domingo, 4 de marzo de 2018

El duelo duele. Y mucho.


"Para morir basta un ruidillo,
el de otro corazón al callarse..."
(Vicente Aleixandre – "La destrucción o el amor")

¡Cuánta razón tenía nuestro hoy poco valorado Nobel Aleixandre! Sin darnos cuenta, todos vamos muriendo poco a poco mientras nos esforzamos en hacer ver que vivimos. Y en este proceso, cuyo final conocemos de antemano, no sólo juegan las condiciones físicas y su inevitable deterioro sino, y de forma más lacerante, sobre todo, la progresiva desaparición (por eso que llamamos ley de vida) de los puntos de referencia, particularmente los emocionales, indiferentes a las distancias físicas, de los que, ingenuamente, pensábamos que dispondríamos siempre, y cuya ausencia (repentina o no) se traduce, seamos o no conscientes de ello, en un peldaño que nos vemos obligados a bajar porque es un asidero de nuestra vida que desaparece.

Hace muchos años, una persona conocida, de esos que se identifican como amigo de un amigo, tuvo un gravísimo accidente de coche que le produjo semanas de hospitalización hasta conseguir recuperar una cierta normalidad para poder afrontar los esfuerzos que exige la vida cotidiana. Contaba después el accidentado que, cuando se despertó en la UCI del hospital, un día después del accidente, su primera impresión era que había asistido en esas horas a la proyección de una película en cámara rápida en la que se había repasado toda su vida, remarcando episodios que él consideraba poco importantes o incluso olvidados.
Resultado de imagen de duelo

Pero ese pase de película que citaba esa persona no es privativo de esas ocasiones o similares, y se extiende a casi cualquier situación traumática. Cuando a uno le comunican la noticia de que todo indica que una persona de esas que es referencia de vida ha iniciado el proceso de su marcha de con nosotros, después de los primeros sentimientos de confusión, de ira (¿por qué tiene que pasar ésto?) o de frustración (impotencia por no poder hacer NADA para evitarlo)… una de las emociones que termina por instalarse en cualquiera de nosotros es… la tristeza. Tristeza hacia nosotros mismos, no hacia la persona que inicia su marcha por la evidencia de que en adelante no nos acompañará; tristeza, por tanto, por la llegada de una cierta forma de soledad,del final de un algo compartido.

En ocasiones resulta muy duro tener que aceptar, cuando ésto sucede, que el deterioro físico puede impedir, no ya el acompañamiento en esos momentos delicados del traspaso, sino la simple repetición del abrazo fraterno que otrora, periódicamente, permitía una recarga de energía vital. Es, pues, en esas ocasiones, cuando cobra toda su importancia asistir, quizá dolorosamente, a esa película hecha de recuerdos, vivencias, experiencias difíciles, silencios compartidos,.. e insconcientemente diseñamos un guión para la película en el que cobran protagonismo de quien nos deja pequeños retazos de una vida que ahora calificamos como ejemplar, y pasan ante nuestros ojos las imágenes de una lejana niñez llena de privaciones pero feliz, una adolescencia y juventud marcadas por las renuncias, una vida, en definitiva, que se identifica con el sacrificio por terceros, nunca por beneficio propio, sólo atenuado este sacrificio por el amor volcado en sus hijos (personas maravillosas, por otra parte, a los que supo inculcar su filosofía de vida), y todo ello sin un mal gesto, ni incluso en los momentos más difíciles, transmitiendo a todos una serenidad envidiable. Son retazos, en suma, de los que realmente somos co-partícipes y de los que se guardan recuerdo vivo porque la obligada lejanía física nunca significó alejamiento sino, al contrario, acrecentamiento constante del cariño y respeto, y afortunado redescubrimiento en cada reencuentro: bastaba estar ahí

En estos casos, la tendencia natural es la de considerar que sólo es uno quien siente la intensidad de determinadas emociones y sentimientos, incluso que nadie es capaz de entenderlo, cuando la verdad es que estos sentimientos tienen bastante de universalidad si bien la forma de exteriorizarlos tiene mucho que ver con cómo es cada uno. Para muestra, un botón, en una canción archiconocida compuesta e interpretada por Alberto Cortez en la que, eso sí, hay que hacer abstracción de que el autor se refiere a que la pérdida está encarnada por la pareja amorosa y fijarnos solamente en los sentimientos universales que provoca la ausencia.


Pero ahora, de repente, esa persona no está ahí. Y ha saltado hecho trizas el nexo auténticamente valioso y sólido con un tiempo, unos lugares, unas gentes, unas vivencias,... que fueron parte de un aprendizaje de vida y que ahora, perdido el poder de evocación conjunta como instrumento de crecimiento personal, quedan, como mucho, como una sucesión de postales aisladas, como una pesada carga para uno solo, con sólo el valor de dato estadístico. ¿Qué hacer? Porque la vida sigue, con sus penas y alegrías... Es conocido el dicho popular de que "si has nacido, ya sabes que, antes o después, te toca morir", o sea que la muerte es una faceta natural de la propia vida consustancial con ella y como tal deberíamos tomarla, sin aspavientos y cuidando de priorizar, en el momento del traspaso, el valor que nos aportó la persona que nos deja por encima del dolor que nos causa su marcha. Nadie dice que sea fácil, es más, uno de los aspectos más difíciles de asumir no es, curiosamente, el de la propia muerte en un futuro desconocido, sino el hecho de que, en el tiempo que nos quede de vida, ya no volveremos a tener la compañía/referencia de la persona que marcha. Terreno abonado, en la desesperación, por cierto, para TODAS las religiones, que, vía resurrección, vida eterna, reencarnación, etc., prometen que la ausencia será puntual, y dentro de un tiempo indeterminado se recuperará la feliz y añorada convivencia en el Más Allá.

Dejando a un lado las respetables creencias y sus promesas de vida futura, lo cierto y punzante es que en el presente se ha originado un doloroso vacío que no sabemos bien cómo tratar: ¿focalizando las acciones en la persona que se ha ido? ¿actuar únicamente de cara a quien queda? ¿con una actuación diferente en el círculo común con el finado y en el círculo más amplio con terceros? La pregunta, en todo caso, es si nuestros actos han de ser, efectivamente, selectivos y, para ayudarnos a tomar la decisión correcta (si se puede denominar así en estas circunstancias), podemos acudir a la idea recurrente de imaginar que no se ha producido la pérdida y que esa persona sigue con nosotros observándonos, por lo que no es descabellado proponerse realizar el esfuerzo de actuar en todo momento y ante cualquiera, aunque sólo sea como muestra de respeto a su memoria, de tal forma que se sintiera contenta y orgulllosa de nosotros o, al menos, que no le diéramos a sabiendas motivos para censurarnos.
Imagen relacionada

En unos momentos en los que surgen como hongos los llamados libros de autoayuda, no podían faltar entre ellos cantidad de manuales (?) de cómo afrontar una pérdida o algo parecido, que igual se aplican a un divorcio, a la muerte de una mascota, a la pérdida de un empleo o, por extensión, a casi cualquier circunstancia presuntamente traumática. Sin restarles validez para quien los considere válidos, nos permitiremos reflexionar sobre el tema de la actuación ante la pérdida de un ser querido, no desde la teoría sino desde la óptica de un afectado, con los sentimientos a flor de piel, procurando aplicar la objetividad apuntada en el párrafo anterior, es decir, imaginando que aún nos acompaña, partiendo de la base necesaria de que para manejar esta intensa y a veces desbordante emoción, hay que reconocerla y comprenderla. Y pensar que nuestra actuación tiene fuerte influencia en el entorno: luchemos por que esta influencia sea siempre positiva.

