sábado, 10 de junio de 2023

Historias de una historia.


Las vueltas que da la vida… Al finalizar la guerra (in)civil española, las medidas económicas presididas por una obligada autarquía junto a una (¿por qué no decirlo?) galopante corrupción de los vencedores provocaron un empobrecimiento y una diáspora social en la que una importante masa de españolitos, no todos por razones políticas (que también), buscaron acomodo en lugares en los que, simplemente, podían vivir dignamente a la vez que se aseguraban, dentro de lo posible, con esfuerzos y privaciones, un futuro que aquí no se vislumbraba, cuestionando así, cuando menos, el “… cualquiera tiempo pasado fue mejor ...”, de Jorge Manrique. Uno de esos lugares estaba “más allá del charco”, en una Venezuela en la que, para finales de la década de los años 40 y la de los 50 del pasado siglo, se experimentaba un alto crecimiento económico sostenido, estaba todo por hacer, había paz social y casi la mitad de su territorio era entonces, por cierto, prácticamente ignoto. Y hacia allí marcharon muchos, dejando sus orígenes en el recuerdo, con toda la voluntad y fuerza de la juventud, conocedores por experiencias próximas también de otros países más cercanos en los que los hijos podían comer todos los días, cosa que no ocurría aquí, pero en los que las perspectivas de progreso eran, a priori, menores. A partir de aquí, hubo de todo, naturalmente: quien desfalleció en su esfuerzo, quien no se adaptó, quien asumió que no había sido una buena idea pero que no volvió por el “qué dirán”,… y algunos que se integraron en un país que pasó a ser el suyo sin desdeñar los recuerdos y vivencias anteriores, siempre presentes. Y hablaban maravillas de Venezuela y, cuando años después estaban totalmente consolidados en el nuevo país, les encantaba enseñar como si fueran propias (en el fondo, lo eran) la ciudad de Caracas, las zonas selváticas de Canaima y sus tepuyes1 frente a las nieves perpetuas del estado de Mérida, la Colonia Tovar (huellas de la repoblación del país por colonos reclutados y llegados expresamente de Alemania), Isla Margarita, la artesanía indígena, las joyas, etc. De uno de ellos oí una definición de patriotismo que da que pensar, más allá de proclamas y consignas oficiales: “La patria es el lugar donde crecen tus hijos; lo demás son recuerdos de un pasado”. Pero decíamos al principio que la vida da muchas vueltas, algo que, aquí también, se cumple a rajatabla; la política, ¡ay, la política!, hizo que en poco tiempo desapareciera en el país de acogida la paz social2 y que en un país rico, con enormes reservas de recursos, se enseñoreara la carestía de productos de todo tipo, fruto del despropósito económico se vaciaran a pasos agigantados las estanterías de los centros comerciales, supermercados y tiendas de barrio, y las colas de gente para todo pasaran a formar parte del paisaje, con lo cual, esa otra definición de patriotismo, atribuida a Montesquieu, de que “la patria es donde nos sentimos felices y libres” dejaba de tener sentido.. Y los descendientes de algunos de aquellos que dejaron una España convulsa para labrarse un futuro en otro país, y lo habían conseguido sin olvidar sus raíces, ahora se encontraban haciendo el viaje de vuelta o recalando en otros territorios como exiliados, peticionarios de asilo o “refugiados políticos”, que se ve que, en los protocolos de un formulario, no es igual que “refugiados económicos” pese a que en ambos casos la intención última coincida y sea, simplemente, vivir en paz. En fin, que la vida es un pañuelo, y a cualquiera le puede tocar, en el momento más inesperado, su cara menos agradable.


