domingo, 19 de noviembre de 2023

Cumpleaños del 20-N.

 


El 20-N es un día vivo en el recuerdo por variados motivos; hoy lo vamos a recordar por ser 
un cumpleaños. Camino de los noventa años de existencia, icono de la lucha por la verdad y 
la libertad, internacionalista y embajador de la poesía en el mundo, el artista ofrece una 
propuesta de amor y dignidad, creando un espacio donde reivindica el humanismo frente a la 
barbarie del S. XXI. Siempre vestido de negro, guitarra en mano y rodeado de excelentes 
músicos, sobre escenarios de bella y sobria escenografía, Paco Ibáñez, pues de él se trata, 
nos regala canciones de amor, de puro existencialismo, de lucha y resistencia, que envueltas 
en los ritmos de los instrumentos y la fuerza de la poesía evocarán la crudeza y la tristeza, 
pero también la ilusión, el amor y la esperanza… Paco Ibáñez se convierte en protagonista de 
lo que canta y convierte en protagonistas a quienes escuchan, que se sienten acompañados 
en su resistencia por la dignidad personal y colectiva. Su voz abre para todos una puerta 
misteriosa y secreta, la silenciosa y deslumbrante entrada hacia la poesía… ¡la puerta de la 
libertad!. Recordarlo es también rememorar la propia historia, en tiempos oscuros (están 
volviendo) en los que su obra aportó un rayo de luz contribuyendo a aprender a pensar por 
uno mismo. Hay que situarse en los años de plena dictadura franquista, cuando aún faltaban 
años para la muerte de Franco, y en un centro de enseñanza de una ciudad de eso que llaman 
“de provincias”, en el que acababa de incorporarse un nuevo profesor de Literatura española,
un joven recién titulado y con ideas diferentes a las que estábamos acostumbrados (¿se puede 
decir “adoctrinados”?). El nuevo profesor nos descubrió la obra y personalidad de Machado, 
Aleixandre, y tantos otros autores que, o no figuraban en los textos oficiales que estudiábamos, 
o se despachaban en una línea, muy de pasada. En ese inesperado proceso de descubrimientos, 
que no se limitaron a la Literatura, un día trajo bajo el brazo unos discos de vinilo en los que 
constaba el subtítulo de “La España de hoy y de siempre”  de un, para nosotros, desconocido,
cantante que se llamaba Paco Ibáñez, pidió en Secretaría el tocadiscos del centro y los puso 
en la clase para que los escucháramos. Nos explicó que los discos estaban compuestos 
íntegramente por poemas de autores españoles, antiguos y modernos musicados por el tal 
Paco Ibáñez. 
 



Y, con los ojos abiertos como platos, y “masticando” cada estrofa que se escuchaba (no todos, 
naturalmente, contra gustos… ) descubrimos a autores como Blas de Otero, Gabriel Celaya, 
León Felipe, Rafael Alberti y otros contemporáneos, a la vez que también supimos que la obra 
de Quevedo, Góngora, el Arcipreste de Hita, etc., era algo más que los almibarados y jocosos 
que nos ”enseñaban” nuestros textos. Eran aquellos años de miedo pero, sobre todo, de 
esperanza, en los que, siguiendo la estela política de Francia y Latinoamérica, nació en 
España el movimiento antifranquista de la canción protesta o canción social, con el objetivo 
de denunciar con canciones la situación política y social (deprimente que pretender hacer lo 
mismo, o incluso menos, hoy, cincuenta años después, lleve aparejado el riesgo de ser 
condenado con severas penas de prisión), alimentado por nombres como, entre otros, Elisa 
Serna, Mikel Laboa, Imanol, el malogrado José Antonio Labordeta,… o Paco Ibáñez (la nova 
cançó y Els Setze Jutges de Catalunya, Ez Dok Amairu, en Euskadi; Voces Ceibes, en Galicia, 
o el Manifiesto Canción del Sur, en Andalucía, no eran exactamente lo mismo pese a que 
todas ellas buscaban la rehabilitación del folklore y las tradiciones asfixiadas por el franquismo 
frente al centralismo cultural de Madrid). En ese contexto, oír la voz rugosa pero envolvente 
de Paco Ibáñez desgranando a sus/nuestros poetas era un bálsamo. Bien mirado, llama la 
atención que la figura de Paco Ibáñez haya conservado su prestigio a lo largo del tiempo 
mientras que la mayoría de los citados y no citados se encuentran sepultados bajo pátinas de 
olvido. ¿Por qué? Echemos un vistazo a la trayectoria vital del personaje. 
 