Para entenderos, intentaremos refleionar sobre el periodo inmediatamente posterior a sufrir una pérdida, que se llama época de duelo (seguramente porque duele) emocional, que es un proceso de adaptación que nos permite restablecer el indispensable equilibrio personal que ha quedado alterado por la pérdida. Las consecuencias emocionales están directamente relacionadas con la persona que hemos perdido y también con el modo en el que se ha producido la pérdida, con el tiempo de relación, la intensidad y las circunstancias de esa relación, lo imprevisto de la pérdida… Pero siempre supone un gran dolor, tristeza, desestructuración y desorganización. A pesar del sufrimiento que causa, el duelo emocional es un proceso necesario y ayuda a adaptarse a la pérdida, prepara para vivir sin la presencia física de esa persona, y es fundamental, para conducir correctamente el vínculo afectivo con ella de forma que sea compatible con la realidad presente y posterior. Su duración es muy variable, pero dicen los psicólogos expertos en el tema que los dos primeros años suelen ser los más duros, aunque cada persona tiene su propio ritmo y necesita un tiempo distinto para la adaptación a su nueva situación. Sobre todo no hay que desalentarse y anclarse en el pasado, confiando siempre en que se saldrá adelante.
Resultado de imagen de duelo


No hay que olvidar que, a decir de los expertos, al trago psicológico con su marasmo de sensaciones y emociones, hay que añadir determinados síntomas físicos que conviene conocer para contrarrestar, tales como sensación de estómago vacío, falta de energía, agotamiento, llanto, alteraciones del sueño (tanto insomnio como sueño excesivo), inapetencia, pérdida de peso, opresión en el pecho o palpitaciones y, al parecer, un largo etcétera según cada persona.

Si hemos de hacer caso a la duración de esos dos años de la fase más crítica del duelo estimada por los psicólogos, lo que sería una locura insoportable es pensar que la intensidad de las emociones fuera la misma, lineal, en todo el proceso, por lo que cabe pensar que en él se van sucediendo, llamémosle, etapas, posiblemente solapadas, que conducen al final el estadio de serenidad deseado, seguramente cuando la evocación de los recuerdos de la persona que se ha marchado ya no es un obstáculo emocional sino un apoyo íntimo. En este sentido, vamos a intentar agrupar esa evolución según los sentimientos que van aflorando: en la primera etapa, que suele ser breve (días o incluso horas) domina el desconcierto, el aturdimiento, y funciona como un mecanismo de defensa. Implica un shock de irrealidad y, posiblemente, aparece la sensación de no sentir, de no pensar junto al estrés físico, y las expresiones más frecuentes son del tipo “Esto no puede ser”, “Esto no puede estar pasando”, “Seguro que es un error”. Se niega lo ocurrido como una forma de darnos más tiempo para ir procesando la pérdida aún cuando se haya sido testigo directo del fatídico lance, esperado y temido o, contrariamente, soportando u dolor casi físico si no ha habido oportunidad de acompañamiento y calor en la despedida. Debemos tener en cuenta (válido para todo el proceso, nuestro entender) que si nos "cerramos" emocionalmente en esta etapa y no progresamos mentalmente, nos va a costar mucho aceptar y entender nuestras emociones, así como expresarlas.

Cuando ya somos conscientes del vacío que ha dejado la pérdida nos invade una tristeza profunda y anhelo-búsqueda porque el futuro que nos imaginábamos/imaginamos ya no es posible, buscamos el confort que solíamos tener con la persona que nos ha dejado, e intentamos llenar ese vacío de su ausencia. Aquí seguimos identificándonos con ella, buscando recordatorios constantes y formas de estar más cerca de ella y de su recuerdo. Una vez que nos hemos enfrentado seriamente a la realidad aparecen emociones intensas, como pena, dolor, miedo, ira, culpa y resentimiento. Es natural sentirse frustrado e irascible, con una ira que puede dirigirse hacia uno mismo, hacia los demás (mucho cuidado con involucrar a terceros del entorno o de fuera de él), incluso hacia el ser querido por habernos abandonado. Racionalmente sabemos que no podemos culparla pero emocionalmente estamos enfadados.. al mismo tiempo que nos sentimos culpables por estar enfadados. Es cuando nacen los condicionales: “¿Qué habría pasado si…?” “Debería haberlo hecho mejor cuando…”, “No le cuidé lo suficiente”. Como apuntamos en el paso anterior, también aquí, si nos estancamos, vamos a pasar la vida intentado llenar ese vacío de la pérdida y teniendo en nuestra mente de forma constante a ese ser querido.

El paso siguiente es cuando se toma conciencia de la pérdida (a nuestro juicio es diferente la consciencia del vacío que produce la pérdida de la de la propia pérdida) y aceptamos que todo ha cambiado y no volverá a ser como era o como nosotros imaginábamos, de lo que la pérdida implica en nuestra vida y eso conduce a la desorganización/desesperación con la aparición de síntomas depresivos como la apatía y desinterés, tristeza sostenida, sensación de soledad, fragilidad física y falta de objetivos. Se siente como si la vida nunca va a mejorar o no va a volver a tener sentido sin la presencia del fallecido, con el riesgo de alejar a los demás de nosotros si no controlamos estas actitudes; si no superamos esta etapa continuaremos consumidos en la tristeza, la depresión, y nuestra actitud ante la vida va a ser negativa y sin esperanza.
Resultado de imagen de duelo


Sin abandonar, sin embargo, el dolor y sin caer en el olvido consciente del ser querido, sino manteniendo (y controlando) siempre un recuerdo emocionado, llega el momento en que la fe en la vida comienza a recuperarse, se acepta plenamente la realidad de la pérdida, pero reaparece la esperanza y la adaptación a la nueva realidad, nuevos objetivos, nuevas relaciones. Poco a poco te empiezas a reconstruir y te das cuenta de que la vida puede (y debe, como a ella le gustaría) ser positiva después de la pérdida. Se reestablece la confianza lentamente; en esta etapa, el duelo no se ha ido del todo, pero la pérdida retrocede a una parte más reservada de la mente, donde continua influyéndonos pero no está en la primera línea.

Por supuesto, no somos expertos y no pretendemos convertir estas reflexiones en etapas lineales ni universales a observar. Cada persona lleva su propio proceso de duelo, que puede ser diferente al de los demás y es posible que no pasemos por todas las etapas descritas, que retrocedamos en alguna porque puede admitirse que parecen  fases comunes, pero en ningún caso son “obligadas”. De hecho, el duelo real se parece más a una montaña rusa de emociones que a una lista de etapas ordenadas.

El gran poeta granadino Antonio Carvajal, Premio de la Crítica de la Junta de Andalucía y Premio Nacional de Poesía en 2012, escribió un hermoso soneto, nada triste ni sombrío, inédito, a la muerte de la madre de un amigo común, el mismo que me lo dio a conocer emocionado. Estoy seguro de que nadie pondrá ningún inconveniente en que lo reproduzca aquí en esta ocasión. Dice así:

Del fondo gris del horizonte brota
penúltimo un carmín algo subido
como de un pensamiento malherido
surge una pena viva, mas remota.


No falta nada: el barco, la gaviota,
el paseo recién encandecido,
el rumor de las olas, el crecido
candor de ese lucero – leve nota


en el acorde pleno de la tarde -.
No falta nada. En la memoria arde
el amor bien cumplido y su certeza.


Y el agua, siempre nueva aunque mirada
siempre, le dice al alma enamorada
que mire y busque siempre su belleza.



Lacrimosa dies illa
Qua resurget ex favilla
Judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus:
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem. Amen.

martes, 20 de febrero de 2018

Los talentos ocultos

Una buena amiga y excelente profesional en su campo de la Sanidad me comenta que ha tenido la oportunidad de visitar (y lo ha hecho, claro) la Torre1 de l'Àngel, pequeño tesoro de nuestro patrimonio arquitectónico escondido.