Por cierto, ya que estamos en Venezuela y Canaima, una historia curiosa. Asociamos el nombre “Salto Ángel” con la famosa caída de agua más alta del mundo, de casi un kilómetro de caída libre en vertical, situada, precisamente, en la selva venezolana de Canaima. El nombre de la cascada se debe al aviador estadounidense James Angel, a quien se le ha atribuido su descubrimiento, pero para entonces la zona ya había sido explorada por otros extranjeros que lograron ganarse la confianza de los nativos de las tribus originarias. Uno de ellos fue el catalán Félix Cardona Puig, quien incluso sirvió de guía a Angel en su incursión por el Kerepakupai (que significa «salto del lugar más profundo» y es como se llama la cascada originalmente en idioma pemón3). Pero Cardona nunca buscó fama, sus motivaciones obedecían a un genuino interés por la naturaleza. Podríamos considerar a Félix Cardona Puig como el explorador más importante de la Guayana venezolana de todos los tiempos. Nació en Malgrat de Mar, Barcelona, en 1903. Su nacimiento había sido un año posterior a la coronación de Alfonso XIII, un rey, según las crónicas, entregado a las mujeres, a la buena vida, a las fiestas, al hipódromo, al canódromo; todo un incapaz en asuntos serios de Estado y un incompetente para hacerle frente a las serias dificultades de una España vapuleada por las recientes pérdidas de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, aunado a la guerra con Marruecos donde se estima que perecieron más de 27 mil hombres, en su gran mayoría jóvenes soldados, provenientes de los estratos más pobres, enviados al matadero en sustitución de los hijos de la burguesía española. Aunque la niñez y adolescencia del muchacho consta que transcurrieron dentro de una familia a la que no le faltaba nada, la ruina campaba a sus anchas a lo largo y ancho del territorio; el descontento generalizado comenzó a ser el caldo de cultivo de la organización de bandos cada vez más radicales, ansiosos de extirpar al rey inútil y dar paso a la fundación de una república. En 1922 Cardona concluyó estudios en la Escuela Náutica de Barcelona y ese mismo año realizó un viaje alrededor del mundo del que regresó con el título de Capitán de la Marina Mercante en el bolsillo. Regresó a su ciudad natal donde se encargaba de la empresa familiar de tejidos, la cual exportaba algunos de sus productos a Venezuela. Las cosas aquí iban de mal en peor; los 32 gobiernos en España en el lapso de 20 años mostraban la inestabilidad política. Los años pasaban en aquel turbulento país de pronóstico infernal, todos se preguntaban cuándo tocarían fondo y, para cualquier madre preocupada por el futuro de su hijo lo mejor era que el joven se marchase de la barbarie e hiciese su vida. Las ideas seductoras del comunismo soviético y, al otro lado de la balanza, del fascismo naciente en Italia rondaban en las mentes de la población sedienta de justicia, paz, orden, equidad, y en muchos casos: venganza; los catalanes y vascos pujaban por su independencia, se negaban a continuar unidos a un país fracasado, virulento y corrupto. Por razones, en último extremo, de índole económica, Cardona viajó a Venezuela, desembarcando en el puerto de La Guaira el 18 de abril de 1927. Comenzó a realizar expediciones por las selvas guayanesas desde el mismo momento de su llegada, en compañía de su amigo, el también catalán, de Barcelona, Joan Maria Mundó Freixas, representante comercial en Venezuela de la compañía textil de la familia Cardona, además de buscador de oro, diamantes, cauchero, explorador, cartógrafo, etc.,que llevaba varios años conociendo esta amplia región de Venezuela. Y ya en mayo del mismo año 1927 Cardona y Mundó divisaron en el macizo del Auyantepuy4, el gran salto de agua que más tarde se conocería como salto Angel. Las historias de Mundó sobre sus experiencias con los indígenas (Mundó explicó con sus propias palabras la fragilidad de las comunidades indígenas con las que tuvo contacto:”A veces tengo tentaciones de encerrarme con ellos en su territorio y aumentar, si fuese posible, su aislamiento del resto del mundo; tal vez serían más felices. Pero como la Tierra es pequeña, este aislamiento no podría durar, y hay que preparar a esta buena gente para que no sean atropellados o absorbidos. Esta tribu de gente fuerte, trabajadora…”), la descripción de los majestuosos ríos y el levantamiento topográfico de algunas zonas cautivaron a Félix, quien se unió inmediatamente a la expedición que venía preparando su amigo. Los ríos Orinoco, Caroní, Carrao, y una ingente cantidad de afluentes conectados unos con otros como un sistema cardiovascular, aunado a la indómita belleza de aquella escenografía selvática maravillaron a Félix. El impacto marcó toda su vida posterior: pasó buena parte de ella caminando, conviviendo con los indígenas y aprendiendo sus lenguas, buscando diamantes para financiar su modo de vida, colaborando con el gobierno venezolano en la fijación de las fronteras y realizando muchas otras actividades. Ambos personajes, Cardona y Mundó, comprendieron que los indígenas mostraban recelo ante su presencia; sus creencias les indicaban que sus dioses se enfurecerían y secarían los ríos si cedían a que unos extraños se internaran aún más en tierras sagradas. Por ese motivo estudiaron su lengua, convivieron con ellos, adoptaron sus costumbres como si se tratasen de individuos de la misma comunidad; se dice que obsequiaron radios y un fonógrafo ̶ ¿cómo sería aquel alboroto de asombro? ̶ . Con esa actitud se ganaron la confianza, especialmente de los curanderos que tienen mucha influencia en las tribus.