Francisco báñez Gorostidi nació en Valencia el 20 de noviembre de 1934, en tiempos de 
República, siendo el más pequeño de cuatro hermanos. Su padre, Manuel, ebanista, 
combatiente republicano y anarquista, que era valenciano, y su madre, Josefa, vasca, se 
habían conocido en París. Cuando nació Paco, fue la familia a vivir a Barcelona, pero, tras la 
guerra (in)civil, su padre fue exiliado y trasladado a un campo de trabajo francés, y el resto de 
la familia tuvo que refugiarse en el caserío Apakintza, de Aduna, cerca de San Sebastián, de 
donde era originaria su madre. Empezó cantando a las vacas que cuidaba y quitándole dinero 
a su tía para comprar letras de canciones en San Sebastián. A los 14 años cruzó 
clandestinamente a Francia con su madre y sus hermanos para reunirse con su padre, exiliado 
en Perpiñán (primero se escaparon sus hermanos varones mayores en una lancha por 
Hondarribia, después su madre se fugó, y a los seis meses Paco y su hermana Manolita se 
reunieron con el resto de la familia en Perpiñán; tenía entonces catorce años y solo hablaba 
euskera y un poco de castellano. Tuvo que aprender a toda prisa el francés) , y estando en 
Francia conoció a muchos de los poetas que cantó: a Alberti, a Goytisolo, a Neruda…Sin los 
poetas, él no sería Paco Ibáñez; lo habitan desde Luis de Góngora a Rafael Alberti y quizá por 
ellos, la percepción que produce su cercanía es la de un hombre bueno que no practica la 
envidia1 y que tiene en alta estima la gratitud. 
 

Perpiñan se le queda pequeño y es más tarde, en París, donde los Ibáñez ya habían vivido 
antes de la ocupación nazi, donde se le despertó su pasión por la música; e inició sus estudios 
de violín y guitarra. A principios de los años cincuenta del pasado siglo descubrió a Atahualpa 
Yupanqui, a Georges Brassens2 –a los que siempre calificó como sus padres espirituales–, a 
otros como Edith Piaf, Jacques Brel, etc., y poco tiempo después a Léo Ferré; descubrimientos 
a partir de los que tomó la decisión de dedicarse profesionalmente a la canción. Al tiempo que 
realizaba sus estudios musicales, acompañó a la guitarra a la cantante Carmela en sus 
recitales. En esa misma época, Paco entró en contacto con el pintor venezolano Jesús Soto, 
que tocaba la guitarra en cafés y nights clubs del Barrio Latino para poder mantenerse 
económicamente y con Carmela y Jesús Soto formaron, en 1956, un trío musical al que 
llamaron "Los Yares". Ese mismo año Paco compuso su primera canción sobre el poema "La 
más bella niña", de Luis de Góngora, dicen que inspirándose en la foto de una muchacha 
andaluza vestida de negro, de forma que ese primer poema convertido en canción le abrió a 
Paco Ibáñez las puertas de un nuevo mundo: a los poemas de Góngora le siguieron otros de 
García Lorca; y, así, Paco encontró su camino artístico: la musicalización y la interpretación de 
textos de nuestros grandes poetas. 
 

