viernes, 13 de octubre de 2023

Pacifismo ante todo.



En un mundo confuso y convulso, como es en el que nos ha tocado vivir (Israel, Ucrania, Siria, Yemen, Sudan,...), en el que es un pecado mortal remar contra corriente, y mucho más grave, decirlo, se echan de menos más figuras como Bertrand Russell. ¿Que quién era? Las etiquetas de filósofo, matemático, escritor, educador y divulgador, son apropiadas pero no bastan para darnos una idea de la persona que fue Bertrand Russell: vivió 97 años (nació en 1872 y murió en 1970), se casó en cuatro ocasiones, escribió más de 70 libros, estuvo dos veces encarcelado, recibió el premio Nobel de Literatura en 1950, viajó a Francia, Alemania, Rusia, China, EE.UU.,... luchó por el voto de la mujer, el pacifismo y por la fundación de una organización mundial que, aglutinando a todas las naciones, lograse poner fin a todas las guerras. Sus obras en el ámbito de la lógica y los fundamentos de la matemática supusieron su mayor aportación al campo de la filosofía. Fuera de ésta es conocido por sus, entonces "escandalosos", escritos en torno a la religión, la guerra, el matrimonio, el trabajo o el sexo. Figura controvertida y polémica, amada por unos y vilipendiada por otros, tanto la obra como la vida de Bertrand Russell se caracterizó por un talante crítico, una pasión profunda e intensa y una independencia de pensamiento cuya frescura y vitalidad sigue latiendo en sus escritos. Como todos los pensadores críticos, Russell es mucho más interesante y valioso cuando niega que cuando afirma, porque obliga a pensar. Sobre todo, su individualismo valeroso, su heroísmo irónico, su rebelión antijerárquica, su defensa de la vida y de la plena expansión sexual, su postulación de una educación creadora y no represiva, su exigencia de una organización política basada en la federación de pequeños comités populares, todas sus posturas más personales le convierten en el más válido precursor de la liberación preconizada por la "new left" de Europa y América. Sus derrotas nos enseñan tanto como sus parciales triunfos.


De sangre de la aristocracia aunque del Partido Laborista, Bertrand Arthur William Russell era hijo de John Russell, vizconde de Amberley y de Katrine Louisa Stanley, nieto de lord John Russell, primer conde de Russell, dos veces primer ministro con la reina Victoria. Huérfano a los seis años tras la muerte de su madre, y posteriormente de su padre, que no se recuperó de la pérdida de su esposa, fue educado por sus abuelos y por tutores en un ambiente victoriano. A los once años se inició en el estudio de la geometría euclidiana y cursó estudios de Matemáticas en el Trinity College de Cambridge, del que más tarde fue miembro del consejo de gobierno. Influenciado en su temprana juventud por los hegelianos1 británicos, abandonó el idealismo en favor de una suerte de "realismo platónico". Por ello, en su primer libro, Principios de matemáticas, intentó trasladar las matemáticas al área de la filosofía lógica y dotarlas de un marco científico preciso, y en su monumental obra en tres volúmenes Principia Mathematica se mostraba que esta materia puede ser planteada en los términos conceptuales de la lógica genera. En Los problemas de la filosofía recurrió a las matemáticas, la sociología, la psicología y la física para refutar las doctrinas del idealismo, la escuela filosófica dominante en ese tiempo, que mantenía que todos los objetos y experiencias son fruto del intelecto.


Desde el inicio de la I Guerra Mundial mostró su desacuerdo y fue encarcelado por defender a los objetores de conciencia y por sus duros ataques contra el belicismo, una actitud pacifista que mantuvo durante toda su vida. Durante su permanencia en prisión escribió Introducción a la filosofía matemática, en la que combinaba esas dos áreas del saber que consideraba inseparables. Cuando la guerra finalizó, visitó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y en su libro Práctica y teoría del bolchevismo mostró su desacuerdo con la forma en que allí se llevaba a cabo el socialismo pues no estaba de acuerdo con los métodos que se utilizaban para alcanzar un sistema comunista. Dirigió el Beacon Hill School, escuela privada y muy progresista donde se aplicaban innovadores métodos de enseñanza para niños y la Corte Suprema de Nueva York le prohibió dar clases en el College de esta ciudad por lo que consideraban sus ataques a la religión contenidos en textos como Lo que creo y su defensa de la libertad sexual, manifestada en Modales y morales. Tuvo que dejar el pacifismo para apoyar la causa aliada en la II Guerra Mundial, pero fue un ardiente y activo detractor de las armas nucleares. Cuando Russell murió, su cuerpo fue incinerado, de acuerdo con su voluntad, no hubo ceremonia religiosa y sus cenizas fueron esparcidas en las montañas de Gales.


