lunes, 24 de octubre de 2011

La nueva probreza

Se atribuye a George B. Shaw la expresión de que "el sentido común es el menos común de los sentidos" y, autorías aparte, la tozudez de los hechos confirma una y otra vez la validez de ese dicho.
Cuesta entender la coherencia de algunas ordenanzas municipales  últimamente publicadas (¡con la que está cayendo!), aparentemente guiadas por un mismo pensamiento pero en distintas ciudades de nuestra geografía. 
La primera corresponde a Barcelona, en la que, con profusión de imágenes en televisión, se divulga que la actividad de sustraer cartones y papeles de los contenedores de basura respectivos es ilegal porque esos cartones, una vez depositados en el contenedor son propiedad del ayuntamiento y, por lo tanto, se atenta contra las arcas públicas con su sustracción, que será sancionada. Bien, juridicamente, nada que decir, excepto, quizá, un recordatorio de la sentencia de San Agustín, cuando decía aquello de "Mihi lex esse non videtur, quae justa non fuerit", es decir, más o menos, "Me parece que lo que es injusto no puede ser ley". Tampoco se entiende muy bien que, para justificar la postura municipal, aparezca un señor muy bien trajeado declarando que tal actividad ilícita merma la rentabilidad de SU empresa de reciclaje.
La segunda corresponde a Madrid, donde se ha publicado que el ayuntamiento multará a quienes sorprenda rebuscando comida desechada en los contenedores de basura. Sin comentarios.
Los tiempos que estamos pasando son difíciles, el nivel de pobreza de la población se incrementa de forma alarmante, el trabajo es cada vez más escaso, las prestaciones se resienten por la crisis económica, el  modelo social está en cuestionamiento,.... ¿A que seguir?
Lo que parece evidente, sin caer en el apocalipsis, es que iniciativas como las citadas se han tomado sin tener en cuenta todas estas realidades. ¿No sería más razonable desarrollar herramientas para que esas situaciones no se repitan? Pero está eso del "sentido común"...

martes, 18 de octubre de 2011

El corredor

Mañana miércoles, 19 de octubre, la Comunidad Europea hará pública su decisión acerca de cuál, de entre las opciones de infraestructura presentadas considera prioritaria, si la que enlaza el resto de Europa con la cornisa cantábrica, con el centro de España hasta Lisboa o con el mediterráneo hasta llegar a Marruecos.
Todo indica que la opción escogida es la del corredor mediterráneo, de manera que, si eso al final sucede, representa un varapalo conceptual serio a los sucesivos gobiernos que se han empeñado en potenciar a toda costa el llamado corredor central en detrimento del más lógico económica y socialmente que es el del mediterráneo, y es llamativo que la decisión haya de venir de fuera de nuestras fronteras, lo que debería ser (que no será) un toque de atención a los gobiernos que, llenándose la boca de España, no han sabido, podido o querido ver que si se quiere alcanzar el bien común perseguido no valen cicaterías y rencillas internas por un quítame allá ese puñado de votos.
Se hizo famosa en la contienda electoral americana de Bush-Clinton la expresión "Es la economía, estúpido" para hacer ver qué era lo que decantaba la balanza a uno u otro candidato en un determinado momento. ¿Habrá que recuperarla entre nosotros con la que está cayendo? Más allá del centralismo histórico (expresión de dominio militar - político - económico, precisamente por ese orden, aunque ese es un tema que cae fuera de la presente reflexión), la tozuda verdad es que se ha de potenciar aquel territorio que contribuya más poderosamente a la estabilidad económica, y, por tanto, social, por lo que resulta palmario que ya internamente se ha de invertir en él y dejarse de luchas intestinas y/o de partido y no esperar que Europa, por la relación económico/social con el Estado español venga a refrendarlo. 