La casa, de propiedad privada, habitada y, por tanto, no abierta al público, se encuentra en el término municipal de Matadepera, cerca de Terrassa (Barcelona), en un cruce de la carretera dirección a Mura (por si alguien se decide a ir para verla por fuera). Arquitectónicamente destaca en ella el uso irregular de la piedra en la fachada para darle un toque rústico al edificio, los arcos parabólicos que conforman la galería lateral, que también se utilizan en las oberturas principales, los atractivos vitrales en alguno de los arcos así como el uso del trencadís2 en la decoración del remate del coronamiento frontal. 
Resultado de imagen de torre del angel matadepera

 
Todos estos elementos son característicos de la arquitectura del genial Antoni Gaudí (ya sabéis, el de la Basílica de la Sagrada Familia, aún en construcción) y, en principio cabría suponer que el diseño de la Torre de l'Àngel corrió a cargo de Gaudí o de alguno de sus discípulos. Pues no; el arquitecto fue Lluís Muncunill3, (del que, casualmente, esta semana se cumplen los 150 años de su nacimiento) prácticamente contemporáneo de Gaudí e influenciado por él (y, según declaró él mismo, también por Lluís Domènech i Montaner, otro gran arquitecto modernista).

Este amigable debate suscitado en torno a la autoría de la casa de marras, nos conduce a la reflexión acerca de la tendencia a priorizar a los primeros de prácticamente cualquier disciplina o actividad y a olvidar a los "segundones" aunque, en muchos casos, seamos conscientes del gran valor de esos "segundones" y estemos convencidos de que no coincidir con su número uno, éste lo serían ellos; esto es especialmente visible, por ejemplo, en los deportes de competición, en los que (preferencias personales muy respetables aparte, por supuesto) Nadal sería número 1 indiscutible... si no hubiera coincidido con Federer, o Pedrosa con Márquez, o Cristiano con Messi, o Poulidor con Merck, etc., cosa que no es por supuesto, privativa del deporte: ahí está, sin ir más lejos, un Salieri totalmante eclipsado por un contemporáneo, aunque más joven, Mozart.
Resultado de imagen de mozart salieri
Mozart y Salieri
Pero el caso de la Torre de l'Àngel proporciona el matiz de que se puede decir que, tras la figura emblemática representativa (Gaudí aquí), no nos atrevemos a poner a nadie, ya que, pongamos a quien pongamos, siempre quedará a la sombra del primero y le hurtaremos, aunque sea de forma inconsciente, su luz propia, paso previo a la caída en el olvido.
Un ejemplo de que esto es así lo encontramos, siguiendo con el deporte, en el atletismo: desde que en 2008 el atleta jamaicano Usain Bolt empezó a destrozar los tiempos en los que se corren las distancias cortas, de 100 y 200 metros en pista, y marcando nuevos records para la historia, ¿cuántos de vosotros sabría decir sin dudar el nombre de los que le acompañaron en los podios? Y no estamos hablando de "don nadies" en su especialidad, ni mucho menos; pensemos que si el record de Bolt para los 100 metros es de 9,58 segundos, otros dos atletas acreditan una marca inferior a los 9,70 segundos y una veintena de corredores lo hacen en menos de 10 segundos, que, en cualquier caso, no es moco de pavo... pero está Usain Bolt para eclipsarlos totalmente.

Algo así pasa con los movimientos culturales como el conocido como Modernismo (con diferentes nombres, según el país de que se trate: Art Nouveau, Jugendstil, Sezession, Modern Style, Nieuwe Kunst,... ) y su  arquitectura, del que sería un error pensar que, en España, sólo se dió en Catalunya; para desmentirlo, basta echar un vistazo a las valiosas muestras de edificios de la época/estilo que se conservan en León, Astorga, Comillas, Cartagena, Alcoi, Palma de Mallorca, etc., incluso Ceuta y Melilla (curiosamente, no en Madrid, que se ve que, tradicionalmente, siempre ha estado por otras cosas). En la arquitectura modernista cuyas figuras en Catalunya que son, sobre todo, Domenech i Montaner, Puig i Cadafalch, Sagnier, Rubió i Bellver, Muncunill i Parellada, etc., lo son porque su estilo no se parece al de Gaudí, de forma que todos los que colaboraban al mismo nivel profesional con el genio han pasado directamente al olvido o son considerados, en el mejor de los casos, como discípulos.

Veamos, para acabar, una situación sintomática de esta particularidad.

Josep Maria Jujol i Gibert (1879 – 1949), arquitecto y estrecho colaborador de Antoni Gaudí, fue creador de una obra arquitectónica con un marcado carácter personal en la que son características una gran sensibilidad por las formas de la naturaleza, el interés por el detalle artesanal y la reutilización creativa de materiales viejos o de desecho, que lleva a su máxima expresión con una técnica a la que se le ha denominado trencadís (original de él, no de Gaudí). Con Antoni Gaudí puede decirse que más que un discípulo más llegó a ser su colaborador personal y de confianza (compartieron incluso vivienda en las obras de la Sagrada Familia).
La arquitectura de Jujol es modesta tanto por la cantidad como por el presupuesto y magnitud de los encargos. Pero esto hace más destacable el contraste entre la relativa precariedad de sus trabajos y lo que tiene de desbordante su arquitectura contemporánea. Su obra auna disciplinas tradicionalmente separadas: arquitectura, escultura, pintura en una obra de carácter total, como se puede observar, entre otras obras, en la Fuente conmemorativa de la exposición de 1929 de la Plaza de España, de Barcelona, construida al alimón con el escultor Miquel Blay.
Dentro de su colaboración con Gaudí podemos destacar las obras de la Casa Batlló, la Casa Milà (la Pedrera), el Parc Güell o la mismísima Basílica de la Sagrada Familia, todas ellas de Barcelona, la reforma de la Catedral de Palma de Mallorca, etc., y dentro de su obra propia los numerosos edificios proyectados y construídos en Barcelona, Sant Joan Despí (Barcelona), Tarragona, Els Pallaressos, La Secuita (ambos en Tarragona), etc.
La otra Sagrada Família
El Santuario rodeado de las viñas de la comarca
Mención especial merece una obra suya que podríamos calificar, sin miedo a equivocarnos, como una muestra de "arquitectura modernista de final del siglo XX": el Santuari de la Mare de Déu de Montserrat (Santuario de Nuestra Señora de Montserrat) de Montferri (Tarragona).
El santuario fue proyectado, inspirado su perfil en el de las montañas del Macizo de Montserrat, cercano a una cueva en la que también se veneraba a la Mare de Déu de Montserrat , y comenzado a construir entre los años 1926-1928 en un promontorio cercano al pueblo, en unos terrenos cedidos por la familia Vives, viticultores, uno de cuyos miembros, jesuita, había sido el promotor de la obra. Se suele decir que el santuario no se terminó a causa de la guerra (in)civil pero la verdad es que quedó a medias por falta de recursos económicos, pese a que los materiales empleados eran sencillos y la mano de obra era básicamente obtenida por prestación personal de los vecinos del pueblo. En 1930 se detuvieron las obras y después, por causa de la guerra, eso sí, ya no se reanudaron. Se cuenta que Jujol aún hizo un viaje durante la posguerra para inspeccionar el estado del santuario, pero se desanimó totalmente al verlo abandonado.

En 1987 se iniciaron obras de restauración, “reinterpretación” y consolidación bajo la dirección del arquitecto Joan Bassegoda Nonell, reconocido estudioso de la obra gaudiniana, obras que finalizaron en 1999, año en el que se inauguró y se dedicó al culto. Hay que decir que la decisión de continuar la obra despertó las críticas de un sector de arquitectos, y se originó un debate similar al que suscitó la continuación de la obra magna de Gaudí en Barcelona, la Basílica de la Sagrada Familia.

