declaraba en la época anterior a su época soriana, mientras que a su llegada a Baeza se decía

“Heme aquí ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro del gay-saber,
aprendiz de ruiseñor)….”

explicando en este caso, más bien, cómo se gana la vida en lugar, como más arriba, sus inquietudes. Pero algo de todo eso hay en su obra. A lo largo del tiempo y de las vicisitudes por las que evoluciona desde un perfil modernista (noventayochista) hacia un simbolismo intimista rodeado de romanticismo, cuajó al final en una poesía que alterna el compromiso humano con una especie de contemplación desde fuera de la existencia, haciéndose eco, particularmente en su obra a partir de su estancia en Baeza, de la sabiduría popular más ancestral.

Entrando al detalle, su obra “Campos de Castilla”, escrita durante su estancia en Soria, es la más noventayochista, con el protagonismo de las tierras castellanas y los hombres que las habitan (no del todo entendida la obra en su momento, por reflejar un patriotismo diferente al oficial, ya que Machado no eludía la crítica a la situación de postración tras la pérdida de las colonias. Y tampoco fue entendida por hacer retratos descarnados sin concesiones a determinados personajes de esa Castilla “miserable, ayer dominadora que, envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora”. Es en los poemas escritos en Baeza tras la muerte de Leonor, los populares «Proverbios y cantares» donde ahonda en el carácter reflexivo y sentencioso expresado en brevedad, y donde modula la crítica social mezclando ejemplos de máximas o sentencias puestas en verso como auxilio a la memoria en temas que van de lo mundano a lo divino junto con paisajes soñados para esas máximas.
No puede entenderse la evolución poética de Machado sin detenerse en Juan de Mairena y Abel Martín, originalmente concebidos como poetas, que son nombres falsos adoptados por Machado para atribuirles parte de su producción y que desplazaron al poeta modernista y simbolista, sustituyéndolo por un pensador original, hondo y precursor de un género mixto que luego sería imitado por muchos otros autores. Así estos heterónimos se presentan como filósofos populares, herederos de la "lengua hecha" y en defensa de la "lengua hablada" sin artificiosos cultismos. Hay que decir que gran parte de la publicación de Juan de Mairena reúne la colección de ensayos que Machado había publicado en la prensa madrileña y en los que un imaginario profesor y sus alumnos analizan la sociedad, la cultura, el arte, la literatura, la política, la filosofía, planteados con una caprichosa variedad de tonos, desde la aparente frivolidad hasta la máxima gravedad, pasando por figuras como la sentencia, la paradoja, el adagio, la erudición, la introspección, la retórica como arte, la cuchufleta o el más fino y sutil humor.

Para finalizar el repaso de su obra, no es de extrañar que frecuentemente se obvie en el resumen de ella el teatro. Aparte de algunas adaptaciones de clásicos (El condenado por desconfiado, de Tirso o La niña de plata, de Lope), su producción teatral lo fue un punto bohemia de la gran ciudad junto con su hermano Manuel (mucho mejor autor en este campo que Antonio, de igual forma que hay quien sostiene que el mejor poeta de los Machado no fue Antonio, sino José) con quien colaboró en obras hoy conocidas como La lola se va a los puertos, La duquesa de Benamejí, Juan de Mañara, etc.
"...un pueblo húmedo y frío..."
Las ciudades…. ¿Sevilla por nacimiento? Dejémonos de falsas complacencias y de discursos políticos que quieren  interpretar en una estrofa un desaforado amor de Machado por tal o cual ciudad. Si hay una ciudad con merecimientos para ser LA ciudad machadiana, esa es Baeza, que pese a ser definida por el poeta como “poblachón moruno” y como pueblo ”húmedo y frío, destartalado y sombrío entre andaluz y manchego” fue la única de aquellas por las que pasó en captar la trascendencia de su obra y la única capaz de pretender organizar en los años 60, en pleno franquismo (para el que Machado era un poeta maldito como demuestra, entre otras cosas, que en 1941 fuera expulsado «post mortem» del cuerpo de catedráticos de Instituto) un homenaje a su obra que, naturalmente, acabó como el Rosario de la Aurora, con la Guardia Civil destrozando los autobuses en que habían llegado los asistentes y deteniendo a los organizadores que sólo quisieron demostrar que lo que Machado representaba estaba vivo.