Que tengan que venir de fuera a recordar esa evidencia....

lunes, 17 de octubre de 2011

Boletín nº 6.- Las aseguradoras y la Directiva de Solvencia II (1)

La cuantificación de los daños

Recientemente me vi obligado a someterme a una prueba médica de aquellas de nombre largo y difícil de pronunciar, con el fin de descartar la presencia de alguna cosa en mi organismo, de nombre más usual y fácil de pronunciar que la propia prueba.
El caso es que, al parecer, es un examen técnicamente complejo y poco habitual, de manera que cuando planteé a mi aseguradora médica de toda la vida la necesidad de practicarlo, demandando su asesoramiento en cuanto al lugar donde realizarlo con mayores garantías, me encontré que el “dónde” y el “cuándo” se despacharon en un santiamén y pasaron inmediatamente a un segundo plano mientras que el “cuánto”, el hecho de determinar, en un conciliábulo de urgencia, si esa prueba quedaba cubierta por el seguro pasó a un primer término rabioso.
Tras una (realmente) larga espera en una sala confortable y bien provista de revistas y prensa del día, contigua al despacho en el que se decidían los términos de la prestación, salió a “rescatarme” mi mediadora habitual para explicarme que me dirigían a la clínica que tenía el mejor pedigree para ese tipo de pruebas, de alta especialización, pero que, sintiéndolo mucho, la aseguradora no podía asumir el coste de la misma, y echando mano de un vademécum de letra pequeña de los contratos que llevaba en la mano, me argumentó que estaba en estudio la repercusión en el importe de la prima la realización de exámenes de esas características, específicos, costosos  y poco frecuentes.
Aparte de lo razonable del argumento, la verdad es que quedaba poca capacidad de negociación: se trataba de un riesgo no contemplado en póliza y, por consiguiente, no cabía discusión acerca de su oportunidad o no, de forma que salí del edificio de la compañía con la autorización para la realización de la prueba en una determinada clínica pero detallando sin resquicio de duda o interpretación que el coste no lo asumía la aseguradora

Finalmente, la prueba se realizó y el coste fue asumido, naturalmente, por quien suscribe. Los resultados ya forman parte de otro escenario que no viene al caso, pero sigue en pie la consideración de que, en la actuación de la(s) compañía(s) de seguros aún queda camino por recorrer en la identificación de riesgos, su cuantificación y el cálculo de su razonable repercusión en el coste de las primas que paga el asegurado.

Para poner un poco de orden en este ámbito, de forma similar a la banca, pero con más claridad en las aseguradoras, las autoridades de supervisión están  promoviendo la implantación de estándares de capital regulatorio mínimo acreditativo de la solvencia necesaria para responder de los riesgos que se aceptan, es decir, relacionar el riesgo asumido con el capital mínimo eventualmente necesario para responder de los siniestros estadísticamente vinculados al riesgo.


¿Qué es “Solvencia II”?

Algunos antecedentes

Hay que empezar definiendo a grandes rasgos qué es una compañía de seguros, y hacerlo prescindiendo de la forma jurídica que adopte, su voluntad de atender uno u otro sector o ramo y cualquier otra variable que represente una mera acotación sobre el concepto global.
Una compañía de seguros es una empresa con ánimo de lucro cuya actividad se resume en proporcionar cobertura económica a instituciones, empresas o particulares para resarcirlos del impacto, también económico, de la ocurrencia de determinados riesgos contemplados en el contrato de servicio. Como es evidente, la esencia del negocio es la valoración escrupulosa del coste asociado a cualquier tipo de riesgo que se estudie incorporar en contrato, su frecuencia estadística y la razonable repercusión que el siniestro asociado tenga sobre la prima a pagar por el cliente.

Para evitar los sesgos subjetivos en el calculo, tanto en la valoración de siniestros como en la determinación de su impacto en la prima y, particularmente, la repercusión que la ocurrencia de alguno de ellos puede tener en la propia viabilidad futura de la aseguradora, se consideró necesario establecer la relación entre riesgo asumido y capital necesario para responder del eventual desembolso para su atención.

Dentro de los instrumentos legales utilizados para la salvaguardia de la estabilidad y confianza que precisan las compañías de seguros, tales como las reservas técnicas, la supervisión y control de sus inversiones, las tarifas aplicables, etc., cobra cada día más fuerza el capital regulatorio necesario para responder de los siniestros acaecidos, conocido en el sector como margen de solvencia

En ese sentido, en los años 50 del pasado siglo, la Organización para la cooperación y desarrollo europeo (OCDE) estableció en el 25 % de las primas anuales el patrimonio mínimo estimado para garantizar la protección de la aseguradora ante una posible quiebra derivada de la ocurrencia de siniestros asociados a los riesgos asumidos[1].