Lo que parece claro es qué solo cuando se producen hechos inesperados se dan las condiciones para que alguien que ha permanecido eclipsado pueda salir a la luz. Con Jujol/Gaudí, la idea del primero más la casualidad de la continuación de la obra más de medio siglo después de su paralización pusieron en marcha la realización definitiva de un proyecto que hoy parecería más bien una broma o una utopía. El tiempo ha reivindicado la figura de Jujol, durante muchos años poco valorada, y a quien se llegó a considerar sólo un gran decorador dentro de la obra arquitectónica de Gaudí cuando hoy se sabe que en él destacaban su ingenio, imaginación y extraordinaria habilidad en la ejecución de la forma y del color, llegando a superar a Gaudí en el ámbito de la ornamentación, al usar con imaginación metales, yesos y pinturas. 
Ermita de Montserrat del arquitecto Jujol a Montferri ,Tarragona
Interior "gaudiniano" del Santuario

------------------------------
 
1El término torre, además de su significado coincidente con el castellano, de construcción fortificada, más alta que ancha, que en las iglesias sirve para colocar las campanas, y en las casas para esparcimiento de la vista y para adorno y, en general, a un edificio de mucha más altura que superficie, en Catalunya también puede referirse, como en este caso, a una casa unifamiliar de más de una planta y con jardín o a una casa de labor, con finca agrícola y ganadera.

2El trencadís es un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos —básicamente azulejos— unidos con argamasa; muy habitual y característico en la arquitectura modernista catalana.

3Lluís Muncunill i Parellada (1868 - 1931), fue un arquitecto modernista que desempeñó su trabajo, sobre todo, en la ciudad de Terrassa, de la que fue durante un tiempo arquitecto municipal, durante 40 años, dejando en ella numerosos e impresionantes edificios de todo tipo: públicos, religiosos, industriales y residenciales, muchos de los cuales aún se conservan y forman parte del catálogo arquitectónico municipal.

viernes, 9 de febrero de 2018

La amistad, la política... y la Filosofía

"Que nadie, por ser joven, no deje para más adelante la aspiración a la sabiduría, y que nadie, por ser viejo, no se canse de aspirar a ella: para ocuparse de la salud del espíritu no es nunca demasiado tarde ni demasiado pronto. decir que aún no es hora de aspirar a la sabiduría, o que la hora ya ha pasado, es como decir que aún no ha venido, o que ya ha huido, la hora de ser feliz.
....
El sentido común es el principio y el mayor bien de todo. Por eso resulta más precioso incluso que la aspiración a la sabiduría: es de él que nacen todas las demás virtudes, desde el momento que nos enseña que no hay vida feliz si no se vive con sensatez, con honestidad y con justicia ... "
Resultado de imagen de zafarrancho de limpieza libros

De vez en cuando, las circunstancias nos recuerdan la inmutabilidad de las Leyes de la Física (a diferencia de las leyes humanas relativas a todos los aspectos de la convivencia, que no son solo mutables, revisables y a veces veleidosas pese a lo que digan ciertos políticos -?- sino, frecuentemente, ruines instrumentos partidistas de manipulación), como la circunstancia personal actual al avisar que las paredes de las casas no son elásticas y que pese a que pueda ser verídico eso tan repetido de que la Cultura no ocupa lugar (El saber, también se dice), lo que resulta evidente es que los diversos soportes físicos que albergan esa cultura, sí que lo ocupa ¡vaya si lo ocupa!

Cuando "se reciben" esos avisos de leyes de la física al límite, es recomendable (aunque duro y difícil) organizar un zafarrancho en el que, seguramente sin llegar a quemar los libros, como hacía el Pepe Carvalho, en las novelas de Manuel Vázquez Montalbán, sí que se impone un compromiso personal serio de revisar en profundidad de qué se puede prescindir y, en su caso, a quién se puede regalar para hacer un hueco... hasta el siguiente zafarrancho.

La parte positiva de estos incómodos zafarranchos es que, casi siempre, permiten también redescubrir lecturas ya olvidadas que, curiosamente, pueden estar de rabiosa actualidad (cuando pasa esto, no nos engañemos, el libro "es indultado" y vuelve a su lugar en la estantería).

Es lo que ha pasado en esta ocasión al tener la ocasión de releer la olvidada Carta a Meneceo, de Epicuro, de lo poquito que nos ha llegado de lo que se sabe que fue su extensa obra, de contenido fundamentalmente ético y de la que hemos utilizado unos fragmentos para iniciar esta entrada.

Un ejercicio mental instintivo en alguna de estas relecturas es intentar calibrar por qué pensamientos expresados hace más de veinte siglos, con lo que ha llovido desde entonces, son aplicables en la sociedad de hoy, a veces sin cambiar ni una coma.

Apoyémonos, si os parece, en el redescubierto Epicuro para reflexionar sobre ello. 
 
Sin entrar al detalle en su biografía, sí que recordaremos que Epicuro (341 a,C.-270 a.C.) nació en la isla griega de Samos y marchó con 18 años a Atenas, donde desarrolló toda su obra y donde murió. Pese a ser uno de los filósofos capitales de la antigua Grecia, la posteridad lo convierte, sin duda, en el más maltratado, objeto de escándalo y escarnio, por su negación de la inmortalidad, tanto del alma como de la providencia divina, sus ataques a la religión y al Estado, su "feminismo" avant la lettre y su combativa defensa de la libertad del individuo.

Confirmando de alguna manera la hipótesis que apuntábamos en una reciente entrada de este blog, en el sentido de que no hay nada eterno, es curioso comprobar que coincidiendo con la llegada de Epicuro a Atenas tiene lugar la muerte de Aristóteles, y eso representa, además de la desaparición física del filósofo, el principio del fin de la hegemonía de su doctrina clásica hasta el punto de que, visto desde hoy, en el período helenístico surgen con gran fuerza tres escuelas de filosofía: la epicúrea, la estoica y la escéptica, entre las que hay más coincidencias de lo que en general se cree ya que, ciertamente, el hilo conductor que las une radica en el afán por asegurar al hombre la serenidad y tranquilidad de ánimo, difíciles de conseguir en un mundo tan sumamente complejo y turbulento , tanto entonces como ahora. Dejando a un lado el estoicismo y la doctrina escéptica, la epicúrea preconiza que el objetivo de la sabiduría es suprimir los obstáculos que se oponen a la felicidad. Ello no significa, sin embargo, la búsqueda del goce desenfrenado, sino, por el contrario, la de una vida mesurada en la que el espíritu pueda disfrutar de la amistad y del cultivo del saber. Su escuela ateniense, que recibió el nombre de Jardín, se hizo famosa por el cultivo de la amistad y por estar abierto a la participación de las mujeres... y de los esclavos, en contraste con lo habitual en la Academia fundada por Platón y en el Liceo de Aristóteles.
Resultado de imagen de epicuro
Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de su original griego.
La filosofía de Epicuro puede ser claramente dividida en tres partes, la Canónica (no en la acepción religiosa del significado de la palabra, sino al referido a canon, regla o precepto), que se ocupa de los criterios por los cuales llegamos a distinguir lo verdadero de lo falso, la Física, el estudio de la naturaleza, y la Ética, que supone la culminación del sistema y a la cual se subordinan las dos primeras partes.

Fijémonos en esta última. La ética es la culminación del sistema filosófico de Epicuro: la filosofía como el modo de lograr la felicidad, basada en la autonomía personal y en la tranquilidad del ánimo o ataraxia. En la medida en la que la felicidad es el objetivo de todo ser humano, la filosofía es una actividad que cualquier persona, independientemente de sus características (edad, condición social, etc.) puede y debe realizar.

Y, como en un libro actual de autoayuda, se encuentran consejos-guía como son el exponer, por un lado, todo aquello que su filosofía pretende evitar, que es, en definitiva, el miedo en sus diversos modos y maneras, y por otro lado, aquello que se persigue por considerarse bueno y valioso.:

Lo que se debe evitar.- La lucha contra las diversos miedos que atenazan y paralizan al ser humano es parte fundamental de la filosofía de Epicuro; no en vano, ésta ha sido designada como el "tetrafármaco" o medicina contra los cuatro miedos más generales y significativos: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien:

1) El miedo a los dioses. Es absurdo, nos dice Epicuro, pues éstos en nada intervienen en los asuntos humanos y no se mueven por la ira ni la cólera ni tantos otros sentimientos que comúnmente se les atribuyen. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues viven en armonía mutua manteniendo entre ellos relaciones de amistad. Si bien Epicuro no era ateo, entendía que los dioses eran seres demasiado alejados de nosotros, los humanos, y no se preocupaban por nuestras vicisitudes, por lo que no tenía sentido temerles. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues según el filósofo viven en armonía mutua, manteniendo entre ellos relaciones de amistad.

Es famosa, en este capítulo, la conocida como Paradoja de Epicuro, que dice así:
¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

2) El miedo a la muerte. Es igualmente absurdo e irracional. Es un temor que se produce por dos motivos: o bien la imaginación nos lleva a pensar que existen cosas terribles tras la muerte o bien es fruto de la consideración de que yo, como individuo, voy a dejar de existir para siempre. Ambas pensamientos, sin embargo, son infundados. Por un lado Epicuro es un materialista, y lo único a lo que le concede una vida eterna es a los mismos átomos, pero no al producto formado por las combinaciones entre ellos.

Por otro lado la muerte no es un mal. Siendo como es la pérdida de la capacidad de sentir, Epicuro afirma:Todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad. La muerte no es nada para nosotros. Cuando se presenta nosotros ya no somos". No siendo un mal en el momento en el que se presenta, menos daño puede hacer mientras estamos vivos y sólo la presentimos. En ese caso es el temor y la angustia que produce la fuente del sufrimiento, y no la muerte. Deberá ser el razonamiento el que nos muestre lo infundado de tal temor. La actitud del sabio es la de vivir razonablemente en lugar de desperdiciar el tiempo que tenemos anhelando un tiempo de vida infinita que nunca lograremos alcanzar: "El recto conocimiento de que la muerte nada es para nosotros, hace dichosa la mortalidad de la vida, no porque añada un tiempo infinito, sino porque elimina el ansia de inmortalidad. Nada temible, en efecto, hay en el vivir para quien ha comprendido que nada temible hay en el no vivir."

3) El miedo al dolor. es otro de los objetos de ataque de Epicuro. Se trata de un miedo infundado ya que todo dolor es en realidad fácilmente soportable. Mantiene que si se trata de un dolor intenso, su duración será breve sin duda, mientras que si el dolor es prolongado, su intensidad será leve y podrá ser fácilmente sobrellevado.

4) El miedo al fracaso. en la búsqueda del bien y de la felicidad en la vida está relacionado con el ideal de autonomía del sabio epicúreo. Quien considera que la felicidad depende de factores externos equivoca su juicio y se somete a cosas que están fuera de su control, como la opinión de los demás, las recompensas externas, etc. Por el contrario, gozando de la autonomía propia del sabio, es posible para cada uno lograr un estado de ánimo equilibrado y gozoso con muy pocos medios (no debe olvidarse que la mayoría de las filosofías helenísticas surgen como respuesta a un mundo en continuo cambio y conflicto y pretenden proporcionar al individuo la coherencia e independencia que la polis clásica había perdido).

5) Por último, carece también de sentido temer al futuro, puesto que“el futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.

Lo que se debe perseguir.- Con respecto a aquello que la filosofía de Epicuro considera bueno y valioso no puede ensalzarse lo suficiente el placer y la amistad.

a) En la búsqueda de la felicidad es necesario distinguir aquellos deseos que son naturales y necesarios (como el placer de calmar el hambre o la sed), de aquellos que son naturales y no necesarios (como el placer de seguir comiendo y bebiendo aunque el hambre y la sed hayan sido satisfechos), y también de aquellos que no son ni naturales ni necesarios (como el placer de obtener glorias, honor, etc.). Epicuro siempre sostuvo la importancia de distinguir entre los placeres aquellos que eran verdaderamente beneficiosos de aquellos que podían generar una dependencia y que terminaban por causar insatisfacción, bien porque fuesen irrealizables o bien porque eliminaban la autonomía del individuo. "Reboso de placer en el cuerpo cuando dispongo de pan y agua, y escupo sobre los placeres de la abundancia, no por sí mismos, sino por las molestias que los acompañan."

2. Finalmente Epicuro exalta la amistad entre los seres humanos como una de las mayores virtudes y uno de los mejores placeres de los que se puede gozar. La amistad proporciona un apoyo en un mundo hostil y extraño. Es una ayuda no tanto por lo que los amigos hagan efectivamente por uno, como por el hecho de saber que podamos contar con ellos, en caso de ser necesario. Fue la amistad lo que llevó a Epicuro a fundar su propia escuela entendida como un lugar de encuentro, de disfrute, de diálogo y de estudio así como de recuerdo gozoso de los amigos que ya han desaparecido.

3. La clave del modo de vida epicúreo, de tener que ser resumida en tres palabras, vendría a ser: gozar, saber y compartir. Esos tres factores, como nos muestran las palabras de Epicuro, están íntimamente relacionados: Gozar el placer de estar vivo, saber discernir lo que es verdaderamente valioso, y compartir en la amistad tanto la vida como el conocimiento. "De todos los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de una vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad."
Resultado de imagen de friendship

En unos tiempos convulsos en los que una caterva de insensatos pregonan (y muchos, lamentablemente, los creen) la falacia de que, por ejemplo, unas diferentes ideas políticas pueden lanzar al traste una relación de amistad, quizá no esté de más recordar la filosofía de Epicuro cuando dice que la amistad está por encima de las leyes y hay un pacto entre los sabios (relacionando siempre los sentimientos con la cultura, con el saber), que aman a sus amigos como a sí mismos. La mayoría de los hombres, al no alcanzar la sabiduría, necesita las leyes, pero el epicureísmo afirma que la amistad es la garantía contra la inseguridad, sostiene que si la amistad contribuyese como la Física a disipar los temores, estaría asentada en la naturaleza misma. Algunos filósofos intentan dar una explicación de la amistad afirmando que los átomos de los amigos, si son similares, se intercambian entre sí, pero todo esto resulta muy extraño puesto que seguimos siendo amigos a pesar de la distancia y sin poder explicar la posibilidad de los intercambios. El amigo llega a ser una especie de alter ego y, como decía Cicerón, «el amigo llega a ser lo mejor de mí mismo. Su mirada salvaguarda la imparcialidad cuando la pasión tiende a cegarme ... es un bien inmortal». Conviene diferenciar, no obstante, entre el plano estrictamente jurídico-social, que debe ser suficiente para la salvaguarda frente a terceros, y el plano de la familia o el entorno más próximo de la comunidad, que no se basa en el pacto. Ahí es donde se instala con valor de norma la amistad. Según Lucrecio1, en el supuesto origen y evolución de la humanidad, la amistad ocupó el primer plano, ya que «vecinos unos de otros, empezaron a unirse en amistad, deseosos de no sufrir ni hacerse mutuamente violencias; y entre sí se encomendaron a sus niños y mujeres, indicando torpemente con sus voces y gestos ser de justicia que todos se apiadaran de los débiles. Así y todo no podía ser general la concordia; pero una buena parte de ellos observaban los pactos con escrúpulo; si no, ya entonces el género humano hubiera perecido ... ». La amistad es el vínculo que une a todos los hombres, aunque sólo Epicuro «transciende, en un sentido, la civilización en la que nació». Una nación bárbara, según Lucrecio, no hubiera podido engendrar al creador de una nueva técnica que permite a los hombre alcanzar, mediante el placer, la felicidad, una vez alejado el temor a la muerte y a los dioses, que no intervienen para nada en la historia social y tecnológica de los hombres.

Como corolario final, una reflexión/pregunta última, sobre la que no estaría mal tener respuesta: ¿De verdad alguien, máxime si ostenta la responsabilidad de Ministro de EDUCACIÓN, se puede plantear en serio eliminar la asignatura de Filosofía ("Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano" según el DRAE) de los planes de enseñanza?

----------------------------
1Tito Lucrecio Caro (99 a. C.- 55 a. C.) fue un poeta y filósofo romano, autor de un único texto que se conozca: el poema didáctico De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), defensor de la filosofía de Epicuro.

domingo, 4 de febrero de 2018

¿Cuándo es el cumpleaños de Chris Spheeris?

Un día de este 2018 (no se sabe cuál, o sea, que podría ser hoy), el mismo cada año, cumple años (no se sabe cuántos) el músico estadounidense de origen griego Chris Spheeris, poco conocido por su nombre entre nosotros. Confieso que yo tampoco lo conocía hasta que (eso sí, hace años) una persona muy querida me sugirió que lo escuchara atentamente.

Sorprende que en una época como la que vivimos, en la que a cualquiera que berrea algo que nos dicen que es una canción se le dedican páginas y páginas de papel couché y del que sabemos hasta el postre que tomó en el restaurante del aeropuerto el día (hace 5 años) que se retrasó el vuelo en el que volvía a España de una estancia en la Riviera Maya (acreditada con profusión de fotos en sus playas) en la que estuvo acompañado de la que entonces era su sexta pareja "fija"; sorprende, digo, encontrar personajes públicos (por su profesión) como Spheeris tan celosos de su vida privada, hasta el punto de que no se divulguen datos como su fecha de nacimiento.

¿Y quién es este Spheeris? 
Resultado de imagen de chris spheeris

Pues no es un don nadie. Empezó a componer para guitarra en su adolescencia y actualmente cuenta con más de veinte discos publicados, dentro de los que hay obras calificadas como auténticas joyas de la New Age Music por los expertos, ha puesto música también a películas y a varias series de televisión americanas, ha editado trabajos en colaboración con Paul Vouduris (músico nacido en Trípoli, Libia, hijo de refugiados griegos llegados de Turquía)) o Vangelis (nacido como Evangelos Odysseas Papathanassiou en Volos, Grecia), y un largo etcétera. Todo un síntoma, por cierto, en la era Trump y de la deprimente insensibilidad de la rica UE, estos orígenes de excelentes músicos y la influencia que eso ha tenido en una música cálida, melódica, esencialmente mediterránea.

Su estilo es muy característico, reconocible con facilidad. Spheeris alterna temas de melodías directas de instrumentos de sonidos muy definidos como el piano o la guitarra (en temas como Lovers and Friends, Andalu) con instantes mucho más suaves, dulces, donde los teclados envolventes y deliciosos forman preciosas atmósferas de paz y armonía (Stars, Remember Me…). Otras veces se mueve entre la frontera de ambas tendencias, como el relajante Field of Tears, dirigido por un oboe brillante y secundado por teclados y guitarras.

Se puede casi afirmar que todos los temas son perfectos, admirables, de inusitada expresividad. Basta una escucha para que enamore y conmueva profundamente. La música de Spheeris forma parte de las pocas composiciones, se encuadren o no en la New Age, que son uno de los mejores reflejos de lo lejos que puede llegar la sensibilidad del ser humano, prodigiosas, sublimes, de una elegancia infinita, un trabajo precioso de principio a fin que debería trascender las fronteras de los géneros para llegar a los corazones de cualquiera con un mínimo interés en el verdadero conocimiento.

Pues eso, feliz cumpleaños, Chris Spheeris, sea cuando sea.


martes, 30 de enero de 2018

Utilidad -o no- de la Historia.

Tengo un amigo historiador, con el que, por cierto, no nos podemos ver con la frecuencia que a ambos nos gustaría, y pese a que tenemos fuertes discrepancias en muchos aspectos, estas divergencias de opinión no influyen en absoluto en nuestra consolidada relación de amistad, basada en el respeto y el afecto, pese a lo que pregonan algunos politicastros, a los que el calificativo más suave que los define es el de "espernible", que pregonan que el manifestar ideas diferentes a las suyas es augurio de división, enfrentamiento, ataque a la convivencia, caos y no sé cuántas catástrofes más anticipando un seguro apocalipsis, todo ello por conseguir unos votos basados en sentimientos manipulados (lo triste es que hay multitud de personas bienintencionadas que los creen y les votan, pero eso es otra historia).

En nuestras charlas distinguimos la figura del historiador, profesional que estudia y analiza desde todos los puntos de vista posibles, incluyendo su relación/influencia con otros, los llamados hechos históricos en su realidad, alejada de la utilización política de los mismos, del concepto historia, mucho más sutil y sibilino. En este blog hemos mantenido la idea (ver sobre todo las entradas del 08/05/16 y siguientes) de que lo que nos imbuyen como historia, particularmente la referida a un país o territorio, es, simplemente, la narración, más o menos novelada, de unos hechos (con gran relevancia de las victorias bélicas en la narración) de tal manera que justifican la situación socio/política del presente. Por eso resulta pernicioso lo que suelen hacer muchas instancias cuando surge el tema, como es el relacionar/supeditar el futuro de las personas, e incluso de las comunidades, al pasado de los Estados, en particular si lo único que se resalta de ese pasado son las victorias bélicas (en las que, lógicamente, no se sabe en general si los antepasados de quien hoy dilucida su futuro fueron del bando de los vencedores o de los acallados) y no otros aspectos.

Lo que resultaría ridículo y una clara muestra de ignorancia si no fuera tan dramático en su demostración de inmovilismo arrogante es ese empeño, hasta de las más altas esferas políticas, en pretender que todo cambio es malo e implanteable porque la Historia nos dice hasta hoy que las cosas están como están.¿Seguro que, por eso, no pueden cambiar, en su caso, a mejor?
Resultado de imagen de miedo al cambio

Como nos dicen los psicólogos, la metatesiofobia, término académico con el que se denomina el miedo al cambio, es algo muy común en la sociedad actual ya que desde que somos pequeños nos inculcan que nuestros objetivos en la vida deben ser, por ejemplo, buscar una pareja estable, un trabajo estable y tener un hogar (domicilio) estable dentro de una zona geográfica determinada, con unos límites definidos a la que llaman NUESTRO país con una organización y una forma social que también nos inculcan como nuestras. Nos han hecho creer que la felicidad y esa estabilidad que, a la postre, pretenden que se convierta en nuestra indiscutible y natural zona de confort, van de la mano. Sin embargo, cada vez es más evidente que los seres humanos necesitamos adaptarnos a los cambios. Sin ir más lejos, hasta hace bien poco en términos de tiempo históricos nuestra especie era nómada y se veía obligada a gestionar su día a día en función de las condiciones y los recursos que tuviesen en cada momento y en cada lugar. Es más, el cambio es inevitable en nuestras vidas. Estemos conscientes o no, queramos aceptarlo o no, las cosas y la gente cambian, si bien la sociedad y la tradición ejercen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, lo que se traduce en que, cualquier cambio nos exige modificar nuestra conducta o forma de pensar ante una nueva situación porque nuestra forma "normal" de reaccionar (a la que estamos acostumbrados) ya no nos es útil, y no, como recuerdan los psicólogos, cuando tendemos a ridiculizar e incluso oponernos fieramente a procesos orientados a cambiar nuestra mentalidad, es decir, al sistema de creencias con el que hemos creado nuestro, posiblemente, falso concepto de identidad..Al obedecer las directrices determinadas por la mayoría, hacemos todo lo posible para no salirnos del camino trillado, rechazando sistemáticamente ideas nuevas, diferentes y desconocidas. No nos gusta cambiar porque a menudo lo solemos asociar con la frustración y la vergüenza que conlleva sentir que nos hemos equivocado. O peor aún: que hemos fracasado. De ahí las tan pronunciadas sentencias: “¡Yo soy así, tengo la razón (o el poder) y no pienso cambiar!” “¡Los que tienen que cambiar son los demás!.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de cambio al que tememos? y ¿qué tiene que ver con la Historia?