G
rabó entonces en Paris sus tres primeros discos de la serie "España de hoy y de siempre. 
Los unos por los otros", en los que le puso música a los poemas y cantó a Luis de Góngora, 
Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Miguel Hernández, 
Francisco de Quevedo, Luis Cernuda, León Felipe, Antonio Machado, José Agustín Goytisolo, 
José Ángel Valente. Gloria Fuertes, Arcipreste de Hita y Jorge Manrique. Estos discos, desde 
el mismo momento de su aparición, se convirtieron en un "clásico" utilizado por los profesores 
de lengua y literatura española como material pedagógico y por los defensores de las libertades 
como un símbolo de resistencia cultural o ambas cosas a la vez, y la casa de los Ibáñez en 
París se convierte a su vez en un centro de paso y acogida de los muchos artistas, políticos e 
intelectuales españoles que pasan por la capital francesa, idas y venidas del exilio o simples 
escapadas para huir de la represión franquista. En 1968, Paco regresó a España para cantar 
en Manresa con motivo de la Primera Trobada de Canço de Testimoni (Primer encuentro de 
canción de testimonio), y, en diciembre, de ese mismo año, canta en el Teatro de La Comedia, 
de Madrid; a la vez presentó sus canciones en varias Universidades, llegando incluso a cantar 
en TVE el tema «Andaluces de Jaén», de Miguel Hernández, dentro del programa estelar 
"Gran parada". (Sin duda un despiste o la ignorancia de uno de los directivos de aquel 
programa). El 12 de mayo de 1969, se celebró en París el primer aniversario de la ocupación 
de La Sorbona por los estudiantes y con ese motivo, Paco dio un recital multitudinario, en el 
patio de la universidad (previsto en la Sala Richelieu, hubo que cambiar de lugar a toda prisa 
cuando ésta se quedó pequeña), con el que logró que la juventud francesa se sintiera 
plenamente identificada con sus canciones. Un pequeño cartel amarillo (sí, sí, amarillo, como 
los famosos lazos, color de historial democrático desde el siglo XVII) realizado por los 
estudiantes y pegado en los árboles, en los cristales de los cafés, en los pasillos de las aulas, 
anuncian un concierto de “Paco Ibáñez, la voz libre de España”, los universitarios franceses 
se identifican con él y le toman como uno de sus símbolos, con lo que sólo siete meses 
después, el 2 de diciembre, dio su primer recital en el teatro Olympia, de París, recital que fue 
grabado en directo3 y que dio lugar a su cuarto disco: "Paco Ibáñez en el Olympia" (1970); 
disco, sin duda, mítico y esencial en la historia de nuestra canción popular. 
 

Por esas fechas decidió trasladarse a vivir a España, concretamente a Barcelona, pero en 
1973 el gobierno español le incluyó en su larga lista de represaliados (que no censurados 
¿cómo censurar la poesía de Góngora o Quevedo?), se le prohibió cualquier actuación en el 
territorio español, y tuvo que regresar a París, donde siguió componiendo canciones/musicando 
poemas y realizó una gran gira por América Latina, actuando con gran éxito, en países como 
Argentina, Uruguay, Colombia, Perú, México, Venezuela y Chile. En Chile, concretamente, 
invitado por Salvador Allende, cantó en el estadio de Santiago repleto de una juventud llena 
de ilusiones, justo dos meses antes del golpe de estado de Pinochet. En España, tras la 
muerte de Francisco Franco se levanta la censura sobre su música, pero durante esos años, 
en España se celebran conciertos de protesta multitudinarios y es invitado a participar, aunque 
generalmente rehúsa. Genio y figura,…: en 1983, en Francia, el ministro de Cultura del 
Gobierno de Mitterrand, le otorga la medalla del Orden de las Artes y las Letras; no la acepta 
con el argumento de que "Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A 
la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del 
público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa". En 1987, el nuevo ministro, 
Jack Lang, le otorga por segunda vez la Médaille de l'Ordre des Arts et des Lettres
Nuevamente la rechaza (aunque lo agradece, como hace con todos los premios que le 
conceden). 
 

A principios de la década de los 90
se instala definitivamente en España, primero en Madrid, 
después en Aduna y desde 1994 en Barcelona, donde ya había vivido su primera infancia. No 
olvida sus raíces y, en 1999,  grabó el disco "Oroitzen" (Recordando), obra íntegramente 
cantada en euskera4 en la que revive los años de su infancia transcurridos en el caserío de  
Apakintza. Su vida, pues, transcurre en una casa con azotea, en la que juega a las cartas con 
sus amigos, en el centro de Barcelona. Al lado del salón donde comen, Paco ejerce el oficio 
que el antiguo filósofo Zenón aconsejaba a los de su estirpe: la carpintería.  Cataluña es su 
sitio desde 19945, pero no es la primera vez que vive aquí este parisiense de alma vasca.  
Desde su “refugio”, Paco Ibáñez no cesa de desarrollar una actividad artístico-cultural 
permanente y de radical coherencia. 
 