En los años sesenta, la comisión de la Comunidad Europea presidida por Bruno de Mori, basándose en los estudios anteriores, pretendió dar respuesta a tres aspectos relativos a la seguridad de las compañías, vinculados entre sí:
-          garantías financieras que pudieran formar parte del capital exigido
-          métodos necesarios para determinar estas garantías
-          establecimiento de un nivel mínimo absoluto de esta garantía complementaria

Con todo ello, la Comisión analiza el volumen de siniestros brutos frente a las primas emitidas y propone una media ponderada del capital del 24 % del volumen de primas.

Sin embargo, el crecimiento del mercado. El desarrollo de nuevos y cada vez más complejos productos y la necesidad de supervisión desembocan en el establecimiento  por el Grupo de Cuestiones Económicas del Consejo de las Comunidades Europeas de un conjunto de normas que son conocidas como SOLVENCIA I

El sistema de Solvencia I descansa fundamentalmente sobre los siguientes principios y magnitudes.

§         Margen de solvencia no vida, que se calcula en función de un índice de primas o de siniestros (el mayor) teniendo en cuenta la tasa de retención de negocio frente al reaseguro
§         Margen de solvencia vida, que se calcula en función de un índice de provisiones matemáticas y capitales en riesgo (se suman) teniendo en cuenta la tasa de retención de negocio frente al reaseguro.
§         Fondo de garantía, que se calcula en función del margen de solvencia con unos mínimos absolutos
§         Principios de inversión de las Provisiones técnicas. Se definen restricciones en las clases de activos y cuotas máximas para evitar la concentración de riesgos.


SOLVENCIA I fortaleció la supervisión exigiendo que los requisitos de solvencia se cumplieran en todo momento y otorgó a las autoridades de supervisión derechos de intervención ampliados.

Con todo, rápidamente se pone de manifiesto que el sistema SOLVENCIA I adolece de ciertas carencias:

  •  Escasa estandarización, lo que le lleva a permitir demasiadas diferencias entre los Estados miembros de la UE, aún cuando la norma nace en la propia UE.
  •  Es prontamente superado por la evolución del mercado con el desarrollo de nuevos riesgos asumibles y por la operativa intersectorial (con especial énfasis al papel de las entidades financieras, con gran volumen de negocio cruzado).
  •  Las magnitudes de solvencia se basan en parámetros que sustituyen inadecuadamente al riesgo técnico. Riesgos distintos de los técnicos no se tienen en cuenta o sólo parcialmente.
  •  No son adecuadamente consideradas ni la diversificación ni ciertas formas de transferencia del riesgo.
  •  En el ámbito del reaseguro no se valora la calidad crediticia de los reaseguradores.
SOLVENCIA I NO HACE NINGUNA CONCESION POR EL PERFIL DE RIESGO ESPECÍFICO DE LA ENTIDAD

La evidencia de estas carencias aconseja una revisión del sistema, fundamentada en algunos aspectos tales como.

Ø      el creciente proceso de globalización y creación de un mercado financiero único, que requiere la homogeneización de los criterios establecidos por los Estados Miembros de la Unión Europea para la medición de los niveles de solvencia de las entidades aseguradoras del ámbito común.
Ø      la necesidad de poner en marcha sistemas de supervisión de carácter preventivo y dinámico que permitan evaluar la posición de solvencia de las entidades y su evolución a medio y largo plazo.
Ø      el lanzamiento por parte de las compañías aseguradoras de nuevos productos con componentes financieros cada vez más significativos, que  exige la aplicación de criterios de solvencia cada vez mas parecidos a los establecidos para los bancos.
Ø      la convicción de que la solvencia de una aseguradora no debería estimarse únicamente a partir de datos financieros que surgen de un balance contable. Debería tenerse en cuenta aspectos tales como la exposición al riesgo, siendo importante identificar los riesgos que asume una aseguradora y la gestión que efectúa de los mismos; su tamaño; estrategias; políticas de protección en reaseguro; etc.