Partamos de la premisa, cuando hablamos de los seres vivos, de que admitimos que nacen, crecen, se reproducen (o no) y mueren, es decir, que registran un cambio constante, como ya dedujo el filósofo griego Heráclito hace veinticinco siglos. Pero ¿estas características sólo pueden atribuirse a los seres vivos? Pues parece que no, que realmente pueden aplicarse sin menoscabo a todos los aspectos relacionados con el hecho de vivir: culturas, lenguas, leyes, países, religiones, etc. El conocido sociólogo y politólogo Wallerstein1 lo define asi: "El cambio es eterno. Nada cambia jamás. Los dos tópicos son "ciertos". Las estructuras son los arrecifes de coral de las relaciones humanas, que tienen una existencia estable durante un período relativamente largo de tiempo. Pero las estructuras también nacen, se desarrollan y mueren".
Resultado de imagen de sociedad viva

En efecto, simplemente mirando atrás en el tiempo, podemos corroborar que esto es cierto, y que lo que hacen algunos de apelar a la Historia para justificar su inmovilismo arrogante, por ejemplo al mantener que a las leyes actuales (sean las que sean) se las ha de considerar eternas, es un error teñido de ignorancia, porque, precisamente la Historia nos enseña que los cambios son constantes y afectan a conceptos tan sagrados e inamovibles como lengua, territorio, religión y todos en general.

Miremos algunos para comprobarlo: sin entrar (hoy no toca) en algunos de los motivos de su desaparición, nadie duda que muchas lenguas y culturas otrora florecientes ya han muerto, en algunos casos tras un crecimiento previo importante. Si nos fijamos en los países/territorios, basta echarle un vistazo a un atlas de hace sólo cincuenta años para advertir los cambios (pausados o rápidos, civilizados o traumáticos) habidos en el mapa político de nuestro mundo. Por cierto, ya que hemos citado a Wallerstein, quizá no esté de más volverlo a recordar en este punto, ya que sostiene que el Estado-Nación es un concepto del pasado, pese a que algunas elites crean que,en función de este concepto, tienen el poder casi por derecho divino. Respecto a nuestra Europa, opina que nos encontramos en un interregno como el que hubo entre la Edad Media y el Renacimiento; puede durar 50, 70 años, hasta que seamos capaces de ver qué es pasado y futuro en nuestro presente.

La Ley.... ¿qué decir cuando el Poder no es capaz de ver, a su conveniencia, que no hay ninguna ley que sea eterna? Si se informaran un poco en esa Historia en la que se escudan, verían que a lo largo del tiempo todas las leyes evolucionan de acuerdo con la cambiante realidad social (y malo cuando no cambian como la sharia islámica, a la que ellos son los primeros en criticar -con razón- por su crueldad, insensibilidad y anacronismo). Aplicando sus teorías aún sería vigente el Código de Hammurabi o, entre nosotros, el Fuero Juzgo. Sin comentarios.

Incluso a temas que se sitúan por encima del bien y del mal (y nunca mejor dicho) como la religión también se les puede aplicar la evidencia histórica de que nacen y mueren, si no, no se entendería que, sin ir más lejos, hoy no haya ninguna adoración a Zeus y su corte, en un momento todopoderosos e inspiradores de toda una cultura y forma de vida universales (a la medida del universo conocido entonces, claro), y hoy convertidos de dioses en meros personajes objeto de estudio de una época histórica para los expertos, o nos parezcan sólo una rémora exótica nombres como Thor, Odín, Manitú y tantos otros que en su día concitaban temerosa devoción.

En definitiva, que la Historia puede ser una poderosa herramienta política de manipulación interesada a la vez que un magnífico instrumento de análisis del pasado para seleccionar de él aquello que interese para mejorar un futuro deseable e imprevisible, teniendo en cuenta, eso sí, que el presente en el que efectuamos el análisis está en permanente evolución, seamos o no conscientes de ello. Y más vale que lo seamos.

Acabamos con música, con el poema de Gabriel Celaya (Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta de nombre competo, que fue un poeta español de la generación literaria de posguerra, uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social) España en marcha, al que puso música en 1967 Paco Ibáñez, del que lo recordamos en su actuación en el Teatro Olympia, de París, el 2 de diciembre de 1969. Es interesante saber hoy que el concierto fue grabado en directo, y es todo un referente no sólo poético o musical, sino también ideológico y político, de la generación, también en nuestro país, marcada por los acontecimientos de mayo de 1968 en París.




------------------------------
 
1Immanuel Wallerstein es un sociólogo, politólogo y científico social histórico estadounidense. Principal teórico del análisis de sistema-mundo, también conocido como economía-mundo, o teoría, enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo (expresión original en inglés World-systems approach), que es un desarrollo de la crítica postmarxista que intenta explicar el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta Tierra. Es una teoría historiográfica, geopolítica y geoeconómica con gran vigencia y aplicación en las relaciones internacionales.

viernes, 19 de enero de 2018

De "persona" a "Recurso Humano" (I)

Hay cosas en nuestro día a día que nunca acabaremos de entender aunque nos resulten tan comunes y cotidianas que nos pasan casi desapercibidas; eso de la comunicación y las relaciones a través de las Redes Sociales (algo tan extendido hoy día) es una de ellas. Y uno llega a la conclusión de que en este campo, como en otros también, naturalmente, las expresiones tácitas, las medias palabras, los mensajes sugeridos, las ideas apenas hilvanadas, etc., confieren al final una amalgama que le va dando forma, todo junto, a la comunicación.

Otra cosa es la forma en la que se desarrolla esta comunicación, básicamente en público o en privado en las mismas Redes, que nos suele dar más información que el simple contenido del comunicado (por relevante que sea) el hecho de elegir una forma u otra. Por cierto, prescindimos de analizar en estas líneas también el "estilo" de algunos comunicantes, cuyo único argumento es la injuria (siempre en formato público), para no descender a su nivel. Veámoslo con un caso real.

Como los pacientes (y valientes) seguidores de este blog, seguramente, recordarán, en fechas cercanas a la pasada Navidad, se plasmaron unas reflexiones sobre ciertas (y, cuando menos, cuestionables) prácticas en la gestión de los Recursos Humanos, desde perceptibles incoherencias en el reclutamiento a sonoras contradicciones entre las tareas exigidas y el perfil profesional del trabajador, por no hablar de la obligación, en algunos casos, para los empleados, de gestionar con los clientes, sin información previa, productos/servicios claramente perjudiciales para ellos. Pues bien, aunque en estos casos , es normal recibir comentarios elogiosos o críticos (todos son de agradecer) por diferentes vías, en el que nos ocupa TODAS las comunicaciones han sido por canal privado, y con un denominador común: todas dicen que lo que se expone en el blog se queda corto, y todas eligen ese canal en evitación (por pánico, realmente) de posibles represalias ya que los comunicantes son personas, algunas conocidas, que están o han estado muy vinculadas a la gestión de personas y relacionadas con organizaciones que, formalmente, son de aquellas que pasan por ser polos de atracción del talento, y en las que ingentes cantidades de candidatos suspiran por trabajar.
Resultado de imagen de grandes empresas españolas

Estas comunicaciones, su contenido y su formato, conducen sin duda a nuevas reflexiones (limitadas en esta entrada a las paradojas en la selección/reclutamiento), enfocadas a intentar entender por qué se producen estas atrocidades1. En principio cabe partir de la base de que todas estas organizaciones disponen de Departamentos (a menudo potentes y prestigiados) de Recursos Humanos que, de manera genérica (es usual que todas la definan, más o menos, así) dicen tener como misión la de atraer, retener y motivar al personal idóneo para la organización definiendo, lógicamente, quién es el personal idóneo para ella y pensando, por tanto, en todas las características que tienen las personas, sexo, edad, formación, experiencia, estilo de personalidad, habilidades, conocimientos, competencias (palabra muy usada pero de una ambigüedad clamorosa) y ver cuáles de ellas son relevantes en cada caso.