A lo que íbamos, y para resumir: en el año 1927 Cardona y Mundó acamparon frente al imponente salto de agua el Kerepakupai; en 1928 Mundó enfermó gravemente en la selva y falleció en 1932. Félix regresó en varias ocasiones al Kerepakupai; lugar al que posteriormente él guiaría a James (Jimmy) Angel en el avión monomotor “Río Caroní” propiedad de este último. Posteriormente Jimmy le sugiere llegar en su avioneta a la cúspide, e insiste en aterrizar en la cima , de lo que el catalán pretende disuadirlo por lo arriesgado, quedándose Cardona en tierra; Jimmy y sus acompañantes realizan su propósito y ocurre, como estaba previsto, un accidente que ocasiona que la avioneta se incruste en el suelo con la suerte de no haber víctimas, siendo el propio Cardona el que organizó y ayudó en el rescate. ¿Cuál fue la motivación de bautizar aquel monumento natural con el apellido del piloto norteamericano?, Pues fue el ingeniero Gustavo Heny quien, al parecer, al recibir noticias por parte del propio aviador del accidente y de la existencia de un asombroso salto de agua, le preguntó el nombre y, al no saberlo, Heny le sugirió que se llamara Ángel “para atraer a turistas americanos”, y así quedó, después de todo es un apelativo místico. ¿Sería una injusticia para Félix?, de ningún modo; primero, él mismo afirmó que no había descubierto la cascada porque la zona había sido transitada por capuchinos catalanes y otros occidentales desde el siglo XVIII; segundo, en 1910 un teniente de la Marina de Guerra venezolana había levantado un croquis de la región, aunque por la documentación existente se deduce que el explorador militar no tenía conocimiento del salto; tercero, el catalán mantuvo una posición de respeto absoluto frente a los nombres asignados por los indígenas, excepto al prometer, en una ocasión en la que volvió a su tierra natal, que bautizaría al lugar del nacimiento del río Orinoco con el nombre de Francesc Macià (que no pudo cumplir porque la empresa para buscar esas fuentes del río había sido creada y auspiciada en exclusiva por el Estado venezolano aunque Cardona tuvo una participación esencial en todos los aspectos de la expedición) antes de partir nuevamente a La Guaira con su esposa Carlota Johnson y su hijo recién nacido en un vapor y, durante la travesía estalla la guerra y nunca volvió a España; cuarto, nunca estuvo al acecho de la fama, sus motivaciones obedecían a un interés profundo por la naturaleza.


Miembro honorario de la American Geographical Society, sus trabajos cartográficos del sur de Venezuela fueron publicados en la revista de esta institución (la American Geographic Magazine) y sirvieron de base para la elaboración del mapa de América a escala 1:1.000.000 que todavía se usa como base en los Atlas y mapas actuales. Varias especies de la fauna y flora venezolanas fueron bautizadas con su apellido y aparecen registradas en los catálogos de la Smithsonian Institution5. Podemos afirmar por tanto, nombre del salto aparte, que Félix Cardona Puig, ilustre desconocido, además de haber sido capitán de la marina mercante, fue un explorador, cartógrafo, ornitólogo, entomólogo, botánico, fotógrafo, indigenista, conferencista; en fin, un hombre inquieto, superlativamente curioso de la naturaleza y del ser humano. ¿Se pueden ser tantas cosas a la vez?, ¿tendría compatibilidad con la especialización exagerada que se exige en la actualidad? Bajo la actual concepción, si no se cumple con este último requisito, entonces el individuo no califica: qué aburrida se ha vuelto esta generación de “millennials” que gobierna al mundo.

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1Un tepuy o tepui es una clase de meseta especialmente abrupta, con paredes verticales y cimas relativamente planas. Sobre las cimas de estos tepuyes nacen ríos y gigantescas cataratas. Como curiosidad, el escritor escocés Arthur Conan Doyle imaginó en su novela El mundo perdido que sus cimas eran el hábitat de enormes dinosaurios.

2Puesto que el chavismo (llamémoslo ya por su nombre) no es sólo una corriente política, sino que es sobre todo una realidad sociológica. Pase lo que pase, está instalado en el sentimiento de la población más humilde; igual que, por ejemplo, el peronismo en Argentina. Hugo Chávez, su impulsor, inventa para Venezuela y América Latina lo que podríamos llamar una “política de la liberación”, como decimos que existe en el catolicismo una “teología de la liberación”, con una opción preferencial por el pueblo, los pobres y los humildes. En cierto sentido, el chavismo es una narrativa que explica a los venezolanos quiénes son, a qué pueden aspirar y cuáles son sus derechos en una explicación nueva que da respuesta a viejas preguntas: ¿qué es la sociedad venezolana?, ¿cuáles son sus problemas?, ¿quiénes son las víctimas?, ¿quiénes los culpables?, ¿qué soluciones?. Pero el chavismo es una opción revolucionaria: es,se dice, sobre el papel, el proyecto más innovador y más atrevido que ha tenido Venezuela desde Bolívar, el único proyecto de paz, desarrollo, justicia y prosperidad para el pueblo venezolano desde 1810. Se trata, pues, de un socialismo surgido en América Latina, que debe ajustarse a nuestro tiempo. Ese “socialismo del siglo XXI” se considera compatible con la propiedad privada, aunque alienta otras formas socialistas y solidarias de propiedad como la cooperativa y la cogestión. También se declara compatible con el nacionalismo económico.

3El idioma pemón (también llamado arecuna) pertenece a la familia de idiomas caribe cuya existencia se estima remontarse a 3700 años atrás. Esta familia es una de las mayores en América y habría tenido su extensión máxima en el momento del contacto con los europeos, y es hablado hoy día por aproximadamente treinta mil personas. La constitución de 1999 declaró al idioma pemón como uno de los idiomas oficiales del país, aunque esto no ha tenido muchas repercusiones ya que los alumnos de primaria reciben algunas clases en pemón aunque la educación se desarrolla ante todo en castellano.

4Que en pemón significa la “montaña del diablo”, es el tepuy más grande, más famoso y visitado de Venezuela.

5Centro de educación e investigación que posee además un complejo de museos asociado. La mayoría de sus instalaciones están localizadas en Washington D. C., pero entre sus 19 museos, nueve centros de investigación y un zoo se encuentran algunos situados en Nueva York, Virginia y en Panamá, entre otros lugares.

 

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