Se inician así los trabajos para la implantación de un nuevo estándar regulatorio de capital que viene a conocerse con el nombre de SOLVENCIA II. Es importante señalar que, en el estudio y futura promulgación de la norma se tiene en cuenta que las compañías a las que se dirige pueden estar sometidas a legislaciones nacionales diferentes, tener vocaciones de inversión (e incluso de coberturas de riesgos) particulares u otros parámetros que podrían dificultar la adopción inmediata de normas de actuación comunes. Para ofrecer salida a esos escollos, Solvencia II se estructura, siguiendo el modelo del proceso Lamfalussy[2], en cuatro niveles de actuación: 

  • Nivel 1.- La Comisión Europea elabora una Directiva tras un período de consultas con el Parlamento Europeo y el Consejo. Esta Directiva consta de normas generales o “principios” de regulación del trabajo
  • Nivel 2.- Deriva del asesoramiento del CEIOPS (Commitee of European Insurance and ocupational pensions supervisors) en base a consultas realizadas a los participantes del mercado (usuarios finales y consumidores) que consolidan en propuestas de actuaciones técnicas. La elaboración de las correspondientes normas se delega en un comité de reguladores que permite a futuro una reforma ágil de las mismas.
  • Nivel 3.- Lo constituyen las directrices que los supervisores deberán aplicar en cada caso respecto de cada “principio” de la Directiva
  • Nivel 4.- Se compone de Normas que reservan a la Comisión Europea la función de vigilancia y aplicación homogénea en todos los estados miembros.

De Solvencia I a Solvencia II

Además de las razones de orden técnico detalladas con anterioridad para justificar la necesidad de un nuevo marco regulatorio, los trabajos de elaboración del mismo se fundamentan en un propósito principal y otros más accesorios. El objetivo principal de los trabajos de desarrollo es doble:

  • Salvaguarda de  la  solvencia de la compañía

  • Protección  de  los  derechos  de  los consumidores[3]

Para la consecución de esos objetivos, los reguladores no pueden olvidar que el Mercado condiciona de forma muy importante la actuación de la aseguradora, por lo que, accesoriamente, se persigue:

  • Mantenimiento  de la estabilidad y confianza en el Mercado

  • Supervisión de la conducta del Mercado

  • Mantenimiento de la competencia del Mercado

  • Mantenimiento  de  la  eficiencia del Mercado

Paralelamente, la implantación (y supervisión de su mantenimiento) de unos requerimientos en cuanto a la solvencia, debe entenderse como una oportunidad de mejora e incremento de negocio en base a la indispensable implementación del correspondiente sistema de calidad que conduzca adicionalmente al siguiente propósito:

  • Ayuda al objetivo de “Cero fallos”

Finalmente, en un bucle que recuerda el objetivo principal, el sistema persigue mejorar el estándar de información al consumidor y de compensación al mismo.

En un enfoque a caballo entre los requisitos técnicos y los conceptos  a que se refieren, las actuaciones y revisiones a llevar a cabo con el fin de implantar en el sector asegurador SOLVENCIA II se han basado en los siguientes principios orientadores:
  • Los recursos propios deben ser más sensibles al riesgo que los actualmente vigentes. Es necesario diseñar métodos de cálculo para que las exigencias de solvencia evolucionen junto con los perfiles de riesgo de las aseguradoras.
  • Las aseguradoras deben desarrollar sus propios sistemas y modelos de de control de gestión interna para poder determinar cual es nivel de recursos propios que necesitan.
  • Se deben incluir incentivos para que se mejore constantemente la capacidad de medición y gestión de los riesgos.

Los mecanismos y competencias de Supervisión deben ser reforzados para poder detectar situaciones o tendencias que puedan causar a futuro incumplimientos de los niveles de Solvencia. Los Supervisores deben contar con el marco normativo y los medios necesarios para poder evaluar el control de gestión interno de las aseguradoras y poder adoptar medidas administrativas en caso necesario.

Las aseguradoras deben incrementar la divulgación informativa, y así mediante una mayor transparencia impulsar la disciplina de mercado, como mecanismo que estimule a mantener los niveles de recursos propios adecuados.

La articulación de estos principios orientadores se ha llevado a cabo mediante la formulación de los denominados Tres Pilares:

    • Exigencia de fondos propios

    • Procesos de supervisión

    • Disciplina de mercado


En boletines sucesivos analizaremos en detalle cada uno de estos pilares, estudiaremos las coincidencias y divergencias entre Solvencia II y Basilea II y, teniendo en cuenta la evolución del mercado de seguros y la cada vez más estrecha colaboración entre aseguradoras y entidades financieras (que comercializan de forma habitual productos de seguro no siempre basados en el componente financiero, sino también de simple cobertura de riesgos) recordaremos el mapa de riesgos de las aseguradoras, a fin de familiarizar con el mismo a los empleados que comercializan pero que su formación no es estrictamente de seguros.