Cantautor por excelencia, Ibáñez fue un activista que llevó los versos de la literatura española 
a todo el mundo, es “el último combatiente de la canción de autor”, donde el término 
“combatiente” es utilizado dentro de su apreciación más romántica, pero también más realista, 
como el auténtico cantautor en quien se puede creer, el cantautor más libre, enemigo de los 
premios y de las modas estilísticas musicales. Su autenticidad es única y consecuente porque 
el verdadero aprendizaje no tiene lección, y el camino de la verdad consiste en ser tú mismo, 
sin hacer concesiones y sin venderte al mejor postor aunque el precio que pagas a veces por 
ser auténtico es muy caro. Las palabras de Paco Ibáñez, envueltas en la poesía de nuestros 
clásicos franceses, españoles e iberoamericanos siguen siendo una invitación perpetua al 
“atrévete a pensar por ti mismo”, desde donde te sigue invitando al “atrévete a sentir”, dentro 
de esta denuncia en esta sociedad, donde sus clases dirigentes quieren convertir al hombre 
en un ente deglutidor, consumidor y gastador empedernido, alejándolo de su calidad humana 
y por ello, de su capacidad creadora y solidaria. Pero afortunadamente, y en palabras de 
Paco y de Blas de Otero, podemos decir que “Me queda la palabra”, o porque, como muy bien 
dicen Paco y Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”, que aunque parezca 
que haya perdido algunas batallas en contra del egoísmo y del consumismo, siempre triunfará 
como combate eterno del amor y liberación algún día inesperado y muy cercano… 
 

P
ara acabar, nada mejor que identificarse modestamente con el desaparecido Premio Nobel 
de Literatura José Saramago y con su experiencia: “Ibáñez, claro. Esta voz la reconocería en 
cualquier circunstancia y en cualquier lugar donde me rozara los oídos. Esta voz la conozco 
desde que, a principio de los años 70, un amigo me envió desde París un disco suyo, un vinílo 
que el tiempo y el progreso tecnológico pusieron materialmente fuera de moda, pero que 
guardo como un tesoro sin precio. No exagero, para mí, en aquellos años todavía de opresión 
en Portugal, ese disco que me pareció mágico, casi transcendente, me trajo el resplandor 
sonoro de la mejor poesía española y la voz (esa inconfundible voz de Paco) el vehículo 
perfecto, el vehículo por excelencia de la más profunda fraternidad humana. Hoy, cuando 
trabajaba en la biblioteca, Pilar (Pilar del Río, la esposa de Saramago) puso la última 
grabación de los poetas andaluces. Interrumpí lo que estaba escribiendo y me entregué al 
placer del instante y al recuerdo de aquel inolvidable descubrimiento. Con la edad (que alguna 
cosa tiene que tener, y tiene, de bueno) la voz de Paco ha ido ganando un aterciopelado 
particular, capacidades expresivas nuevas y una calidez que llega al corazón. Mañana, sábado, 
Paco Ibáñez cantará en Argelès-sur-mer, en la costa de la Provenza, en homenaje a la 
memoria de los republicanos españoles, entre ellos su padre, que sufrieron allí tormentos, 
humillaciones, malos tratos de todo tipo, en el campo de concentración. Que la voz de Paco 
pueda pacificar el eco de aquellos sufrimientos, que sea capaz de abrir caminos de fraternidad 
auténtica en el espíritu de quienes lo escuchen. Bien lo necesitamos todos.”, redondeado con 
lo que sobre él dejó dicho el ensayista y novelista argentino, Premio Miguel de Cervantes, 
Ernesto Sábato: "Quiero hacer llegar a Paco Ibáñez el testimonio de mi admiración porque a 
través de su memorable voz, miles de personas han descubierto el universo trascendente de la 
poesía. Él representa a la antigua tradición de trovadores que, con sus guitarras y su canto, 
revelaban hechos terribles y nobles, como también los sentimientos más profundos que 
albergan el corazón de los seres humanos. Como lo ha hecho por generaciones, la obra de 
Paco Ibáñez señala una huella por la que es imprescindible aventurarse. Tal es la vigencia de 
su obra, tal el motivo por el que los jóvenes se acercan con fervor a escucharlo".