El amor de Machado por Soria sólo es la extensión de su amor por Leonor. Sin ella, obviamente, todo hubiera sido diferente, en todos los sentidos. Veamos: Machado, empujado por Giner de los Ríos, se presenta a oposiciones de Francés (que igual podía haber sido de otra materia porque Machado no tiene licenciatura) y, con su mermado currículo, sólo puede aspirar a Soria, Baeza (siempre Baeza) y Mahón. Con la familia en Madrid, elige Soria, y allá aparece con 32 años de edad. Soria, ciudad de 7.000 habitantes, es un coto cerrado donde es difícil aceptar al forastero (que se lo digan a Pio Baroja, apedreado unos años antes por extranjero), y para colmo, si este extraño no oculta su súbito amor por una cría de 13 años (¡13 años, por Dios!, por muy poético que resultara), con la que se casa después de esperar que ella alcanzara la edad legal para hacerlo. Nadie duda hoy de lo sincero del amor mutuo ni de la felicidad y ternura en la pareja, pero para la Soria de entonces, vivieron marcados.  No, no es Soria la ciudad de Machado, aunque sea la ciudad de felicidad con Leonor.Y Machado viene a corroborarlo cuando en carta a Juan Ramón Jiménez desde Baeza contabiliza su época de Soria dentro de los "años del exilio", aunque puda entenderse que se refiera a "exilio" de los flujos culturales de la capital.

Tras Baeza, ¿Segovia? Segovia sí fue buscada porque, para huir de Baeza cursó la carrera de Filosofía y Letras y solicitó traslado a Segovia. En esta época ya era un poeta conocido y se integró en tertulias literarias, participó en la fundación de la Universidad Popular y, la cercanía a Madrid, le hizo retomar alguna vida bohemia de la capital. En estos años cabe citar su misteriosa relación con Guiomar (Pilar de Valderrama, de a la alta burguesía madrileña, casada y madre de tres hijos, autora de algunos libros de poemas), musa del poeta (se insiste en el carácter platónico de su relación aunque sin explicar por qué, de ser así, se mantuvo en secreto con tanto celo por ambos, en Segovia y en Madrid) hasta su marcha a Estoril (Portugal) en vísperas del Alzamiento Nacional. En Segovia vivió el poeta la proclamación de la República del 31, siendo uno de los encargados de izar la bandera tricolor en el balcón del ayuntamiento.
Pero Machado no está
¿Madrid? ¿Rocafort (Valencia)? ¿Barcelona?...  Colliure.

Las tres primeras no son ciudades machadianas pese a formar parte de su itinerario vital, bien porque fueron solo acomodo profesional (el Madrid de la República) o porque simplemente aprovecharon su ahora reconocido prestigio en el camino del exilio. Finalmente, Colliure. Para ver su importancia, acudamos al relato de los hechos:

El 22 de enero de 1939, cuatro días antes de la ocupación de Barcelona por las tropas franquistas, el poeta y su familia salieron de la ciudad en un vehículo de la Dirección de Sanidad conseguido por el doctor Puche; les acompañan algunos amigos y una interminable caravana de cientos de miles de españoles anónimos huyendo de su patria.
Tras una última noche en suelo español, en Viladasens, las cuarenta personas que componían el grupo cubrieron el último tramo hacia el exilio. Apenas a medio kilómetro de la frontera con Francia, tuvieron que abandonar los coches de Sanidad, embotellados en el colapso de la huida. Allí quedaron también sus maletas, al pie de la larga cuesta que hubo que recorrer bajo la lluvia y el frío del atardecer hasta la aduana francesa, que sólo gracias a las gestiones de uno de sus acompañantes, Corpus Barga (que disponía de un permiso de residencia en Francia) pudieron superar. Unos coches les llevaron hasta la estación ferroviaria de Cerbère, donde gracias a las influencias de Xirau (otro del grupo) se les permitió pasar la noche en un vagón estacionado en vía muerta.
A la mañana siguiente, con la ayuda de Navarro Tomás y Corpus Barga, se trasladaron en tren hasta Colliure, donde el grupo encontró albergue en la tarde del día 28 de enero, en el Hotel Bougnol-Quintana. Allí quedaron a la espera de una ayuda que no llegaría a tiempo.
Antonio Machado murió a las tres y media de la tarde del 22 de febrero de 1939, miércoles de ceniza y fue enterrado en el mismo nicho que acogería a su madre, muerta tres días después, nicho cedido por una vecina de Colliure, en el pequeño cementerio de la localidad francesa donde reposan sus restos desde entonces.

Este breve repaso por las ciudades machadianas, que ha de acabar por aquella en la que reposan sus restos, permite distinguir entre Ciudad de Machado (de homenaje a su obra), que ha de ser Baeza, y ciudad última del poeta, que ha de seguir siendo Colliure, lejos de insensateces de exhumaciones, traslados pomposos, discursos vacíos,…ahora que todos quieren que su maltratado cuerpo cambie de lugar de reposo.

El mejor homenaje a Machado en el aniversario de su nacimiento, parafraseando a Muñoz Molina, sería abrir las escuelas a una educación rigurosa, alejada de instrumentalización ideológica o partidista.

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