[1] En principio se barajaron tres variables de estudio: volumen de primas, volumen de siniestros y reservas técnicas que, finalmente, fueron desechadas como factor de cálculo.
Las características fundamentales del modelo de la OCDE fueron:
-          carácter global del cálculo, efectuado sobre el total de operaciones de la aseguradora
-          carácter variable del margen de solvencia, de manera que el porcentaje se desliza a la baja a medida que aumenta el volumen de operaciones (y primas cobradas) de la compañía
-          no influencia de la forma jurídica de la aseguradora
-          importancia del reaseguro cedido, con dos opiniones enfrentadas, quienes lo toman como un factor de estabilidad y quienes lo aislando la responsabilidad del directo


[2]El proceso Lamfalussy se utiliza en la Unión Europea para el desarrollo legislativo de los servicios financieros (valores, banca y seguros). Debe su nombre al presidente del comité asesor que lo creó, en marzo del 2001, Alexandre Lamfalussy, y está constituido por varios niveles, cada uno de ellos centrado en un estadio específico de la creación e implementación de la legislación financiera.


[3] En el análisis comparativo de Solvencia II y su homóloga en las entidades financieras Basilea II, podrá comprobarse que una seña de identidad de Solvencia II es, precisamente, el objetivo de velar por los derechos de los consumidores

jueves, 13 de octubre de 2011

La crisis sistémica

Jean Claude Trichet acaba de declarar que la crisis (de la deuda) es sistémica y que necesita una salida urgente. Trichet se suma así a cuantos han defendido desde hace tiempo que la crisis es de ms calado de lo que se quería admitir´ante la opinión pública. Vale la pena repensar en este punto la responsabilidad de la clase política (a veces, realmente bienintencionada) en su tozuda ocultación de la realidad hasta que, como una bomba de relojería mal programada, le estalla en las manos. Pasa en todos sitios: la crisis que es presentada como desaceleración, el desastre de Fukushima presentado como un simple escape sin importancia, el escape de fuel del Prestige ofrecido como unos hilillos de plastilina o, como en el caso que nos ocupa, los esfuerzos por hacer ver que esto que nos envuelve es una cuestión pasajera de las entidades financieras.

Quizá convenga hacer un repaso de urgencia sobre el poliedro de la crisis:
- económica, por la competencia derivada de la globalización, por el agotamiento de los mercados tradicionales, por la fuerte caída del consumo,...
- financiera, por el endeudamiento de países, empresas y familias, por la deslocalización en búsqueda de beneficios, ....
- de liderazgo por el divorcio entre el político y el ciudadano, por la confusión empresarial, por la falta de coordinación entre el sector público y el privado,...
- de modelo, en fin, y este punto final, que resume todos los anteriores, citados y no citados. es el que preocupa. Parece evidente que es necesario un cambio de modelo, pero ¿cómo hacerlo? ¿cómo desguazar un sistema que se derrumba cuando no se dispone de alternativa?
la crisis de la sociedad la crisis de la sociedad
Más allá de los "indignados" o del "occupy Wall Street", el cambio necesita un nuevo paradigma en el que la constante exigencia de derechos dé paso a la aceptación de la responsabilidad de cada uno, cada persona, cada partido, cada organización, cada empresa, en la labor necesaria para solventar la crisis (el coloquial "arrimar el hombro" que sustituya al "pues tú, más") y la admisión de que el nuevo modelo no será comparable con el tradicional. Y ello puede empezarse alineando el conocimiento con las finanzas y la producción, pero también alineando lo público con lo privado.