La teoría es clara. ¿Dónde está el desfase de la práctica? ¿O es que la teoría no está tan clara? ¿De qué hablamos en los procesos de selección, de personas o de recursos humanos? Porque no es lo mismo pese a que el uso no inocente del inocente lenguaje nos haga considerar que es igual gestionar personas en su puesto de trabajo que gestionar el departamento de recursos humanos de una empresa... A ver, una empresa tiene necesidad, para desarrollar su actividad, de recursos técnicos, de recursos logísticos, de recursos financieros,... de recursos humanos,..., como se ve, con significado puramente contable, siendo estos últimos, desde el punto de vista empresarial, independientes de quienes y cómo son las personas que los integran.  Por eso consideramos normal que se hable del coste de los recursos humanos (criterio contable) a la vez que de la motivación (relacionada con la voluntad y los sentimientos) de las personas/los empleados.

Hasta tal punto llega la confusión conceptual que la mismísima Aedipe2 ha publicado uno de sus últimos boletines con el revelador título de "Las personas no son lo más importante en una organización" basándose en las experiencia (en empresas, de las que asume el punto de vista) del autor, que lo lleva a concluir que es el talento lo más importante en una organización no las personas (en general). Son importantes esas personas que aportan valor en su día a día, que suman, que se equivocan, que piden disculpas, que ofrecen su mejor versión, que se evalúan, que quieren mejorar, que son flexibles, que son exigentes con ellas mismas y con los demás.

Por el contrario, existe otro tipo de figuras (antitalento) que no quieren hacer las cosas bien, que disfrutan (o eso creen) con el conflicto y con un entorno enrarecido, que cuchichean, que tergiversan las cosas, que marean y desenfocan… Estas personas, no son lo más importante de la organización, porque hace mucho tiempo que sus objetivos no están alineados con los de la compañía, ni con los del equipo, compañeros, etc. Sin embargo, a pesar de tomar la óptica de empresa en su análisis,el autor admite que en muchas ocasiones el problema se encuentra en las partes altas del organigrama, que, digo yo, parecen haber olvidado las misiones publicadas, asignadas al departamento de recursos humanos de su rol para cuidar de que no se produzcan esas desviaciones, perniciosas para la empresa pero también para la persona.

No, nadie dice que sea fácil armonizar el lícito objetivo económico de la empresa con la aspiraciones,inquietudes y expectativas de las personas que han de conseguirlo; por eso es claramente función de la dirección de Recursos Humanos de la empresa y del resto de puestos directivos de ella colaborar en la creación de un grupo de personas que, lejos de quemarse a las primeras de cambio (burn-out, en el argot fino), sean capaces de generar un entono de trabajo que sea saludable, productivo y que genere emociones positivas. Y eso empieza antes de la incorporación al puesto de trabajo, considerando que no se trata de buscar un tapón para tapar un agujero (que eso, y perdonad, parece a veces la búsqueda (?) para cubrir una vacante); eso comienza por algo tan razonable, aunque tan desconocido en la práctica, particularmente en departamentos internos de Recursos Humanos más que en empresas externas de selección, como es analizar el puesto de trabajo que está vacante, ya que a partir del cual se derivarán el resto de funciones y, por tanto, el perfil profesional buscado.
Unas precisiones, que nunca están de más. Básicamente, por Puesto de Trabajo se entiende el conjunto de objetivos particulares, actividades y áreas de responsabilidad que debe asumir la persona que lo ocupe para contribuir a la consecución de los objetivos de la empresa en los plazos fijados. 

Así, a partir de esta definición, se puede afirmar que conocer el contenido y contexto de los puestos de trabajo que existen en la empresa es un proceso clave para el desarrollo de las actividades del departamento de recursos humanos, ya que es el punto de partida de gran parte de sus actividades profesionales. De ahí la importancia de que se conozcan las técnicas relacionadas con su estudio.
Resultado de imagen de human resources

Es por ello, que el análisis debe realizarse de un modo planificado y estructurado, definiendo previamente qué información es la que se quiere obtener, para así, identificar, comprender, definir y describir los aspectos relevantes de un determinado puesto de trabajo, esto es, tanto su contenido como el entorno en el que se desarrolla, para entre otros aspectos, reflejar la importancia que su correcto desempeño tiene para la consecución de los objetivos marcados por la empresa. Sin embargo, el puesto de trabajo se compone además de una serie de exigencias que debe reunir la persona que lo desempeñe, las cuales determinarán los conocimientos, habilidades, actitudes y aptitudes necesarias, dando lugar a lo que se conoce en el ámbito de la gestión de personas (no de Recursos Humanos) como competencias, las cuales se entiende como lo que permite a la persona desarrollar su puesto de trabajo de forma eficiente, eficaz y segura, y relajada para su perfil personal.

Sólo una vez que se obtiene y analiza la información acerca de los aspectos del puesto de trabajo, se puede proceder a la selección y reclutamiento de personal teniendo muy en cuenta ya desde ese momento que el análisis de las exigencias de los puestos es el punto de partida para determinar las acciones formativas coherentes y efectivas en función de las necesidades detectadas, incluyendo, en su caso, el diseño y ejecución de Planes de Carrera (un plan de carrera debe estar basado en el conocimiento de las exigencias presentes y futuras que plantean a sus ocupantes los distintos puestos de trabajo de la organización).

Otras cosas ligadas al puesto de trabajo que deben conocerse antes de la incorporación son minucias tales como los criterios para la evaluación del desempeño en el mismo, la valoración diferencial de puestos, qué planes de Seguridad y Salud existen, cómo se enfoca la conciliación, etc.

La pregunta del millón (y no es retórica) es que si los departamentos internos de las empresa destinados a gestionar personas (se llamen como se llamen) conocen estos principios, ¿por qué hay tanto profesional del ramo (que prefiere el anonimato, lo que, globalmente, es inquietante) convencido de que no los suelen aplicar?

Acabamos nuevamente con música de Joaquín Sabina, con una canción que describe los reveses de la Fortuna, en los que un currículo brillante no es la lámpara de Aladino. Nos puede pasar a cualquiera, de acuerdo. Lo que es lamentable es que determinadas prácticas empresariales lo alienten. 



------------------------
1No es una expresión excesiva o exagerada. El Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, habla sin ambages en uno de sus libros (¡Acabad ya con esta crisis! - Ed. Crítica, Barcelona, 2012) de vidas arruinadas por la diferencia, casi siempre en contra del trabajador, entre su perfil profesional y la realidad de las exigencias laborales que encuentra, lo que, según Krugman, puede afectar a toda su vida laboral, especialmente en épocas como la actual, caracterizada por empleo escaso y precario.

2La Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas (AEDIPE) es una asociación privada, sin ánimo de lucro, independiente de cualquier entidad u organismo político o sindical, constituida en el año 1965. A día de hoy, según declaran en su web, forman parte de ella 3.000 profesionales que se dedican a actividades relacionadas con la Gestión de Personas/ Recursos Humanos vinculados a más de 2.000 empresas o instituciones.