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1En sus propias palabras, “Siempre recuerdo que cuando llegamos con mi madre y mis hermanos a Perpiñan era domingo porque empezaron a sonar las campanas de una iglesia y yo le dije a mi padre: “Bueno, hay que ir a misa”. Él no me dijo que no fuese, pero me echó una sonrisa con la que me abrió las puertas de la verdad. Enseguida comprendí que la religión, Dios, su madre, el Espíritu Santo, era un cuento y se me borró toda esa mentira. Mi padre me enseñó a respetar a los demás, el oficio de ebanista, que la vida es una lucha, que no estaba solo y que los demás también existen.

2A Brassens, el propio Paco Ibáñez lo califica como muy potente, el trovador más importante que ha parido la humanidad, el Juan Sebastián Bach de la canción. Sin magia no hay poesía, y él nació con ella. Lo descubrí, lo conocí y empecé a imitarlo porque vi que musicaba a los poetas. Un día me regalaron un libro de fotos con el poema “La más bella niña”, de Góngora. Esa fue mi primera canción, pero la hice bajo el influjo de Brassens..

3Esa noche supuso un antes y un después en la vida de Paco Ibáñez tras el apoteósico concierto cuyo disco es tan memorable como imprescindible. Aquella noche, la voz de Paco se alza en nombre del pueblo amordazado, desde una complicidad total, y donde la ovaciones de “¡Paco… ! ¡Paco… !” (en contraposición a los espontáneos en las manifestaciones dirigidas de “¡Franco…!¡Franco…!”) no dejan de sucederse durante todo el concierto, testimonio de una carga de gran compromiso social. En palabras de uno de los asistentes al acto, el compositor Jean Wiener, “…quién hubiese imaginado que una multitud increíble fuese a invadir el aforo del Olympia… Todo por ese gran niño simple, relajado, quien después de haber sido acogido con un calor tal que sólo recuerdo haber visto en honor de Arturo Toscanini, Charles Chaplin o Paul Robeson, se puedo a cantar acompañado tan sólo por su guitarra”. En palabras del propio cantante, el Olympia fue impresionante… La primera canción fue la de Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”. Era un despertar. Las canciones de Blas de Otero, de Antonio Machado, de Goytisolo, de Alberti… La respuesta de la gente fue impresionante. Estaban hambrientos de saber, de curiosidad. Toda la pasión de saber de la juventud se concentró en ese momento. Una explosión. Y el eco llegó a España. Enseguida; se llenaron universidades., la juventud tenía el afán de darle la vuelta a todo, de romper, de quitar esa losa que no nos dejaba respirar.

4 Ante las críticas suscitadas por lo que, para algunos, es una tajante ruptura dentro de la discografía del artista, éste responde: "He pasado la edad de la nostalgia y estoy en la de mirar un poco para atrás. Mi madre era vasca y mi infancia me tocó de lleno vivirla cerca de San Sebastián, en un ambiente rural, de vacas, bueyes, peras, maíces... Un ambiente euskaldún, profundamente vasco. Tenía ganas de dejar ese recuerdo, esa huella, como un homenaje a mi madre, a mis tíos, a mi abuelo y a la tierra vasca. Me encuentro legitimado para hacerlo"

5Y no elude los temas “espinosos”; a la pregunta “¿Cómo vive el actual conflicto en Cataluña?”, su respuesta es clara: Es peliagudo. En España hay un anticatalanismo insoportable: se dejan llevar por las trompetas de la rabia, del odio, y no hay peor cosa que el odio para querer comprender. Con el diálogo sí se puede, pero por ambas partes, porque la independencia no tiene sentido. ..

1 comentario:

  1. Buenas tardes Miguel. Como olvidar aquel joven profesor de literatura que al menos en mi caso fue mi primer contacto con la poesía, como olvidar aquella clase en que de pronto escuchamos "Federico fue asesinado.....", como olvidar la sensación de descubrir que había un pasado cercano que nos estaba siendo ocultado, como olvidar su incredulidad ante nuestra inocente ignorancia, como olvidar la voz de Paco Ibáñez en aquel viejo pick up de su recital en el Olympia de Paris, como olvidar aquel seminario extra al que acudíamos como almas sedientas de conocimiento, que lo éramos. Un grupo pequeño aquel curso y para el que de una forma u otra ese disco marcó un antes y un después. Gracias por recordarlo. Ha sido un placer. Un abrazo

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