martes, 11 de octubre de 2011

El Nobel a las evidencias

El recientemente concedido Premio Nobel de economía a los estadounidenses Thomas Sargent y Christopher Sims puede ser interpretado sin demasiado esfuerzo como el premio Nobel al sentido común del análisis. En efecto, la tradición es que, año tras año, la divulgación del premio venga seguida por una búsqueda frenética del lector interesado de qué es exactamente lo que ha merecido el premio, generalmente sesudos y complicados análisis fuera del alcance del común de los mortales.
Este año no. El Nobel de economía de 2011 ha ido a parar a dos economistas (entre muchos otros que comparten la génesis de sus estudios) que se han preocupado por aportar mecanismos que relacionan las políticas económicas de los gobiernos con elementos puramente económicos como la inflación, el paro, la competitividad y todos esos aspectos que a  veces se nos han querido presentar como compartimentos estancos y de generación espontánea.
A ojos del profano, la relación es evidente, pero no está de más que una institución como el Nobel la respalde, sobre todo si tenemos en cuenta que el Nobel de Economía fue un "invento" del Banco de Suecia en la década de los sesenta del pasado siglo y que, por lo tanto, es de suponer que se le conceda un cierto peso a la practicidad del merecimiento del premio.
 Es curioso que, con motivo de la concesión, todos se sumen al carro afirmando sin rubor que hasta el último bedel del último departamento del economía de la última institución u organismo, venía aplicando la estadística de Sargent y Sims olvidando en sus declaraciones que si eso fuera así, muchos quebraderos de cabeza actuales o no serían o serían diferentes. Los estudios de los premiados corresponden a la década de los últimos años 70  y en ningún momento pueden tomarse (¡ojalá!) como una varita mágica para solucionar la crisis actual.


Pero la vuelta al sentido común, y que éste sea premiado, es una gran noticia. Enhorabuena a los premiados y, en esta ocasión, también a quienes lo han concedido.

martes, 4 de octubre de 2011

La globalización de los "indignados"

Hoy se ha conocido la noticia del apoyo que el financiero George Soros (y otros, como Noam Chomsky)presta al movimiento de los "indignados" que, a estas alturas, no se sabe muy bien si es reflejo de las revueltas árabes, o es algo diferente aún con puntos de coincidencia.
Que Mr. Soros, que algo de los entresijos del mundillo financiero debe saber, declare su solidaridad con el movimiento porque realmente "muchas personas lo pasan mal debido a las medidas que aplican los bancos que. además, están asfixiando a muchos pequeños empresarios" debería ser algo más de un toque de atención a quien corresponda en el sentido de que no valen bromas y que el movimiento ha de tomarse muy en serio. La primera medida debe ser identificar y canalizar las propuestas y la segunda (seguramente simultánea con la primera) estudiar todas las que sean razonables y viables priorizando en orden a las necesidades de la sociedad y no de la clase política.
Un movimiento que (revueltas políticas árabes aparte) nace en un país exótico y de segundas para quien mueve los hilos como es España, pero que adquiere músculo en un país como USA abanderando una rebelión que inicialmente va contra Wall Street y lo que ella representa, pero que ya guarda el germen de la inconformidad contra los sistemas políticos, no puede tomarse a la ligera. Los poderes no pueden caer en el recurso fácil de la desacreditación global considerándolos un puñado de desharrapados alborotadores antisistema.


La respuesta hasta ahora ha sido la represión, pero, como quiera que, en España y fuera de ella, estamos en permanente campaña electoral no parece descabellado sugerir que algún partido político de los que dicen priorizar en la búsqueda del bien y del bienestar común analice en serio las peticiones y asuma las que sean razonables, colores políticos aparte. Y después las cumpla, claro.

lunes, 3 de octubre de 2011

Los atajos insensatos.

Con la que está cayendo, cuando se tiene la sensación de que todo lo que hay alrededor se derrumba sin remedio, se publican nuevas noticias que vienen a aportar una mayor intranquilidad.
Alguna vez hemos dicho que las normas y las leyes están pensadas para las personas decentes; que situaciones como la actual aconsejan un mínimo de sosiego para superarlas, dentro de esa tranquilidad que otorga la decencia, sin dejarse llevar por el desánimo de los voceros, las agencias de calificación y otros elementos distorsionadores.
Pero cuando se confirma que un país (que, si hay que creer a los "expertos", puede llevarnos a todos a la bancarrota, a unos por el impacto directo de compartir la moneda única y al resto por el efecto dominó) ha hecho trampas en sus informes ayudado, eso sí, por una institución, curiosamente americana, de gran prestigio y, al parecer, libre de culpa. cuando otro país reconoce que también ha hecho trampas y teme ahora verse sometido a mayor presión por el resto de socios comunitarios, cuando otros países parecen estar "a verlas venir" sin tomar decisiones que, obviamente, resultan dolorosas, ... puede llegar a entenderse que no todos son lo decentes que se suponía y que el acrónimo de "pigs" (o piigs) utilizado en su día por los medios, quizá no andaba desencaminado en algún caso.

Y nos referimos, claro, a Grecia y sus cuentas falseadas con la colaboración de Goldman, y a Portugal con las trampas en las cuentas de Madeira.