Con esa reseña biográfica, Bertrand Russell representa uno de los enfoques más influyentes en la historia de la filosofía moderna con un trabajo que impactó en la metafísica, la teoría del conocimiento y la filosofía de la ciencia. El pensamiento de este intelectual estuvo marcado por las dos guerras mundiales, a partir de las cuales estimuló reflexiones sobre los conflictos armados y sus efectos en la humanidad. Su vida intelectual fue fructífera; dentro del Círculo de Viena, Russell formó parte de los iniciadores del análisis lógico, sosteniendo que el lenguaje y el conocimiento se componen de átomos lingüísticos: unidades básicas de significado combinadas de acuerdo con reglas lógicas, para formar expresiones lingüísticas complejas y de la misma manera, hizo aportes valiosos a la lógica matemática moderna. Russell defendía la libertad de expresión, alegando que el poder no debe provenir de la coacción. La concepción de la filosofía de Russell fue revolucionaria, pues consideraba que esta era un término medio entre la teología y la ciencia: la primera, no puede aspirar a un conocimiento exacto; la segunda, apela a la razón humana para conocer. En este sentido, intenta desarrollar una filosofía clarificadora respecto a las especulaciones metafísicas hechas hasta el momento. Su método se centra en el análisis lógico del lenguaje.


El análisis del lenguaje es fundamental para la filosofía de Russell. ¿En qué consiste? En analizar el significado de las palabras, debido a que se refieren a objetos y propiedades del mundo real, luego entonces, el análisis del lenguaje comienza en las oraciones entendidas como proposiciones, lo que quiere decir que son consideradas como expresiones lingüísticas que tienen valores de verdad: verdadero y falso, y al mismo tiempo, toda oración o proposición expresa hechos del mundo real y abstracciones del mismo. Por ejemplo: el cielo es azul o el triángulo tiene un ángulo recto. Según esta concepción, el lenguaje cumple la función de indicar los errores originados por un mal uso de la gramática y su análisis representa una solución para los problemas filosóficos. Bertrand Russell no escribió solo sobre los problemas relativos a la filosofía del conocimiento, también se interesó por la ética. En ella estableció una relación entre felicidad y bondad; según él, el individuo bueno y bondadoso será necesariamente feliz. Así, desarrolló una ética de la benevolencia, debido a su carácter moralizador y su estilo contemporizador y liberal; esta dimensión de la ética es contraria a la fundada en la universalidad del deber y las normas, además propone un pseudo subjetivismo. ¿Qué quiere decir? Significa que cada sujeto adopta unos valores como guía y que esta elección es personal. Más aún, cada uno escribe su propia definición de lo que es una vida buena; una actividad estimulada por los sentimientos y emociones personales. Parece a simple vista que Russell trabajó el principio de un individualismo ético o una moral en donde cada uno se rige por sus propias normas. Pero la realidad es que tuvo en cuenta que la bondad o una acción buena tiene repercusiones sociales. Muy acorde al espíritu de la época de posguerras mundiales, Russell defendió que la libertad es la aspiración máxima a la que puede llegar un ser humano. Sostener esta postura le ocasionó problemas al filósofo, quien fue encarcelado, y conforme a ello planteó una libertad de pensamiento o de expresión, alegando que el poder no debe venir a través de la fuerza y mucho menos de la coacción o restricción de las libertades. Al contrario, enalteció la libertad de decir y hacer lo que se piensa, prescindiendo de toda autoridad.


Bertrand Russell destacó por su faceta pacifista, centrada en la defensa de la convivencia social. Con relación al conocimiento, planteó la importancia de remitirse a los hechos cuando se estudia o considera cualquier filosofía, es decir, preguntarse por su transcurrir real y cuestionar la veracidad de los relatos; desde esta postura será más complicado que los deseos marquen el criterio. Siguiendo con su legado moral, Bertrand Russell instó a apostar por la concordia entre humanos, además de aprender a tolerar a pesar de las diferencias que se tengan con los demás. De esta forma, el filósofo promovió la tolerancia y la compasión para vivir en sociedad. Según Russell, el hombre trata con datos sensoriales, lo que el hombre siente es un “hecho” y los hechos no pueden ser considerados físicos ni psíquicos, son neutrales (“monismo neutral”). A modo de ver de Russell, lo que se confirma empíricamente no debe ser referido a la esfera de la física pura, sino a la conjugación de la física con la psicología, considerando esta última como parte integrante esencial de toda ciencia empírica, rechazaba la teoría materialista del reflejo. Era adversario de la religión y defendía las convicciones ateas. Siendo un luchador activo contra el fascismo y por la coexistencia pacífica, Russell, en unión de Einstein, Joliot-Curie y otros científicos, fue iniciador del movimiento de Pugwash2 y de los foros internacionales de científicos que se pronuncian por la paz y la cooperación científica.


En palabras de él mismo en el prólogo a la Autobiografía de Bertrand Russell, de 1967:


PARA QUÉ HE VIVIDO

" Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad ."

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1Seguidores de la filosofía del alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, según el cual «lo absoluto», que también llama «idea», se manifiesta evolutivamente bajo las formas de naturaleza y de espíritu.

2Se conoce como conferencia de Pugwash a cada una de las conferencias internacionales sobre ciencia y asuntos mundiales cuyo "objetivo principal es la eliminación de todas las armas de destrucción masiva (nucleares, químicas y biológicas) y de la guerra como institución social para resolver disputas internacionales. En este sentido, la resolución pacífica de los conflictos a través del diálogo y el entendimiento mutuo es una parte esencial de las actividades de Pugwash, que es particularmente relevante cuando y donde las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva son desplegadas o podrían ser utilizadas", según los «Principios, estructura y actividades de Pugwash para el undécimo quinquenio (2007-2012)»

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