miércoles, 25 de octubre de 2023

¿Música endemoniada?



N
iccolò Paganini nació en 1782 en el corazón de Génova hijo de un comerciante con poco éxito que encontró en la mandolina una forma de aumentar sus ingresos y ése fue el instrumento que Niccolò empezó a tocar con tan solo 5 años, con un oído excepcional y habilidad innata para la música, aunque a medida que crecía se dio cuenta de su verdadera pasión: el violín pese a que también se familiarizó con la viola y, más adelante, con la guitarra. A pesar de su destreza en la guitarra, Paganini nunca se sintió cómodo tocándola en conciertos, y solo la tocaba en reuniones íntimas. Como le pasaba a Aznar con el catalán. Paganini, aparte de su fama como mujeriego y jugador, nació con unas características físicas únicas que le otorgaban una ventaja adicional, poseía una envergadura desmesurada para su altura, dedos largos y flexibles, y la capacidad de doblar el pulgar hasta el dorso de la mano. Estas características le permitían hacer acrobacias con el violín inalcanzables para otros. Ejecutaba especialmente bien el violín “Il Cannone” construido en 1743 por Guarneri. Era capaz de tocarlo con tres, dos e incluso una sola cuerda, logrando que pareciera que sonaban varios violines a la vez. Como curiosidad, debido a su fuerte sonido y reverberación, este violín llegó a ser conocido como Il Cannone Guarneri (“El cañón de Guarneri “). Según los registros, porque no se tiene ninguna grabación del compositor, Paganini fue capaz de perfeccionar la técnica del “pizzicato a la mano izquierda” y la “doble armonía”, dos técnicas que solo se volvieron comunes en la interpretación del violín décadas después. La maestría de Paganini con el violín generó rumores de que había hecho un pacto con el diablo por sus habilidades, impulsados por un encuentro en el que alguien afirmó haberlo visto junto al diablo. Otros creían que estaba envuelto en el misterio y lo relacionaban con los espíritus de los muertos, debido a su aspecto físico delgado, facciones angulosas y su predilección por vestir de negro. Paganini aprovechó su imagen misteriosa para aumentar su fama, alimentando las especulaciones de que había vendido su alma al diablo por su prodigiosa habilidad musical. No hizo nada por disipar estos rumores, lo que agregó a su aura mística y atrajo a más personas a sus conciertos. Si la gente quería creer que era amigo del diablo, que así fuera. Quizás esto contribuyó a llenar los teatros con curiosos que buscaban ver si tenía alguna conexión directa con el mundo musical infernal. Además, se sabe que tuvo varios romances a lo largo de su vida, y uno de ellos resultó en el nacimiento de su hijo Aquiles. A pesar de su estrellato y genialidad, la vida de Paganini no estuvo exenta de dificultades. Luchó contra la mala salud durante la mayor parte de su vida, se cree que fue adicto al mercurio, utilizado como tratamiento en esa época, lo que le causó graves problemas de salud, incluyendo temblores y una pérdida progresiva de la voz. Además, aunque no se ha confirmado, también se cree que tenía el Síndrome de Ehlers-Danlos, una condición genética que causaba hiperflexibilidad en sus articulaciones y le permitía realizar proezas casi acrobáticas en el violín. Además, sufría de la enfermedad de Marfan, que se caracteriza por la extrema longitud y delgadez de los miembros, lo que podría explicar su excepcional envergadura en el violín. Falleció con 57 años y, debido a los rumores de su pacto con el diablo, su cuerpo pasó varios años sin ser sepultado debido a la oposición de la Iglesia Católica. Finalmente, sus restos fueron embalsamados y guardados en el sótano de una casa en Niza. Posteriormente, fue enterrado en un cementerio en Parma, pero luego se autorizó el traslado de sus restos a Génova, donde finalmente fue sepultado. El genio de Paganini sigue resonando en la música clásica. Su influencia se extiende más allá de la música y su vida continúa siendo objeto de fascinación, con numerosos libros y películas que relatan su historia. Como dice el viejo refrán, su música era tan hermosa que “incluso el diablo quería ser amigo suyo”. Su influencia puede sentirse en cada nota tocada por los violinistas contemporáneos. Como bien dijo Robert Schumann: “Después de Paganini, ¿qué queda por hacer?" Muchas son las obras que el gran Paganini compuso tanto para violín como para otros instrumentos. Una de ellas es la de 24 caprichos para violín y de la que hoy recordamos el nº24.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario